Crónica de una tormenta anunciada: VÍA DE LA PLATA. ETAPA 1 : MÉRIDA – ALCUÉSCAR ETAPA 2: ALCUÉSCAR- CÁCERES.

VÍA DE LA PLATA.

ETAPA 1 : MÉRIDA – ALCUÉSCAR

ETAPA 2: ALCUÉSCAR- CÁCERES.

KMS.: 78.

 

 

 

 

La Vía de la plata era una calzada romana que en sus inicios unía Mérida y Astorga siendo este el camino clásico y que se alargó hacia el sur llegando a Sevilla y hacia el norte llegando a Xixón a través de la vía Carisa, formando así una ruta de aproximadamente 960 km fue una ruta de comunicación que unía el Sur de la península con el mar Cantábrico usada por las tropas romanas para avanzar hacia el norte y usada a lo largo de los siglos tanto por árabes como por cristianos.

Todo el trayecto está bien señalizado y lo único que tendremos que seguir son flechas amarillas y cubos de granitos, situados a lo largo del trayecto en cada punto en el que pudieran surgir dudas sobre la dirección a seguir.

Muestran una marca de color con el siguiente código:

ETAPA – MÉRIDA – ALCUÉSCAR – 36 KMS.

El inicio de esta etapa se encuentra cerca del acueducto de Los Milagros, cruzaremos por un puente romano el arroyo Albarregas y continuaremos de frente por la avenida Vía de la Plata, tras una sucesión de rotondas para salir de Mérida nos encontramos con el primer cartel que nos indica la dirección hasta el embalse de la Proserpina.

Continuamos por un camino de tierra y pasamos por debajo de la autovía A-5.

Tras rodar un poco por este camino y ver el estado del cielo decidimos salir a la N-630 y llegar por esta carretera con poco tráfico a Aljucén.

Seguimos por al nacional hasta pasar el río Aljucén llegando a una estación de servicio abandonada donde tomaremos un camino que sale a la derecha entrando en el Parque Natural de Cornalvo.

Por este parque recorreremos unos 8 km. sin ninguna pérdida pues está muy bien señalizado, entre dehesas de encinas y alcornoques, siendo también hábitat de la cigüeña negra, una de las aves más escasas de Europa occidental.

Encontrando algunos tramos con piedra suelta y leve pendiente que nos obliga a echar el pie a tierra y hacerlo caminando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salimos del parque y en un alto en un camino hacia la derecha está indicado el pueblo de Alcuéscar, si continuásemos de frente saldríamos a una carretera que hacia la derecha también nos llevará hasta Alcuéscar.

ETAPA-ALCUÉSCAR-CÁCERES- 38 KMS.

En Alcuéscar junto al albergue de peregrinos, al que llegaremos siguiendo las flechas amarillas, encontraremos de nuevo la vía de la plata.

Seguiremos avanzando por un camino de tierra durante aproximadamente 7 km. entre encinas, olivares y carrascas.

Llegamos a Casas de Don Antonio donde cruzando un pequeño puente romano nuestra ruta continúa por la izquierda.

Continuamos dirección N630 y tras pasar un Bar a las afueras del pueblo volveremos a encontrar el camino de tierra.

Ahora la vía de la plata coincide con la calzada romana y se hace un poco más duro al haber bastante piedra suelta. Antes de llegar a Aldea del Cano, siguiente población, veremos otro pequeño puente romano.

Tras pasar este puente y ver dos miliarios , cruzaremos la N630 para dejarla a nuestra derecha y en unos kilómetros llegaremos a un cruce en el que un evidente camino de tierra hacia la derecha nos llevaría a Aldea del Cano, si seguimos de frente continuaremos por el camino oficial.

Desde Aldea del Cano recorreremos 11 km para llegar a Valdesalor, tranquilo pueblo para reponer fuerzas.

Para salir de Valdesalor de nuevo cruzaremos la N-630 y pasado una estación de servicio abandonada cogeremos el camino que sale a la derecha. A los 2,5 km. nosotras decidimos coger el arcén de la nacional para subir el pequeño puerto de Las Camellas.

Decidimos terminar nuestra ruta hasta Cáceres por carretera debido a la amenaza de tormenta y fuerte viento.

Para el traslado de bicis de Cáceres a Mérida es importante llamar a la estación de tren, ya que, dependiendo de la época, si hay más de tres bicis por vagón es posible que no os dejen subir. Nosotras tuvimos suerte y al ser medio recorrido y haber poca gente no nos pusieron problemas.

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El Telón de Acero a dos ruedas: tramo de la ruta cicloturista del Danubio y del Morava entre Bratislava y castillo de Devin.

Vamos a empezar esta crónica desde el final. Comenzamos nuestro viaje en Polonia, recorriendo los Tatras del Oeste y bajando hacia Eslovaquia para hacer el único sendero abierto en los Tatras Blancos.

Tras la paliza de tres días nos vamos a Bratislava a hacer turismo (y a beber cerveza), al igual que en Viena.

