Antihéroes (II) ¿Quién conoce a Wim Vansevenant?

Para mí, el ciclismo es el deporte más épico que existe. Además, este deporte vive de ello, de sus historias al límite: las grandes escapadas, los puertos de montaña interminables, las condiciones climáticas extremas…todo ello dan para la creación de los héroes modernos.

Yo pasé mi niñez mientras Induráin devoraba a sus rivales en el Tour de Francia (Induráin y el imparable Banesto); y mi adolescencia desencantándome de un deporte lleno de tramposos. De héroes caídos uno detrás de otro: Pantani, el “Chava Jiménez”, Armstrong (bueno, este nunca me cayó muy bien), Beloki, Jalabert, “Il Bello” Cipollini, Rominguer, Zülle, Virenque.

Hasta que te das cuenta de la injusticia cometida con esta gente. A todos se les pedía ser los mejores en medio de carreras inhumanas (etapas larguísimas, velocidad de vértigo, puertos con rampas cada vez más imposibles). El mejor, no el segundo o el tercero. El mejor. Como un modelo social para los chavales, mientras les devoraban los médicos, los directores de carrera, los organizadores, la UCI (Unión Ciclista Internacional), los patrocinadores por los que te tienes que escapar para que se vea la marca comercial correspondiente.

En un deporte que apenas da para vivir a las estrellas, con contratos de un año y estructuras profesionales que desaparecen de un momento a otro.

En el que las normas antidopaje, tan estrictas, no aguantan la comparativa con los grandes deportes de masas…en los que el abismo económico es terrible y por tanto, mayor es el poder de influenciar para que no te sancionen.

Toda esa presión les explotó a los ciclistas en la cara. Aunque el deporte-espectáculo sea eso: un teatro en el que te sientes identificado con alguno de ellos. Lo menos parecido a la realidad y a un modelo al que imitar.

Aún así, seguimos fijándonos en los grandes.

Por eso,  me parece importante rescatar esta historia.

El bueno de Wim Vansevenant tiene un récord de los difíciles: consiguió quedar el último en el Tour de Francia más veces que nadie. Tres, encima seguidas, de 2006 a 2008. Otra vez fue penúltimo. Y otra más quedó descalificado por llegar fuera de control en una etapa.

Ojo, ya tiene mérito haber no solo acabado, sino haberlo corrido.

Más aún, el ser ciclista de élite (porque él lo fue desde 1995 hasta el 2008) ya tiene bastante dificultad. Pero solo nos acordamos de los mejores. Y Wim fue un mal escalador, regular contrarrelojista aunque un decente rodador.

Y sobre todo un gran gregario. Ese que tira de los primeros de su equipo cuando hay que echar abajo una escapada o meter ritmo en el pelotón, el que baja a por las bolsas de avituallamiento entre 200 tíos a más de 60 kms./hora y tienes que volver a subir pelotón arriba para entregarla a sus líderes.

Porque el ciclismo, deporte jerárquico donde los haya, así lo exige: en este deporte, como en la vida, no hay jefes si no hay obreros.

Y Wim fue un obrero de las carreras, de las que solo ganó dos: la segunda etapa del Tour de Vaucluse en 1996 y el GP Beeckman-De Caluwé. Pero muchos otros no habrían ganado nada de no ser por él (entre otros Cadel Evans, que contó con él como gregario en el Tour que ganó en 2007).

Para continuar, la infamia: una vez retirado fue acusado de consumo de sustancias dopantes. Por sueret para él, fue exculpado y se mantiene limpio. Porque para ir al Tour a ser último hay una competencia atroz, no deja de ser el culmen de una carrera profesional para muchos (pensarían los que no tienen que meterse esas palizas).

Y porque nadie, nadie, se acuerda nunca del penúltimo.

 

 

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Ídolos de la infancia (III): Arvydas Sabonis

sabonis1Pues sí, yo del pequeños era del Madrid. Algo de lo que no hablo, pero que en una familia a la que el deporte no le iba ni le venía, lo fácil era ser de la mayoría.: el odioso equipo blanco, el que siempre gana, el que roba jugadores porque puede pagarlos. Pero es lo que había.

Y aunque no entendí de baloncesto hasta años después (y aún me cuesta, sobre todo jugarlo), mis primeros recuerdos son de este tiarrón de 2.21 vestido de blanco. De hecho, no sé porque, le recuerdo tanto tirando tiros libres como dominando en la zona. No conocía gran cosa de él, pero me sonaba junto a nombres como Santos, Arlauckas o Biriukov. El rechazo al equipo donde jugaban, evidentemente, llegó después.

