“Cuando éramos los mejores”, la NBA y el espectáculo.

No suelo leer mucho de baloncesto, aparte de estadísticas y artículos varios.

Pero este verano tenía que encontrar una manera decente de pasar las horas en un trabajo aburrido e inacabable y di de pura casualidad con esto en la biblioteca más cercana.

Por edad, los años 80 de la NBA me pillan en mi prehistoria personal, aparte de que me he enganchado al baloncesto yanqui solo en los últimos años y más por demérito del europeo que por pasión hacia ellos.

Pero el halo de Magic Johnson y Larry Bird siempre me había impactado: más allá de Jordan ,más allá de LeBron, más allá de Kareem… me sorprendía la amistad de dos personas tan opuestas en un país como EEUU, o la valentía de Magic al anunciar que era seropositivo, me impresionaba la estela que habían dejado en tanta gente (amante o no del baloncesto).

Y como no, de mis primeros recuerdos de baloncesto está el Dream Team de Barcelona 92.

Así que me pongo a disfrutar de las interioridades delas vidas de estas dos grandes estrellas y del baloncestos estadounidense en este libro denso y concreto, en el que las estadísticas se mezclan con las pequeñas historias de las que solo disfrutaréis si realmente amáis este deporte.

Porque el libro es muy recomendable, pero si no os gusta la pelota naranja, podéis pasar olímpicamente de él, ya que es muy específico.

Bucea desde la infancia y origen social de ambos (clave para entender su rivalidad posterior), a su paso por el instituto y el basket universitario hasta su debut en la NBA y los míticos enfrentamientos que marcaron una época en las costas Este y Oeste hasta que los problemas físicos de Bird y el anuncio público de ser portador del VIH por parte de Johnson, junto a la edad y el surgimiento de otras estrellas nos llevan al ocaso de estos dos grandes, con en colofón barcelonés como punto (casi) final.

Un libro muy yanqui: en su concepción de ambos jugadores, en su acriticismo, también en la propia forma de estar escrito.

Pero que nos da un buen repaso no solo a la vida y obra de estos dos jugadores, sino al paso que tuvo la NBA, que pasó de ser una liga en crisis financiera y con problemas de salud pública de sus jugadores a un referente fundamental en el deporte-espectáculo global.

O a la llegada de los primeros jugadores europeos, a lo que significa la fama y la desaparición de la misma, el papel de los medios de comunicación y de los anuncios.

Todo en una lectura ideal para los amantes del buen baloncesto.

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Reseña de “Memorias del Guadarrama” de Julio Vías.

Tras muchos, demasiado tiempo, volvemos con nuestra sección Lecturas, en este caso con un libro encontrado al azar en una biblioteca pública, y que nos acerca a ese Guadarrama nuestro tan olvidado y fruto del desprecio que los montañeros a veces hacemos de las sierras pequeñas.

Se trata de “Memorias del Guadarrama; Historia del descubrimiento de unas montañas”, de Julio Vias .

Guadarramista de pro (miembro de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama y del Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama), creo que pocas personas estarán más autorizadas que él para escribir sobre la Sierra, así, con mayúscula.

Para muchas de las personas que pateamos esta sierra, muchas veces centradas demasiado en el hecho deportivo o montañero en sí, esta no deja de ser una gran desconocida. Pienso que este libro llena el vacío que tenemos en varios de sus aspectos: el de la toponimia, el de la historia, el de los oficios seculares y el de los que fueron sus pobladores hasta hace pocos años.

También como no, el de sus “descubridores”, acepción colonialista de la que se pueden sacar bastantes críticas al texto.

Dentro de lo positivo podemos hablar de lo que nos supone a nosotros redescubrir la Sierra: volver la vista atrás para analizar el origen de sus nombres, vincularlos a una historia más o menos pasada, verla con los ojos de sus antiguos pobladores (pastores, hacheros, neveros, bandoleros) y darle una segunda oportunidad a esta cordillera.

