“Cuando éramos los mejores”, la NBA y el espectáculo.

No suelo leer mucho de baloncesto, aparte de estadísticas y artículos varios.

Pero este verano tenía que encontrar una manera decente de pasar las horas en un trabajo aburrido e inacabable y di de pura casualidad con esto en la biblioteca más cercana.

Por edad, los años 80 de la NBA me pillan en mi prehistoria personal, aparte de que me he enganchado al baloncesto yanqui solo en los últimos años y más por demérito del europeo que por pasión hacia ellos.

Pero el halo de Magic Johnson y Larry Bird siempre me había impactado: más allá de Jordan ,más allá de LeBron, más allá de Kareem… me sorprendía la amistad de dos personas tan opuestas en un país como EEUU, o la valentía de Magic al anunciar que era seropositivo, me impresionaba la estela que habían dejado en tanta gente (amante o no del baloncesto).

Y como no, de mis primeros recuerdos de baloncesto está el Dream Team de Barcelona 92.

Así que me pongo a disfrutar de las interioridades delas vidas de estas dos grandes estrellas y del baloncestos estadounidense en este libro denso y concreto, en el que las estadísticas se mezclan con las pequeñas historias de las que solo disfrutaréis si realmente amáis este deporte.

Porque el libro es muy recomendable, pero si no os gusta la pelota naranja, podéis pasar olímpicamente de él, ya que es muy específico.

Bucea desde la infancia y origen social de ambos (clave para entender su rivalidad posterior), a su paso por el instituto y el basket universitario hasta su debut en la NBA y los míticos enfrentamientos que marcaron una época en las costas Este y Oeste hasta que los problemas físicos de Bird y el anuncio público de ser portador del VIH por parte de Johnson, junto a la edad y el surgimiento de otras estrellas nos llevan al ocaso de estos dos grandes, con en colofón barcelonés como punto (casi) final.

Un libro muy yanqui: en su concepción de ambos jugadores, en su acriticismo, también en la propia forma de estar escrito.

Pero que nos da un buen repaso no solo a la vida y obra de estos dos jugadores, sino al paso que tuvo la NBA, que pasó de ser una liga en crisis financiera y con problemas de salud pública de sus jugadores a un referente fundamental en el deporte-espectáculo global.

O a la llegada de los primeros jugadores europeos, a lo que significa la fama y la desaparición de la misma, el papel de los medios de comunicación y de los anuncios.

Todo en una lectura ideal para los amantes del buen baloncesto.

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La primavera en que reinó una anarquía demente en Madrid.

Volvemos a las colaboraciones después de mucho tiempo. Y volvemos a nuestro deporte favorito, el B-A-L-O-N-C-E-S-T-O, de la mano de Santi Escribano (@santiescribano).

En realidad le fusilamos, con permirso, un artículo escrito en Playground Magazine en el que nos habla como no del Estudiantes. Ese Estu del 92 que hizo soñar a mucha gente, que como todo en la vida tiene una historia detrás mucho más material que épica y que podéis leer a continuación (el artículo original con todas las fotos y vídeos lo podéis leer pinchando aquí):

“Lo mejor de los 80 fue el basket, todo lo demás fue un auténtico desastre”, rapeaba un nostálgico Tote King en su tema NBA. Pero… ¿y de los 90? Por supuesto: el basket también. Y no hace falta irse al otro lado del Atlántico.

Hablemos de cuando un equipo fundado en un colegio se coló entre los cuatro mejores de Europa pero, sobre todo, se convirtió en un fenómeno social. Hablemos del Estudiantes de 1992.

I- El zarpazo del oso a la historia de losers

Dicen que cuando John Pinone aterrizó en España por primera vez, con la temporada empezada en 1984, un joven Manolo Lama le auguró en la SER una corta carrera en España: “está gordo, fuera de forma”.

Cuando el Oso Pinone aterrizó en España por última vez, el pasado viernes, le esperaban en la rueda de prensa TVE, Movistar+, El Mundo, El País, COPE, Marca… algo nada habitual tratándose de la liga ACB. Su presencia era el gran reclamo del homenaje al Estudiantes del 92 que el club montó con motivo del 25º aniversario de la mejor temporada de su historia: campeones de Copa, en la Final Four, semifinalistas en ACB y un impacto social tan loco que hizo honor al nombre de su afición: la Demencia.

Lo que significó el Estudiantes del 92 cuesta explicarlo 25 años después. Es algo que pegaba tanto con aquel inicio de los 90 donde parecía caer un viejo régimen (la politizada y hortera caspa ochentera de la guerra fría y la transición); y llegaba la modernidad en forma de siglas variadas: AVE, JJOO, CEI en lugar de URSS, The battle of LA y la ONU mirando a otro lado ante las masacres fratricidas en lo que antes era Yugoslavia.

¿Por qué no iba a ser posible entonces que un equipo de baloncesto fundado en un colegio madrileño y que había vivido siempre a la sombra de sus poderosos vecinos del Real Madrid marcase la pauta? ¿Por qué no iba a partir la pana en las gradas un grupo de animación con nombre de enfermedad mental y que reivindicaba como suyas las luchas del ayatolá Jomeini y Juana la Loca?

Pinone, el Oso Pinoso, es el jugador más importante de la historia del Estu. Por estadísticas, palmarés, pero sobre todo por impacto. Es el tipo que cambió la mentalidad conformista de un equipo como Estudiantes que entendía que ser un “patio de colegio” significaba regodearse en la derrota y que las victorias fueran accidentes a disfrutar. Lo hizo un habitual en competiciones europeas, fases finales de ACB y que las victorias fueran una consecuencia. Un poco como lo que ha hecho el Cholo como entrenador del Atleti. Complejos fuera. Y algo de pasta, claro.

II- Y la moda es el negro y el amarillo

Por eso, el pasado fin de semana, el WiZink Center de Madrid (aka Palacio de los Deportes de la Comunidad) se llenó de camisetas negras con la publicidad amarilla de Caja Postal para recibir a Pinone, Azofra, Pedro Rodríguez y demás integrantes de la plantilla del 92 en el partido que enfrentaba a Movistar Estudiantes con el Baskonia.

Camisetas negras que, cuando dos días antes se sacaron a la venta en plan edición retro limitada para coleccionistas, supusieron el récord de venta en un solo día en la tienda oficial del Estudiantes. En la época ya fue una camiseta superventas. Era de esos colores por el patrocinador: la Caja Postal de Ahorros, caja de titularidad pública que ya no existe. Ahora es una porción del gigante privado BBVA.

Que el Estu le comiera la tostada al Real Madrid –y de forma paralela este proceso sucediera en Catalunya con el Joventut subiéndose a las barbas del Barça- para muchos era una especie de revolución contracultural en el deporte. Ambos, Estu y Penya, compartían un modelo similar, una fórmula mágica que se repite como un mantra, tan fácil de decir como difícil de lograr: “dos buenos americanos y canteranos con talento”.

