Unos días por los Tatras (Día 3): Por los Tatras Blancos hacia el collado de Siroké.

Para acabar con nuestros tres días en los Tatras, nos desplazamos a Eslovaquia, país al que pertenecen la mayor parte de estas montañas, aunque hasta el momento solo habíamos estado en la línea fronteriza.

Nos acercamos en autobús al bonito pueblo de Zdiar, bonito pueblo perteneciente a la cultura goral y con una cantidad muy alta de casas tradicionales, aunque la mayoría sean a día de hoy establecimientos turísticos.

Una vez dejadas nuestras cosas, solo tenemos que buscar la entrada al valle de Monkova, perfectamente señalizada de nuevo, en este caso por el organismo del PN de allí.

Una vez allí, iremos por un tramo de pista asfaltada hacia el vetusto Hotel Magura, donde ya nos meteremos en pista de tierra.

Desde aquí ya vemos el paso al que nos dirigimos, así como los picos que lo acompañan; todo ello es zona protegida y está prohibido el tránsito, exceptuando el sendero por el que vamos a transitar, que de hecho solo está abierto unos meses al año.

Porque los Belianske Tatry, o Tatras Blancos (por el color que le da su piedra caliza), son una de las joyas de Centroeuropa.

Aquí podemos encontrar lobos, urogallos, águilas y osos, de los cuales aquí hay una de las poblaciones más interesantes de Europa.

Todo ello hizo que esta zona se considere como Reserva Integral, y que toda actividad humana esté restringida.

De hecho, se nota que el entorno es mucho más salvaje que la zona de Zakopane, los bosques más cuidados y la gente (en general) más respetuosa. Y tenemos la suerte de estar aquí.

Pasando la caseta del guarda, en la que en principio también hay que pagar pero que en este caso esta vacía, nos metemos en el bosque en un primer tramo suave, en el que podemos disfrutar del silencio y la tranquilidad que no tuvimos los días anteriores.

El entorno es maravilloso, es una pena que las fotos no hagan justicia. Da para varios días esta zona, pues hay senderos que van por el valle en la zona que no está protegida, y además este propio sendero es ideal para el avistamiento de fauna.

Tras pasar un puente sobre el río, empieza la bueno: una subida brutal de 900 metros de desnivel en 6 kms; el cansancio acumulado se nota y va costando la subida en medio de una humedad bastante alta.

Al rato, cuando el bosque clarea, tenemos una magnífica visión de Zdiar y de los campos que lo circundan. El camino se hace más claro aunque sigue siendo  duro.

En ocasiones da la sensación de que queda poco, pero la sensación engaña, pues la llegada al collado es más larga de lo que parece.

Eso si, el salir de un valle tan encajonado y que se abre luego de una forma tan tremenda es una imagen espectacular. Y quedaba lo mejor.

Que es la llegada al collado de Siroké, a 1825 msnm, donde te encuentras los Altos Tatras literalmente delante de las narices.

Es una pena que solo me pueda quedar veinte minutitos aquí, por que es un lugar para quedarse una tarde entera.

Como decía, los picos que dejas en el collado a derecha e izquierda (todos por encima de los dos mil metros) son zona protegida, pero se puede bajar hacia los valles eslovacos y realizar múltiples actividades. A mí me toca dar la vuelta a disfrutar y sufrir una incómoda bajada que de me dejará de nuevo en Zdiar por el mismo camino de la idea.

 

 

 

 

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Unos días por los Tatras (Día 2): Desde Kuznice por el monte Kasprowy hasta el Swinica. Un balcón a los Altos Tatras.

Tras el esfuerzo del día anterior, las cervezas de medio litro y los monumentos católicos de un feísmo incomparable, volvemos a madrugar para, yendo en dirección Este, unir los Tatras del Oeste con el primer pico de los Altos Tatras, el Swinica, que con 2301 msnm será nuestro techo particular de estos días.

En esta jornada tendremos la suerte de poder pisar los tres ambientes propios de esta zona como son los densos bosques de abeto y piceas, cumbres rocosas por encima de los dos mil metros y lagos de origen glaciar.

Para comenzar, nos vamos a aproximar al núcleo “rural” de Kuznice en uno de los incontables autobuses que pasan cada poco.

Y ponemos esto entre comillas porque esto parecía más bien un parque de atracciones que la entrada de un parque nacional, lo que sufriremos durante todo el día y hará perder algo del encanto evidente que poseen estas montañas.

Tras pagar la tasa correspondiente (en algunos de los senderos de entrada a los valles se paga algo para el mantenimiento del parque nacional)  cogemos el sendero marcado con franja verde que nos subirá (como no, en ascenso de unos mil metros de desnivel positivo) por el valle de Bistrej hacia el primer pico del día, el Kasprowy (1987 msnm), imponente altitud coronada por un observatorio meteorológico…y una estación para un teleférico que lo une con el valle.

