Canales Central, de la Ceja y tubo del Robot en el macizo de Peñalara.

Estábamos esperando que hubiera condiciones para debutar esta temporada en algún corredor en nuestra casa, Guadarrama.

Aunque las condiciones no parecían ser las mejores, aprovechamos el fin de semana previo a las fiestas navideñas para acercarnos al macizo de Peñalara a ver a un par de amigos que andaban por allí y montar un buen grupete.

Lo que salió fue una mezcla de ocasión y suerte, así que allá va:

Quedamos en Cotos con unos amigos que han pasado noche en el refugio que hay en la estación de tren del mismo nombre y nos ponemos en marcha en dirección a la laguna Grande.

Efectivamente hay poca nieve tanto en el corredor de la Ceja como en el Central:

Decidimos dividirnos en dos grupos: mientras que uno sube la Ceja, en mejores condiciones, el otro irá por el Central, que imaginamos en peores (pero es que ni siquiera estaba formado; una pena no solo por la falta de disfrute, sino por ser zona muy frágil ecológicamente que no deberíamos pisar sin nieve suficiente. Fallo muy grave el nuestro, que apuntamos aquí para que sirva a más gente).

El canal de la Ceja (55º máx.) y abajo, la laguna Grande de Peñalara.

El canal Central, prácticamente sin formar.

Habíamos quedado en encontrarnos en la salida de ambas canales. Sin embargo, al grupo que sube por el Central, se le ocurre aprovechar que el tubo del Robot (que sale a la izquierda del canal Central, de forma muy evidente) sí que está formado y parece asequible sin encordarse para probar:

Viendo que se puede hacer el tubo del Robot (60º máx.) que une el Central y la Ceja.

Salida del tubo del Robot.

Efectivamente, la nieve está en buen estado y a pesar del resalte a mitad del tubo que dificulta bastante el paso, se hace bien.

Muy divertido y que nos quita las malas sensaciones que llevamos, nos encontramos al resto del grupo, aunque por poco tiempo.

Unos decidimos salir hacia la cima de la Hermana Mayor a la izquierda de las cornisas,

mientras el otro grupo decide probar unos diedros que van directos a la misma cumbre. Día entretenido, como veis.

De camino al diedro que da paso a la cima de la Hermana Mayor.

No penséis que la cosa acaba aquí: nada más encontrarnos de nuevo, uno de nosotros se va a hacer la cumbre de Peñalara por el camino normal mientras el resto bajamos una de las palas que dejan cerca de la Hermana Menor para ascender por alguna otra de las breves pero entretenidas palas que nos vuelven a dejar en la línea de cumbres.

Desde allí, esta vez si, bajamos por las famosas y monótonas zetas que nos dejarán de nuevo en Cotos.

 

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Intento frustrado al pico de Pondiellos (2917 msnm) en el circo Panticosa.

Imagen extraída de la web Pirineos3000

Como comentamos en la anterior entrada, nuestra segunda subida en este viaje al Pirineo oscense era al circo de Panticosa, el cual tenía muchas ganas de conocer.

La idea inicial de subir al Garmo Negro por la vía normal, la cambiamos por otra más atrevida: hacer la Aguja de Pondiellos, otro tresmil que se suele dejar de lado y desde ahí hacer la pasada al Garmo.

Nos plantamos pues en el balneario de Panticosa, donde se encuentra el bonito refugio de La Casa de Piedra.

Y desde ahí subimos por el sendero, que ganando altura de manera muy rápida y cómoda, nos lleva hacia el Circo de Argualas.

La falta de nieve se hace notar, y eso a pesar de que decidimos meternos por el corredor que nos lleva a la canal final al collado de Pondiellos.

Nos pasará de la Mallata Baja a la Alta de forma más rápida y elegante que la vía normal, pero el corredor está seco seco y lo pasamos en mixto.