Pocas cuestiones técnicas os podría contar porque yo era demasiado pequeño, pero si que recuerdo aquella derrota en Salamanca contra el gran Rafa Vecina y ese equipo, uno de tantos desaparecidos.

¿Qué contamos del buen Arvydas? (Es posible que para las más jóvenes les sonará más su hijo Domantas, que anda jugando ahora en la NBA.

sabonis2Pues el lituano, aún soviético, que llevó al gran Zalgiris Kaunas a ganar 3 ligas de la URSS seguidas a primeros de los 80. Elegido para jugar en la NBA, la perestroika no llegaba a tanto y tuvo que posponer su llegada a la mejor liga del mundo…muchos más años de lo que él y todo el mundo pensaba.

No por su falta de calidad, o de adaptación al baloncesto internacional. Parte fundamental de la potentísima URSS con Tachenko, Kurtinaitis u Homicius, selección con oros olímpicos, mundiales y europeos. Y con épicos enfrentamientos con otro país desaparecido: La Yugoslavia de Tito y de Petrovic (y tantos y tantos otros…)

Los motivos fueron sus diversas y graves lesiones le llevaron… a Valladolid (otro de los grandes desaparecidos de la ACB, gran recuerdo de viaje estudiantil de joven tengo yo), donde se recuperó de tal manera que es fichado por el Real Madrid, llegando a ganar la Euroliga y siendo pieza básica en el equipo.

Aún así, su posible rendimiento en la NBA era más que dudoso. Su edad (tenía más de 30 años), su pasado de lesiones, la velocidad y fuerza física imprescindible en el yanqui…¿podía con ello?.

sabonis3Pudo. Siete años en Portland Trail Blazers (si, este equipo si me cae bien), importancia en el equipo, nominado a diversos premios y la tranquilidad del deber cumplido antes de volver a Lituania, a su equipo de siempre, a jugar minutos importantes, no creáis que estuvo de paseo.

Y poco más, hay gente que ya cuenta esta historia mejor que yo.

A Sabonis hay algo, que más allá de sus estadísticas, su poderío en la zona (y eso que a mí me gustan los tiradores y jugar por fuera, los pívots no me atraen demasiado la verdad) y su presencia mediática le agradeceré siempre: consiguió hacerme llegar por vez primera ese deporte que se llama BALONCESTO.

 

 

Ídolos de la infancia (II): Paavo Nurmi, el finlandés volador.

 

Cuando eres pequeño no te fijas en las opciones políticas de los deportistas, ni en sus declaraciones públicas, ni en el impacto social que generan. Normalmente, te gusta uno u otro por lo famosos que son, por la cantidad de gente que hable de ellos, por la zona en la que vivas.

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Por eso es extraña mi fijación con Paavo Nurmi. No sé ni de donde viene, quizás de algún artículo histórico. El caso es que desde siempre, cuando leo u oigo su nombre (cosa que ocurre más bien nunca) me provoca simpatía, así como cuando me sale la frase “finlandeses voladores”. (llamados así porque fueron los grandes dominadores del fondo y el medio fondo en la década de los 20).

De hecho, no conocía gran cosa de él hasta ponerme a escribir este artículo. Nacido en una familia humilde en 1897, desde joven comienza a practicar atletismo, entrenando con sistemas ideados por él, intentando seguir los pasos de su ídolo Hannes Kolehmainen (tres oros y una plata en los JJOO de Estocolmo 1912). Fue un precursor en el atletismo, conocido por correr siempre con cronómetro, y analizando sistemáticamente la zancada, por ejemplo, en un sistema que fue perfeccionando con el tiempo y que le hacía mantener una zancada regular, para poder ir calculando el ritmo al que debía correr.

En una época en la que había una multiplicidad de disciplinas atléticas que o bien ya no existen, o apenas son conocidas hoy en día, entrena principalmente campo a través y esquí de fondo en invierno, especializándose en mediofondo.

Es en el ejército (recordemos que Finlandia se acaba de independizar de Rusia, tras una guerra que fue más bien civil, con dos bandos, el “blanco” que fue el que venció y el “rojo” bolchevique. La actitud de Nurmi fue más bien ambigua, con una cierta simpatía hacia los perdedores, a pesar de que después, en 1940 con la invasión por parte de la URSS de Finlandia en la “guerra de invierno”, participará activamente en la defensa de su país) donde se ven las aptitudes de Nurmi, que ya bate algún récord nacional antes de ir a competir a Amberes 1920.

Allí consigue tres oros (En los 10000 metros lisos, los 8000 campo a través y en 10000 campo a través por equipos), y la plata en 5000 lisos. Parece ser que esas victorias le permitieron pagar la luz y el agua en su casa, así como conseguir una beca de estudios. Igualito que ahora vamos.

