Runkamina 2017: Entre las Batuecas y las Hurdes.

-Agua de sierra y sombra de piedra-

Este año es nuestro tercer año en el Runkamina, y como notición, era el primero que salía de la Ribera del Duero, su lugar natural, para conocer otros lugares allende las tierras burgalesas. Por llegar, llegamos a rincones del antiguo Reino de León, dentro del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia y bajamos hasta las Hurdes extremeñas, las de Buñuel y el Ciripolen.

Y lo mejor de todo, esta crónica es colaborativa, adivinad quienes hemos escrito cada cosa y tendrá el honor de llevar la bota de vino el año que viene.

PRIMER DÍA: JUEVES 13 DE ABRIL

Hablamos del primer día, pero nos olvidamos de la tarde anterior, cuando decidimos escapar del atascado Madrid (casi no lo conseguimos) y tras un periplo que parecía no acabar nunca entre las tierras de Salamanca y Cáceres, con la sierra de Candelario al fondo, dejamos el coche en Cabezo (Hurdes de Extremadura y final de la tercera etapa).

Allí, tras una frugal cena, nos acercamos hasta San Esteban de la Sierra, donde teníamos comida y cama gracias a la hospitalidad local.

La mañana del 13 salimos, animados tras un buen desayuno y disfrutando a la luz del día de la bonita arquitectura de la zona. Delante nuestra tenemos 15 kms. entre San Esteban y Villanueva del Conde. Este año, trazado más corto pero bastante más escarpado, y hoy nos tocaba etapa rompepiernas.

En la plaza del pueblo cogemos el sendero que nos había de llevar hacia el pueblo de Valero, por un camino vecinal recuperado y señalizado (aunque todo hay que decirlo, en estos días, junto a los tramos de PRs y GRs que utilizamos, cada ayuntamiento señalizaba a su manera en vez de unificar la señalética. Aún así, nos fue bastante sencillo).

Nada más salir nos llama la atención este cigueñal, para sacar agua de los pozos:

Y nos metemos en el sendero, que va gran parte del tiempo a media ladera y con cobertura vegetal: un bosque mediterráneo precioso, con con encinas, alcornoques, jara, brezo, roble (quercus pyrenaica)… una preciosidad, lástima que no se observe bien en las fotos.

Este tramo es sencillo, y además tenemos a la izquierda el río Quilamas, que baja limpísimo. Al rato tenemos el pueblo de Valero delante nuestro, con el pico Cervero (de 1465 msnm y techo de la sierra de Quilamas) marcando imponente.

Además, algunos disfrutan de los bancales hechos para poder cultivar, porque la pendiente es lo suyo.

Ah! Y aunque se políticamente incorrecto, hay unas plazas de toros rarísimas en esta zona en las que hay porterías de fútbol sala y todo. Vaya con la etnografía.

 Aquí hacemos una parada antes de afrontar, ya con el calor, una subida a la ladera que veis a la izquierda. Al comienzo pica, y luego nos vamos metiendo de nuevo entre arbolado.

 Este tramo es muy rompepiernas, y lo vamos disfrutando a la par que sufriendo, viendo lo adelantado que está todo por el calor, y aprovechando algunas bajadas a los arroyos que cruzamos para no pasarlo tan mal.

La zona de media montaña es preciosa, eso si. Es lo que tienen estas zonas, tan alejadas de todo. Soledad, tranquilidad, y el poder observar fauna y flora muy bien conservada.

Todo el esfuerzo tiene recompensa, y poco antes de comer llegamos a unos estanques donde podemos refrescarnos de lo lindo. No hay fotos porque desconocemos si para las leyes consuetudinarias de la zona los cuerpos desnudos están prohibidos y reciben algún castigo. Sea como sea, y estando es semana santa, mejor no forzar.

Después del baño, la comilona y la modorra, nos cuesta caminar, aunque tenemos muy cerca los pueblos de Garcibuey primero, y de Villanueva del Conde (por un sendero señalizado de una forma curios, pero efectiva) después, que es donde nos quedamos.

Este año la logística, al estar de forasteros, ha sido increíble: no solo nos consiguen sitio para dormir en las escuelas del pueblo, si no que además las mochilas, tiendas y cocina de campaña nos las lleva la infantería motorizada.

Aún así, va y me pongo malo para el resto del viaje, lo cual es una pena.

SEGUNDO DÍA:  VIERNES 14 DE ABRIL

Tras una noche de más descanso de unos que de otros, nos acercamos primero a la plaza del pueblo a saludar a esta olma que merece nuestro respeto:

De los poco ejemplares de Ulmus minor (el olmo negrillo de toda la vida) que quedan por la grafiosis, impresiona ver su altura, su grosor y el pensar en los siglos de conversaciones que se habrán tenido bajo sus ramas.

El destino final de la etapa de hoy es también el más conocido: La Alberca, turístico pueblo de la zona, conocido por su arquitectura tradicional y su fervor religioso. A mí lo del fervor, si no es el de la leche, como que me da igual, pero la arquitectura de aquí es increíble.

Eso si, todos los pueblos de esta zona tienen esa misma trama en las casas, a pesar de que turísticos solo sean unos pocos. En el resto podemos pasear tranquilos por sus calles, ambientadas de gente estos días de guardar.

Nos encaminamos primero al pueblo de Sequeros, con senda marcada, donde vamos a pasar por un bosque precioso de castaños. Estos no están injertados porque no los tienen para dar fruto, si no para madera…extraños estos asturianos del sur, la verdad.

Ya empezamos a tener de fondo las sierras de la Alberca y de Francia,

Y también en otra dirección las de Candelario y Béjar.

En esta etapa, también de 15 kms. y rompepiernas, vamos a pasar camino de San Martín del Castañar por un bosque relicto de roble carballo (Quercus robur). El más al sur de Europa, según parece ser.

Y una vez en San Martín, vamos a visitar su castillo, reconstruido como centro de interpretación del Espacio de la Biosfera que es esta zona.