Porque es cierto que la masificación humana de la misma, y lo limitado de sus actividades montañeras (en comparación con otras cordilleras) hacen que muchas veces despreciemos el Guadarrama.

El verla de una forma integral hace que la admiremos con otros ojos. Para mí, es muy interesante poderle dar esta vuelta, darle un valor que vaya más allá del deportivo.

Para quienes tenemos una mezcla de intereses en el conocimiento de esta zona, creo que el libro nos ayuda como introducción en alguno de ellos: sin ser exhaustivo, sus apuntes sobre la toponimia, sobre la historia de sus caminos, sobre sus moradores, sobre la fauna y la flora, sobre las personas que en el S. XIX comenzaron a acercar la Sierra a la ciudad de Madrid hacen que quienes queramos profundizar en dichos temas podamos hacerlo ayudados por una muy abundante biblografía.

Asi mismo, una segunda parte con especial atención a zonas concretas de la Sierra permite detenernos en detalles concretos de la misma (a mi me ha llamado mucho la atención por ejempo el origen vasco del nombre “Najarra”, que es una de mis cumbres favoritas o visualizar como frontera la Cuerda Larga entre las tierras de Segovia, el Real de Manzanares y el lejano señorío de Buitrago).

Entre lo negativo, me parecen por un lado muy escasas las referencias, pinceladas muy rápidas sobre demasiados temas; quizás es algo buscado, pero me parece que a veces saltar de un hecho a otro le da al libro cierta superficialidad.

Por otro lado, y lo que me es más importante, le falta espíritú crítico. Algo que empieza a intuirse cuando hablando de los bandoleros abandona cualquier intento de análisis del porqué del bandolerismo y de sus innegables simpatías sociales y pasa a adjetivar peyorativamente y usar las versiones policiales de la época se desenmascara ya cuando realiza con el mismo acriticismo loas de los diferentes reyes y señores que pisaron la zona.

Pasa lo mismo cuando se llega a hablar de la Modernidad, de sus decubridores como dije arriba. Sin faltar a la labor que científicos, educadores o alpinistas hicieron aquí (y de la que somos herederos), no podemos dejar de ver la otra cara de la moneda: la introducción del Progreso en la Sierra hizo que gran parte de la destrucción conocida hoy llegará hasta aquí y arrasara con gran parte no solo de la naturaleza, también de las gentes de las que este libro habla y que todos añoramos.

Entiendo que la falta de espacio o de fuentes (más allá de las oficiales) puedan dificultar la tarea, pero la función como formador de opinión que es la escritura pienso debe ir más allá de la simple repetición.

A pesar de esta decepción en cuando al tono del texto, recomiendo la lectura de este y del resto de sus libros. Es una manera de darle valor a estas tierras mil y una veces pisadas.

 

Reseña de “Al filo de la escalada, memorias de un alpinista”, de César Pérez de Tudela.

Es complicado reseñar un libro de alguien que no te cae bien. Pero es algo aún más difícil reseñarlo cuando anteriormente a leerle te era un completo desconocido.

Por mucho que Pérez de Tudela haya sido pionero del alpinismo español, cara mediática y reconocida no solo por sus escaladas, el hecho de que yo no sea un lector habitual de literatura de montaña y el haber estado alejado de la mitología de las grandes cumbres explican este hecho.

No me cae bien por su pasado (ex-policía de Franco, simpatías hacia el falangismo), así como no puedo simpatizar con varias de las ideas machistas y etnocéntricas que expresa en el libro.

Y desconocido, cayó este libro en mis manos de casualidad; estaba en la biblioteca pública que frecuento.

Al pensar en su lectura, puedo decir que me haya agradado en exceso. La edición es mala, con muchas erratas, lo cual no ayuda, la prosa, que tiene bastante chispa y te mantiene enganchado a la lectura, a veces es sin embargo repetitiva y poco clara.