Y ¿qué dejamos para el último día? Pues alquilarnos unas bicis en un hostel cualquiera y hacernos un tramo de uno de las grandes y accesibles vías que podemos encontrar.

Saliendo directamente desde el centro de Bratislava, nos vamos a encaminar hacia el imponente Danubio y haremos un tramo en dirección hacia el castillo de Devin.

Nos hubiese gustado prepararnos más para ello, pero aquí va la crónica de una ruta improvisada:

Como decimos, desde el centro de Bratislava nos encaminamos hacia cualquiera de los puentes sobre el Danubio, pasando por la otra orilla hacia el barrio de Petrzalzka, el mayor barrio de la época comunista de toda Europa.

Una vez allí seguimos las omnipresentes marcas de la ruta cicloturista del Danubio, que son sencillas de identificar (también hay marcas de rutas de un organismo de Bratislava, así como de enlaces). Nosotras nos vamos a ir hacia un enlace que nos llevará hasta el Morava en su desembocadura danubiana, hacia el imponente castillo de Devin.

Desde el comienzo vamos a ir alternando tramos de carretera con pista, pero todo bastante cómodo.

Como decimos, vamos hacia Devin en un día gris y con algo de lluvia, ideal en temperatura.

Vamos a hacer tramos cortos porque estamos cansados de tantos días y porque además queremos ir disfrutando, además de que a la vuelta contamos con irnos a ver algún pueblo austríaco.

Aprovechamos para hacer algún desvío para, por un pequeño error de cálculo, hacer algo de MTB, que de todo hay por aquí.

Hay que decir que en carretera, los coches van rápido aunque en general respetan al ciclista, ya que hay gran cantidad de ellos.

Y enseguida nos plantamos en Devin, cuyo castillo, que se encuentra en la confluencia entre estos dos grandes ríos europeos, es una de las señas de la identidad eslovaca.

De aquí ya podríamos ir por la ruta cicloturista del Morava hacia tierras checas, pero nosotras damos la vuelta para en el primer desvío del día, coger dirección Austria para conocer alguno de sus pueblos.

En concreto Berg, el primero según pasamos la antigua frontera del Telón de Acero.

Ya en Devin  hemos visto un monumento dedicado a los muertos tras intentar cruzar a nado el Danubio, que en ese tramo también era frontera; pero en la frontera terrestre que vamos a pasar quedan aún búnkeres (uno de ellos museificado) y diversos restos de la Guerra Fría.

No solo eso, una vez llegados a Berg, y tras ver un montón de desvíos y de otras rutas en bici, podemos ver algunos restos de la ocupación de las tropas soviéticas tras machacar la resistencia nazi en la II GM.

No solo eso, por lo visto en Berg, en cada pueblo hay un espacio para ciclistas donde tenemos material para arreglos, agua, espacio para descansar, paneles informativos…igual que aquí vamos.

Y nos viene de lujo, porque una de las bicis no va bien, y tras intentar arreglarla podemos volver a Bratislava a acabar nuestro viaje como debe ser: con cerveza.

Entrevista a los organizadores del Pedal Anifeixista: Memoria histórica a golpe de riñón.

Retomamos nuestra sección de entrevistas con una muy especial: La gente que organiza el Pedal antifeixista nos cuentan su historia, la de la recuperación de una carrera que se realizó en plena guerra civil como muestra de apoyo a la lucha antifascista, que no solo era militar o política, también social:

1- ¿Nos podéis contar el contexto histórico en el que se organizó por primera vez el Pedal Antifeixista y algo de su historia? ¿De dónde surge la propuesta de volver a montar una carrera de estas características?

La primera y única edición Pedal Antifeixista original tiene lugar el 14 de abril de 1937, ocho meses después del inicio de la Guerra Civil y con el frente de Aragón como uno de los principales campos de batalla entre las fuerzas de Franco y las fieles a la República. La organizan el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya junto con el diario republicano El Diluvio y el Comitè Català Pro Esport Popular (organismo, éste último, impulsor de los Juegos Olímpicos Populares que tenían que celebrarse en 1936 en Barcelona como contraposición a los nazis de Berlín). En su día, el Pedal ya era un sustituto de la carrera Jaca-Barcelona (aquélla de una sola tirada), organizada por el mismo diario El Diluvio en 1934, 1935 y 1936. Las dos ideas principales del Pedal Antifeixista son traer el mensaje del frente de Aragón a la retaguardia y recaudar fondos para Socorro Rojo Internacional, entidad refundada en 1936 también en Barcelona.

Participan en el Pedal unos 50 ciclistas, básicament procedentes de clubes barceloneses pero también alguno de tarraconense. Tres buenos corredores valencianos se inscriben pero finalmente no consiguen llegar al lugar de salida. La carrera tenía que salir de Siétamo pero circunstancias del frente obligan a hacerlo des de Peraltilla. Consta de 5 etapas (Peraltilla-Lleida, Lleida-Tarragona, Tarragona-Manresa, Manresa-Girona y Girona-Barcelona), con varios premios en cada una ofrecidos por asociaciones locales.