Todo esto antes de visitar la iglesia, como no, y de buscar el río (con merendero) para el condumio y la inevitable siesta. Que ya son leguas andadas y hay que continuar, esta vez ya hacia la Alberca y de nuevo por sendero marcado, esta vez un PR.

 

Este tramo es un poco arisco al principio, aunque luego se sube a una especie de páramo con estas vistas tan bontias de la sierra de Candelario (en la que por cierto, no he estado jamás…)

Para mí, junto a los tramos de castaño y rebollo me parece lo más bonito del día, y eso que queremos canear para llegar pronto a La Alberca. Pasamos un cruce de caminos (literal, marcados los cuatro puntos por piedras) y nos hacemos un laaargo tramo final hasta una Alberca en semana santa a lo bestia. Así que nos quedamos sin ver el pueblo, oculto por el turismo de masa, y nos vamos al polideportivo que nos servirá de morada esta noche: eso significa fútbol y sopa de ajo. Aparte de vino y otra noche sin apenas dormir.

TERCER DÍA:  SÁBADO 15 DE ABRIL

Tras la magnífica noche pasada en vela, nos tocaba la etapa más dura de este año (y de mis años de runkaminante): íbamos a pasar de La Alberca a las Hurdes, en Cácereres, que eran tributarias de esta anterior localidad.

Del sur del Reyno de León a la Extremadura, de Las Batuecas a Las Hurdes.

Cogemos el PR “Camino de La Alberca- Las Batuecas”, que nos lleva en una ligera subida, por pinar de repoblación, hasta el puerto de “El Portillo”, a 1240 msnm. Desde aquí ya tenemos una visión de la divisoria bastante clara; también del sendero de bajada hacia el monasterio de san josé de Las Batuecas.

Una vez allí, tras un breve descanso y dejar a las heridas (el frío, el cansancio y los virus pasan factura), seguimos por el PR bordeando el monasterio, llaneando por un arroyo a horas cada vez más calurosas…y dirigiéndonos a los canchales, algo maravilloso para hacerlo al mediodía (no pain no gain, amigas).

Por la zona en la que hemos pasado, aparte de vegetación de ribera y encinar hemos visto unos tejos gigantes, además de acebos…y aun queda lo mejor.

¿Veis esos canchales? Pues más o menos hacia esa zona nos dirigimos, frontera entre dos tierras duras, pero bellas.

Y lo que nos encontramos antes de salir a la roca son unos roblones grandes grandes también, que nos dan sombra antes de la subida final.

Final por decir algo, ya que, aunque estamos muy muy cerca de la divisoria, el sendero caracolea haciéndonos sufrir. Eso sí, tenemos una última sorpresa: en algunos momentos nos sobrevuelan buitres negros, así que no podemos pedir más.

Cuando llegamos al collado, alomado y boscoso, el paisaje cambia: más monótono, menos abrupto, quizás más pobre.  Estamos en las Hurdes, y vamos a comenzar una vertiginosa bajada entre brezal camino de Cabezo, final de etapa y que además está en fiestas.

Llegamos tras una etapa larguísima (aunque en el libro de ruta no lo ponga así, calculamos más de 20 kms. y yo creo que unos 800 metros de desnivel positivo, algo desacostumbrado al caminante runkaminero). Eso si, para mí la etapa más bonita de estos años…que hubiera disfrutado si hubiera dormido algo.

CUARTO DÍA:  DOMINGO16 DE ABRIL

La cuarta y última etapa de este Runkamina Serrano nos llevaba río arriba por el valle más oriental de las Hurdes. Desde Cabezo, donde hicimos noche tras echar algún pasodoble en la verbena de sus fiestas, cogimos un sendero bien marcado conocido como la “Ruta de Alfonso XIII”.

Este PR, que nos conduciría hasta el final de nuestra marcha, recuerda la visita que el monarca hizo a la por entonces olvidada comarca jurdana en 1922. Retomamos senderos montañosos, siempre con piedras a nuestros pies, y con las vistas del valle y la sombra de los árboles sobre nuestras cabezas. Y así llegamos al pueblo de Ladrillar, al que la comitiva real de los años 20 había llegado por el camino que en la actualidad es la carretera.

El último tramo que llega hasta Riomalo de Arriba discurre junto al cauce del río, que nos permitió una vez más refrescar nuestros cuerpos. Y como colofón a la octava edición de este encuentro de caminantes inquietos nos esperaba una paella que saboreamos con la satisfacción del camino ya realizado.

Vía verde del Guadarrama. Entre Navalcarnero y Móstoles.

Una ruta con la que vamos a inaugurar la sección de rutas en bici. Apta para todos los públicos, se puede hacer tantos en bicicleta como andando, y además nos permite conocer tantos las bellezas como los destrozos cometidos en esta zona de Madrid.

Aunque la ruta “oficialmente” sale del centro de Navalcarnero (o bien desde el parque de El Soto de Móstoles) nosotras lo podemos hacer desde la puerta de casa, así que vamos por la población hasta enlazar con la entrada del protegido Parque Regional del Curso Medio del río Guadarrama por el que (creo) es el camino del arroyo de la dehesa.

De la dehesa porque estamos entrando en la Dehesa de Mari Martín, a pesar de que tras la guerra civil esta zona se repoblase con pinar, sigue manteniendo un buen entorno.

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Y hablamos de zona protegida porque a pesar de que mucha gente lo desconozca, y que las autoridades teóricamente encargadas de protegerlo y ponerlo en valor hagan todo lo contrario, nos encontramos en una zona con un alto valor ecológico muy cercano a grandes núcleos de población, donde encontramos tanto buenas muestras de bosque mediterráneo y de ribera como algunos usos tradicionales que pensaríamos perdidos tan cerca de la urbe.

En el tramo de Navalcarnero, que está sin señalizar y es el más duro, con algunas cuestonas, quedan olivares, fincas y granjas, a pesar del destrozo urbanístico de estos últimos años.