Y aún así, os recomiendo su lectura. ¿Y porqué?

Pues porque para empezar, el no simpatizar con una figura no es motivo para obviar su existencia, sus aportaciones y sus análisis. Y en este caso, Pérez de Tudela es como hemos dicho, precursor y figura fundamental del alpinismo ibérico, que en años posteriores ya sabemos las cotas que ha alcanzado. Aunque es verdad que ese ser “figura fundamental” acaba viéndose en el ego que exhala el libro, eso consigue darle un toque personal muy peculiar e interesante, así como sus polémicas varias en este mundillo.

Por otro lado, consigue mantenernos en vilo en gran parte de sus relatos. Muy interesantes resultan sus relatos de ascensiones y escaladas en lugares cercanos, que todos conocemos, como La Pedriza, Gredos, Montserrat o los Picos de Europa.

Pero también el recorrido por todo el mundo, desde cumbre míticas como el Everest, el Aconcagua o el Annapurna, como sobre todo algunas desconocidas y fuera del circuito habitual, situadas en lugares como Filipinas, el África negra o Sudamérica. Para mí eso tiene un valor importante, ya que contrapone la idea de conocer lo desconocido (con ese eurocentrismo que he comentado antes, pero bueno) por encima de las altitudes, las marcas, las prisas…que caracterizan el montañismo moderno.

Quizás lo más interesante de todo, en la parte teórica, sean sus planteamientos en temas polémicos y objeto de debate: el tema de los rescates en montaña, la idea filosófica unida al montañismo o el uso de guías, porteadores nativos, campamentos equipados o la financiación.

En todo caso un libro ameno, con sus fallos, que para alguien que sea amante de la montaña y maneje las claves básicas del mundo del alpinismo le va a resultar interesante por las posturas que plantea.

Y que como debe ser, te pica la curiosidad por ciertas montañas; que para mí es el objetivo fundamental en los libros de esta temática.

 

“El ritmo de la cancha” de Jacobo Rivero (Clave intelectual).

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A ver como explicas que has realizado la lectura de un libro hace ya un par de años y de casualidad porque no tenías otro a mano, y que lo quieres reseñar ahora.

En general soy poco de leer libros de temas deportivos. En parte porque creo que no suele haber demasiados de entre ellos que tengan excesivo interés. Y en parte porque no me suele sobrar el tiempo para leer y tengo que seleccionar.

Cuando leo sobre deporte algo más que noticias me gusta mucho mezclarlo tanto con la Historia como con las historias individuales de cada una, las que no salen precisamente en los libros, plagados de estrellas y espectáculo. Quizás por esa cercanía a lo que me gusta quiero recomendaros este texto, que se sale de lo habitual.

Porque al fin y al cabo, el deporte, como parte fundamental de esta sociedad, es política, y esta afecta tantísimo a esa cotidianidad personal que sorprende que nunca salga en las portadas. No, no sorprende, por eso precisamente es necesario hacerlo salir a la luz, para poder realizar una crítica social también desde el deporte.

Son 13 historias a lo largo del siglo XX y que recorren todo el mundo, de las cuales hay alguna que te marca, como la de Donald Angelo Barksdale, primer negro en jugar un All Star.  Porque claro, en una sociedad tan segregada como la yanqui, el deporte estaba en manos de lo blancos.

No es tan conocido desde luego como  John Carlos y Tommie Smith, atletas iconos del Black Power en los JJOO del 68, pero desde luego su figura fue precursora de la entrada masiva de los negros en el deporte de la canasta, del que por razones evidentes son los grandes dominadores.

Claro que hoy en día el basket, y la NBA en particular sigue sufriendo una segregación racial menos visible pero más que evidente en el terreno de los despachos, dejándoles a los negros el honorable  pero reducido espacio de ser las estrellas en el parquet y generar los beneficios necesarios para una clase parasitaria.