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Tras comenzar a batir récords del mundo desde 1921 (hasta 22 tiene ratificados por la IAAF, la federación mundial de atletismo), pero es en París 1924 donde explota: cinco oros (1500 y 5000 lisos, 5000 campo a través individual y por equipos, y 3000 por equipos). No pudo correr los 10000 lisos porque su comité no se lo permitió, pero para hacerse una idea, ganó los 1500 y los 5000 lisos corriendo con media hora de diferencia entre ambas pruebas, batiendo los récords del mundo, y en las pruebas campo a través (que a partir de esta fecha, y por el calor, fueron retiradas de los JJOO para no volver) corriendo con 45 grados.

En Amsterdam 1928, y tras seguir batiendo récords pero ya con 31 años, gana el oro en 10000 metros lisos y las platas en el 5000 lisos y el 3000 obstáculos.

A partir de ahí se pasa a las grandes distancias, batiendo más récords del mundo aún; preparándose para Los Ángeles 1932, y tras correr su primer y único maratón, es acusado de profesionalismo y no se le permite participar a pesar de que el caso no quedó claro del todo. Recordamos que esta época estaba prohibido competir si no eras amateur (que es un debate del que un día hablaremos por aquí) y que miembros de la federación sueca de atletismo fueron los que maniobraron para excluirle, imagino que para quitarse un serio rival de encima.

Todo esto hace que Nurmi se retire del atletismo en 1934; a partir de ahí se dedicó a “sus negocios”: aparte de entrenador, se convierte en mito nacional y en millonario, algo que ya no es parte de esta historia…

Desde luego, un mito infantil de otra época, antes de la hiperprofesionalización, del dopaje a escala tecnológica, de la compraventa de atletas por países y sobre todo, de que las naciones negras se emanciparan y sus atletas demostrasen su infinita superioridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ídolos de la infancia (I): Il Pirata Pantani.

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Durante muchos años me dio vergüenza decir en público que no sé montar en bici. Sobre todo estando rodeados de ciclistas aficionados, de nacer en el pueblo de Contador, de no tener coche…y de ser un amante del ciclismo.

Porque siendo un enano en la época en la que Induráin ganaba un Tour tras otro (de una manera bastante aburrida, según aprender de mayor), y fijándome en rivales como Chiapucci, Rominguer, Ugrumov o Zülle, viendo las espectaculares etapas de alta montaña y el esfuerzo inhumano de esta gente (el ciclismo me sigue pareciendo uno de los deportes con mayúsculas, y me parece una falta de respeto recurrir al dopaje por parte de las hordas futboleras) enseguida me enganché al ciclismo a pesar de que el pánico a caerme de una bici hiciera decidirme a caminar y dejar las ruedas para los demás.

Pues bien, desde el principio me llamó la atención este ciclista. Sin ser para nada un entendido, verle atacar tan lejos de meta, sin hacer caso de un ciclismo cada vez más tecnificado, sin preocuparse por el cansancio o por etapas futuras, era algo que llamaba la atención.

Verle después de la época Induráin, que como digo con el paso del tiempo me parecía aburrida como menos, era de una diversión insultante.

Es más, en un mundo deportivo dominado por el fútbol, y por unos futbolistas “modelos” (en el plano físico, que no en el intelectual o el moral) tener a Marco Pantani ganando con su físico poco agradecido era algo que a las personas socialmente aisladas no hacía felices.

Porque además ganaba. Un ciclista llamado a no hacerlo, salvo etapas parciales, lo hacía. No solo dando espectáculo, sino además en carreras importantes.

Mis recuerdos ciclistas son convulsos y suelo mezclar carreras, años, ascensiones…y además no creo que sea necesario dar los datos exactos, que se pueden consultar en la red.

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Podio ya en Giro y Tour en 1994, una grave lesión frenó su progresión, justo cuando acababa el reinado Induráin.

1997 marca su regreso, pero lo que me marcó, como a toda una generación de aficionados al ciclismo, fue 1998. Gana el Giro, y destroza a Ullrich (ese aspirante a Induráin tan antipático) metiéndole casi 9 minutos con su mítico ataque bajo la lluvia en el Galibier. Un ciclismo de otra época en el famoso Tour del caso Festina (donde corría otro grande como era Richard Virenque), de la retirada de los equipos españoles, de la EPO… al final me acuerdo más del Pirata bajo la lluvia que de lo demás.

Ganador de Giro y Tour, destrozo de contrarrelojistas, Pantani está en la cumbre. El resto, como suele decirse, es historia.

