Anillo verde ciclista de Madrid: Radiografía urbana de la lucha de clases.

Del anillo verde en sí no creo que pueda añadir mucho más que la que esta magnífica web ofrece. Solo señalar que hacerlo en verano, a 35 grados, siendo la vez que más he andado en mi corta etapa ciclista (unos 70 kms. si le añadimos alguna pérdida) no es buena idea.

Comentar que me parece una gran idea rodear esta ciudad horrible en bici; te permite conocer barrios a los que nunca irías (anticipando el título de la entrada), algunos buenos parques (el de Palomeras Bajas, por ejemplo) y para quien tenga la mala suerte de tener que ser capitalino le supondrá una manera eficaz de desplazarse.

La ruta en sí, son 64 kms. con 310 metros de desnivel. Poca cosa, pero es cierto que es un subeybaja constante, no olvidemos que Madrid no es ni mucho menos tan llana como se presupone.

La realización del Anillo me gusta; en general bien señalizado (hay varios cruces que dan lugar a mucha confusión, a nosotras nos pasó en el puente de la M-40 llegando a las cercanías de la Alameda de Osuna y al parque juan carlos primero, y también al llegar a Hortaleza antes del centro comercial. Estad atentas, porque una pérdida nos puede suponer bastantes kilómetros de más), con infraestructura adecuada y la gente, en general, respetuosa. Y como experiencia, muy grata (y dura).

¿Por qué lo de la lucha de clases? Porque viene de un tal Marx que, aunque equivocado en muchas cosas (adivino no era), acertaba en algo esencial: la contradicción entre capital y trabajo. Ricos y pobres, vaya.

Lo de la radiografía urbana viene al que al poder recorrer una ciudad entera, capital de reino además, nos permite visualizar claramente esa diferencia esencial de la sociedad.

Nosotras salimos de la Casa de Campo en dirección a Aluche.

Disfrutamos de la Casa de Campo y de las pocas sombras del día, antes de meternos de lleno en la ciudad.

Desde Aluche vamos a pasar por algunos de los barrios obreros más conocidos de la ciudad, como Carabanchel, Orcasitas, SAn Fermín o Villaverde. Vamos disfrutando porque de momento no tenemos mucha cuesta (o falso llano, que no veas como se notan), y además porque el Anillo pasa por bastantes parques.

También, como no, porque estamos en “nuestros” barrios; en un ambiente que nos suena parecido, en el que la gente nos es familiar. Los bloques y las calles sucias, la imagen en algunos casos de pobreza, en otras de humildad. Lo familiar.

Vamos a bajar a lo poco que se ve de río Manzanares y vamos a llegar a Vallecas.

A una parte de Vallecas por donde no solemos pasar, y en la que algún tramo de falso llano, ya con calor, se nos atraganta entre más de una parada técnica.

Cuando cruzamos de barrio, al poco se va notando mayor desahogo social. Este desahogo que se hace a costa de los demás, y que el urbanismo nos hace ver más claro. Ver y sentir…ya no estamos tan familiarizadas con el entorno.

Al mismo tiempo, lo que nos queda es menos agradable, hay menos parques, se está más a la solana. Tras este cambio de aire, llegamos a la zona de La Peineta, toda en obras, y seguimos hasta remontar Hortaleza. Es lo que peor llevamos, pues nos hemos equivocado un par de veces a pleno sol y esto pasa factura.

Vamos a llegar zonas de novísima construcción, donde no nos situamos bien: Sanchinarro, Las Tablas, Montecarmelo, lugares sin alma y apenas sin vida, para la clase media. Se nos hacen duras estas avenidas, ya no solo porque nos hemos ido de hora y nos está cayendo el sol encima…es que estos barrios no tienen personalidad.

Pero hay que seguir adelante, ya que no nos queda demasiado y tenemos algunas bajadas trepidantes y rectas cómodas para pedalear, aunque haya que pasar por barrios que, ya directamente, son del enemigo. Lugares de coches inmensos, casi tanto como las casas.

Hasta pedalear de nuevo para llegar a la Casa de Campo tras cruzar puentes y autovías, ir un rato al lado del Manzanares, en lo que de nuevo, es casi un río y llegar al punto de partida.