Una vez en la Mallata Alta, y tras un pequeño descanso (a mí me faltaban fuerzas, y del equipo inicial nos quedamos para el ascenso dos personas) seguimos hacia el collado de Pondiellos en una larga subida.

Una vez llegados al collado, nos topamos con la ventisca que se anunciaba para esa mañana. Además de cruzarnos con un par de montañeras (las que salen en la foto de arriba) y otro compa más que nos desaconsejan subir a la Aguja por las malas condiciones de la nieve.

Les hacemos caso enseguida pero decidimos ir al otro lado del collado para ascender el Pico de Pondiellos. Este apenas es ascendido debido a que es el único pico de la zona que no llega a los 3000 metros de altitud (siguiendo la cuerda llegaríamos al Arnales y a los impresionantes Picos del Infierno).

Lo que nos parecía iba a ser una breve ascensión se convierte en un paso por una cresta catalogada como PD, que con la nieve y la ventisca se complica bastante.

                         Por la cresta del Pico Pondiellos. La Aguja y el Garmo Negro al fondo.

Pico Pondiellos, Arnales y Picos del Infierno.

Tanto que nos encontramos una brecha a pocos metros de la cima que nos obliga a abandonar y bajar por la otra vertiente.

Y de ahí al collado de Pondiellos de nuevo, para esta vez bajar evitando el corredor, en un descenso muy muy rápido a Panticosa; en un día que se nos complicó pero al mismo tiempo nos deja un doble buen sabor de boca al crestear en unas condiciones difíciles y al mismo tiempo volver a casa con muy pocos rasguños.

Collarada (2886 msnm) desde La Trapa por la canal Este.

El año pasado, debido al tiempo (meteorológico y a la falta de él) nos quedamos sin debutar en las invernales del Pirineo.

Este, adelantándonos algo a la temporada y con algo más de nieve en nuestra mente de la que en realidad hubo, nos acercamos a nuestra querida base de Jaca para tantear que tal.

Y el primer día fue este, inmejorable:

Nos acercamos a la pista que desde Vilanúa va hacia el refugio de la Espata.

Aparte del equipo de Madrid, vamos con un exiliado en la Jacetania y un gran compa de Canfranc, que serán nuestros guías de la zona.

Según salimos del coche es tirar por la pista, avanzando rápido, y aprovechando para conocer la geología de la zona, su fauna y flora (mucha oruga para la época del año en la que estamos, producto de que el pino negro sea plantado y no flora autóctona), la problemática de la despoblación también aquí…hasta llegar al refugio de La Trapa. Una vez en él, debemos seguir un sendero que sale detrás del mismo y que subirá de manera muy evidente hasta entrar en una zona acanalada y que está equipada con cadenas:

Tras pasarla, llegamos a otra zona de llano, donde apenas hay nieve a pesar de las fechas de diciembre en las que nos encontramos. Aún así, ya con la Collarada cerca, nos emocionamos ante su vista:

Nos vamos a acercar a los Llanos de los Campanales, donde haremos una parada algo larga para ponernos el material, comer algo y esperar a que la nieve de la canal Este (la clásica de subida, a 35º-40º, F+), esté en mejores condiciones.

Con los Campanales y el Bisaurín al fondo.

Comenzamos la pala de aproximación con una nieve escasa pero muy divertida de subir, tactando las condiciones de la nieve pirenaica, tan diferentes a lo que conocemos en Madrid.

Y comenzamos la canal, muy sencillita pero disfrutona:

Como tenemos un sol espectacular, imaginamos que la salida va a ser espléndida, como así es:

Donde hacemos cumbre, acompañados tan solo de un solitario montañero que ya estaba arriba. Genial que en esta zona, por su carencia de tresmiles, haya tan poca gente.

Desde el pic d’Anie, Midi d’Ossau, Balaitus, los tresmiles de la zona de Panticosa (hacia donde iremos en un par de días). Tremendo.

Un buen rato para iniciar la trepidante, y a tramos peligrosa, bajada por la cara oeste hacia el collado de Ip y vuelta a casa.