Durante el Giro de 1999, tras ganar su cuarta etapa y líder destacado, es descalificado de la carrera por elevado índice de hematocrito (que servía en la época para detectar el consumo de EPO, aunque no siempre acertase). Se cae el mito, en medio de un revuelo quizás similar al de Maradona.

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A pesar de volver a competir y ganar un par de etapas en el Tour del 2000, nada vuelve a ser lo mismo. Asociado a episodios de dopaje, aunque nunca llegó a dar positivo (lo cual desde luego no es prueba de nada), pasa por alguna suspensión más hasta que en 2004 es encontrado muerto en un hotel tras una sobredosis de cocaína. Igual que otro grande, el Chava Jiménez.

Pena, mucha pena ver como el deporte profesional, y los intereses creados en torno a él destrozan de esta manera a la gente. Su entorno más cercano ya habló en su momento de que existió una conspiración para apartarle del Giro 99. También de que había muchas cuestiones sin resolver en su muerte.

Hace no demasiados meses supimos que se demostró judicialmente que la Camorra napolitana alteró la tasa de hematocrito en ese famoso Giro para conseguir su expulsión.

Lo que fue golpe definitivo a su carrera y a su vida se ha demostrado como cierto tras años de pelea, con lo cual nos queda la duda de si alguna vez se demostrará o no alguna historia extraña en su muerte más allá de la depresión y la cocaína.

Alguien recordado más allá de su carrera y su muerte, como demuestran los continuos homenajes que se le hacen, y no solo desde el mundo del ciclismo.

En todo caso, uno de mis ídolos infantiles, uno de los pocos deportistas que me hacían vibrar y creer que había algo más que maquinaria en el deporte moderno, y alguien de quien siempre me acuerdo cuando veo a alguien subiendo un puerto en bicicleta.

Vai Marco, Vai!

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El olvidado Peter Norman

No le hemos dado demasiada cancha a la sección de personajes históricos. Suerte que un amigo nos ha hecho un favor y presenta esta reseña a todo un ejemplo de dignidad: Peter Norman, “el tercero” de la tremenda estampa del Black Power en los JJOO de México´68.

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Desde que en este año, esta imagen de una mujer levantando el puño en señal de protesta frente a un grupo de manifestantes neonazis se convirtiese en viral otras muchas imágenes de protesta en favor de los derechos humanos nos han venido a todos a la mente.

Una de ellas puede que haya sido la imagen protagonizada por los atletas americanos en las olimpiadas de México en 1968.

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Todos recordamos perfectamente la imagen de Tommie Smith y Jonh Carlos, primer y tercer clasificados respectivamente en la carrera de 200 metros lisos, haciendo el saludo del black power en defensa de los derechos humanos y en protesta de la opresión ejercida por los estados unidos contra las libertades del pueblo negro.

Quizás todos conocemos perfectamente la historia de estos dos atletas y su protesta, pero en el pódium podemos ver al segundo clasificado, Peter Norman, siendo el atleta más olvidado en esta historia pero, ¿Quién es en realidad Peter Norman? ¿De algún modo forma parte en la historia de esta foto? Probablemente, los amantes del atletismo, tendrán respuestas a estas preguntas.

Para el resto de personas desvelamos las respuestas.

Peter norman fue un atleta australiano, quedó el segundo clasificado en la carrera de 200 metros lisos en las olimpiadas de México, con un tiempo de 20.06 segundos (récord de Australia aún vigente en la distancia).

Según cuentan Tommie Smith y Jonh Carlos, antes de subir al pódium, por respeto, le contaron el tipo de protesta que iban a llevar a cabo, a lo que el contestó que era una protesta totalmente justificada, pues no debería haber personas designadas a la parte de detrás del autobús o ubicadas en mesas diferentes en los restaurantes solo por el color de su piel; y como apoyo a su protesta decidió colocarse una chapa en la solapa del chándal del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos (OPHR).

También fue él quien sugirió a Smith que le prestase un guante a Carlos, ya que este se dejó los suyos en la villa olímpica, por eso, si nos fijamos en la imagen, podemos ver como un atleta levanta el puño derecho y el otro el izquierdo.

Al bajar del pódium fue entrevistado por la prensa de su país y preguntado por qué apoyó la protesta de Smith y de Carlos a lo que le contestó que él creía en los derechos humanos y no veía justo, por ejemplo la desigualdad que sufrían los aborígenes en su país al no poder censarse para poder votar u otras desigualdades sufridas por el pueblo aborigen.