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Tras una bajada evidente nos llegamos al puente de hierro que cruza el Guadarrama, donde las infraviviendas se juntan a la basura en el cauce del río y a las colonias del Guarrama.

El entorno tiene un encanto curioso, cuanto menos.

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A partir de ahí, ya en Móstoles, la vía es de arena compactada, más cómoda, de terreno más llano y señalizada. Vamos dejando a la izquierda la colonia de Guadarrama de Arriba y a la derecha el Parque Coimbra; la diferencia de clases, aunque se quieran negar, están ahí.

Es un terreno que nos recuerda, en lontananza, lo que debería ser la zona antes de que construyera todo alrededor, campos ondulados, verdes en esta época del año… Castilla, en definitiva.

El último tramo ya se acerca a la ciudad, antes de dejarnos en el parque de El Soto, donde paramos a descansar un rato.

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Y de ahí media vuelta por el mismo sitio, aprovechando las horas centrales del día antes de que se nos eche la tarde.

Un buen debut, sin duda.

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La braña de Mumian y el hayedo de La Enraimada (PR.AS-11)

Después del esfuerzo del día anterior, nos dedicamos a algo que casi nunca tenemos tiempo de hacer: el placer de caminar por un bosque. No solo por la falta de bosques tranquilos en Madrid, si no porque casi siempre tendemos a tirar para arriba.

Pues bien, hoy disfrutamos de ello, y vamos a contarlo:

Salimos de Pola de Somiedu en dirección al Puertu

y pasado el pueblo de Caunéu llegamos a L.l.mardal, donde se deja el coche y comienza la ruta.

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Pasamos el pueblo para ir a media ladera por la Peña Gúa, donde vamos tranquilos combinando tramos de bosque con sendero.

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Continuamos hasta la braña de Mumian, que nos recuerda la antigua vida de los vaqueiros: vemos las cabañas de teito,  las ol.l.eras (lugares para mantener la leche fría), los piornos (escoba negra) con los que se realiza el teitado, la organización de la braña semejante a un castro…

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Descendemos hacia el hayedo, que es zona de uso restringido (no salirse del sendero, no hagáis ruido, no molestéis, que al fin y al cabo somos visitantes aquí, no moradores):

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Y una vez en La Enraimada vamos disfrutando del bosque, de sus sonidos, e intentando otear algo; huellas, rastros…aunque se nota que no somos duchos y nos cuesta. A todo se puede aprender.

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Llegando a la aldea de Cotu decidimos comer algo y dar la vuelta; parece que no, pero las piernas pesan y toda la bajada al hayedo ahora toca subirla…y va a costarnos.

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Volvemos con calma disfrutando de nuevo de Mumian, y sufriendo, eso sí, los gritos de unos visitantes humanos que se dedicaron gran parte del camino a tirar mierda. Entiendo que para apreciar la montaña hay que conocerla, pero sin unos mínimos lo único que hacemos es molestar a sus habitantes. En fin.

Dominguerismo madrileño: Miedo y asco en las Cascadas del Purgatorio.

Fin de semana de calor intenso, y nos debatimos entre quedarnos apalancados en casa o hacernos algún paseín.

Descartadas las cumbres por la solana, decidimos hacer alguna “ruta de valle”; en Madrid no abundan demasiado los sitios para caminar entre grandes masas boscosas, y de los que hay, casi nunca nos animamos.

Así que este fin de semana es ideal, ya que además nos permitirá bañarnos en algún río.

Y como ninguna hemos estado en las famosas Cascadas del Purgatorio, pues allá que vamos.

Dejamos el coche en el mismo Monasterio de Santa María del Paular, cercano al pueblo de Rascafría. La ruta en sí comienza cruzando la carretera, entre el Centro de Visitantes del Valle de El Paular y el Albergue de Los Batanes debemos de cruzar el puente del Perdón, y llegamos así a la conocida zona de Las Presillas, donde nos damos un baño (domingueros totales, vamos, por suerte aún no había mucha gente y pudimos refrescarnos agusto).

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Seguimos andando, y seguimos el camino que es muy evidente por dos razones: una porque está señalizado constantemente (lo que hace que no sea necesario explicar el recorrido). La otra, la gran cantidad de gente que se dirige hacia allí…y nosotras que queríamos estar tranquilas.

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Por lo tanto, seguimos el camino, que es una pista amplia sin ninguna dificultad, siguiendo las indicaciones sin confundirnos con otros senderos que comparte esta zona (PRs, GRs, algún sendero local del propio valle…)

Eso sí, enseguida nos internamos en un bonito aunque joven robledal, que además entre sus hojas nos deja ver por un lado toda la cuerda de los Montes Carpetano (con la cercana Peñalara coronando) y enfrente nuestra, CuerdaLarga.

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Continuamos por el robledal, ganando altura cómodamente, hasta cruzar el cauce del arroyo Aguilón.

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Aquí el amplio camino se transforma en un sendero que va a la vera del arroyo, que es uno de los afluentes del río Lozoya y el que forma las cascadas hacia las que nos dirigimos.

Es sin duda la parte más bonita del recorrido, si no estuviera tan lleno de gente (y como vimos a la vuelta, con tan pocas ganas de disfrutar realmente de la naturaleza) sería perfecto.

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Al poco rato llegamos a las cascadas, que por cierto, son preciosas. Así que seguramente os preguntéis el porqué de ese “miedo y asco”:

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Pues primero por la masificación. Entiendo que vivimos cerca de una urbe con millones de habitantes, en una región degradada ambientalmente. Y que eso haga que la gente que busque esparcimiento por la naturaleza tenga pocos espacios donde estar agusto.

Entiendo además que con todas las vías de comunicación sea fácil llegar a ciertos lugares antes casi imposibles de encontrar. Pero aún así, estar rodeado de tantos humanos, con lo que significa (ruidos, erosión ,etc.) hagan que esto quede muy alejado de lo natural.

Pero lo que me parece importante, más aún, es el nulo interés por conocer y respetar el entorno que observamos en gran parte de las personas presentes.