Otra historia, quizás la que más me impresionó, es la del grupo de baloncestistas bosnios (hasta poco tiempo antes yugoslavos) que deben romper el cerco de Sarajevo en abril del 93 para ir a jugar el Europeo en Alemania. Impresiona más porque alguno de esos jugadores militaron después en equipos españoles, o que el gran Nenad Markovic, que no participó en ese Europeo pero que es un ídolo para el Estudiantes explique como era esa sociedad que tras la muerte de Tito se devoró a sí misma. Y de la que él tuvo que marchar.

Otras historias van de Egipto a Filipinas, Palestina, o el Berlín de los JJOO del 36 en un completo viaje, que aunque irregular (hay relatos que me llamaron mucho más la atención que otros tanto por la historia en sí como en lo narrativo, lo cual es algo subjetivo, en otros es evidente que no comparto el punto de vista del autor, que al menos, te hace pensar) nos lleva por este planeta basket a plantearnos mucho más de porque entra o no entra la pelotita.

 

 

 

 

Reseña de “Citius, altius, fortius. El libro negro del deporte”, de Federico Corriente y Jorge Montero.

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“Los deportes reproducen las principales características de la organización industrial moderna: reglamentación, especialización, competitividad y maximización del rendimiento. Tanto los sistemas de entrenamiento como las reglas y el instrumental tienen en común la impresión de objetividad que se desprende de ellos y el fetichismo productivo que los impregna. Lo que produce el deporte y la educación física son fundamentalmente rendimientos y récords, es decir, datos computables, cosas, no relaciones entre personas”.

El deporte es algo que siempre me ha gustado. Tanto en abstracto como en lo concreto, sobre todo estos últimos años.

Y, para cualquier persona que sea crítica con las actuales formas de (no) vida, el análisis racional de este fenómeno global es parte fundamental de esa crítica.

Hasta el momento, ni yo a nivel personal lo había hecho ni dentro de los ambientes políticos radicales existe esa crítica más allá de cuatro pinceladas acerca de las formas más deleznables de este: el dopaje, el machismo, la presencia neonazi en algunos de ellos o la mercantilización del mismo. Nada que merezca le pena subrayar, nada que profundice en el deporte como producto en sí mismo.

Por eso es de agradecer este libro, editado por Pepitas de Calabaza. Porque pone precisamente el acento del deporte como producto de un sistema político y económico concreto, lo que permite analizar sus fines, su utilización y sus mecanismos.

Partiendo del recorrido histórico del juego (y de la separación aristocrática que llevaría posteriormente a convertirlo en deporte) y del concepto de lo físico  a lo largo de la historia, vamos viendo la expropiación cometida sobre lo lúdico por parte de las clases dominantes.

“En tales encuentros no estaba excluida la participación de niños, mujeres, ancianos ni espectadores, ni que los jugadores cambiasen de bando a su capricho. El terreno de juego carecía de límites precisos, no había árbitros ni tiempo de descanso y los encuentros no tenían una duración determinada, por lo que a menudo podían prolongarse durante toda una jornada. Al final del partido, lo que mayor satisfacción proporcionaba no era la obtención de la victoria, el premio o una posible ganancia, sino la diversión y el placer que suscitaba el propio juego”.

Sin embargo, el deporte organizado tal como lo conocemos hoy es un producto más del capitalismo en el S.XIX., de donde toma su esencia, su forma de funcionar y sus objetivos.

Por tanto, a través de las páginas del libro van apareciendo, a modo de recorrido histórico, la manera en la que los juegos populares son criminalizados y extirpados del cuerpo social para favorecer la implantación del trabajo asalariado y su sustitución por otras formas de “lo físico” en los países occidentales, la procedencia del deporte “amateur” o como se desarrolla el deporte de masas, y como summum de todo el mundo moderno,  el Olimpismo y la ideología subyacente en él, derivada del racismo y militarismo de su creador, Coubertin.