Tras estas declaraciones , la prensa de su país le condenaría al más profundo de los olvidos y en lo deportivo siguió compitiendo a nivel profesional, llegando a conseguir tiempos clasificatorios para las olimpiadas de Múnich de 1972, pero la federación australiana le negaría competir pese a tener el segundo mejor tiempo, al igual que para el campeonato del mundo.

Desde su protesta, la federación no le permitió competir a nivel internacional hecho que no le impidió seguir corriendo hasta que en 1985 sufre una lesión en el talón de Aquiles, hecho que le lleva a tener una gran depresión.

En los juegos olímpicos de Sídney de 2000 nuevamente su federación le prohíbe participar en la comitiva, pero EEUU le invitaría a participar cuando se enteraron que hasta su propio país no le dejaba hacerlo.

Finalmente, Peter Norman moriría a la edad de 64 años en el año 2006 a causa de un paro cardiaco.

Tommie Smith y Jonh Carlos irían al funeral de Peter Norman para elogiarle y portar su féretro. Mientras, de marcha fúnebre se podía escuchar la banda sonora de Carros de fuego.

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Antihéroes (I): la historia de Éric Moussambani.

Todos tenemos ídolos en la infancia. Muchos de ellos provenientes del deporte: más allá de los icónicos futbolistas (hombres, por supuesto) tenemos una pléyade de gente alta, musculosa, atlética, triunfadora. Los niños gordos, poco atléticos o a los que no nos entusiasmaba la simple idea de ser mejores que otros, o que bien no éramos capaces de conseguirlo solíamos tener los mismos modelos.

Pero a veces aparece alguien que se sale de la norma; muchas veces prontamente olvidados, objeto de risa o ejemplo de lo que no debe ser.

Algún día hablaré de como para alguien como yo que no sabe montar en bicicleta alguien como Marco Pantani se convertía en un héroe tanto por su manera de comportarse en la montaña como por su estética, digamos, poco “cool”. Al mismo tiempo que tenía fijación por ver a los últimos clasificados de las grandes vueltas por etapas, esos auténticos sufridores.

Pero hoy voy a hablaros de un auténtico antihéroe. Debido a mi creciente interés en la natación (Por cierto, os recomiendo este enlace para quien quiera mejorar sus prestaciones bajo el agua), hace unos días recordaba con una amiga la historia de Éric Moussambani.

A muchas seguramente no os suene el nombre, pero es posible que sí la historia: en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, gracias a los cupos para que países con poco predicamento en el deporte pudieran enviar deportistas, Moussambani compite él solo (¿puede haber algo más poético?) tras la descalificación de dos compañeros en una de las series preliminares de 100 metros libres.

Él, que hacía solo 8 meses (¡Ocho meses!) que estaba entrenando natación, pues su deporte era el atletismo, y que no había podido entrenar nada más que en la piscina de un hotel de 22 metros de largo y  que ni siquiera era recta, pues las de 50 metros de largo reglamentarias no existían en su país, Guinea Ecuatorial.

Lo dicho, él, en un arranque de quijotismo, se esfuerza en sacar lo mejor de si mismo bajo la mirada de miles de personas en todo el mundo. Parece ser que pensaba que solo era necesario nadar un  largo, segundo, eterno, imborrable desde el primer día que lo vi, hace pensar que cualquiera podríamos participar en unos Juegos Olímpicos. Y no lo digo con sorna: merece todo elogio plantarte allí, sin apenas saber nadar, en la otra punta del mundo (quien sabe que enchufe necesitaría para ello) para intentar conseguir un objetivo tan modesto como acabar una carrera sin desfallecer.

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Lo hizo. Sus declaraciones “los últimos quince metros han sido muy difíciles” hablan de la sencillez de alguien que con toda humildad habla ante los atónitos periodistas que no son capaces de asimilar una respuesta así en un ambiente de semidioses.

Posteriormente al estupor, llega el espectáculo: Contratos falsos, anuncios, programas de televisión donde se es paseado como un mono de feria…la sociedad moderna no es capaz de entender el afán de superación personal, todo lo que no sea el éxito debe ser despreciado.

En una burla de la historia, Moussambani mejora de una manera increíble su marca personal, dejándola por debajo del minuto (Mientras en Sidney tardó en cubrir los 100 metros 1:52.72, estando el récord del mundo en 47:84).

Un problema con el visado le deja sin participar. ¿Os imagináis haber realizado todo eso, y por un problema de papeles, no poder participar? La decepción debe ser enorme, la posibilidad de demostrarle al mundo mucho más de lo que han visto…o no.

Para mí, el verdadero ejemplo lo tengo cada vez que veo su vídeo en Sidney. Nunca seré el más rápido, el más alto o el más fuerte. Y no me importa en absoluto.