Lo que explica que esté tan concurrido; a pesar de todo, el sendero es bastante bonito y pocas veces queda estropeado visualmente.

Los montes Cervené y el pico Giewont, a la derecha.

El sendero empedrado a subiendo sin ninguna dificultad técnica, pero con bastante exigencia física, mientras el bosque va clareando.

El pico en si es ahora mismo un amasijo de construcciones y gente, pero la visión de los Altos Tatras, la primera que tenemos en estos días, nos impresiona.

Hacia el Beskid y los Altos Tatras.

A partir de aquí, cogemos el sendero marcado en rojo que hacia el Este, y siendo de nuevo frontera con Eslovaquia, nos llevará por toda la línea de cumbres, bordeando alguna de ellas hasta llegar al Swinica.

Primero coronaremos un paso en el camino como es el Beskid (2014 msnm), para tras pasar el collado de Posrednia, encarar la subida al Swinica.

Que ya se ve que es otra cosa. El pico “de enlace” entre ambos Tatras, sin tener gran dificultad técnica, ya es bastante más rocoso, complicado y con algunos pasos en los que hay que poner las manos.

Hay muchas zonas encadenadas, aunque muchas de ellas no tienen sentido y lo único que hacer es añadir riesgo y dificultad a las muchas personas que por allí pasamos. Porque esto está lleno de gente, y bastantes de ellas no tienen mucha experiencia como montañeros, con los problemas que ello conlleva (cosas de humanizar el monte para que cualquiera sin el mínimo de preparación pueda ir).

Eso si, desde aquí ya tenemos vista a los tremendos lagos de la vertiente polaca por la que bajaremos luego; solo por eso, por los valles eslovacos y los Altos Tatras merece la pena el sofocón.

Así que llegamos a la atestada cumbre, foto rápida (porque no se puede hacer otra cosa) y para abajo intentando que nadie te chafe con la cadena o te tire una piedra.

Porque de verdad que el sitio es precioso, pero las aglomeraciones le quitan encanto.

Nuestra idea era seguir adelante y bajar por el collado de Zawrat, un brutal paso encajonado en el que parece que (ahí si) son imprescindibles las cadenas.

Lo malo es que está cerrado por desprendimientos, así que volvemos hacia el collado anterior e iniciamos un bonito y rápido descenso hacia los lagos y el refugio de Murowaniec por un sendero marcado en negro.

El refugio estaba lleno hasta los topes, aunque echando un vistazo dentro se observa la belleza de la construcción.

Así que continuamos enlazando alguno de los múltiples caminos para volver a Kuznice, todos ellos perfectamente balizados, y volver a nuestro alojamiento en bus.

Mañana espera Eslovaquia y la zona de especial protección de los Tatras Blancos.

 

 

 

 

Unos días por los Tatras (Día 1): Pico Giewont y Tatras del Oeste desde Zakopane.

Años queriendo ir a los Tatras. Años.

El cariño a un país como Polonia, la historia de los himalayistas criados en esas montañas, su flora y fauna… y por fin hemos conseguido ir.

El plan es sencillo: Vuelo a Cracovia, llegada en autobús a Zakopane (que es la manera más rápida y barata) y a disfrutar.

Zakopane es una especie de Chamonix en polaco: hipermasificado, caro para el estándar polaco, y con un proceso de destrozo urbanístico acelerado.

Pero tenemos suerte, habíamos alquilado habitación en una de las casas tradicionales (chata) convertidas hoy día en espacios turísticos y resulta que aparte de barato, está bien gestionado por un aficionado a las carreras de montañas. Así que triunfamos nada más llegar, con la suerte añadida de que estamos a varios kilómetros del casco urbano.

Desde aquí haremos las dos primeras jornadas, trasladándonos luego a tierras eslovacas.

Y eso que nuestra intención no era esta, queríamos hacer la travesía de los Tatras del Oeste, pero los refugios estaban llenos ya meses antes, algo que no habíamos tenido en cuenta.

Así que por eso debemos cambiar de plan, aunque no nos arrepentimos, ya que podemos conocer las tres zonas fundamentales de estas montañas: Los Altos, los del Oeste y los Tatras Blancos.

Como guía, utilizamos fundamentalmente la editada por Desnivel de Sergi Lara, fundamental desde luego. De cartografía se puede encontrar abundantemente una vez allí, aunque como llevábamos preparándolo desde hace meses ya teníamos unos buenos mapas de los alemanes Kompass.

En caso de emergencia, dan mapas bastante detallados en las propias oficinas de la zona polaca del parque. País al que pertenece menos del 30% del parque, y cuya web es esta.