Para ello debemos de desviarnos justo antes de llegar al collado y terminar de bajar una larga pala que nos llevará a una zona conocida como “Los Palos” (básicamente porque estos sirven de hitos; tras ello bajaremos una faja caliza que se nos hace muy muy pesada pero que nos servirá para alcanzar la pista de comienzo de la actividad de hoy. Y a descansar!

 

 

 

 

De la Barranca a la Maliciosa por la Cuerda de las Buitreras.

Queríamos empezar con las invernales este fin de semana, y queríamos hacerlo fuera de los circuitos habituales para evitar la masificación.

Así que nos decidimos por la Cuerda de las Buitreras, donde se forman unos pequeños corredores que no conocíamos y que además, nos llevarían a una de los pocos dosmiles del Guadarrama aún no ascendidos.

Por lo que respecta a lo primero, nos quedamos con las ganas, pero a cambio le volvimos a hacer una visita a La Maliciosa después de mucho tiempo, además de currarnos una circular bien bonita.

Salimos del párking de la Barranca y cogemos el PR M-26.

Lo seguimos, pasando por la fuente de la Campanilla y siguiendo por la ruta normal a la Maliciosa. Cuando se va abriendo el pinar vemos la falta de nieve que hay, lo que unido a la inversión térmica que está habiendo estos días nos deja a las claras que vamos a tener día de pasear crampones y piolet.

A pesar de ello, seguimos hasta coger a la derecha nuestra un rastro de sendero que nos llevará a los riscos que conforman la Cuerda de las Buitreras.

Nos vamos metiendo en un divertido canchal granítico en el que sin problemas, vamos ganando altura.

Vamos buscando un evidente collado, aunque antes de llegar a él viramos a la derecha para alcanzar la cuerda y tener una magnífica visión del mar de nubes que tenemos el día de hoy (la foto, como casi siempre, no hace justicia):

Desde ahí, y pasando por la cota 2100 (que creemos es la más alta de la cuerda) pasamos por los riscos de La Maliciosa hasta llegar a la cumbre homónima, la cual hacía mucho mucho que no pisábamos.

Y una vez allí decidimos bajar en dirección al Peñotillo Alto, que se ve magnífico y cercano desde la cumbre:

No ascendemos el Peñotillo sino que lo bordeamos, dejándolo a la izquierda. Como siempre, esta desconocida montaña nos deja sin aliento en la bajada.

Es un estupendo caos de roca hasta que llegamos al arroyo de las Tijerillas (al menos creo que se llama así) y lo descendemos de vuelta a la Barranca.

No conseguimos pisar mucha nieve, pero a cambio realizamos una interesante circular con mucha trepada rocosa, así que una por otra.

 

“Cuando éramos los mejores”, la NBA y el espectáculo.

No suelo leer mucho de baloncesto, aparte de estadísticas y artículos varios.

Pero este verano tenía que encontrar una manera decente de pasar las horas en un trabajo aburrido e inacabable y di de pura casualidad con esto en la biblioteca más cercana.

Por edad, los años 80 de la NBA me pillan en mi prehistoria personal, aparte de que me he enganchado al baloncesto yanqui solo en los últimos años y más por demérito del europeo que por pasión hacia ellos.

Pero el halo de Magic Johnson y Larry Bird siempre me había impactado: más allá de Jordan ,más allá de LeBron, más allá de Kareem… me sorprendía la amistad de dos personas tan opuestas en un país como EEUU, o la valentía de Magic al anunciar que era seropositivo, me impresionaba la estela que habían dejado en tanta gente (amante o no del baloncesto).

Y como no, de mis primeros recuerdos de baloncesto está el Dream Team de Barcelona 92.

Así que me pongo a disfrutar de las interioridades delas vidas de estas dos grandes estrellas y del baloncestos estadounidense en este libro denso y concreto, en el que las estadísticas se mezclan con las pequeñas historias de las que solo disfrutaréis si realmente amáis este deporte.