La cara B no se suele ver, claro. Ni la Caja Postal ni Montigalà -propiedad de Banesto- eran ONGs que ponían su letrerito en la camiseta por dos duros, sino patrocinadores a la vieja usanza que soltaban la plata sin miedo al ridículo. Jofresa en la Penya y Herreros en el Estu cobraban más que alguna plantilla ACB actual entera.

Pero no me voy a poner cenizo, que esto iba de ver qué maravilloso era todo antes y no de hacer como uno de los temas que lo partía en las radios de entonces, el Cómo hemos cambiado de Presuntos Implicados. Mejor tendamos al Smells like teen spirit, a la inocencia juvenil de una peña que en muchísimos casos ahora son cincuentones oficinistas votantes de Ciudadanos y entonces se enfundaban sin miedo al ridículo en chilabas y turbantes proclamando “Alcobendas marroquí y una mierda pal Madrid”.

III- La leyenda que no quiere serlo

Ante este arranque de nostalgia colectiva, el propio Pinoso fue muy crítico. “ No entiendo cómo siguen coreando mi nombre. Hace tantos años, han pasado tantos jugadores… Yo tengo una máxima: las cosas terminan y no me gusta mirar para atrás sino hacia delante” nos dijo a la prensa. “Es un honor que no me olviden, pero debéis vivir el momento y mirar al futuro”.

El mito que no quiere ser mito. La leyenda que reniega de su condición.

“Es que eres una leyenda, John”, le dijo el periodista de Movistar+ Jose Ajero en una grabación de esa maratoniana jornada de entrevistas para ganarse su complicidad.

“Porque tú me ves así. Soy normal y ahora estoy hasta la punta de…” respondió con un particular “zarpazo del oso” dialéctico.

Dicho y hecho: última entrevista del día y por fin en inglés. El resto de la mañana había atendido a los medios, armado de paciencia -la madre de la ciencia-, en su inconfundible castellano con acento de Connecticut. Allí es donde Pinoso, el tío que cambió la historia del Estudiantes, vive actualmente junto a su mujer y tiene una vida que suena poco a mito y más a la del estadounidense medio: asesor financiero y entrenador de un equipo de instituto.

“Los jefes son muy futboleros, siguen poco el basket. Pero cuando les he dicho que traíamos a Pinone no han dudado. Es más conocido que la inmensa mayoría de jugadores actuales. Y de los 80 y 90, sin duda. ¿Qué jugador del Real Madrid de principios de esos años podrías decir?” razona Ajero.

Pero si lo de Pinone es para flipar, el impacto social que supuso la afición de Estudiantes, la Demencia, es un sinsentido.

IV- ¿Te comprarías la hamburguesa Demencia?

El fenómeno ya venía de antes, de los años 80. La Demencia, básicamente, era una coña marinera surgida en el instituto Ramiro de Maeztu que usaba los partidos de su equipo, el Estudiantes, para hacer el ganso.

Ya en los años 80 llamaba la atención de los rivales y los medios, en el vetusto pabellón Antonio Magariños, por su particular humor. Por pura provocación ochentera asumieron como propio el discurso de los ayatolás: “Reagan es un carca, Breznev un invasor, y a todas luces salta que Jomeini es el mejor”. Pero, entre tanta provocación cuasi adolescente, una seña de identidad irrenunciable: “la Demencia anima sin violencia”.

Sin violencia física, que la verbal se practicaba y en estos tiempos de Flanderismo meapilas supondría escándalos mayúsculos e incluso alguna pena por terrorismo. “Con la espada de Alá cortaremos la mano de Elías”, se podía leer en el partido culmen de aquella temporada 1991-92, la eliminatoria contra el Maccabi de Tel Aviv israelí que se decidió con un oportuno resbalón de su estrella, Dorom Jamchi, en la última jugada.

La macarra referencia a “la mano de Elías”, nombre del pabellón del para nada apolítico ni aconfesional conjunto de Tel Aviv, hoy en día supondría un conflicto diplomático. Entonces la prensa rió la gracia.

¿Por qué?

Muy sencillo: a principios de los 90 el fenómeno ultra en los campos de fútbol españoles vivía sus particulares años de plomo. Las muertes de Frédéric Rouquier o Guillermo Alfonso Lázaro eran la punta del iceberg de la violencia en el deporte. Y como contrapeso a eso, encontrábamos a unos deslenguados chavales de instituto vestidos de moros que daban colorido a la grada. ¿Que mosqueaban al árbitro diciéndole ‘usted tiene el SIDA’ cuando era una lacra que no sabíamos cómo detener? Bueno, al menos no le estaban tirando bengalas.

Esto generó un fuerte apoyo institucional al modelo Demencia. Acompañado de los éxitos deportivos del equipo, aquello fue un fenómeno social en toda regla que nos dejó algunos momentos tan surrealistas como… puramente noventeros.

Un grupo de chavales con chilabas y politos pijos recibiendo el premio 7 estrellas del deporte de la Comunidad de Madrid. La entrega del premio Infantas de España. Los Inhumanos anunciando a bombo y platillo la grabación de un single con la colaboración de la Demencia. Conflictos legales sobre quién tenía registrada la marca “Demencia” tras mostrar interés Burger King en hacer una hamburguesa con su nombre

La Demencia sigue existiendo, claro. No es una peña al uso, ni mucho menos un grupo ultra. Y tiene mérito. Ahora que el Estudiantes ve como un éxito casi inalcanzable entrar en playoff y que a la policía del pensamiento amparada en la ley del deporte ya no le hacen gracia las ironías sobre el fundamentalismo islámico ir a la grada a animar es un acto de fe y no una moda como fue en aquellos primeros 90.

Y esos jóvenes que cuando Pinone colgó las botas estaban pensando si nacer o no, colgaron una pancarta en el homenaje del pasado domingo a aquellos héroes del 92 que resume muy bien el tema: “25 años de resaca”.

fotos cogidas de la publicación original, cedidas por el Estu.

 

 

Ídolos de la infancia (III): Arvydas Sabonis

sabonis1Pues sí, yo del pequeños era del Madrid. Algo de lo que no hablo, pero que en una familia a la que el deporte no le iba ni le venía, lo fácil era ser de la mayoría.: el odioso equipo blanco, el que siempre gana, el que roba jugadores porque puede pagarlos. Pero es lo que había.

Y aunque no entendí de baloncesto hasta años después (y aún me cuesta, sobre todo jugarlo), mis primeros recuerdos son de este tiarrón de 2.21 vestido de blanco. De hecho, no sé porque, le recuerdo tanto tirando tiros libres como dominando en la zona. No conocía gran cosa de él, pero me sonaba junto a nombres como Santos, Arlauckas o Biriukov. El rechazo al equipo donde jugaban, evidentemente, llegó después.