La idea de volver a montar el Pedal surge de casualidad, en 2017, topando con unas fotos de la época y, a partir de ahí, estirando hilos (prensa histórica, crónicas, etc). Inicialmente, un grupo de tres amigos decidimos rememorar la primera de las etapas, ya que ese año se cumplían 80 de la carrera, y lo planteamos con algunas variantes: nada de carrera ni competición ni premios y, dada la peligrosidad/tránsito actual de las carreteras originales, hacerlo por vías secundarias. Preparamos un pequeño dosier, una página de facebook, un poco de difusión en los medios, abrimos inscripciones y ala. Al cabo de un tiempo nos gustó la idea de hacer una de las etapas originales cada año, de modo que en 5 años hubiésemos hecho el recorrido entero.

2- Una de las cosas que se me ocurren debe ser más difícil de llevar es la logística. ¿Cómo lo hacéis? ¿Tenéis que pelearos mucho con la burocracia? ¿Hay apoyo o propaganda por las localidades por las que pasáis?

Lo más engorroso es la gestión de inscripciones, pagos de inscripciones, pagos de material y tallas (hicimos un maillot el primer año), compra de alimentos y personal de apoyo (en furgonetas). Por lo que a burocracia se refiere, cabe decir que planteamos la jornada como un “encuentro entre amigos”. No somos un club ni una asociación y teníamos claro que no deberíamos sobrepasar los 50 inscritos, cifra a partir de la cual ya se tienen que pedir permisos, cortar carreteras, contratar seguros, etc, etc. Tampoco nunca pensamos que llegaríamos a esa cifra. En 2017 fuimos unos 25-28, más o menos. En 2018 ya fuimos más de 40.

Salvo las de inicio y llegada, las demás localidades por dónde pasamos no están al caso de la celebración del Pedal, no hace falta, no paramos en cada una, se nos alargaría demasiado el tiempo. Por tanto, no hay apoyo ni propaganda. En las ciudades de salida y llegada tampoco, aunque sí que algunos medios de comunicación de la zona se hacen eco del evento y, por ejemplo, en Lleida el Ayuntamiento nos dejó usar las duchas de un centro cívico.

3- ¿Se organizan actividades paralelas a la propia carrera ciclista?

El primer año organizamos una rueda de prensa un mes antes en Lleida y aprovechamos para presentar el libro “Gino Bartali. El hombre de hierro” con presencia de su autor, un libro sobre una de las leyendas del ciclismo y persona comprometida con la resistencia antifascista en la Italia de Mussolini. En la segunda edición hicimos una ruta previa, también un mes antes, en la comarca del Priorat, dónde visitamos una cueva-hospital de las Brigadas Internacionales y a Neus Catalá, histórica militante antifascista y superviviente del campo de concentració de Ravensbruck. Fue muy emocionante.

Igualmente, en las dos ediciones, el mismo día de la ruta aprovechamos para explicar un poco el contexto de la época antes de la salida, durante los avituallamientos y en la llegada. En 2017, por ejemplo, hablamos de George Orwell, que en 1937 luchaba precisamente en el frente de Aragón, y del bombardeo del colegio Liceu Escolar en Lleida, eso último de la mano de un historiador que nos esperaba a la llegada. En 2018, las explicaciones se han centrado en los bombardeos sufridos por el pueblo de la Granadella, dónde hicimos el primer avituallamiento y coincidimos con la jornada anual de recreación histórica que se hace en ese pueblo de la comarca de les Garrigues, y en la presencia de las Brigadas Internacionales en la comarca del Priorat, por dónde también pasamos.

4- ¿Qué tipo de gente participa en el Pedal, y que nivel físico hay que tener para poder correr?

El nivel físico tiene que ser el suficiente para pedalear 100-120km sin sufrir demasiado. Se trata de un perfil de ciclista aficionado y al mismo tiempo interesado en la Historia o, por lo menos, con la curiosidad para conocer algun episodio histórico o ciertas inquietudes políticas. Los que vienen, vienen conscientes que se trata de algo más que de una ruta meramente deportiva. Si no, difícilmente acudiría gente, por ejemplo, de Berga, Sabadell, la Sénia, la Seu d’Urgell o Zaragoza. Podríamos decir que hay tres elementos básicos: deporte, Historia y buen rollo.

5- ¿Qué acogida existe al paso de la carrera?

Cómo decía más arriba, en general el Pedal Antifeixista pasa desapercibido. Sí que hay que subrayar la colaboración y complicidad de algunes entidades en las ciudades dónde llegamos, el primer año el Ateneu La Baula, de Lleida, dónde hicimos la comida final, y en el segundo año la Colla Jove Xiquets de Tarragona, que nos dejaron su local para ducharnos, cambiarnos y reponer fuerzas.