Gente bañándose en pleno Parque Nacional del Guadarrama y estando claramente indicado (cuando en la zona hay muchas zonas habilitadas para bañarse que no son zonas protegidas, nosotros nos bañamos también a la vuelta).

Quizás uno de los fallos del PN sea el no explicar claramente que la prohibición del baño no es por capricho (entre otras muchas cosas, hay especies de anfibios que solo existen aquí y que están viendo amenazada su existencia), pero también es cierto que no parecía que la gente quisiera otra cosa que ir a pegarse un chapuzón llevando consigo música, neveras y todo lo necesario para un buen día de domingo. Por ejemplo, a la vuelta pasamos por el Centro de visitantes y estaba casi vacío, con el área de Las Presillas a rebosar…no sé, quizás haciendo más cercano y atractivo l discurso conservacionista. No sé, la verdad.

No soy muy amigo de las prohibiciones y tampoco estoy de acuerdo con algunas cosas que implica el concepto de Parque Nacional, pero desde luego, si nos vamos a cargar lo poquito que nos queda es mejor que no se pueda pasar y se conserve.

Y bueno, después de todo esto, de darle vueltas entre todas, volvemos por el mismo camino, disfrutando de las vistas, eso sí:

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Y para demostrar que hay cosas que no tienen porque ser de mala fe, sino por desconocimiento, nos llevamos una multa por aparcar en camino forestal usado para los vehículos contraincendios. Fallo y gordo, el nuestro.

 

 

Runkamina 2016: De vuelta a la Ribera del Duero.

Castilla, antes que ancha -o además- es varia y diversa.  Miguel Delibes.

Pues este año volvemos a la Ribera! Después de la grata experiencia del año pasado, nos animamos varias personas más del corazón del reino de Castilla.

DÍA 1, 24 DE MARZO.

Este año empezamos en Santo Domingo de Silos (aquí podéis ver el mapa), donde tras una visita rápida al desfiladero de La Yecla y sus buitreras, empezamos a caminar con algo menos de calor que el año pasado.

A diferencia de otros años, la caminata será lineal, así que la intendencia (ole por ellas y ellos, nos traen y recogen las tiendas, nos traen butano y víveres…sería mucho más difícil sin ellxs); 72 kilómetros pero con el aliciente de alguna subida que otra y de estar en las estribaciones de la Sierra de la Demanda.

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En este comienzo cogemos el GR-160 (¨Camino del Cid”, que por cierto, no será el último personaje ilustre del que tendremos noticia en este caminar. Por lo visto, por aquí pasó Díaz de Vivar camino al exilio).

Buen camino, bordeado de uno de los bosques de sabina albar más importantes de Europa. Esto pinta bien, y nos vamos acercando a Peñacoba.

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Tenemos que buscar sitio para comer, que estas piernas no viven a base de aire y clarete solamente, así que bordeado el pico Castro buscamos un lugar apropiado.

Hoy el lugar de llegada y reposo es Pinarejos, pero en vez de ir todo el rato por el GR (sería demasiado sencillo), se tienen mirados caminos menos trillados, lo que nos permite ir avanzando despacio, pero en encantadora soledad.

Y eso que este primer día somos más de veinte caminantes.

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El sitio de Pinarejos está perfecto para nosotras, así que dejamos las mochilas, estiramos y vamos preparando todo lo necesario para una noche fría en cuanto a clima (este año de tropical nada) y cálida en cuanto a los encuentros con personas de diferentes lares. Y a descansar, que hoy con veinte kilómetros fue la etapa más larga.

DÍA 2, 25 DE MARZO.

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Tras la primera noche y la conquista de un castillo por primera vez en mi vida (pregunten, pregunten), salimos al día siguiente en una etapa corta y con repechos.

Pronto, muy pronto, tenemos que llegar al San Cistóbal (1180 msnm), y queremos darnos prisa porque el tiempo pinta feo. Nos metemos en camino por un pinar (atravesamos zonas donde se utilizan para madera tanto como para la resina, y nos entretenemos en las diferencias entre diversos tipos de pinos: albar, resinero, piñonero, laricio…)

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Por un momento parece que no vamos a tener suerte y se nos pone a llover.  Desde esta altura el día se ve feo, hace viento y decidimos ponernos rápido de nuevo en camino por si acaso.

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Con la bajada el tiempo se aclara; al final, a lo largo de los cuatro días tuvimos frío, pero mucha menos lluvia de la que parecía, así que al final tiempo perfecto para las caminatas.

Llegamos pues a Arauzo de Miel, donde somos bien recibidos, y hasta podemos proveernos de cerveza y empanada!

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A veces es una pena ir con prisa y no conocer tanto como desearíamos; nos queda bastante camino y no podemos quedarnos demasiado tiempo en el pueblo, aunque nos proponen hasta dormir allí y nos ofrecen orujo casero.

También decían de quedarnos para la representación de la pasión de cristo, pero preferimos el orujo, la cerveza y la empanada.

Ya con más calma, seguimos en camino, un camino que aparte de unas vistas que no se reflejan en las fotos, nos va a deparar unos gratos encuentros. robles (en realidad quejigos, “quercus faginea”) de seiscientos años, encinas que deben de rondar esas edad también, restos de ermitas que servían para recaudar impuestos…

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Y tras un final largo del día por las paradas y algunas ampollas que empiezan a aparecer… las loberas de Caleruega, lugar con tenada donde los pastores se refugiaban para descansar y en las que dormiremos hoy, ya que nos prestan sus aposentos.

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Así que nada, cenita y a descansar. Uno de los sitios que no nos da tiempo a visitar es el propio pueblo de Caleruega, lugar de nacimiento de Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos. Esperemos que la Inquisición no nos prenda por ello.

DÍA 3, 26 DE MARZO.

Visitamos el museo que hay justo donde dormimos, donde vemos la importancia que tuvo aquí la ganadería.  De hecho, durante parte del camino de hoy utilizaremos la Cañada Real Segoviana, que pasa por aquí.