Porque el libro es muy recomendable, pero si no os gusta la pelota naranja, podéis pasar olímpicamente de él, ya que es muy específico.

Bucea desde la infancia y origen social de ambos (clave para entender su rivalidad posterior), a su paso por el instituto y el basket universitario hasta su debut en la NBA y los míticos enfrentamientos que marcaron una época en las costas Este y Oeste hasta que los problemas físicos de Bird y el anuncio público de ser portador del VIH por parte de Johnson, junto a la edad y el surgimiento de otras estrellas nos llevan al ocaso de estos dos grandes, con en colofón barcelonés como punto (casi) final.

Un libro muy yanqui: en su concepción de ambos jugadores, en su acriticismo, también en la propia forma de estar escrito.

Pero que nos da un buen repaso no solo a la vida y obra de estos dos jugadores, sino al paso que tuvo la NBA, que pasó de ser una liga en crisis financiera y con problemas de salud pública de sus jugadores a un referente fundamental en el deporte-espectáculo global.

O a la llegada de los primeros jugadores europeos, a lo que significa la fama y la desaparición de la misma, el papel de los medios de comunicación y de los anuncios.

Todo en una lectura ideal para los amantes del buen baloncesto.

Cabeza Líjar (1823 msnm) y Cerro de la Salamcanca (1785 msnm) desde el Alto del León.

Sencilla ruta la de este domingo por la Cuerda de la Carrasqueta (o escurialense, depende de donde lo miremos).

Con esta damos la bienvenida al otoño de verdad, pues las temperaturas bajaron bastante, y nos reencontramos con el Guadarrama después de varios meses; lo hacemos además subiendo un par de cumbres en una zona que tenemos poco pisada, y que es ideal para un día calmado.

Comenzamos a andar por el GR-10 desde el Alto del León, en dirección al monte Abantos, el Escorial y el valle de los caídos.

Hacia el otro lado de la carretera también  podríamos hacerlo de forma que nos llevase hasta las cumbres de Cercedilla, lo que dejaremos para otra ocasión.

Vamos a seguir una pista en muy mal estado que va hacia la población abulense de Peguerinos.

El camino no tiene gran cosa a nivel de esfuerzo, pero es sin embargo zona de restos de la Guerra Civil, pues aquí hubo una de las batallas más importantes en el intento de la toma de Madrid por parte de los fascistas y fue frente durante toda la guerra.

Seguiremos el GR, bien marcado, o bien seguiremos las marcas que el Ayuntamiento de Guadarrama ha realizado para señalizar diversos caminos del municipio.

En todo caso iremos por la pista, plena de ciclistas, hasta encontrar un paso a nuestra derecha que nos hará ascender más directamente entre roquedo hasta la cumbre de Cabeza Líjar, lugar de preciosas vistas y con un refugio sin guardar aprovechando precisamente uno de los restos de la guerra.

La idea era aprovechar lo calmado de la ruta para pasar la mañana por aquí, pero hace bastante frío y decidimos tirar rápido para dejarnos hecho el Cerro de la Salamanca, que está a algo menos de treinta minutos siguiendo el GR.

De izquierda a derecha, Cerro de la Salamanca, cota sin nombre y Cueva Valiente.

Vamos a bajar al collado de la Mina, donde nos encontraremos de nuevo con la pista que viene desde el Alto del León.

Y en muy poco nos plantamos en el refugio derruido de La Salamanca y en lo que puede ser la cota que marca el Cerro. Todo eso antes de volver por la pista hacia el coche en una jornada que vale para volver a nuestras montañas más cercanas.

 

Almanzor (2591 msnm) desde Laguna Grande de Gredos.

Por fin puedo decir que hemos subido al Almanzor; a la segunda, aunque parezca una eternidad el tiempo pasado desde la anterior intentona.

Lo vamos a hacer por la ruta normal, saliendo de la Plataforma un sábado por la tarde, de tormenta, para llegar a dormir al refugio antes del anochecer.