6- En los últimos años han surgido diversas iniciativas deportivas autogestionadas y de marcado carácter político en Madrid (Mundialitos antiracistas, ligas de fútbol y baloncesto cooperativas, duatlones y crosses populares…) pero sin embargo nada relacionado con el ciclismo en carretera. ¿Conocéis vosotros alguna propuesta más de este tipo?

Pues poca cosa, pero sí que tenemos constancia de iniciativas destacables cercanas como La Monegrina, en Aragón (algunos de los impulsores vinieron éste año al Pedal), que si bien no es una marcha estrictamente memorialista sí que combina el vertiente no competitivo, la mirada al pasado y la visita a escenarios como las trincheras de Belchite y la Ruta Orwell. También es justo mencionar la recuperación de la Jaca-Barcelona (el embrión del Pedal Antifeixista en los años 30) el año pasado pero en la versión Jaca-Manresa.

7- ¿Cómo se puede contactar con vosotros?

En la página de Facebook https://www.facebook.com/trofeupedalantifexista/ o por correo electrónico: pedalantifeixista@gmail.com.

8- Para acabar, daros las gracias y pediros que nos habléis de algún ciclista que os guste por su compromiso político.

Nos gusta destacar a Gino Bartali pero no queremos olvidar tampoco al National Clarion Cycling ClubMuç MiquelOttavio BottecchiaAlbert RichterVicente BacheroRobert MarchandAlbert Boulon o Anne Londonderry.

 

La senda del oso: cicloturismo en la montaña central asturiana.

No pudimos llevarnos las bicis a Asturies, aunque teníamos tantas ganas de ello, que casi a última hora, decidimos alquilar unas para hacernos una de las clásicas cicloturistas (y domingueras) de la zona: la vía verde de la senda del oso, que aprovecha antiguos trazados de trenes mineros en la montaña central asturiana para ofrecer un camino sencillo para conocer dicha zona.

Así que salimos con las bicis (que por cierto, vaya diferencias con las nuestras, como se nota el dinero en esto), desde Tuñón, en el conceyu Santu Adrianu, camino del de Teberga, como era nuestra idea.

Podríamos haber salido desde Uviéu/ Oviedo también, ya que se puede utilizar la vía verde de Fuso.

Pero preferimos salir desde allí para que nos diera tiempo.

El camino es suavemente ascendente, pero aún así muy cómo para ir tranquilamente disfrutando de la zona, que es para mí de las más bonitas de Asturies.

El único pero es el firme, que en muchos tramos está en mal estado y puede causar accidentes, y por otro lado que se ha turistificado tanto que la afluencia de gente es demasiado grande…lo que crea caídas (que me lo digan a mí).

Vamos a disfrutar de Villanueva antes de llegar a Proaza, pasando antes por el cercado donde tiene a tres osas encerradas. Lo que en su momento pudo ser creado con tintes conservacionistas y de reintroducción de una especie amenazada y propia de la zona se ha convertido en una escusa para hacer negocio.

Una lástima, y más lo es el que mucha gente acuda a este cercado sin saber realmente si es necesario o no, solo con un fin de disfrute.

Seguimos con este mal sabor de boca a disfrutar de las sierras de la zona y de los túneles, que dan un punto muy chulo a la ruta.

Al poco de pasar el desfiladero de Peñas Xuntas llegamos a la confluencia que nos permite elegir entre ir a Quirós o a Teberga. Como decimos, elegimos esta última opción por ser la zona que menos conocemos.

 

 

Como os decimos el camino se hace rápido, y más a estas horas que aún no está lleno de gente, así que llegamos rápido en un final espectacular al pasar el desfiladero de Valdecerezales a Entrago.

Hay cerca del final una zona de escalada en la que quedamos un rato disfrutando mientras comemos el bocata, como debe ser.

Eso sí, envidia poca, ya que al poco iniciamos el descenso, ya peligroso por estar lleno de gente. Eso sí, aprovechamos para salirnos del camino a meternos en alguna caleya ascendente, con desastrosos y divertidos resultados.

Decidimos llegar al cruce y volver a empezar…camino de Quirós, al embalse de Valdemurio. Pasando puentes, sufriendo el terreno aprovechando que hay menos gente.

En Valdemurio pensamos en tirar hacia Arroxo, así que no completaremos la Y completa, pero veremos un bonita iglesia del S. XII (si no me equivoco) y veremos otras posibles rutas, tanto a pie como en bici.

Y eso sí, tendremos que hacer algún tramo de desnivel bastante potente.

Después de este impresionante día, nos damos la vuelta a devolver las bicis, con unos 55 kms. en las piernas así a ojo de buen cubero. Eso sí, con un desnivel muy asequible, apto para todas.

 

 

Antihéroes (II) ¿Quién conoce a Wim Vansevenant?

Para mí, el ciclismo es el deporte más épico que existe. Además, este deporte vive de ello, de sus historias al límite: las grandes escapadas, los puertos de montaña interminables, las condiciones climáticas extremas…todo ello dan para la creación de los héroes modernos.