Y otro de los atractivos de la zona son los buitres, que ya os comentamos que abundan por aquí. Como parte de la recuperación de la zona tras la despoblación se han acondicionado unos antiguos palomares como muladar para darlos de comer. Aunque justo hoy no tengan el desayuno preparado nos acercamos y de paso visitamos también una antigua bodega datada en el siglo XII, llamada de Alfonso VIII.

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El camino hoy es sencillo y corto, con la posibilidad de subir al alto del Bellosillo (1015 msnm), en un pequeño desvío antes de comer y lavarnos un poco.

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Desde el alto vemos gran parte de lo ya recorrido, aparte de disfrutar de la nieve que hay en la Sierra de Ayllón, Somosierra y Guadarrama por un lado y en las lagunas de Neila, el Urbión…por otra.

Y como no, del cromatismo primaveral de esta zona de Castilla.

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Nos quedará por ver la antigua y casi desconocida ciudad romana de Clunia, situada cerca de donde estamos, en el alto de Castro.

Y así, tras comer y temer de nuevo por la lluvia, nos ponemos en marcha por la cañada, bordeada de arbolado, hasta el siguiente pueblo, Hontoria de Valdearados. Vamos rápido, hace viento y además al ser poca gente podemos darnos más prisa…bueno, y parece ser que nos espera un merendero bien preparado para dormir y macarrones de cena!

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Pero antes de eso disfrutamos de una visita guiada por la propia gente del pueblo (alcalde incluido) por el museo etnográfico local. Por cierto que por aquí estuvo el cura Merino, célebre guerrillero en la guerra del francés y posterior carlista.

Todos los años se representa una emboscada contra las tropas napoleónicas ocurrida aquí.

Nosotras sin embargo, antes de la cena solo guerreamos al futbolín, pues el bar tiene, y encima hay un ambiente bonito al ser fiesta…lástima que solo sea por eso, y que el día a día muchos de estos pueblos, donde nos tratan con confianza y cariño, estén desapareciendo y no le importe a nadie.

DÍA 4, 27 DE ABRIL.

Nos da pena acabar con la crónica, pero es lo que toca. Día de dormir poco, por el vino, los licores, el cambio de hora y las jotas castellanas.

Tanto se nos hace tarde que salimos después de mediodía, y eso que esta vez la etapa es larga…suerte que nos llevan las mochilas.

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Se nota que estamos llegando a destino por el aumento en el número de viñas (que por cierto, nos sabía yo que la vid pudiera “llorar”). Eso sí, queda un buen tramo de bosque de pinos, este ya más feo y plagado de jaras, en el que a ratos toca ir campo a través.

En otros seguimos algún PR. Los utilizamos algún día para hacer tramos de camino, y hay que decir que la señalización de caminos en la zona donde hemos estado es magnífica.

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Queremos llegar pronto, pues nos esperan las obligaciones, así que aceleramos el paso a pesar de que ya hay bajas, sea por ampollas, sea por el clima.

Pasamos por interesantes elementos de la historia de la zona, como el mojón de 4 concejos, donde se dirimían asuntos de los pueblos colindantes o el menhir blanco, antes de salir a campo abierto y encontrar Aranda de Duero a nuestros pies.

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Y así llegamos al final de estos cuatro días de penalidades (pocas) y conversaciones, corzos que se escapan, vampiros con poco interés por matar, encuentros inesperados y buen vino, además de caminos y caminos.

Las pocas ganas de marchar hacen que nos quedemos algo más de tiempo en el parque de los Barriles, antes de coger el coche y volver a la gran ciudad.

Pero nada, como mucho el año que viene nos volvemos a ver. En la Ribera.

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Entre la Sagra y las Vegas: Cerros del sur de Madrid.

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Ya sé que no vivo en un lugar de gran belleza natural y que además está naturaleza está degradada por la mano del hombre.

Aún así, me gusta conocer el entorno cercano; sus paisajes, sus antiguos modos de vida y su belleza oculta.

Es por esto que esta vuelta por los límites entre la Sagra madrileña y la comarca de Las Vegas (aunque haya cierto debate sobre la denominación de las comarcas de lo que hoy es la comunidad de Madrid, pienso que es una buena manera de nombrar por un lado la zona de Pinto, Parla, Valdemoro, etc. y por otra el sureste de la comunidad, regado por los ríos Tajo, Tajuña y Jarama) me gusta bastante: pudiendo salir de cerca de mi casa, recorriendo caminos desconocidos para la mayoría de los habitantes de la zona y que nos llevan a años pasados, una época en la que la agricultura, y más aún la ganadería modelaban la vida y el paisaje.

Momentos en los que no eran las carreteras, las obras faraónicas y los polígonos industriales la enorme mancha informe que son hoy.

Un lugar más duro que bonito, pero en el que se podían -y se pueden encontrar aún hoy- ejemplos de flora y de fauna adaptados a la zona que les tocó vivir, algo de lo que bien podíamos aprender los seres humanos.

Como yo ya había realizado esta ruta, señalizada como ruta de los Cerros, en este caso elijo no hacerla circular, realizando solo los dos primeros tramos marcados en la web de vías pecuarias 

Salimos de la estación de tren de Valdemoro, y al final del paseo del Prado cogemos la Vereda de San Martín, evidente camino que antiguamente comunicaba Valdemoro con San Martín de la Vega, y que deja a la derecha la vallada la finca de El Espartal. Tendremos esta valla al lado todo el camino, la cual nos orienta (hay que decir que también está bien señalizado con las marcas de vía pecuaria).

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A mí este tramo es el que más me gusta, un suave subeybaja con multitud de cerros yesíferos y algún pino plantado que acompaña al esparto y a los antiguos olivares y campos de secano sin labrar.

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Solo nos cruzamos con algún corredor y muchos ciclistas, lo cual contrasta sin duda con la imagen que debían tener estos campos hace solo unas décadas.

Los suelos yesíferos no son desde luego buenos para el cultivo, aún así el cereal, el olivo y la vid -hasta la plaga de filoxera del S. XIX- se cultivaban hasta en los cerros, donde doy fe de que en invierno el frío y el invierno hacen de las suyas. Y en su momento, la nieve también.