“Incluso entre quienes son conscientes de las fatales consecuencias del desarrollo del deporte, predomina la tendencia a separar el deporte “profesional” del deporte “amateur” para salvar el deporte en tanto método pedagógico. En lugar de considerarlo como un modelo de valores institucionalizado y un producto histórico concreto que, en su forma originaria, corresponde a la ideología del capitalismo liberal, proclama que el deporte es una proyección idealizada de valores humanos universales y, por consiguiente que se trata del desafío “humanista” supremo. De ese modo se aproximan al punto de vista de Coubertin, Baillet-Latour, Diem, Brundage y otros fervientes defensores del “deporte amateur” -los ideólogos más militantes y reaccionarios del capitalismo- para los que el significado pedagógico principal del deporte residfía en su valor “moral” (L. Simonovic, D. Simonovic).

No solo eso, avanzando en el tiempo realizan un análisis del deporte en los regímenes totalitarios; en esa misma época tenemos el ya olvidado “deporte obrero”, falsa crítica al concepto busrgués de deporte (más de uno recordará las cacareadas Olimpidas populares de Barcelona en 1936, que eran tamién derivadas de los intentos izquierdistas de catalizar a las masas).

Más adelante, vemos las diferentes tomas de posición del movimiento olímpico en política internacional o también como el deporte se asocia claramente con la política, bien para mantener status preexistentes, bien para fortalecer otros recién creados.

También se analiza el deporte en tanto filosofía: su ética, sus enseñanzas o su finalidad como formación de las personas, de las masas, de encauzamiento nacional.

“Digámoslo con toda claridad: los deportes competitivos organizados no contribuyen a formar el carácter. Al contrario, tras presenciarlos a menudo y haber participado en ellos de sobra, estoy convencido de que lo cierto es lo opuesto. Tan lejos están de formar el carácter que, en mi opinión, la participación continua y excesiva en el deporte competitivo tiende a destruirlo. Bajo la tremenda presión de la lucha por la victoria a toda costa, salen a la superficie y se consolidan todo tipo de rasgos desagradables. Con mucha frecuencia lo que desarrolla es el lado peor del jugador, cuyo autodominio se quiebra mucho más de lo que se fortalece” (John R. Tunis).

Y entonces, ¿qué solución podemos ofrecer? Agotada por insuficiente y parcial la posibilidad de reforma, y visto como el deporte es producto y a la vez parte fundamental de una sociedad podrida que no puede ser reformada, no puede ser objeto de una crítica parcial, sino que solo su destrucción como parte de este viejo mundo es el destino que cabría esperarle.

“Creer, por otra parte, que el deporte podría reformarse o abolirse en el marco de unas relaciones sociales que reducen al ser humano a la condición de espectador pasivo de juegos cuyo sentido se le escapa y en los que sus potencias enajenadas cobran vida propia, es ignorar que las pautas de su evolución se mueven dentro de los estrechos límites definidos por una sociedad que, tras perseguir y reprimir los impulsos lúdicos durante su fase de gestación, encontró en el deporte el medio por excelencia para canalizarlos, pervertirlos y explotarlos. De ahí que solo quepa postular su abolición conjunta, en el marco de un proceso de transformación de las condiciones sociales de existencia de la humanidad entera. Dicho esto, no dudamos de que una cultura lúdica emancipada del fetichismo de la competición y del principio de maximixación del rendimiento cuantificable pueda rescatar para disfrute propio muchos elementos de los deportes actuales”.