Pocas cuestiones técnicas os podría contar porque yo era demasiado pequeño, pero si que recuerdo aquella derrota en Salamanca contra el gran Rafa Vecina y ese equipo, uno de tantos desaparecidos.

¿Qué contamos del buen Arvydas? (Es posible que para las más jóvenes les sonará más su hijo Domantas, que anda jugando ahora en la NBA.

sabonis2Pues el lituano, aún soviético, que llevó al gran Zalgiris Kaunas a ganar 3 ligas de la URSS seguidas a primeros de los 80. Elegido para jugar en la NBA, la perestroika no llegaba a tanto y tuvo que posponer su llegada a la mejor liga del mundo…muchos más años de lo que él y todo el mundo pensaba.

No por su falta de calidad, o de adaptación al baloncesto internacional. Parte fundamental de la potentísima URSS con Tachenko, Kurtinaitis u Homicius, selección con oros olímpicos, mundiales y europeos. Y con épicos enfrentamientos con otro país desaparecido: La Yugoslavia de Tito y de Petrovic (y tantos y tantos otros…)

Los motivos fueron sus diversas y graves lesiones le llevaron… a Valladolid (otro de los grandes desaparecidos de la ACB, gran recuerdo de viaje estudiantil de joven tengo yo), donde se recuperó de tal manera que es fichado por el Real Madrid, llegando a ganar la Euroliga y siendo pieza básica en el equipo.

Aún así, su posible rendimiento en la NBA era más que dudoso. Su edad (tenía más de 30 años), su pasado de lesiones, la velocidad y fuerza física imprescindible en el yanqui…¿podía con ello?.

sabonis3Pudo. Siete años en Portland Trail Blazers (si, este equipo si me cae bien), importancia en el equipo, nominado a diversos premios y la tranquilidad del deber cumplido antes de volver a Lituania, a su equipo de siempre, a jugar minutos importantes, no creáis que estuvo de paseo.

Y poco más, hay gente que ya cuenta esta historia mejor que yo.

A Sabonis hay algo, que más allá de sus estadísticas, su poderío en la zona (y eso que a mí me gustan los tiradores y jugar por fuera, los pívots no me atraen demasiado la verdad) y su presencia mediática le agradeceré siempre: consiguió hacerme llegar por vez primera ese deporte que se llama BALONCESTO.

 

 

“El ritmo de la cancha” de Jacobo Rivero (Clave intelectual).

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A ver como explicas que has realizado la lectura de un libro hace ya un par de años y de casualidad porque no tenías otro a mano, y que lo quieres reseñar ahora.

En general soy poco de leer libros de temas deportivos. En parte porque creo que no suele haber demasiados de entre ellos que tengan excesivo interés. Y en parte porque no me suele sobrar el tiempo para leer y tengo que seleccionar.

Cuando leo sobre deporte algo más que noticias me gusta mucho mezclarlo tanto con la Historia como con las historias individuales de cada una, las que no salen precisamente en los libros, plagados de estrellas y espectáculo. Quizás por esa cercanía a lo que me gusta quiero recomendaros este texto, que se sale de lo habitual.

Porque al fin y al cabo, el deporte, como parte fundamental de esta sociedad, es política, y esta afecta tantísimo a esa cotidianidad personal que sorprende que nunca salga en las portadas. No, no sorprende, por eso precisamente es necesario hacerlo salir a la luz, para poder realizar una crítica social también desde el deporte.

Son 13 historias a lo largo del siglo XX y que recorren todo el mundo, de las cuales hay alguna que te marca, como la de Donald Angelo Barksdale, primer negro en jugar un All Star.  Porque claro, en una sociedad tan segregada como la yanqui, el deporte estaba en manos de lo blancos.

No es tan conocido desde luego como  John Carlos y Tommie Smith, atletas iconos del Black Power en los JJOO del 68, pero desde luego su figura fue precursora de la entrada masiva de los negros en el deporte de la canasta, del que por razones evidentes son los grandes dominadores.

Claro que hoy en día el basket, y la NBA en particular sigue sufriendo una segregación racial menos visible pero más que evidente en el terreno de los despachos, dejándoles a los negros el honorable  pero reducido espacio de ser las estrellas en el parquet y generar los beneficios necesarios para una clase parasitaria.

Otra historia, quizás la que más me impresionó, es la del grupo de baloncestistas bosnios (hasta poco tiempo antes yugoslavos) que deben romper el cerco de Sarajevo en abril del 93 para ir a jugar el Europeo en Alemania. Impresiona más porque alguno de esos jugadores militaron después en equipos españoles, o que el gran Nenad Markovic, que no participó en ese Europeo pero que es un ídolo para el Estudiantes explique como era esa sociedad que tras la muerte de Tito se devoró a sí misma. Y de la que él tuvo que marchar.

Otras historias van de Egipto a Filipinas, Palestina, o el Berlín de los JJOO del 36 en un completo viaje, que aunque irregular (hay relatos que me llamaron mucho más la atención que otros tanto por la historia en sí como en lo narrativo, lo cual es algo subjetivo, en otros es evidente que no comparto el punto de vista del autor, que al menos, te hace pensar) nos lleva por este planeta basket a plantearnos mucho más de porque entra o no entra la pelotita.

 

 

 

 

Entrevista a ACAB en el fanzine digital deportivo “Deporte de calle”

En el genial fanzine (digital, pero también lo hay en formato papel) “Deporte de calle” realizaron hace meses una entrevista al equipo de basket donde juego, dentro de la Liga Cooperativa de Basket de Madrid.

Aunque la entrevista ya tiene unos meses me parece que refleja muy bien la filosofía tanto de la Liga como del equipo, así que aquí la dejo:

basket

1. Explicarnos bien lo de las las siglas de vuestro equipo ACAB que puede
llevar a buenos entendidos jaja.

El acrónimo viene de Agrupación Celtics de Argüelles Baloncesto. Dejamos las segundas interpretaciones a las que cada cual quiera darle en su cabeza. Odiamos lo que odiamos, y amamos el baloncesto. Es curioso que actualmente creo que no queda nadie de Argüelles, pero por mantener el nombre original decidimos darle una vuelta y de ahí lo de identificarnos más con las siglas ahora.

2- ¿ Quienes componen este gran equipo?