Cerca ya de San Martín de la Vega, y sin cruzar el puente de la carretera que nos llevaría a la población (como hicimos la anterior vez), cogemos a la derecha la Vereda Larga de los Cerros, que nos llevará a Ciempozuelos.

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Seguimos teniendo la valla de la finca a la derecha, y a la izquierda, la vega del Jarama. En este tramo llano, solo los olivares rompen cierta monotonía, ya que del río solo se divisa cierta vegetación de ribera.

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Al llegar a Ciempozuelos, en vez de coger otro camino que nos encaminaría a Valdemoro, entramos en el pueblo y vamos hacia el tren que nos llevará a casa tras 11 kms. de caminata.

Línea de tren que entró en funcionamiento en España, en 1851, y que nos ayudó a transportarnos hoy no solo en el espacio, si no también, un poquito, en el tiempo.

 

Ruta por el frente de Ciempozuelos.

Hoy vamos a hablaros de una actividad diferente a lo que es habitual en este blog. Desde aquí intentamos siempre hablar del deporte desde una óptica no competitiva, alejada de la mercantilización de la vida diaria, de nuestras relaciones; como una forma de superación personal sin que ello implique el tener que luchar por ser mejor que la otra persona.

Es evidente que esta manera de entender el deporte es una opción política. Y si desde un punto de vista más personal está todo lo que acabo de escribir, desde el que es directamente político esto tiene un nombre: anticapitalismo. Pues es el Capital es que nos aleja de la naturaleza, el que nos hace querer ser siempre unos ganadores, el que convierte el esfuerzo físico en dinero.

Y si podemos compaginar la actividad deportiva (en este caso, el senderismo) con el conocimiento de nuestra propia historia, que es una de las razones de considerarme anticapitalista, mejor que mejor.

Por eso me parece interesante la actividad que Ciempozuelos Antifascista y la Coordinadora Antifascista de Madrid organizaron, recorriendo diversos lugares de Ciempozuelos en el ámbito de la batalla del Jarama.

1300 caídos en el bando republicano se quedaron en este pueblo entre el 6 y el 8 de febrero de 1937, días en que los fascistas toman el pueblo tras una traición. Muertos que nunca han sido exhumados, muertas que nadie reivindica.

Nuestra historia, algo tan cercano de nuestras casas, completamente desconocido para nosotras. Por eso me parecen tan importantes estas iniciativas.

A las 9 de la mañana comenzamos un pequeño grupo a caminar por vía pecuaria (espero no equivocar el nombre del camino, que creo es Valdinojos) en dirección a los primeros búnkeres construidos por el ejército republicano.

photo_2015-04-23_12-50-22 Los republicanos por una parte crearon estos búnkeres para, antes de la pérdida del pueblo, defenderse de los posibles ataques desde pueblos tomados por los fascistas (Pinto, Valdemoro), y una vez caído Ciempozuelos, intentar retomarlo desde posiciones propias, como era el caso de la vecina Seseña, ya en Toledo.

Aunque no soy un experto en historia militar, y además me cuesta situarme en la zona, es fácil imaginarse viéndose aislado y atacado en una zona tan hóstil como esta; suelo yesífero, muy poco apto para la vegetación ( a pesar de que hay algunos cultivos de cereal y un arroyo cercano, pienso que el de Palomero), temperaturas extremas en verano e invierno, deficiencia de armas.

Para llegar a los búnkeres hay que salirse de la vía pecuaria y atravesar varios campos, ese es el interés por conocer la historia:

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Nosotros vemos primero tres, y un poco más alejados otros dos, están en buen estado, a pesar del abandono.

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Después continuamos, como decimos, por el arroyo y la via pecuaria para encontrar las salinas espartinas; eso sí, después de comer bajo un pinar, que la solana ya empieza a hacer efecto.

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Estas salinas, de origen prehistórico y usadas en tiempos de Roma, llegaron a estar en uso hasta poco después de acabada la guerra civil. Se encuentran al fondo del barrando de Valdelachica, y se puede llegar a ellas desde el camino del Molino (nos fue un poco difícil encontrarlo debido a la nula señalización y al hecho de que las extracciones de una mina de yeso cercana están degradando el terreno. También hay que decir el estado de suciedad de alguna de las zonas de las salinas. En fin…).

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Algunas cuevas prehistóricas excavadas en el yeso se adecuaron para trincheras, fortines y refugios de la guerra, en otros espacios directamente se acondiciona de nuevo para ello.

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Lo que es una lástima es que este entorno, a pesar de su evidente interés histórico y cultural y de su valor ecológico (una de las pocas zonas húmedas incluso en verano, pues había agua en el arroyo, con endemismos vegetales y además, zona incluida en el parque regional del Sureste) esté como esté; lleno de mierda y sin ningún tipo de protección ni forma de aprender de ello si no es por tu propia iniciativa.

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Nosotros continuamos por el fondo del valle hasta enlazar con un camino que nos lleva de vuelta a Ciempozuelos, tras una decena larga de kilómetros y 4 horas de marcha bajo un sol machacante.

Evidentemente, mereció la pena; conocer para conservar, conocer para aprender, y por supuesto, conocer para luchar.

 

Por las tierras de Castilla: Runkamina 2015

mapa runkamina.pdf_page_1Voy a hablar de una de las mejores experiencias que he tenido en mucho tiempo. Y eso que ya llevo años de caminante…

El Runkamina es una iniciativa de gente de la Ribera del Duero (si, donde el vino), que consiste en recorrer a pie partes de la comarca durante los cuatro días de vacaciones de semana santa, cada año un tramo distinto.

Lo llevan haciendo desde el año 2009, y este, casi por casualidad, me apunté a última hora sin saber muy bien de que iba el tema.

Y doy fe de que no me arrepiento.