Yo pasé mi niñez mientras Induráin devoraba a sus rivales en el Tour de Francia (Induráin y el imparable Banesto); y mi adolescencia desencantándome de un deporte lleno de tramposos. De héroes caídos uno detrás de otro: Pantani, el “Chava Jiménez”, Armstrong (bueno, este nunca me cayó muy bien), Beloki, Jalabert, “Il Bello” Cipollini, Rominguer, Zülle, Virenque.

Hasta que te das cuenta de la injusticia cometida con esta gente. A todos se les pedía ser los mejores en medio de carreras inhumanas (etapas larguísimas, velocidad de vértigo, puertos con rampas cada vez más imposibles). El mejor, no el segundo o el tercero. El mejor. Como un modelo social para los chavales, mientras les devoraban los médicos, los directores de carrera, los organizadores, la UCI (Unión Ciclista Internacional), los patrocinadores por los que te tienes que escapar para que se vea la marca comercial correspondiente.

En un deporte que apenas da para vivir a las estrellas, con contratos de un año y estructuras profesionales que desaparecen de un momento a otro.

En el que las normas antidopaje, tan estrictas, no aguantan la comparativa con los grandes deportes de masas…en los que el abismo económico es terrible y por tanto, mayor es el poder de influenciar para que no te sancionen.

Toda esa presión les explotó a los ciclistas en la cara. Aunque el deporte-espectáculo sea eso: un teatro en el que te sientes identificado con alguno de ellos. Lo menos parecido a la realidad y a un modelo al que imitar.

Aún así, seguimos fijándonos en los grandes.

Por eso,  me parece importante rescatar esta historia.

El bueno de Wim Vansevenant tiene un récord de los difíciles: consiguió quedar el último en el Tour de Francia más veces que nadie. Tres, encima seguidas, de 2006 a 2008. Otra vez fue penúltimo. Y otra más quedó descalificado por llegar fuera de control en una etapa.

Ojo, ya tiene mérito haber no solo acabado, sino haberlo corrido.

Más aún, el ser ciclista de élite (porque él lo fue desde 1995 hasta el 2008) ya tiene bastante dificultad. Pero solo nos acordamos de los mejores. Y Wim fue un mal escalador, regular contrarrelojista aunque un decente rodador.

Y sobre todo un gran gregario. Ese que tira de los primeros de su equipo cuando hay que echar abajo una escapada o meter ritmo en el pelotón, el que baja a por las bolsas de avituallamiento entre 200 tíos a más de 60 kms./hora y tienes que volver a subir pelotón arriba para entregarla a sus líderes.

Porque el ciclismo, deporte jerárquico donde los haya, así lo exige: en este deporte, como en la vida, no hay jefes si no hay obreros.

Y Wim fue un obrero de las carreras, de las que solo ganó dos: la segunda etapa del Tour de Vaucluse en 1996 y el GP Beeckman-De Caluwé. Pero muchos otros no habrían ganado nada de no ser por él (entre otros Cadel Evans, que contó con él como gregario en el Tour que ganó en 2007).

Para continuar, la infamia: una vez retirado fue acusado de consumo de sustancias dopantes. Por sueret para él, fue exculpado y se mantiene limpio. Porque para ir al Tour a ser último hay una competencia atroz, no deja de ser el culmen de una carrera profesional para muchos (pensarían los que no tienen que meterse esas palizas).

Y porque nadie, nadie, se acuerda nunca del penúltimo.

 

 

Anillo verde ciclista de Madrid: Radiografía urbana de la lucha de clases.

Del anillo verde en sí no creo que pueda añadir mucho más que la que esta magnífica web ofrece. Solo señalar que hacerlo en verano, a 35 grados, siendo la vez que más he andado en mi corta etapa ciclista (unos 70 kms. si le añadimos alguna pérdida) no es buena idea.

Comentar que me parece una gran idea rodear esta ciudad horrible en bici; te permite conocer barrios a los que nunca irías (anticipando el título de la entrada), algunos buenos parques (el de Palomeras Bajas, por ejemplo) y para quien tenga la mala suerte de tener que ser capitalino le supondrá una manera eficaz de desplazarse.

La ruta en sí, son 64 kms. con 310 metros de desnivel. Poca cosa, pero es cierto que es un subeybaja constante, no olvidemos que Madrid no es ni mucho menos tan llana como se presupone.

La realización del Anillo me gusta; en general bien señalizado (hay varios cruces que dan lugar a mucha confusión, a nosotras nos pasó en el puente de la M-40 llegando a las cercanías de la Alameda de Osuna y al parque juan carlos primero, y también al llegar a Hortaleza antes del centro comercial. Estad atentas, porque una pérdida nos puede suponer bastantes kilómetros de más), con infraestructura adecuada y la gente, en general, respetuosa. Y como experiencia, muy grata (y dura).