En una jornada tanto más sociológica como deportiva.

 

 

 

Pinto- Fuente de la Teja- Torrejón de Velasco: una clásica ciclista del sur de Madrid.

Está bien salir en bici para conocer tu entorno cercano. En Pinto, posiblemente no haya una salida ciclista más típica para empezar que acercarse al pequeño pueblo de Torrejón de Velasco y a su ermita de San Isidro.

Nosotras utilizamos como guía la muy buena descripción que encontramos en internet de la asociación “Surbike” Hacemos algún pequeño cambio, ya que salimos desde el Parque juan carlos I (si, el fartón), para evitarnos la carretera, para coger el conocido como el camino “de los Bidones” y cruzar desde él las vías del tren. Cogemos la vía pecuaria (cañada real galiana) por la que seguiremos un buen tramo. El primer trecho del recorrido tiene bastante zahorra por los coches y camiones que pasan, mientras se nos van abriendo antiguos campos de labor, hoy día casi todos abandonados.  Es una pena, pero esta antigua zona cerealista es a día de hoy un barullo de infraestructuras de todo tipo. Aún así, merece la pena venir a conocer los restos del mundo rural, que aunque parezca mentira, aun existe a 30 kms. de Madrid ciudad.

Como digo, gran parte del trayecto transcurre por la vía pecuaria, casi en llano. La abandonamos por un momento para coger un camino a la derecha que cruza el cauce del arroyo Guatén, que estos días primaverales baja con algo de agua que es fundamental para los pocos sembrados que quedan.

Detrás nuestra, Parla con sus bloques de pisos, Pinto y la sagra madrileña. No es bonita, pero tiene un nosequé…

Nos toca ahora ponernos a cruzar infraestructuras dañinas para el medio y encima, inútiles. Tras subir por el puente de la R-4, descendemos por el camino de la izquierda para virar enseguida a la derecha.

Ya estamos de nuevo en la Cañada Real, que seguimos, cruzando la carretera comarcal M-404. Al poco, otro puente, esta vez del AVE.

No hay que subirlo, seguimos recto dejando el puente a nuestra derecha, y más a la derecha la Cañada. No hay mucha pérdida si seguimos el flujo de ciclistas y tenemos en vista los cerros hacia los que nos dirigimos.

Ya nos queda poco, nos metemos en tierra de olivares antes de vislumbrar la fuente, la ermita y unos merenderos que nos sirven para descansar.

Como nos ha parecido poco (12.5 kms. desde Pinto), damos la vuelta y a la izquierda nos aparece un camino que nos lleva a Torrejón de Velasco, pueblo que no conocemos.

Algo hacemos mal que salimos al puente sobre el AVE, que esta vez cruzamos para llegar al pueblo, tras dar más vuelta de la deseada.

Llegamos, vemos las ruinas del castillo (una pena) y nos enteramos de que el término municipal es el que más número de cernícalo primilla, un pequeño halcón asociado a la agricultura, a día de hoy en peligro de extinción.

Es una muestra más de por un lado, la riqueza de lugares que a simple vista no tienen una belleza especial, y por otro, de la decadencia del mundo rural.

Tras esto, damos la vuelta para volver a Pinto, tras algún rodeo innecesario y aprendizajes mecánicos improvisados.

 

Inagurando la primavera en la Vía Verde de Picadas (Pelayos de la Presa).

Bien, seguimos aprendiendo que es esto de montar en bici, y nos vamos a acercar a nuestra querida Sierra Oeste madrileña.

Porque nos pilla cerca, porque nos encanta esta zona y porque además tiene una Vía Verde asequible para todas y que se puede hacer en un rato por la tarde.

Nosotras llegamos a la zona por la M-507 desde Aldea del Fresno (aunque lo habitual es empezar en Pelayos de la Presa) y nos vamos a meter por la carretera asfaltada que baja directa hasta el embalse, donde comienza la Vía Verde:

Tras esta bajada comenzamos a pedalear en un terreno de grava completamente llano, que nos va a permitir rodar muy rápido; lo único, las barreras que cierran el camino y que a veces están bajadas y el hecho de que haya mucha gente paseando.