Casi lo descartamos, porque comenzamos a caminar con la tormenta pisándonos los talones, entrando por la zona de Galayos, y antes de llegar a Barrerones empieza a caer agua y algo de granizo entre el sonido de los truenos.

Por suerte, al llegar al asomarnos al Circo de Gredos vemos que está todo más calmado y decidimos seguir, sin quitarnos una lluvia fina que casi agradecemos tras el susto pasado.

A la mañana siguiente, y tras una noche de muy poco descanso, cogemos el camino habitual al Almanzor.

El día ha aclarado y parece que nos va a aguantar, así que vamos sorteando los bloques de granito en busca de la Portilla Bermeja y (este año si), el nevero de Hoya Antón, que está aguantando como un jabato  gracias a las nieves de esta última temporada.

Vamos subiendo con calma, con poca gente en el ascenso, aunque luego veremos a bastante personal subiendo (bastante tarde, con escaso material) en nuestra bajada.

Nos encaminamos rápido hacia la Portilla del Crampón donde siempre se disfruta…si no hay terreno mixto como el noviembre pasado.

Tras pasar la portilla y asomarnos a la otra vertiente a saludar al Cuerno del Almanzor, seguimos hasta encaramarnos a las últimas trepadas.

Tras esto, la cumbre, en la que tenemos la gran suerte de poder estar solas un rato de descender, más felices que las lombrices.

Y de volver a casa sin pillar nada de la tormenta que se avecinaba de nuevo, cosas del buen madrugar en la montaña, claro.

Unos días por los Tatras (Día 3): Por los Tatras Blancos hacia el collado de Siroké.

Para acabar con nuestros tres días en los Tatras, nos desplazamos a Eslovaquia, país al que pertenecen la mayor parte de estas montañas, aunque hasta el momento solo habíamos estado en la línea fronteriza.

Nos acercamos en autobús al bonito pueblo de Zdiar, bonito pueblo perteneciente a la cultura goral y con una cantidad muy alta de casas tradicionales, aunque la mayoría sean a día de hoy establecimientos turísticos.

Una vez dejadas nuestras cosas, solo tenemos que buscar la entrada al valle de Monkova, perfectamente señalizada de nuevo, en este caso por el organismo del PN de allí.

Una vez allí, iremos por un tramo de pista asfaltada hacia el vetusto Hotel Magura, donde ya nos meteremos en pista de tierra.

Desde aquí ya vemos el paso al que nos dirigimos, así como los picos que lo acompañan; todo ello es zona protegida y está prohibido el tránsito, exceptuando el sendero por el que vamos a transitar, que de hecho solo está abierto unos meses al año.

Porque los Belianske Tatry, o Tatras Blancos (por el color que le da su piedra caliza), son una de las joyas de Centroeuropa.

Aquí podemos encontrar lobos, urogallos, águilas y osos, de los cuales aquí hay una de las poblaciones más interesantes de Europa.

Todo ello hizo que esta zona se considere como Reserva Integral, y que toda actividad humana esté restringida.

De hecho, se nota que el entorno es mucho más salvaje que la zona de Zakopane, los bosques más cuidados y la gente (en general) más respetuosa. Y tenemos la suerte de estar aquí.

Pasando la caseta del guarda, en la que en principio también hay que pagar pero que en este caso esta vacía, nos metemos en el bosque en un primer tramo suave, en el que podemos disfrutar del silencio y la tranquilidad que no tuvimos los días anteriores.

El entorno es maravilloso, es una pena que las fotos no hagan justicia. Da para varios días esta zona, pues hay senderos que van por el valle en la zona que no está protegida, y además este propio sendero es ideal para el avistamiento de fauna.

Tras pasar un puente sobre el río, empieza la bueno: una subida brutal de 900 metros de desnivel en 6 kms; el cansancio acumulado se nota y va costando la subida en medio de una humedad bastante alta.