ACAB empezó cuando un grupo de amigos de Argüelles y alrededores que tenían un equipo de futbol y deciden probar a jugar al baloncesto llamándose Celtics de Argüelles, que era parecido a como se llamaba su equipo de futbol, y deciden hacerlo en la liga autogestionada. Poco a poco esos futboleros se cansan del basket y se dedican a lo que realmente les gusta y abandonan el equipo, entrando a formar parte de él amigas de otros muchos barrios y pueblos de Madrid que realmente les apetece jugar a esto por diversión. Entendemos el baloncesto y el equipo como cooperación para pasarlo bien, ya que en esta sociedad cada vez más nos educan desde canis a competir en todos los ámbitos de nuestra vida, y queríamos romper con eso y jugar por el simple placer de divertirnos.

3.Es un equipo multidisciplinar no? Hay varios jugadores que practican otros deportes aparte del de la barra del bar , que no cuenta.

Jugamos también a la petanca, al mus, la pocha, juegos de mesa, incluso alguno al hockey sobre hielo (y no es coña). Hay quien dice que hay gente que practica la natación y salen a correr, pero al ser deportes individuales nadie les ha visto.  Algunas también hacemos montaña y senderismo…¡y no pocas de nosotras! Además de que la montaña tiene gran parte de los valores no competitivos y comunitarios con los que nació la liga. ¿Los pogos en los conciertos cuentan como deporte?

4- ¿Que supone la liga para vosotros? ? ¿ Como entendéis la liga?

Para nosotras la liga ha supuesto un punto de encuentro de una cuadrilla que por temas de la vida y la edad (andamos o sobrepasamos ya la treintena casi todas) estábamos perdiendo un poco el contacto que teníamos cuando andábamos juntas todo el día con 20 años. Además ha entrado mucha gente nueva al equipo que ha pasado a formar parte en cierto modo de ese grupo. Es la hostia volver a juntarnos para jugar al basket, echar unas cerves, y encima en esta liga con el buen rollo que hay conocer a mogollón de gente maja de otros equipos. Entendemos la liga como precisamente eso, un punto de encuentro y diversión relacionado con el deporte más sano, donde la competitividad queda a un lado, y podemos dedicarnos al placer de jugar sin la presión de conseguir ganar. Para nosotras el resultado del partido siempre es positivo aunque perdamos de 50. Podemos ser últimos en la clasificación, pero siempre acabamos la liga contentísimas, ¡porque siempre ganamos! La clasificación no significa una mierda.

5- Veis factible para el año que viene una división sur para los barrios de Madrid  ¿ Que ventajas tendría para vosotros?

Vemos que la liga necesita renovarse de algún modo, porque cada vez va creciendo más, y más rápidamente, así que algo hay que pensar y el tema de divisiones es una buena opción a estudiar. Una división sur nos iría quizás mejor preferiblemente dentro de Madrid, aunque al ser gente de barrios y pueblos distintos nos da un poco lo mismo, siempre nos tenemos que desplazar de algún modo. ¡Iremos donde haga falta!

6 -¿ Objetivos de victoria para este año? ¿ Cual es vuestro equipo amigo a batir? ¿ El gran derbi de las aficiones?.

Ya decimos que en nuestro caso el resultado es lo de menos en los partidos. Quizás nuestro equipo a batir sean la buena gente de Paralimpiakos de la Alameda, ya que vemos que entienden la liga y el deporte del mismo modo que nosotras (salvo el Iñigo que es un picao jaja), pero es una competición a ver quién se lo pasa mejor, y normalmente siempre quedamos en empate.

Otros equipos como CTG, Estudiantes 97 o el Puñal que son viejos amigos nuestros de correrías en la Demencia y otras historias también nos motivan especialmente para pasárnoslo mejor si cabe jugando contra ellos.

7- tenemos entendido que sois muy atletas. ¿ Sois de bebida energética
durante los partidos ?

Bastante tenemos con no desmayarnos durante los partidos, así que intentamos dejar las bebidas isotónicas para después (porque entendemos que os referís a la cerveza, ¿no? No conocemos más bebidas reponedoras). La edad se nota, ya os tocará, cabrones.

8-¿ Vuestro partido mas divertido? Contarnos esas anécdotas con sabor.

Uau, no sabríamos elegir uno en particular. Recordamos siempre con especial cariño los que hemos jugado en la Alameda, por lo bien que nos reciben allí, tanto que no nos importa ir hasta Guadalajara para jugar al baloncesto. En cuanto a las anécdotas más curiosas, quizás que ganamos 2 partidos el año pasado, aún no nos explicamos cómo lo conseguimos jaja.

9 – Alguna vieja gloria del basket en vuestras filas. ¿ Tenéis algún fichaje prometedor entre manos?

Viejas glorias todas las que jugamos, que vamos teniendo una edad. Otra vez: cabrones, ya os llegará. Estamos en negociaciones con un campeón de lanzamiento de boomerang, a ver si conseguimos aportar algo de tiro exterior en nuestro equipo, y si no fijo que le sacamos alguna utilidad.

10-¿ A que retariais a otro equipo?

A algunos a leer unos cuantos libros, sobre todo a aquellos jugadores que no paran de soltar frases homófobas y sexistas en los partidos, que desgraciadamente en esta liga todavía se oyen y habría que trabajarlo un poquito en los equipos. A otros a que jueguen algún partido sin apuntar ni recordar el resultado, estamos convencidas de que también sabrán divertirse. A las demás a que se tomen unos potes con nosotras, seguro que lo pasamos bien.

Pd :; nos veremos en el proximo mundualito antiracista.

¡Por supuesto! Ama el basket, odia el racismo 😉

“Las niñas perdidas del baloncesto”‏

 

 Por fin tengo el honor de inaugurar la sección de colaboraciones. Un buen amigo y gran conocedor del baloncesto es quién, tras algún retraso por la vida ajetreada que llevamos, se encargará de ello, haciendo además que este blog no se convierta en uno monotemático de montaña.

Sin más preámbulo, os dejamos con un interesante y conciso análisis del baloncesto femenino de cantera, sus posibilidades y los porqués de su papel secundario respecto al masculino.