¿Por qué lo de la lucha de clases? Porque viene de un tal Marx que, aunque equivocado en muchas cosas (adivino no era), acertaba en algo esencial: la contradicción entre capital y trabajo. Ricos y pobres, vaya.

Lo de la radiografía urbana viene al que al poder recorrer una ciudad entera, capital de reino además, nos permite visualizar claramente esa diferencia esencial de la sociedad.

Nosotras salimos de la Casa de Campo en dirección a Aluche.

Disfrutamos de la Casa de Campo y de las pocas sombras del día, antes de meternos de lleno en la ciudad.

Desde Aluche vamos a pasar por algunos de los barrios obreros más conocidos de la ciudad, como Carabanchel, Orcasitas, SAn Fermín o Villaverde. Vamos disfrutando porque de momento no tenemos mucha cuesta (o falso llano, que no veas como se notan), y además porque el Anillo pasa por bastantes parques.

También, como no, porque estamos en “nuestros” barrios; en un ambiente que nos suena parecido, en el que la gente nos es familiar. Los bloques y las calles sucias, la imagen en algunos casos de pobreza, en otras de humildad. Lo familiar.

Vamos a bajar a lo poco que se ve de río Manzanares y vamos a llegar a Vallecas.

A una parte de Vallecas por donde no solemos pasar, y en la que algún tramo de falso llano, ya con calor, se nos atraganta entre más de una parada técnica.

Cuando cruzamos de barrio, al poco se va notando mayor desahogo social. Este desahogo que se hace a costa de los demás, y que el urbanismo nos hace ver más claro. Ver y sentir…ya no estamos tan familiarizadas con el entorno.

Al mismo tiempo, lo que nos queda es menos agradable, hay menos parques, se está más a la solana. Tras este cambio de aire, llegamos a la zona de La Peineta, toda en obras, y seguimos hasta remontar Hortaleza. Es lo que peor llevamos, pues nos hemos equivocado un par de veces a pleno sol y esto pasa factura.

Vamos a llegar zonas de novísima construcción, donde no nos situamos bien: Sanchinarro, Las Tablas, Montecarmelo, lugares sin alma y apenas sin vida, para la clase media. Se nos hacen duras estas avenidas, ya no solo porque nos hemos ido de hora y nos está cayendo el sol encima…es que estos barrios no tienen personalidad.

Pero hay que seguir adelante, ya que no nos queda demasiado y tenemos algunas bajadas trepidantes y rectas cómodas para pedalear, aunque haya que pasar por barrios que, ya directamente, son del enemigo. Lugares de coches inmensos, casi tanto como las casas.

Hasta pedalear de nuevo para llegar a la Casa de Campo tras cruzar puentes y autovías, ir un rato al lado del Manzanares, en lo que de nuevo, es casi un río y llegar al punto de partida.

En una jornada tanto más sociológica como deportiva.

 

 

 

Pinto- Fuente de la Teja- Torrejón de Velasco: una clásica ciclista del sur de Madrid.

Está bien salir en bici para conocer tu entorno cercano. En Pinto, posiblemente no haya una salida ciclista más típica para empezar que acercarse al pequeño pueblo de Torrejón de Velasco y a su ermita de San Isidro.

Nosotras utilizamos como guía la muy buena descripción que encontramos en internet de la asociación “Surbike” Hacemos algún pequeño cambio, ya que salimos desde el Parque juan carlos I (si, el fartón), para evitarnos la carretera, para coger el conocido como el camino “de los Bidones” y cruzar desde él las vías del tren. Cogemos la vía pecuaria (cañada real galiana) por la que seguiremos un buen tramo. El primer trecho del recorrido tiene bastante zahorra por los coches y camiones que pasan, mientras se nos van abriendo antiguos campos de labor, hoy día casi todos abandonados.  Es una pena, pero esta antigua zona cerealista es a día de hoy un barullo de infraestructuras de todo tipo. Aún así, merece la pena venir a conocer los restos del mundo rural, que aunque parezca mentira, aun existe a 30 kms. de Madrid ciudad.

Como digo, gran parte del trayecto transcurre por la vía pecuaria, casi en llano. La abandonamos por un momento para coger un camino a la derecha que cruza el cauce del arroyo Guatén, que estos días primaverales baja con algo de agua que es fundamental para los pocos sembrados que quedan.

Detrás nuestra, Parla con sus bloques de pisos, Pinto y la sagra madrileña. No es bonita, pero tiene un nosequé…

Nos toca ahora ponernos a cruzar infraestructuras dañinas para el medio y encima, inútiles. Tras subir por el puente de la R-4, descendemos por el camino de la izquierda para virar enseguida a la derecha.

Ya estamos de nuevo en la Cañada Real, que seguimos, cruzando la carretera comarcal M-404. Al poco, otro puente, esta vez del AVE.

No hay que subirlo, seguimos recto dejando el puente a nuestra derecha, y más a la derecha la Cañada. No hay mucha pérdida si seguimos el flujo de ciclistas y tenemos en vista los cerros hacia los que nos dirigimos.