Como digo, no tenía mucha idea de que iba el tema. Solo que saldríamos de Aranda de Duero, y una vez desde allí nos esperarían unnos 80 kilómetros repartidos en cuatro días (al final han sido 80 clavaos), que este año tocaba recorrer el sur de Burgos y norte de Segovia y que antes de comenzar nos daban un mapa, que es el que tenéis un poco más arriba y que espero se vea bien.

Para lo demás, espero poder narrar al menos una parte de esta aventura:

– Jueves 2 de abril:

Quedamos en el parque de los Barriles de Aranda de Duero (o algo así, he de decir que nunca estuve aquí antes), donde quedamos las personas que vamos a comenzar este Runkamina. Poquita gente con respecto a otros años, por lo visto, pero que quizás favoreció el ritmo, la intimidad personal, las dinámicas.

Con las presentaciones, una idea general plasmada en el mapa y la intendencia previa (esto es algo de lo que merece la pena hablar, pues todo, desde la comida, los sitios para dormir, el transporte de tiendas de campaña y objetos de peso, las quedadas con el resto de personas que se nos fueron uniendo…salió a la perfección) comenzamos a andar dirección a las antiguas bodegas de Fresnillo de las Dueñas:

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Las bodegas de uso tradicional, las cuales ya apenas se usan, nos fueron perfectamente explicadas por unas compas que trabajan de ello. Aunque estén semiabandonadas tras la irrupción de las cooperativas vinícolas, muchas se conservan de forma que se observa lo viva que está la cultura del vino en esta zona de la ribera.

Sé que no lo explico demasiado bien, y que muchos de los concepto habría que estar allí para entenderlos, pero espero que con las fotos os hagáis una idea.

Y seguimos adelante. La ruta, de 22 kilómetros y casi llana si exceptuamos la ascensión al páramo que nos va a dar a la cumbre del Cuerno Blanco (a 1019 metros de altura) continúa por el bosque de Fresnillo, ejemplo de encinar que vimos durante gran parte del recorrido:

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Cerca de Santa Cruz de la Salceda, y con un día de calor consederable, tenemos estas vistas de las sierras del Ayllón, de Somosierra, de Guadarrama…

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Nos vamos acercando al Cuerno Blanco. Apenas una cota en el páramo, constituye la única dificultad del día, y aunque leve, desde arriba las vistas son sencillamente impresionantes. Desde la cuenca del Tajo hasta la del Ebro, con todas las estribaciones montañosas que las rodean:

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Este alto constituye el límite entre las provincias de Burgos y la de Soria, provincia que yo pensaba no íbamos a llegar y que me hizo ilusión, oiga.

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Y realizamos el suave descenso entre encinares y plantas aromáticas hacia las cercanías de Valdoso, donde pasaremos la primera noche en el barranco boscoso de un pequeño valle.

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– Viernes 3 de abril:

20150403_085320Después de una noche de vino, canciones y frío, mucho más frío de lo que esperábamos, nos encaminamos hacia Montejo a través de las hoces de Riaza.

La ruta más larga del Runkamina, de 23 kilómetros, aunque calculada en leguas castellanas, antigua medida que equivale a 5.6 kilómetros, es también la más rompepiernas y la más bonita.

Las hoces de Riaza, al norte de la provincia de Segovia, están consideradas Parque Natural, y destaca sobre todo su población de buitre leonado, junto a los impresionantes cortados, sus sabinares, encinas, la vegetación de ribera…una maravilla.

Además, recorremos tres provincias: Burgos, Soria y Segovia, la Castilla profunda, con unos cambios en el paisaje que desde luego no reflejan esa imagen de la Castilla plana y seca que muchos tenemos en el imaginario colectivo.

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Pues eso, que nos ponemos a andar de nuevo, y tras refrescarnos en una fuente (parece que este año ha sido el de mejor tiempo desde que realizan el Runkamina y de hecho hacía bastante calor) atravesamos el campo de tiro de Castillejo de Robledo:

20150403_125006Una vez hecho esto llegamos al páramo de La Rasada, donde se encuentra el límite con Segovia.

 

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Cerquita se nos une más gente. Algunas nos acompañaron hasta el final, otras personas solo algún tramo, pero con todas compartimos buenos momentos.

Al rato llegamos a la antigua colonia agrícola de Maluque. No fue la única colonia de estas características que nos encontramos, aunque creo que son de diferente época unas de otras.

Esta era bonita, el conjunto en general está bastante bien conservado:

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20150403_142101Y de allí a la entrada de las hoces del Riaza, plato fuerte de esta jornada rompepiernas.

Impresiona ya desde el comienzo, con ese color de tierra, esos cortados…y ese puente construido por esclavos del franquismo, que parte de una antigua via férrea ya abandonada.

Y ya oa digo que dura no, pero la etapa se hace dura por el calor y por lo accidentado del terreno, aunque la belleza del lugar lo compensa más que de sobras…

 

 

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Y tras una parada para comer, compartir el clarete y ver los buitres sobrevolar nuestras cabezas mientras sesteamos…

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20150403_170631Continuamos la jornada

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Pasamos por la aldea abandonada de Casuar. Debió de ser muy importante, no hay más que ver la iglesia, pero tras la guerra contra los franceses quedó destruida, ya que se pensaba que aquí se escondió el Empecinado.

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Y vamos llegando al pueblo de Montejo, punto final de la etapa del día.

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Allí nos dejan un terreno para dormir, un merendero y podemos ver las antiguas bodegas.

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Este pueblo tiene un caserío muy bonito, yo no conocía esta parte de Burgos (solo la capital y algo, muy poco, del norte de la provincia), y la verdad es que está muy bien.

Y más con la vida que tenía, lo más probable por las fiestas. Pero eso sí, el trato era excelente, y eso no era producto de unos días. Viva Castilla que ostias.

– Sábado 4 de abril

Salimos algo más descansadas de Montejo tras haber dormido con menos frío la noche anterior. Como se nota cuando cenas bien…porque nos metimos unas sopas de ajo para dentro del cuerpo que nos dieron todas las fuerzas que habíamos gastado.