Por lo demás, un entorno bonito donde domina el pino piñonero, los cortados donde hay bastantes rapaces (recomendado ir cuando va anocheciendo y queda poca gente; de hecho la zona está en una ZEPA) y el frescor primaveral del río Alberche embalsado en  esta primavera.

Vamos a cruzar diversos puentes, y a la mitad más  o menos del camino existen unas vías de escalada y una pista que nos llevaría a Navas del Rey.

Nosotras seguimos hasta cruzar al otro lado del río, y llegar enseguida a la zona conocida como “La depuradora”. Allí acaba el trayecto, aunque lo podríamos alargar más.

Es zona recreativa, y está hecha una auténtica mierda. Lástima, porque como hemos dicho es un sitio con una gran riqueza natural.

Tras otear futuras rutas por la zona (también es un sitio chulo para venir a andar, sobre todo en primavera y otoño), volvemos, haciendo el recorrido I/V, con una bonita subida final de la carretera que enlaza el embalse con las carreteras principales.

 

 

 

Vía verde del Guadarrama. Entre Navalcarnero y Móstoles.

Una ruta con la que vamos a inaugurar la sección de rutas en bici. Apta para todos los públicos, se puede hacer tantos en bicicleta como andando, y además nos permite conocer tantos las bellezas como los destrozos cometidos en esta zona de Madrid.

Aunque la ruta “oficialmente” sale del centro de Navalcarnero (o bien desde el parque de El Soto de Móstoles) nosotras lo podemos hacer desde la puerta de casa, así que vamos por la población hasta enlazar con la entrada del protegido Parque Regional del Curso Medio del río Guadarrama por el que (creo) es el camino del arroyo de la dehesa.

De la dehesa porque estamos entrando en la Dehesa de Mari Martín, a pesar de que tras la guerra civil esta zona se repoblase con pinar, sigue manteniendo un buen entorno.

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Y hablamos de zona protegida porque a pesar de que mucha gente lo desconozca, y que las autoridades teóricamente encargadas de protegerlo y ponerlo en valor hagan todo lo contrario, nos encontramos en una zona con un alto valor ecológico muy cercano a grandes núcleos de población, donde encontramos tanto buenas muestras de bosque mediterráneo y de ribera como algunos usos tradicionales que pensaríamos perdidos tan cerca de la urbe.

En el tramo de Navalcarnero, que está sin señalizar y es el más duro, con algunas cuestonas, quedan olivares, fincas y granjas, a pesar del destrozo urbanístico de estos últimos años.

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Tras una bajada evidente nos llegamos al puente de hierro que cruza el Guadarrama, donde las infraviviendas se juntan a la basura en el cauce del río y a las colonias del Guarrama.

El entorno tiene un encanto curioso, cuanto menos.

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A partir de ahí, ya en Móstoles, la vía es de arena compactada, más cómoda, de terreno más llano y señalizada. Vamos dejando a la izquierda la colonia de Guadarrama de Arriba y a la derecha el Parque Coimbra; la diferencia de clases, aunque se quieran negar, están ahí.

Es un terreno que nos recuerda, en lontananza, lo que debería ser la zona antes de que construyera todo alrededor, campos ondulados, verdes en esta época del año… Castilla, en definitiva.

El último tramo ya se acerca a la ciudad, antes de dejarnos en el parque de El Soto, donde paramos a descansar un rato.

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Y de ahí media vuelta por el mismo sitio, aprovechando las horas centrales del día antes de que se nos eche la tarde.

Un buen debut, sin duda.

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Ídolos de la infancia (I): Il Pirata Pantani.

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Durante muchos años me dio vergüenza decir en público que no sé montar en bici. Sobre todo estando rodeados de ciclistas aficionados, de nacer en el pueblo de Contador, de no tener coche…y de ser un amante del ciclismo.