Al rato, cuando el bosque clarea, tenemos una magnífica visión de Zdiar y de los campos que lo circundan. El camino se hace más claro aunque sigue siendo  duro.

En ocasiones da la sensación de que queda poco, pero la sensación engaña, pues la llegada al collado es más larga de lo que parece.

Eso si, el salir de un valle tan encajonado y que se abre luego de una forma tan tremenda es una imagen espectacular. Y quedaba lo mejor.

Que es la llegada al collado de Siroké, a 1825 msnm, donde te encuentras los Altos Tatras literalmente delante de las narices.

Es una pena que solo me pueda quedar veinte minutitos aquí, por que es un lugar para quedarse una tarde entera.

Como decía, los picos que dejas en el collado a derecha e izquierda (todos por encima de los dos mil metros) son zona protegida, pero se puede bajar hacia los valles eslovacos y realizar múltiples actividades. A mí me toca dar la vuelta a disfrutar y sufrir una incómoda bajada que de me dejará de nuevo en Zdiar por el mismo camino de la idea.

 

 

 

 

Unos días por los Tatras (Día 2): Desde Kuznice por el monte Kasprowy hasta el Swinica. Un balcón a los Altos Tatras.

Tras el esfuerzo del día anterior, las cervezas de medio litro y los monumentos católicos de un feísmo incomparable, volvemos a madrugar para, yendo en dirección Este, unir los Tatras del Oeste con el primer pico de los Altos Tatras, el Swinica, que con 2301 msnm será nuestro techo particular de estos días.

En esta jornada tendremos la suerte de poder pisar los tres ambientes propios de esta zona como son los densos bosques de abeto y piceas, cumbres rocosas por encima de los dos mil metros y lagos de origen glaciar.

Para comenzar, nos vamos a aproximar al núcleo “rural” de Kuznice en uno de los incontables autobuses que pasan cada poco.

Y ponemos esto entre comillas porque esto parecía más bien un parque de atracciones que la entrada de un parque nacional, lo que sufriremos durante todo el día y hará perder algo del encanto evidente que poseen estas montañas.

Tras pagar la tasa correspondiente (en algunos de los senderos de entrada a los valles se paga algo para el mantenimiento del parque nacional)  cogemos el sendero marcado con franja verde que nos subirá (como no, en ascenso de unos mil metros de desnivel positivo) por el valle de Bistrej hacia el primer pico del día, el Kasprowy (1987 msnm), imponente altitud coronada por un observatorio meteorológico…y una estación para un teleférico que lo une con el valle.

Lo que explica que esté tan concurrido; a pesar de todo, el sendero es bastante bonito y pocas veces queda estropeado visualmente.

Los montes Cervené y el pico Giewont, a la derecha.

El sendero empedrado a subiendo sin ninguna dificultad técnica, pero con bastante exigencia física, mientras el bosque va clareando.

El pico en si es ahora mismo un amasijo de construcciones y gente, pero la visión de los Altos Tatras, la primera que tenemos en estos días, nos impresiona.

Hacia el Beskid y los Altos Tatras.

A partir de aquí, cogemos el sendero marcado en rojo que hacia el Este, y siendo de nuevo frontera con Eslovaquia, nos llevará por toda la línea de cumbres, bordeando alguna de ellas hasta llegar al Swinica.

Primero coronaremos un paso en el camino como es el Beskid (2014 msnm), para tras pasar el collado de Posrednia, encarar la subida al Swinica.

Que ya se ve que es otra cosa. El pico “de enlace” entre ambos Tatras, sin tener gran dificultad técnica, ya es bastante más rocoso, complicado y con algunos pasos en los que hay que poner las manos.

Hay muchas zonas encadenadas, aunque muchas de ellas no tienen sentido y lo único que hacer es añadir riesgo y dificultad a las muchas personas que por allí pasamos. Porque esto está lleno de gente, y bastantes de ellas no tienen mucha experiencia como montañeros, con los problemas que ello conlleva (cosas de humanizar el monte para que cualquiera sin el mínimo de preparación pueda ir).