“Futbolistas de izquierdas” de Quique Peinado

“La sociedad está llena de complejos masculinos donde no hay hueco para la vulnerabilidad o la debilidad emocional. La mayor vergüenza de un hombre es sufrir una enfermedad mental o impotencia sexual, cuando son fenómenos naturales de los que no hay que sentirse avergonzado. Al mismo tiempo, se presenta el deporte como una fuente de salud y armonía corporal y espiritual. Y no hay nada más alejado de eso que la práctica deportiva profesional. Los atletas llegan a sus límites físicos y mentales tomando antiinflamatorios y analgésicos para paliar sus dolores y estar listos para la siguiente batalla, y utilizando antidepresivos y multitud de estimulantes para hacer lo propio con la salud mental. Todo esto, unido a esa mentalidad ganadora que se les inculca desde niños y la necesidad de obtener el éxito como la única manera de darle sentido a la vida, conforman una mezcla explosiva”; Iván Ergic, ex futbolista profesional.

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Párrafos tan contundentes y sinceros, que además expresan mucho mejor que yo lo hago mi manera de entender el deporte profesional, aparecen en este libro, editado por Léeme libros, escrito por Quique Peinado (conocido periodista) y con aportaciones de dos de las vedettes de la socialdemocracia española actual, lo cual no le quita mérito.

Por sus páginas, y en una prosa ágil, van pasando personajes conocidos como Sócrates, Lucarelli, Pahiño o Vicente del Bosque, pero también otros futbolistas menos conocidos que nos van señalando páginas de la historia reciente: desde los perseguidos por las diversas dictaduras latinoamericanas de las décadas anteriores, hasta las luchas obreras apoyadas por algunos deportistas, pasando por el conflicto vasco (donde Quique Peinado hace de buen demócrata y no se sale un palmo de la versión oficial de la historia, lo que le quita mucho valor a reseñas sobre Iker Sarriegi, Endika Guarrotxena, o Koikili, por ejemplo) o ejemplos de equipos de fútbol autogestionados por sus propios jugadores.

No soy yo un gran aficionado al fútbol, aunque sí  que me interesa bastante por un lado la subcultura hooligan y por otro, la historia relacionada con este entretenimiento de masas.

Historia con mayúsculas, como no podría ser de otra manera en un deporte mundialmente seguido desde hace décadas, pero también historias pequeñas, de la gente de la calle, de equipos humildes o de desarrollos transversales a lo que aprendemos en el colegio que sucedió hace años.

En este libro hay algo de todo eso: hay futbolistas dignos (véase a un Humberto Caszely, genial rematador chileno cuya madre fue torturada por la dictadura y que se atrevió a enfrentarse a Pinochet, o a un Cristiano Lucarelli capaz de dejar de ganar millones por jugar en el equipo de su ciudad, Livorno, que además es una de las ciudades más rojas del país).

También hay jugadores en los que la izquierda se difumina. Socialdemócratas, por ejemplo. Y también para los que el fútbol fue solo una etapa sin importancia en una vida de compromiso social.

En todo caso, extraño e interesante este libro, que se deja leer y que puede interesar a gente a la que normalmente el fútbol no deja de mostrársele como es: el opio del pueblo.

 

Wanderlust. Una historia del caminar, de Rebecca Solnit

 

Aún no he tenido tiempo de leerlo (lo siento Capitan Swing, pero ese precio es demasiado para mi economía), pero aún así me permito copiar la sinopsis de la editorial:

“Un fascinante retrato de la infinita gama de posibilidades que se presentan a pie. Analizando temas que van desde la evolución anatómica hasta el diseño de las ciudades, pasando por las cintas de correr, los clubes de senderismo y las costumbres sexuales, Solnit sostiene que las diferentes variantes del desplazamiento pedestre —incluido caminar por placer— suponen una acción política, estética y de gran significado social. Para ello se centra en los caminantes más significativos de la historia y de la narrativa, cuyos actos extremos y cotidianos han dado forma a nuestra cultura: filósofos, poetas, montañeros… De Wordsworth a Gary Snyder, de Jane Austen a Elizabeth Bennet y Andre Breton, existe una larga asociación histórica entre caminar y filosofar.