 

Llevaba un tiempo pidiéndome el señor administrador de “Baja montaña” que le escribiera algo de baloncesto de formación, de la tan trillada “cantera”. Lo hace pensando que algo sabría del tema porque llevo cerca de una década trabajando en el Departamento de Comunicación del Estudiante, un club madrileño de baloncesto surgido en el instituto Ramiro de Maeztu en 1948 y cuya una de sus señas de identidad más conocidas es precisamente eso: trabajar con la cantera.
Pero mi duda era ¿cómo enfocarlo? ¿explicar qué es la cantera? ¿cómo se trabaja? ¿el eterno debate de “qué es cantera y qué no”? ¿por qué nos pone tanto a las personas aficionadas a un deporte que jueguen los jóvenes? Hay millones de temas que tratar sobre esto…
En estas estaba, hasta que se me encendió la bombilla haciendo un repaso al dossier de selecciones españolas que competirán este verano 2015 y reparar en un dato: en la selección femenina 10 de las 15 seleccionadas de la sub-20 juegan en la liga universitaria estadounidense; mientras que en la masculina de la misma edad sólo cuatro no juegan en equipos españoles, la mayoría cantera de clubes ACB.
Esto, lejos de ser una anécdota, es un síntoma. Como pasa en casi todos los deportes -y me refiero siempre a deporte de competición, más o menos de élite, federado, regulado y en ligas y competiciones que mueven dinero,no al que jugamos por puro ocio o salud- el deporte femenino tiene mucho menos eco y recursos económicos que el masculino. Aunque el baloncesto sea desde hace muchos años el deporte donde más mujeres están federadas y los éxitos internacionales estén a la orden del día… las ligas están para echarse a temblar.
Un poco de contexto
Para poner un poco en contexto a quienes conozcáis menos el mapa del baloncesto español, hay una primera división, llamada “Liga Femenina” (qué alarde de imaginación, eh), y una segunda que se llama, atención porque nunca lo hubierais imaginado, “Liga Femenina 2”. Ambas competiciones, en teoría profesionales, son organizadas por la Federación Española de Baloncesto.
Remarco lo de “en teoría profesionales” porque en los últimos años, con el cierre del grifo del dinero público y el petardazo de la construcción… los presupuestos cada vez son más exiguos. Y realmente, ni por abonos, ni por publicidad ni mucho menos por televisión estas ligas generaban el dinero para que se pagaran las fichas que se estaban pagando. Ahora, sobre todo en LF2, las profesionales son minoría. Son cada vez más los casos de jugadoras muy jóvenes compaginan sus estudios o trabajos con la exigencia de una liga nacional: desplazamientos, entrenamientos diarios… a cambio, en el mejor de los casos, de cuatro duros.
Ey, ¿pero no ibas a hablar de cantera? ¿qué rollo de profesionales me cuentas? Sí, sí, lo siento. Era para poner algo en contexto el tema.
El basket es para ellos y para ellas
El baloncesto es uno de los deportes de equipo más populares entre la gente joven, y donde probablemente menos marcada sea la diferencia entre géneros. Hay deportes donde sigue estando el topicazo de “deporte de chicas”, “deporte de chicos” porque lo practican más unas u otros; y eso en basket pasa menos. Aunque quede muchísimo camino por recorrer, en la mayoría de poblaciones españolas si una niña quiere jugar al baloncesto tendrá las mismas opciones que un niño en colegios, escuelas de baloncesto, clubes de barrio…
En basket, como en la mayoría de deportes, cuando se empieza con muy poquitos años, se hace sin separar. Niños y niñas juntos. En minibasket son muy habituales los equipos mixtos; y luego algo más mayores ya sí que se separa: las condiciones físicas son diferentes y hay que adaptar tanto la formación como la competición a cada realidad. Algo que pasa a menudo en muchos deportes y que es una auténtica pena es que llegado ese momento… muchas niñas tienen que dejar de jugar a ese deporte o vivir auténticas odiseas (pelear porque hagan excepción y la dejen jugar en equipos de chicos, irse a otras ciudades…) porque no hay suficientes niñas inscritas para sacar equipo, o hacer una liga donde vive. Eso es baloncesto, en entornos urbanos, es muy raro.
En España hay clubes de baloncesto mixtos – a veces con un primer equipo en categoría nacional masculina o femenina que es el motor y referente del resto del club- pero también específicos de baloncesto masculino o baloncesto femenino. Mi ideal, claro, es que sean mixtos. Pero por ejemplo, un club como donde yo trabajo, el Estudiantes, sólo tiene equipos femeninos desde hace 25 años, el reciente 1989. Antes se pasó 41 de sus 67 años de historia siendo un “bosque de nabos”.
 
El bajón de las juniors
A nivel de alta competición en basket formativo, las distintas Federaciones tratan prácticamente igual los Campeonatos de chicos y chicas desde hace ya muchos años. Hay diferencias en el modo de entrenar, claro. Porque cada sexo tiene su modo de crecer, su físico y también – eso es así aunque no debiera- sus roles sociales marcados. Hombres y mujeres somos equivalentes en derechos, pero no somos iguales. Ni falta que hace, la diferencia es algo a reivindicar.
Y aquí llega un problema que me han comentado ya varios entrenadores de distintos clubes (sí, he dicho entrenadores. En masculino. Siguen siendo minoría las entrenadoras, incluso en equipos de mujeres en edad de formación y creo que está directamente relacionado con lo que voy a contar ahora): hay una tasa muy alta de abandono del baloncesto entre jugadoras de categoría junior, esto es, 16-17 años.
No dispongo de datos oficiales sobre esto, ni me consta que haya un estudio serio analizándolo, pero es algo que he visto más a menudo de lo que creía. Chicas a las que el baloncesto les apasiona, que se han pasado toda su infancia y adolescencia de aquí para allá con los pantalones cortos y el balón. Que han llegado a ganar títulos y que no se planteaban como opción no ir a entrenar o jugar porque tuvieran cualquier otro plan… de golpe y porrazo, llega el bachillerato… y cuelgan las botas. 
¡Qué edad más puñetera! Esto en masculino, sin embargo, pasa mucho menos, es menos marcado. Hablando de clubes de primer nivel, un chico de 16-17 años que destaca en un Junior A de un club potente tiene opciones reales de ser profesional del baloncesto. Algunos incluso han podido entrenar ya con el primer equipo. No todos van a ser Ricky Rubio que debutó con 14 primaveras, pero con 16 muchos ya tienen agentes y ojeadores muy atentos a sus progresiones. Cuando otros chicos de su edad se plantean qué van a estudiar o si dejarlo para ponerse a currar, ellos se plantean cómo van a dar el salto a categoría profesional. El basket ha dejado de ser un hobbie, una pasión: es también el modo del que van a ganarse la vida.
Sin embargo, una jugadora española de esa edad tiene los mismos problemas e inquietudes que cualquier otra chica… pero sin apenas opciones reales de que esa pasión por la pelotita les sirva de algo útil. Van a tener que estudiar, o que trabajar; mientras que el hobbie del baloncesto le va a exigir cada vez más. Entrenamientos a horas absurdas para poder ir después de clase, incómodos desplazamientos en el día a la otra punta del país para jugar en una categoría nacional.
Abandono o exilio
Muchas no aguantan esa presión y, aunque por nivel podrían jugar en categorías superiores, juegan en categorías más bajas con menos exigencia competitiva o directamente dejan el basket para centrarse en “hacer algo de provecho”. Y también en tener algo de tiempo libre para otros hobbies o incluso obligaciones que la sociedad patriarcal dice que tiene que tener una chica de 17 años: echarse novio y demás, irse preparando para ser madre trabajadora.
Otras han encontrado en el baloncesto universitario estadounidense, la popular NCAA, una solución a muchos de estos problemas. En Estados Unidos se dan becas a deportistas para que puedan estudiar en sus carísimos centros a cambio de defender el nombre de la universidad; y muchas jugadoras han apostado por cruzar el charco: el baloncesto no les dará de comer pero les ha costeado unos costosos estudios en el extranjero. El dato que comentaba al empezar el artículo. También pasa en chicos, pero a un nivel más bajo. En categoría femenina es un auténtico éxodo.
Y otras, cada vez menos, llegan a ser profesionales sin salir de España… y a los dos o tres años se van a ligas de mayor potencial económico como la turca, la rusa o la francesa. De las 12 jugadoras que defenderán estos días en Hungría el oro europeo de España, sólo tres han jugado este año en Liga Femenina. Otro éxodo.
Pero cuando una niña descubre de pequeñita que eso de meter la pelotita en el aro le gusta… toda esta mierda no le importa. Ni debe importarle lo más mínimo. Pero no olvidemos que el deporte, y más el de equipo, no es ninguna burbuja. Es parte de la vida real, y sus problemas, alegrías, pasiones y miserias también llegan ahí.