Eso si, desde aquí ya tenemos vista a los tremendos lagos de la vertiente polaca por la que bajaremos luego; solo por eso, por los valles eslovacos y los Altos Tatras merece la pena el sofocón.

Así que llegamos a la atestada cumbre, foto rápida (porque no se puede hacer otra cosa) y para abajo intentando que nadie te chafe con la cadena o te tire una piedra.

Porque de verdad que el sitio es precioso, pero las aglomeraciones le quitan encanto.

Nuestra idea era seguir adelante y bajar por el collado de Zawrat, un brutal paso encajonado en el que parece que (ahí si) son imprescindibles las cadenas.

Lo malo es que está cerrado por desprendimientos, así que volvemos hacia el collado anterior e iniciamos un bonito y rápido descenso hacia los lagos y el refugio de Murowaniec por un sendero marcado en negro.

El refugio estaba lleno hasta los topes, aunque echando un vistazo dentro se observa la belleza de la construcción.

Así que continuamos enlazando alguno de los múltiples caminos para volver a Kuznice, todos ellos perfectamente balizados, y volver a nuestro alojamiento en bus.

Mañana espera Eslovaquia y la zona de especial protección de los Tatras Blancos.

 

 

 

 

Unos días por los Tatras (Día 1): Pico Giewont y Tatras del Oeste desde Zakopane.

Años queriendo ir a los Tatras. Años.

El cariño a un país como Polonia, la historia de los himalayistas criados en esas montañas, su flora y fauna… y por fin hemos conseguido ir.

El plan es sencillo: Vuelo a Cracovia, llegada en autobús a Zakopane (que es la manera más rápida y barata) y a disfrutar.

Zakopane es una especie de Chamonix en polaco: hipermasificado, caro para el estándar polaco, y con un proceso de destrozo urbanístico acelerado.

Pero tenemos suerte, habíamos alquilado habitación en una de las casas tradicionales (chata) convertidas hoy día en espacios turísticos y resulta que aparte de barato, está bien gestionado por un aficionado a las carreras de montañas. Así que triunfamos nada más llegar, con la suerte añadida de que estamos a varios kilómetros del casco urbano.

Desde aquí haremos las dos primeras jornadas, trasladándonos luego a tierras eslovacas.

Y eso que nuestra intención no era esta, queríamos hacer la travesía de los Tatras del Oeste, pero los refugios estaban llenos ya meses antes, algo que no habíamos tenido en cuenta.

Así que por eso debemos cambiar de plan, aunque no nos arrepentimos, ya que podemos conocer las tres zonas fundamentales de estas montañas: Los Altos, los del Oeste y los Tatras Blancos.

Como guía, utilizamos fundamentalmente la editada por Desnivel de Sergi Lara, fundamental desde luego. De cartografía se puede encontrar abundantemente una vez allí, aunque como llevábamos preparándolo desde hace meses ya teníamos unos buenos mapas de los alemanes Kompass.

En caso de emergencia, dan mapas bastante detallados en las propias oficinas de la zona polaca del parque. País al que pertenece menos del 30% del parque, y cuya web es esta.

De todas maneras, y para acabar esta parte de briconsejos, la señalización es espléndida. Absolutamente todo señalizado, con lo que las pérdidas son bastante poco difíciles en una zona que además está llena de gente.

Esta señalización nos gustó mucho, aunque luego vimos que desembocaba en una humanización de las montañas (caminos realizados de piedra hasta las cumbres, cadenas en sitios innecesarios, basura en todas partes…) que nos acabó agobiando un poco.

Tanto que nuestro resumen sería muchos aficionados a la montaña pero pocos montañeros.

Esa es la parte negativa. Lo bueno, todo lo demás:

Madrugamos (en torno a las 5 y media) ya que aquí amanece antes y además la gente se levanta pronto, y salimos, lo cual es un lujo, desde la puerta de casa hacia la dolina Malej Lcki (dolina significa valle jeje).