Porque siendo un enano en la época en la que Induráin ganaba un Tour tras otro (de una manera bastante aburrida, según aprender de mayor), y fijándome en rivales como Chiapucci, Rominguer, Ugrumov o Zülle, viendo las espectaculares etapas de alta montaña y el esfuerzo inhumano de esta gente (el ciclismo me sigue pareciendo uno de los deportes con mayúsculas, y me parece una falta de respeto recurrir al dopaje por parte de las hordas futboleras) enseguida me enganché al ciclismo a pesar de que el pánico a caerme de una bici hiciera decidirme a caminar y dejar las ruedas para los demás.

Pues bien, desde el principio me llamó la atención este ciclista. Sin ser para nada un entendido, verle atacar tan lejos de meta, sin hacer caso de un ciclismo cada vez más tecnificado, sin preocuparse por el cansancio o por etapas futuras, era algo que llamaba la atención.

Verle después de la época Induráin, que como digo con el paso del tiempo me parecía aburrida como menos, era de una diversión insultante.

Es más, en un mundo deportivo dominado por el fútbol, y por unos futbolistas “modelos” (en el plano físico, que no en el intelectual o el moral) tener a Marco Pantani ganando con su físico poco agradecido era algo que a las personas socialmente aisladas no hacía felices.

Porque además ganaba. Un ciclista llamado a no hacerlo, salvo etapas parciales, lo hacía. No solo dando espectáculo, sino además en carreras importantes.

Mis recuerdos ciclistas son convulsos y suelo mezclar carreras, años, ascensiones…y además no creo que sea necesario dar los datos exactos, que se pueden consultar en la red.

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Podio ya en Giro y Tour en 1994, una grave lesión frenó su progresión, justo cuando acababa el reinado Induráin.

1997 marca su regreso, pero lo que me marcó, como a toda una generación de aficionados al ciclismo, fue 1998. Gana el Giro, y destroza a Ullrich (ese aspirante a Induráin tan antipático) metiéndole casi 9 minutos con su mítico ataque bajo la lluvia en el Galibier. Un ciclismo de otra época en el famoso Tour del caso Festina (donde corría otro grande como era Richard Virenque), de la retirada de los equipos españoles, de la EPO… al final me acuerdo más del Pirata bajo la lluvia que de lo demás.

Ganador de Giro y Tour, destrozo de contrarrelojistas, Pantani está en la cumbre. El resto, como suele decirse, es historia.

Durante el Giro de 1999, tras ganar su cuarta etapa y líder destacado, es descalificado de la carrera por elevado índice de hematocrito (que servía en la época para detectar el consumo de EPO, aunque no siempre acertase). Se cae el mito, en medio de un revuelo quizás similar al de Maradona.

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A pesar de volver a competir y ganar un par de etapas en el Tour del 2000, nada vuelve a ser lo mismo. Asociado a episodios de dopaje, aunque nunca llegó a dar positivo (lo cual desde luego no es prueba de nada), pasa por alguna suspensión más hasta que en 2004 es encontrado muerto en un hotel tras una sobredosis de cocaína. Igual que otro grande, el Chava Jiménez.

Pena, mucha pena ver como el deporte profesional, y los intereses creados en torno a él destrozan de esta manera a la gente. Su entorno más cercano ya habló en su momento de que existió una conspiración para apartarle del Giro 99. También de que había muchas cuestiones sin resolver en su muerte.

Hace no demasiados meses supimos que se demostró judicialmente que la Camorra napolitana alteró la tasa de hematocrito en ese famoso Giro para conseguir su expulsión.

Lo que fue golpe definitivo a su carrera y a su vida se ha demostrado como cierto tras años de pelea, con lo cual nos queda la duda de si alguna vez se demostrará o no alguna historia extraña en su muerte más allá de la depresión y la cocaína.

Alguien recordado más allá de su carrera y su muerte, como demuestran los continuos homenajes que se le hacen, y no solo desde el mundo del ciclismo.

En todo caso, uno de mis ídolos infantiles, uno de los pocos deportistas que me hacían vibrar y creer que había algo más que maquinaria en el deporte moderno, y alguien de quien siempre me acuerdo cuando veo a alguien subiendo un puerto en bicicleta.

Vai Marco, Vai!

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