Santi Escribano @santiescribano

Periodista y gestor de redes sociales.
(Club Estudiantes; Tú al Ramiro y yo a Badalona; Speakerman…)

Entrevista a la Liga Cooperativa de basket de Madrid en el Todo por Hacer

Aprovecho para copiar aquí una interesante entrevista que el periódico anarquista Todo por Hacer realiza a la liga de basket cooperativa de Madrid, donde un servidor tiene la suerte de jugar en el peor y más simpático equipo de toda la competición:

 

Hace ya tiempo que veníamos dándole vueltas a la idea de empezar a publicar en el periódico una pequeña sección de deporte. Una serie de textos, entrevistas o reflexiones que podamos sacar de vez en cuando sobre un tema que nos interesa por muchas razones. La primera, y más importante, que nos gusta el deporte, nos gusta practicarlo y nos gus­ta verlo, disfrutamos con ello. La segunda, que entendemos el deporte como una actividad de ocio, salud, conocimiento y sociabilización que nos gustaría ver alejada de la mercantilización que acompaña a toda nuestra vida, y es por ello que creemos importante generar alternativas propias en este sentido. Sin más, nos apetece darle espacio a este tema ahora que comienza esta nueva temporada, y para ir abriendo boca, qué mejor que acercar­nos a una iniciativa de deporte autogestiona­do en nuestra ciudad, la Liga Cooperativa de Basket, que ya va a por el tercer año de fun­cionamiento. Así que aquí os dejamos la pe­queña entrevista que realizamos al Grupo de Trabajo de la Liga Cooperativa de Basket. Desde estas líneas les agradecemos su rápida respuesta a nuestras preguntas y les felicitamos por su enorme curro con esta liga de baloncesto.

-Lo primero sería preguntaros cómo surge esta iniciativa, cuándo y, vamos, que nos describáis un poco vuestra idea de liga cooperativa. ¿Cuáles son los obje­tivos que os planteasteis al comenzar con este proyecto?

Esta iniciativa surge entre un grupo de amigos que en el verano de 2012 quedaron a jugar basket1varias veces al baloncesto en las canchas de los barrios de Hortaleza y Chamartín (aunque en realidad se podría acotar al barrio de Prosperidad). Entonces, aunque esos partidillos nos hacían disfrutar, solía ser difícil contactar con la gente y solía­mos ser bastantes pocos. A esto se le sumó la intuición que teníamos de que habría más grupos de amigos que se reunieran a jugar al baloncesto en el barrio de la misma forma que nosotros. Entonces, fue ahí cuando surgió la idea de darle un formato más completo a esas “pachangas” que jugábamos entre amigos para poder establecer, al menos, un partido a la semana y así juntarnos con otra gente del barrio. Eso sí, sin que tener asumir el coste económico ni las rigide­ces impuestas por las ligas privadas, federadas o municipales.

En este sentido, considerando que debemos empoderarnos de nuestros barrios y de nuestro ocio, otra de nuestras inquietudes era fomentar un deporte diferente al que estamos habituados, es decir, generar un nuevo paradigma acorde a nuestras inquietudes y necesidades donde se fomentaran los verdaderos valores del de­porte. Luego, poco a poco, gracias a la participación de lxs que se apuntaron a la Liga y acudieron a las asambleas fuimos creando el formato, las normas y adquiriendo un sustento mayor. Actual­mente no es sólo una vía para jugar al baloncesto sino un proyecto más amplio que pretende generar una alternativa de ocio basada en la práctica del deporte de una forma saludable y solidaria y en la participación activa, la autogestión y la gratuidad.

Además también forma parte de nuestros objetivos la protesta por el mal estado de las canchas públicas y por los precios abusivos de las ligas municipales. En suma, nuestra reivindicación se fun­damenta en que la práctica del deporte no tenga que regirse por criterios de rentabilidad y que permita la participación activa de lxs deportistas en todas las cuestiones relacionadas con ello. Por tanto, la Liga es un fin en sí mismo pero a la vez es un medio para generar redes de cooperación y participación en los barrios.

-Habiendo participado muchos de nosotros/as desde peque­ños en ligas municipales y federadas de basket y fútbol, al final te acostumbras a tenerlo todo hecho, y no te planteas realmen­te el curro que requiere llevarlo a adelante. En ese sentido, po­déis explicarnos un poco cómo lo gestionáis y qué os requiere, más si cabe cuando proponéis una forma diferente de proyecto, desde una posición de horizontalidad, lo que por tanto impli­ca una responsabilidad mayor por parte de todos/as. ¿Cuál es la implicación de los equipos en el funcionamiento de la liga? ¿Cómo se reparten las tareas?

Este es uno de los puntos fundamentales del Proyecto puesto que entendemos que una de las virtudes de esta forma de hacer deporte es la de poder decidir nosotrxs mismxs los términos y las condiciones de la Liga, algo impensable en muchos ámbitos de nuestras vidas. Noso­trxs nos organizamos mediante asambleas, con una frecuencia trimestral aproximada­mente, en las que se deciden conjuntamente cuestiones como el formato de la Liga, los medios para autofinanciarnos o las normas de juego. Además a finales de la tempora­da pasada se generó un “Grupo de trabajo” para no dejar desatendida ninguna de las ideas que habían surgido. En gran medida, esto nos permitió, mediante el gran trabajo conjunto de dicho Grupo y otrxs partici­pantes, organizar una gran jornada final, en el Campo de la Cebada, en la que hubo partidos 3×3 y 4×4, las finales de la Liga cooperativa, una rifa solidaria y un gran ambiente de baloncesto!