Nuestra intención es hacer primero el pico Giewont, a 1895 msnm, y el más conocido de la zona, por su característica cruz gigante y por su gran mole maciza de roca que se ve en todo Zakopane.

Empezamos en el fondo del valle, a unos 900 metros de altitud en medio de un frondoso bosque, donde vamos a seguir un exigente sendero que está marcado de amarillo y que nos llevará al collado de Kondracka.

Estamos de momento poco acompañados, con el frío de la mañana dentro nuestro y en un valle que según se va abriendo va descubriéndonos sus secretos.

Tras una inmensa campera en la que se ven ya las cumbres asomando, nos vamos metiendo ya en harina y el sendero comienza a ser duro, ya que hasta el collado hay casi mil metros de desnivel.

De ahí hasta el collado todo va a ser ahí, así que toca sufrir un poco hasta llegar y tener ya a vista el que sería el siguiente pico al Giewont, de nombre homónimo al del collado y con 2005 msnm.

Nosotras nos asomamos al otro lado del valle antes de coger el sendero final al Giewont, que tiene una parte final con cadenas. Alguna innecesaria, como dije antes, y esto hace que haya decenas y decenas de personas subiendo.

Muchas con poco conocimiento de las montañas, lo cual hace peligroso algún tramo y le quita encanto a la cumbre. A pesar de todo merece la pena subir a esta maravilla.

Y de ahí, vistas al claro sendero hasta el siguiente pico, para lo que debemos desandar camino hacia el collado.

A partir de aquí ya no encontraremos partes técnicas, aunque la dureza de subir y bajar picos se irá notando poco a poco. Se parece un poco a las montañas del Occidente asturiano, para hacernos una idea, con la salvedad importante de la presencia de una variedad del pino enano, pinus mugo.

Aunque el día levantó bien, hay un momento que nos entra la niebla y nos deja preocupados porque las tormentas suelen ser bastante habituales en verano (aunque este año se nota que han tenido una importante sequía).

Al final no llovió ninguno de los tres días que estuvimos en el monte aunque la tendencia a las nieblas y la nubosidad es bastante habitual, lo que para mí es perfecto, porque me encanta.

Ascendiendo al pico Kondratova con el Giewont al fondo.

Primer dosmil de los Tatras, ya en la frontera polacoeslovaca.

Tras llegar al pico Kondratova ya estaremos realizando cumbres que forman parte de la frontera, en un continuo subeybaja acompañados de gente todo el rato. La parte buena es la belleza de la zona, que la verdad es que impresiona, así como lo hace la diferencia entre los Altos Tatras, que iremos dejando al Este, y los del Oeste en los que nos adentramos hoy.

De hecho, estamos en los llamados Montes Cervene, montes rojos, por el color que tienen en verano, y que les da una belleza característica.

Lo negativo es la excesiva humanización de la montaña, que es cierto que ya es de primeros del S. XX aunque las brigadas de trabajo de la época comunista fueron las que realizaron ese trabajo hercúleo de escalonar con piedra todas las cumbres (dentro de la idea de acercar la montaña a los ciudadanos).

Nuestros siguientes picos, el Malolucniak y Kresanica

Desde el collado de Kondracka estamos siguiendo marcas rojas, y pasamos como podemos los incómodos caminos en busca de los otros tres dosmiles del día: Malolucniak (2105msnm), Kresanica (2122msnm) y Ciemniak (2096msnm).

Vamos disfrutando en un ambiente menos alpino del que encontraremos mañana, pero igual o más bonito, con unos valles espectaculares, sobre todo los que caen hacia la vertiente eslovaca.

Tras pasar el último de los picos, bajamos de los dos mil metros hacia el collado de Turnia, en un descenso directo por marcas también rojas por el valle de Koscieliska.

Y de allí directos al pueblo de Kiry, desde donde se pueden coger microbuses que van hacia Zakopane.