La evidencia fósil de la evolución humana señala que la capacidad de moverse en posición vertical, sobre dos patas, es la que distinguió a los humanos de las otras bestias y la que nos permitió dominarlas. Para la autora, hay una clara relación entre el caminar y el pensamiento. Caminar —dice Solnit— es el estado en el que la mente, el cuerpo y el mundo están alineados. Wanderlust reproduce, en la sencillez y cadencias de su prosa, los ritmos de un buen paseo.”

Reseña de “Alpinismo bisexual” de Simón Elías

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“En este universo, la montaña es un jardín de infancia para adultos, un escenario cómico donde hombres barbudos se comportan como señoritas de internado mientras realizan una actividad compleja y peligrosa. Dejémoslo claro, en un mundo urbano y posmoderno donde la realidad está dirigida por tipos que llevan un chihuahua en el bolso, los alpinistas somos una panda de felices capullos camino de la extinción.”

De la introducción de Alpinismo bisexual”.

 

Llevaba tiempo con ganas de ponerme a reseñar este libro. La primera vez que oí hablar de él fue cuando un amigo del Local Cambalache de Oviedo se tiró una buena temporada recomendándome su lectura. Claramente el espíritu del libro parecía ser más o menos el mismo que el del grupo de montaña del yo que participaba por aquel entonces, el Ramón Mercader asturiano.

Básicamente, es ver la montaña (y las tonterías que llegamos a hacer en ella) como algo lo más alejado posible del deporte de alto nivel, de las ansías de competición, de la tecnificación extrema. Del mundo tal y como lo conocemos.

La montaña sea grande o pequeña, como forma de acercarse a la naturaleza tanto como de olvidarse de la ciudad, como manera de tener al lado de verdad a las personas a las que aprecias, de marcar tú los tiempos (o más bien de que te los marque el clima), al contrario del mundo en el que vivimos…algo que se está perdiendo a marchas forzadas por la progresiva profesionalización de los llamados “deportes de montaña”.

Claro está que nos movemos a distintos níveles, pues resulta que mientras nosotros lo pasábamos genial dando un paseo por el Naranco, el tal Elías se dedica a ser guía de montaña en los Alpes. Casi nada. Con esto no digo que él sepa más que nosotros, solo que conoce la situación más de cerca, y precisamente esa profesionalización fue una de las cosas que criticó cuando vino a presentar el libro. Un libro, que cuando vino ya había tenido yo ocasión de leerlo. Y que no defrauda.

Lo interesante (aparte de la calidad literaria -que la tiene- y de lo divertido que es) es que puede ser leído aunque no seas alpinista o montañero experimentado, o incluso creo que le puedes sacar jugo aunque lo más cercano que tengas el monte sea la provincia de Valladolid.

Pues es un libro en el que subyace todo el rato la crítica al deporte (pos) moderno. La montaña, como elemento cuasi totémico, había escapado hasta hace relativamente poco tiempo de la masificación, del cronómetro, de las aceleradas mejoras de las nuevas tecnologías y hasta de la higiene personal más básica. Pero amigas, el capitalismo lo coloniza todo y esto no iba a ser menos (no tenéis más que ver algún reportaje sobre como está el Everest para que se os quiten las ganas de ir y seguir paseando por el Naranco, total, hay la misma basura, lo único que con eucaliptos alóctonos).

No deja de ser un compendio de aventuras, pensamientos, anécdotas, sobre el mundo del alpinismo, de esa gente que prefiere estar sola o con calcetines de hace varios días que pasear por la avenida (ponle calle Uría, Preciados o passeig de Grâcia) de rigor de su ciudad. Gente que hasta hace poco escapaba del estrellato de otros deportes como pudiera ser el fútbol, quedando en el anonimato de los locos, esa otra mitología que no lleva aparejado el reconocimiento.

Algunas creo que os sentiréis identificadas con las situaciones que se narran. Otras os divertiréis imaginando las gilipolleces que se pueden llegar a hacer con lo calentito que se está en casa.

Yo solo puedo recomendaros su lectura. Y casi confirmaros que el da la portada es el autor.