Ya nos queda poco, nos metemos en tierra de olivares antes de vislumbrar la fuente, la ermita y unos merenderos que nos sirven para descansar.

Como nos ha parecido poco (12.5 kms. desde Pinto), damos la vuelta y a la izquierda nos aparece un camino que nos lleva a Torrejón de Velasco, pueblo que no conocemos.

Algo hacemos mal que salimos al puente sobre el AVE, que esta vez cruzamos para llegar al pueblo, tras dar más vuelta de la deseada.

Llegamos, vemos las ruinas del castillo (una pena) y nos enteramos de que el término municipal es el que más número de cernícalo primilla, un pequeño halcón asociado a la agricultura, a día de hoy en peligro de extinción.

Es una muestra más de por un lado, la riqueza de lugares que a simple vista no tienen una belleza especial, y por otro, de la decadencia del mundo rural.

Tras esto, damos la vuelta para volver a Pinto, tras algún rodeo innecesario y aprendizajes mecánicos improvisados.

 

Inagurando la primavera en la Vía Verde de Picadas (Pelayos de la Presa).

Bien, seguimos aprendiendo que es esto de montar en bici, y nos vamos a acercar a nuestra querida Sierra Oeste madrileña.

Porque nos pilla cerca, porque nos encanta esta zona y porque además tiene una Vía Verde asequible para todas y que se puede hacer en un rato por la tarde.

Nosotras llegamos a la zona por la M-507 desde Aldea del Fresno (aunque lo habitual es empezar en Pelayos de la Presa) y nos vamos a meter por la carretera asfaltada que baja directa hasta el embalse, donde comienza la Vía Verde:

Tras esta bajada comenzamos a pedalear en un terreno de grava completamente llano, que nos va a permitir rodar muy rápido; lo único, las barreras que cierran el camino y que a veces están bajadas y el hecho de que haya mucha gente paseando.

Por lo demás, un entorno bonito donde domina el pino piñonero, los cortados donde hay bastantes rapaces (recomendado ir cuando va anocheciendo y queda poca gente; de hecho la zona está en una ZEPA) y el frescor primaveral del río Alberche embalsado en  esta primavera.

Vamos a cruzar diversos puentes, y a la mitad más  o menos del camino existen unas vías de escalada y una pista que nos llevaría a Navas del Rey.

Nosotras seguimos hasta cruzar al otro lado del río, y llegar enseguida a la zona conocida como “La depuradora”. Allí acaba el trayecto, aunque lo podríamos alargar más.

Es zona recreativa, y está hecha una auténtica mierda. Lástima, porque como hemos dicho es un sitio con una gran riqueza natural.

Tras otear futuras rutas por la zona (también es un sitio chulo para venir a andar, sobre todo en primavera y otoño), volvemos, haciendo el recorrido I/V, con una bonita subida final de la carretera que enlaza el embalse con las carreteras principales.

 

 

 

Vía verde del Guadarrama. Entre Navalcarnero y Móstoles.

Una ruta con la que vamos a inaugurar la sección de rutas en bici. Apta para todos los públicos, se puede hacer tantos en bicicleta como andando, y además nos permite conocer tantos las bellezas como los destrozos cometidos en esta zona de Madrid.

Aunque la ruta “oficialmente” sale del centro de Navalcarnero (o bien desde el parque de El Soto de Móstoles) nosotras lo podemos hacer desde la puerta de casa, así que vamos por la población hasta enlazar con la entrada del protegido Parque Regional del Curso Medio del río Guadarrama por el que (creo) es el camino del arroyo de la dehesa.

De la dehesa porque estamos entrando en la Dehesa de Mari Martín, a pesar de que tras la guerra civil esta zona se repoblase con pinar, sigue manteniendo un buen entorno.

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Y hablamos de zona protegida porque a pesar de que mucha gente lo desconozca, y que las autoridades teóricamente encargadas de protegerlo y ponerlo en valor hagan todo lo contrario, nos encontramos en una zona con un alto valor ecológico muy cercano a grandes núcleos de población, donde encontramos tanto buenas muestras de bosque mediterráneo y de ribera como algunos usos tradicionales que pensaríamos perdidos tan cerca de la urbe.

En el tramo de Navalcarnero, que está sin señalizar y es el más duro, con algunas cuestonas, quedan olivares, fincas y granjas, a pesar del destrozo urbanístico de estos últimos años.

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Tras una bajada evidente nos llegamos al puente de hierro que cruza el Guadarrama, donde las infraviviendas se juntan a la basura en el cauce del río y a las colonias del Guarrama.

El entorno tiene un encanto curioso, cuanto menos.

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A partir de ahí, ya en Móstoles, la vía es de arena compactada, más cómoda, de terreno más llano y señalizada. Vamos dejando a la izquierda la colonia de Guadarrama de Arriba y a la derecha el Parque Coimbra; la diferencia de clases, aunque se quieran negar, están ahí.