Siendo realistas y críticos con nuestras propias dinámicas es cierto que, como en muchas otras facetas de la vida, estamos acos­tumbradxs a delegar a otrxs nuestro poder de decisión por diferen­tes motivos: falta de interés, de motivación o de vías para ejercerlo. En este sentido, nosotros hasta ahora hemos experimentado esto en gran medida ya que varios equipos que han participado en la Liga no se han involucrado del todo en la organización y el funcio­namiento del Proyecto. Para la gente más implicada ha supuesto una dosis de realidad ya que nos ha hecho darnos cuenta de que no es nada sencillo cambiar las dinámicas de participación sólo por organizar asambleas y hacer las cosas de forma cooperativa. Por tanto, una de las cuestiones en las que más nos estamos centrando es en que la mayoría de lxs participantes quieran seguir dando forma y construyendo este Proyecto de la forma más horizontal y participativa posible.

-Una de las cosas que más nos interesa de vuestra forma de funcionar es el planteamiento que hacéis del deporte, como una forma de ocio, crecimiento personal y colectivo, alejado de los valores del deporte profesional de hoy en día. En ese sentido, vemos que, por ejemplo, los partidos son arbitrados por los pro­pios equipos (que llevan también la mesa, faltas, tiempos…). ¿Cómo funciona esto? ¿Da problemas? ¿Qué tipo de relaciones se generan entre los equipos?LOGOS-BASKET-color (1)

La mayoría de gente que participa en la Liga ha jugado en equipos y en competiciones, a diferentes niveles, en las que priman los valores del deporte profesional: competitividad, sentimiento de superioridad, etc. Conforme se van integrando en el Proyecto se puede percibir un cambio de lógica y de motivación a la hora de afrontar un partido de baloncesto. Esto se puede comprender fácilmente sabiendo que la mayoría de los partidos son un punto de encuentro con amigxs y compañerxs –en la Liga hay constante­mente partidos en los que hay amigxs en ambos equipos y suele ha­ber gente en las gradas–. Además lxs participantes entienden que» 12

los partidos de la Liga son mo­mentos de ocio en los que la pre­disposición gene­ral es de disfrutar del deporte y no de reprender fa­llos o errores.

En este sen­tido, un punto clave de nuestra Liga fue la de­cisión de que los partidos sean ar­bitrados por los propios equipos. Es cierto que hay ocasiones en los que los puntos de vista de dos equi­pos rivales son diferentes pero ahí se suele parar el tiempo y se ex­presan todas las posturas hasta que alguien cede o se llega a un acuerdo. Más allá de eso, lo más relevante de esta cuestión es el cambio de dinámica con respecto a otras competiciones convencionales. En éstas, la figura del árbitro suele tener importancia en la mayoría de los par­tidos ya que es habitual que lxs jugadorxs busquen la pillería o la forma de engañar al árbitro para salir beneficiadxs. En los partidos de la Liga Cooperativa de Basket es fácilmente apreciable que la gente juega sin preocuparse de eso y que está predispuesta a jugar de forma honesta y sin “malos rollos”.

-Por otro lado, jugando como lo hacéis principalmente en canchas municipales, ¿cómo las encontráis (ya que desde nuestra experiencia están, las que van quedando, cada vez peor cuidadas)? ¿Valoráis la opción de adecentarlas voso­tros/as mismos/as?

El estado general de las canchas públicas de nuestros barrios es bastante precario: aros y tableros rotos, pavimentos destrozados, líneas invisibles, etc. A esto se le junta que nuestras necesidades restringen bastante las canchas que podemos utilizar ya que es necesario que tengan luces (muchos partidos son en invierno y a las seis de la tarde ya suele ser de noche) y que no suelan ser muy utilizadas por lxs vecinxs que no pertenecen a la Liga. Todo esto supone que la mayoría de partidos de la Liga se jueguen en tres o cuatro campos del barrio.

Precisamente el que más frecuentamos, el Parque Rojo, fue uno de los focos de nuestras protestas la temporada pasada. Después de haber arreglado nosotros mismos un aro el año anterior, esta temporada un aro se rompió completamente y el pavimento, que tenía baches y agujeros, provocó heridas graves a un jugador que se cayó durante un partido. A partir de ahí, empezamos a hacer una campaña interna de movilización para presionar a la Junta municipal con el objetivo de que arreglaran la cancha y así poder utilizarla de forma segura y continuada. Tras varios obstáculos y reclamaciones perdidas por la Administración, conseguimos que pavimentaran la cancha y que cambiaran los aros. Para nosotros fue todo un éxito!

En cualquier caso, aunque nuestros medios son limitados, sí in­tentamos mejorar el estado de las canchas que utilizamos ponien­do redes en los aros o manteniendo limpias las canchas. Incluso al final de la temporada pasada, un grupo de gente de la Liga ayudó a la Asamblea del Campo de la Cebada, lugar que nos cedieron para la celebración de la jornada final de la 2ª temporada de la Liga Cooperativa de Basket, a pintar las líneas de la cancha que tienen allí. Aunque fue una tarea más compleja de lo que pensábamos, quedamos muy satisfechxs!

-Ya por último, lo que empieza como un proyecto local (centrado en Hortaleza y Chamartín) y con 8 equipos, cre­ce en un año hasta los 24 equipos. ¿Cómo lo valoráis a dos años vista?¿Qué idea de futuro tenéis? ¿En qué creéis que podéis (o vais a intentar) mejorar? ¿Y de cara a quienes quieran participar de nuevas, cómo y cuándo pueden ins­cribirse?

Realmente en lo que se refiere a la Liga de Basket Coopera­tiva, el punto más importante a mejorar es conseguir una impli­cación y participación efectiva de todos los equipos que integran la Liga. Ahora ya no difundimos la idea de gratuidad puesto que entendemos que la participación en el Proyecto no conlleva coste económico pero sí la implicación en el trabajo de organización y ejecución de todas las tareas. Por ello, trataremos de mejorar las dinámicas entre todxs lxs participantes en base a algunas ideas que trataremos de desarrollar a lo largo de la próxima temporada para intensificar las relaciones entre todxs lxs jugadorxs. Por ejemplo, intentaremos generar un foro que sirva como medio de comunica­ción y de apoyo entre todxs, es decir, que se pueda compartir desde que alguien se ha enterado de una oferta de trabajo a cuestiones de ocio o de debate político. Por otro lado, ya a finales de la tem­porada pasada se puso en marcha la Liga Cooperativa de fútbol sala, algo en lo que queremos seguir trabajando para aprovechar la capacidad de extensión del formato, el cual ya está asentado en el baloncesto.