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Nos dirigimos a Haza, pueblo fortificado que nos queda a 20 kilómetros casi llanos, donde además estaremos todo el camino a la vera del río Riaza, lo que unido a que el dia refresca más que el anterior lo hará más llevadero, aunque los pies duelan y empecemos a tener bajas.

Eso sí, también se nos suma gente.

Pasamos por las ruinas de Valdeherreros:

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Y cerca, vamos llegando a Milagros (que nada de milagrero, significa “mil campos”), de la que cruzamos sus bodegas:

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Y de allí a descansar y pegarnos un bañito al río.

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Llegamos a Torregalindo, y no podemos aguantarnos las ganas de subir al castillo.

Durante la mal llamada “reconquista”, esta fue zona de frontera y repoblación, por lo cual se establecieron una serie de defensas, de las cuales este castillo hoy en ruinas es parte:

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Y continuamos el camino hacia Haza, siguiendo el río y dejando a un lado pueblos como Hontangas y Adrada de Haza:

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Por fin llegamos a Haza. Antigua población fortificada, parece ser que en su momento fue la más importante de la zona por su papel defensivo.

A pesar de su declive, su estampa es impresionante, mantiene un encanto especial, y está asentada en piedra caliza que forma unas cuevas increíbles.

Una de las cuales nos sirvió de morada:

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La última noche juntas…que decir de ella. Como cualquier palabra se quedaría corta, y además mi intención es convencerte de que si estás leyendo esto te apuntes a la próxima caminata que fue… ¿extraña? ¿única? ¿mágica?

Algo de todo esto y mucho, mucho más…

– Domingo 5 de abril

20150405_123243Con algo de pena (y de resaca) abandonamos Haza para encaminarnos hacia Aranda de Duero en la etapa más corta.

Quince kilómetros, no demasiado bonitos, todo hay que decirlo, pero bien pensados porque el cansancio acumulado se nota.

Ya os digo que Runkamina, de dureza tiene poca, pero no dejan de ser 4 días fuera, caminando, calor…suerte que hay vino que si no…

 

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Pues eso, subimos hacia el norte, dejando a un lado Castrillo de la Vega para internarnos en el monte de la villa, yo imagino que antiguo comunal.

Principalmente encinar con monte bajo (tomillo, romero, jara…) característico de la zona y que ya daban un olor muy agradable, a pesar de que la primavera esté recién comenzada:

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Y ya cerca de Aranda cogemos el GR que une todo el Duero, para, a la vera del gran (y sucio) cauce del río hacer los últimos kilómetros:

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Hasta llegar al fin del camino, con ganas y porque no decirlo, algo de pena.

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Porque las personas, la iniciativa, cómo estaba organizado (y las personas que echaron una mano, familias, amigos…de ellas, porque a mí no me conocía nadie de nada y me trataron igual de bien) y un montón de cosas más hacen que desee estar ya el año que viene allí de nuevo.

En la Ribera.

 

 

 

 

 

 

Circular por el cerro de la Marmota (Colmenar Viejo)

Hoy nos dimos un paseo por Colmenar Viejo, ciudad de entrada a la Sierra madrileña y aunque demasiado crecido y desarrollado tiene una red de senderos y vías pecuarias en buen estado, ideales para hacer fondo o para pasar un día tranquilo descubriendo la flora y la fauna propias de la zona

Nosotras salimos desde la estación de tren de Colmenar Viejo, ya que se puede ir perfectamente en transporte público.

Tenemos que pasar primero un polígono industrial y una depuradora (Ah! Bendito progreso!) y ahí comienza la ruta propiamente dicha. No hay pérdida porque está marcada en verde con el hito de vía pecuaria, solo hace falta seguir las marcas toda la ruta.

Nosotras hicimos un poco más de 20 kilómetros; saliendo de la Renfe, eso sí. Y un desnivel muy suave (no llegaremos a unos 500 metros positivos en toda la ruta, eso sí a veces un poquito rompepiernas).

20141208_104216Como véis la ruta es muy sencilla, pero tiene el aliciente de poder ver usos tradicionales como la ganadería (vacas y ovejas son habituales por el camino, y los alrededores son casi todo pasto, lo cual en parte es una lástima porque no hay apenas bosque, aparte de encinar, ni huertas), la apicultura, y observar la fauna y la flora del lugar.

Se que hay un montón de rapaces que nos sobrevolaban, pero no las sé distinguir.

Águilas imperiales, milanos negros o buitres leonados que, al menos, no nos devoraron, buena señal (espero).

Porque estamos todo o casi todo el rato dentro del Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares…

 

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A la derecha vamos dejando unas vistas impresionantes de la sierra de Guadarrama con nieve:

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20141208_111405Vemos que la gente se lo pasa bien…

Seguimos el camino y a la derecha se puede bajar al puente de la Marmota, pero seguimos hasta bordear el cerro:

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Es un alto muy modesto, de poco más de 800 metros de altura, pero las vistas del monte y del embalse del Pardo (pues estamos en el límite con Madrid), son impresionantes:

 

20141208_111830Seguimos por el cordel de Valdeloshielos (vamos, por la tapia del monte del Pardo), que se hace un poco largo y aburrido. Suerte que es diciembre, esto en verano debe ser un suplicio…

Eso sí, llegamos al mirador de Valdelaganar:

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Podemos ver desde aquí todos los picos nevados de la Sierra que nos prometemos subir poco a poco.

De ahí seguimos por la Huelga del arroyo Tejada, que vadeamos en varias ocasiones:

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Tenemos suerte de que había bastante agua, supongo que por las lluvias, así que tuvimos un rato bastante bueno.

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20141208_140129Y ya seguir el camino que pica para arriba hasta llegar a Colmenar, antes aún vemos algún rebaño de ovejas, antes de pasar el cementerio, la ermita de Santa Ana (fea con ganas, eso sí) y llegar por fin a la estación de tren.

Estaba cerrada la cafetería y que sepáis que no hay tornos, así que a buen entendedor…

¡Hasta la próxima pues!