Es un terreno que nos recuerda, en lontananza, lo que debería ser la zona antes de que construyera todo alrededor, campos ondulados, verdes en esta época del año… Castilla, en definitiva.

El último tramo ya se acerca a la ciudad, antes de dejarnos en el parque de El Soto, donde paramos a descansar un rato.

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Y de ahí media vuelta por el mismo sitio, aprovechando las horas centrales del día antes de que se nos eche la tarde.

Un buen debut, sin duda.

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Ídolos de la infancia (I): Il Pirata Pantani.

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Durante muchos años me dio vergüenza decir en público que no sé montar en bici. Sobre todo estando rodeados de ciclistas aficionados, de nacer en el pueblo de Contador, de no tener coche…y de ser un amante del ciclismo.

Porque siendo un enano en la época en la que Induráin ganaba un Tour tras otro (de una manera bastante aburrida, según aprender de mayor), y fijándome en rivales como Chiapucci, Rominguer, Ugrumov o Zülle, viendo las espectaculares etapas de alta montaña y el esfuerzo inhumano de esta gente (el ciclismo me sigue pareciendo uno de los deportes con mayúsculas, y me parece una falta de respeto recurrir al dopaje por parte de las hordas futboleras) enseguida me enganché al ciclismo a pesar de que el pánico a caerme de una bici hiciera decidirme a caminar y dejar las ruedas para los demás.

Pues bien, desde el principio me llamó la atención este ciclista. Sin ser para nada un entendido, verle atacar tan lejos de meta, sin hacer caso de un ciclismo cada vez más tecnificado, sin preocuparse por el cansancio o por etapas futuras, era algo que llamaba la atención.

Verle después de la época Induráin, que como digo con el paso del tiempo me parecía aburrida como menos, era de una diversión insultante.

Es más, en un mundo deportivo dominado por el fútbol, y por unos futbolistas “modelos” (en el plano físico, que no en el intelectual o el moral) tener a Marco Pantani ganando con su físico poco agradecido era algo que a las personas socialmente aisladas no hacía felices.

Porque además ganaba. Un ciclista llamado a no hacerlo, salvo etapas parciales, lo hacía. No solo dando espectáculo, sino además en carreras importantes.

Mis recuerdos ciclistas son convulsos y suelo mezclar carreras, años, ascensiones…y además no creo que sea necesario dar los datos exactos, que se pueden consultar en la red.

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Podio ya en Giro y Tour en 1994, una grave lesión frenó su progresión, justo cuando acababa el reinado Induráin.

1997 marca su regreso, pero lo que me marcó, como a toda una generación de aficionados al ciclismo, fue 1998. Gana el Giro, y destroza a Ullrich (ese aspirante a Induráin tan antipático) metiéndole casi 9 minutos con su mítico ataque bajo la lluvia en el Galibier. Un ciclismo de otra época en el famoso Tour del caso Festina (donde corría otro grande como era Richard Virenque), de la retirada de los equipos españoles, de la EPO… al final me acuerdo más del Pirata bajo la lluvia que de lo demás.

Ganador de Giro y Tour, destrozo de contrarrelojistas, Pantani está en la cumbre. El resto, como suele decirse, es historia.

Durante el Giro de 1999, tras ganar su cuarta etapa y líder destacado, es descalificado de la carrera por elevado índice de hematocrito (que servía en la época para detectar el consumo de EPO, aunque no siempre acertase). Se cae el mito, en medio de un revuelo quizás similar al de Maradona.

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A pesar de volver a competir y ganar un par de etapas en el Tour del 2000, nada vuelve a ser lo mismo. Asociado a episodios de dopaje, aunque nunca llegó a dar positivo (lo cual desde luego no es prueba de nada), pasa por alguna suspensión más hasta que en 2004 es encontrado muerto en un hotel tras una sobredosis de cocaína. Igual que otro grande, el Chava Jiménez.

Pena, mucha pena ver como el deporte profesional, y los intereses creados en torno a él destrozan de esta manera a la gente. Su entorno más cercano ya habló en su momento de que existió una conspiración para apartarle del Giro 99. También de que había muchas cuestiones sin resolver en su muerte.

Hace no demasiados meses supimos que se demostró judicialmente que la Camorra napolitana alteró la tasa de hematocrito en ese famoso Giro para conseguir su expulsión.

Lo que fue golpe definitivo a su carrera y a su vida se ha demostrado como cierto tras años de pelea, con lo cual nos queda la duda de si alguna vez se demostrará o no alguna historia extraña en su muerte más allá de la depresión y la cocaína.

Alguien recordado más allá de su carrera y su muerte, como demuestran los continuos homenajes que se le hacen, y no solo desde el mundo del ciclismo.

En todo caso, uno de mis ídolos infantiles, uno de los pocos deportistas que me hacían vibrar y creer que había algo más que maquinaria en el deporte moderno, y alguien de quien siempre me acuerdo cuando veo a alguien subiendo un puerto en bicicleta.

Vai Marco, Vai!

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