En cualquier caso, a lo largo de estos dos años, desde la Liga en al­guna ocasión hemos fantaseado acerca de la dimensión y el potencial del Proyecto. A día de hoy, lo cierto es que nos gustaría asentarnos en los barrios en los que ya tenemos presencia y además poder compartir nuestra forma de entender el deporte y la experiencia de autogestio­nar la práctica del deporte cada vez con más gente. En este sentido, estaríamos encantadxs de aportar nuestra experiencia organizativa y de ponerla a disposición de aquellxs que quieran montar proyectos similares en sus barrios. Si consiguiéramos esto, la gente lo podría te­ner en cuenta como una alternativa diferente a las ligas municipales.

Para esta próxima temporada, el período de pre-inscripción de la Liga Cooperativa de Basket será entre el 1 y el 20 de septiembre y la asamblea en la que se formalizarán las inscripciones y en la que fijare­mos todas las cuestiones relacionadas con la Liga será el domingo 21 de septiembre (lugar y hora pendientes de confirmar). Ya en octubre empezará a botar el balón! Si alguien está interesado en participar nuestra dirección de correo es: ligabasketcooperativa@gmail.com

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Recuerdos de basket

El primer recuerdo, borroso, que tienes que buscar y rebuscar. Un pabellón perdido en alguna ciudad de la periferia de Madrid. Una obra en la que tu padre había trabajado de vigilante. Como recompensa había recibido entradas para el partido inaugural.

Figuras veloces moviéndose abajo, en la pista. Te gusta imaginar que quien jugaba era el Madrid contra algún equipo soviético o yugoslavo. Con cuatro o cinco años no se pueden recordar muchas más cosas.

Años después, aquel triple de Corny Thompson. En realidad no recuerdo si lo vi realmente, si lo escuché por la radio o si más bien es un recuerdo inventado. Aún así soy capaz de visualizar aquel escorzo imposible y de sentir la emoción de aquel triunfo.

Sabonis tirando un uno más uno y el Madrid perdiendo con el Salamanca de Rafa Vecina, ese tío que siempre parecía a punto de la retirada. Y la gente de Salamanca debía de ser feliz con él.

El Mundial del noventaycuatro (¿o era el del noventayocho?) y los fracasos de cuando aun no éramos los mejores. Preludio y espejo de los que nunca jamás seremos los mejores en nada.

Chandler Thompson, al que recuerdo más por el PC Basket 3.0, en el que se colgaba que daba gusto -el pixelado tan solo añadía aún más fuerza a la imagen- que del mundo real.

En ese juego el pobre de Crujeiras siempre acababa muerto y claro, nadie quería pedirse al Ourense.

En este PC Basket 3, juego al que dedicamos muchos años más de su vida útil, mi hermano se dedicaba a aumentar su distancia en el marcador un día detrás de otro cual Saturno incansable, ebrio de machacar pequeños equipos.

Los destrozaba y el cabrón encima se reía. Y lo que es peor; me ganaba cuando jugaba contra él y encima dejaba el teclado graso de las patatas fritas que engullía al mismo tiempo que a equipos como el Murcia o el Orense del pobre de Crujeiras.

La cancha del Egido, donde te colabas a jugar durante horas y a beber litronas, que para eso tenías 14 años. Claro, en pleno centro del pueblo y a las seis de la tarde, ¿cómo querías que se enteraran tus padres?

Mi primer partido ACB y encima un derbi Estu-Madrid. La pasma y los nazis, y los dementes riéndose de ambos. Y no entender ni los pasos ni las faltas ni nada de nada, solo que no importaba demasiado perder.

Mi único viaje con la Demencia. Valladolid, quien sabe cuantos años han pasado. Solo que yo era abstemio y el recuerdo de los litros de alcohol y el bar de los Puagh y botellón y unos costras saliendo de quien sabe donde y pintadas defendiendo la cocaína y gente subida a una farola. No se quien ganó y se me hacía pesado tanto porro y tanto mini, pero cada vez que me acuerdo me descojono de risa. Ah! Y esa noche, además, cambiaban la hora.

Ponerse a jugar al basket pasados los años de la adolescencia, con una panda de punkis en el centro de Madrid y que unos tipos que se parecían en mucho a los temidos Latin Kings (o a los Ñetas o vete tú a saber) se queden flipando de tal manera que ni siquiera se puedan reír de nosotros. Claro, a la siguiente quedada nos fuimos a jugar al fútbol, que al menos era más fácil.

Pasear por Badalona escuchando a través de los pabellones de los coles las zapas y el botar de los balones, muriéndome de envidia. Estar en una ciudad donde los chavales juegan al basket en vez de al fútbol. E ir al Olimpic, volver a casa andando por ese barrio e imaginarme al Dream Team paseando por la noche igual que yo. Seguro que echaban de menos hasta el doomtown de Detroit.

Jugar al basket mientras vivía en Barcelona. En el parque de tierra de un barrio inhóspito con mi balón de calaveras (regalo de cumpleaños).

En la plaza de La Farga a todas horas, compartiendo cervezas, defendiendo como griegos, perdiendo con los dominicanos, intentando saber quien me daba con el tirachinas a las doce de la noche.

Echar unos tiritos en el patio de una casa okupada en Tesalónica…que era un antiguo orfanato y cuyos habitantes eran además hinchas de Iraklis. Perdí, pero como entenderéis eso era lo de menos.

El Oviedo Baloncesto. Ver un club desde dentro, que te traten como si fueras de casa, tener a medio metro de mí a jugadores que acabaron en ACB, que juegan a cinco minutos de tu casa en el barrio más humilde de la ciudad y en un pabellón que hace al Magata un pabellón NBA. Que te guste tanto que viajes a Lugo no a las fiestas ni a comer empanada…sino a ver el debut del equipo de tu ciudad adoptiva en LEB Oro.

Echar unas canastas contra mi hermano en el último pueblo de Irlanda. Bueno, solo hasta que nos echó el director del colegio después de indagar si éramos lugareños.

Eso sí, antes le conseguí ganar con mi tirito de toda la vida desde tres-cuatro metros aunque el cabrón me posteaba que da miedo. Aunque ahora que sé lo que significa flotar tengo un recurso definitivo contra él (y vengarme de las humillaciones sufridas en el PC Basket).

Y claro, acabamos tomando cervezas.

Repetir en Pinto bajo aguanieve y hacer mates al límite del ridículo en canastas de niños pequeños.

Jugar en Oviedo. Con lluvia, en canastas desastrosas, por la mañana, a media tarde y hasta de madrugada. Intentar movimientos de jugador de verdad y creerme un escolta yugoslavo de los ochenta.

Jugar mientras hablas de la NBA, del Estu, de jugadas del Chacho, del OCB, de la afición de la Penya, de política y del trabajo.

Jugar si llueve, si hace frío, jugar si estás en el paro o porque tienes tiempo antes del trabajo.

Jugar porque sí.