De todas maneras, y para acabar esta parte de briconsejos, la señalización es espléndida. Absolutamente todo señalizado, con lo que las pérdidas son bastante poco difíciles en una zona que además está llena de gente.

Esta señalización nos gustó mucho, aunque luego vimos que desembocaba en una humanización de las montañas (caminos realizados de piedra hasta las cumbres, cadenas en sitios innecesarios, basura en todas partes…) que nos acabó agobiando un poco.

Tanto que nuestro resumen sería muchos aficionados a la montaña pero pocos montañeros.

Esa es la parte negativa. Lo bueno, todo lo demás:

Madrugamos (en torno a las 5 y media) ya que aquí amanece antes y además la gente se levanta pronto, y salimos, lo cual es un lujo, desde la puerta de casa hacia la dolina Malej Lcki (dolina significa valle jeje).

Nuestra intención es hacer primero el pico Giewont, a 1895 msnm, y el más conocido de la zona, por su característica cruz gigante y por su gran mole maciza de roca que se ve en todo Zakopane.

Empezamos en el fondo del valle, a unos 900 metros de altitud en medio de un frondoso bosque, donde vamos a seguir un exigente sendero que está marcado de amarillo y que nos llevará al collado de Kondracka.

Estamos de momento poco acompañados, con el frío de la mañana dentro nuestro y en un valle que según se va abriendo va descubriéndonos sus secretos.

Tras una inmensa campera en la que se ven ya las cumbres asomando, nos vamos metiendo ya en harina y el sendero comienza a ser duro, ya que hasta el collado hay casi mil metros de desnivel.

De ahí hasta el collado todo va a ser ahí, así que toca sufrir un poco hasta llegar y tener ya a vista el que sería el siguiente pico al Giewont, de nombre homónimo al del collado y con 2005 msnm.

Nosotras nos asomamos al otro lado del valle antes de coger el sendero final al Giewont, que tiene una parte final con cadenas. Alguna innecesaria, como dije antes, y esto hace que haya decenas y decenas de personas subiendo.

Muchas con poco conocimiento de las montañas, lo cual hace peligroso algún tramo y le quita encanto a la cumbre. A pesar de todo merece la pena subir a esta maravilla.

Y de ahí, vistas al claro sendero hasta el siguiente pico, para lo que debemos desandar camino hacia el collado.

A partir de aquí ya no encontraremos partes técnicas, aunque la dureza de subir y bajar picos se irá notando poco a poco. Se parece un poco a las montañas del Occidente asturiano, para hacernos una idea, con la salvedad importante de la presencia de una variedad del pino enano, pinus mugo.

Aunque el día levantó bien, hay un momento que nos entra la niebla y nos deja preocupados porque las tormentas suelen ser bastante habituales en verano (aunque este año se nota que han tenido una importante sequía).

Al final no llovió ninguno de los tres días que estuvimos en el monte aunque la tendencia a las nieblas y la nubosidad es bastante habitual, lo que para mí es perfecto, porque me encanta.

Ascendiendo al pico Kondratova con el Giewont al fondo.

Primer dosmil de los Tatras, ya en la frontera polacoeslovaca.

Tras llegar al pico Kondratova ya estaremos realizando cumbres que forman parte de la frontera, en un continuo subeybaja acompañados de gente todo el rato. La parte buena es la belleza de la zona, que la verdad es que impresiona, así como lo hace la diferencia entre los Altos Tatras, que iremos dejando al Este, y los del Oeste en los que nos adentramos hoy.

De hecho, estamos en los llamados Montes Cervene, montes rojos, por el color que tienen en verano, y que les da una belleza característica.

Lo negativo es la excesiva humanización de la montaña, que es cierto que ya es de primeros del S. XX aunque las brigadas de trabajo de la época comunista fueron las que realizaron ese trabajo hercúleo de escalonar con piedra todas las cumbres (dentro de la idea de acercar la montaña a los ciudadanos).

Nuestros siguientes picos, el Malolucniak y Kresanica

Desde el collado de Kondracka estamos siguiendo marcas rojas, y pasamos como podemos los incómodos caminos en busca de los otros tres dosmiles del día: Malolucniak (2105msnm), Kresanica (2122msnm) y Ciemniak (2096msnm).

Vamos disfrutando en un ambiente menos alpino del que encontraremos mañana, pero igual o más bonito, con unos valles espectaculares, sobre todo los que caen hacia la vertiente eslovaca.

Tras pasar el último de los picos, bajamos de los dos mil metros hacia el collado de Turnia, en un descenso directo por marcas también rojas por el valle de Koscieliska.

Y de allí directos al pueblo de Kiry, desde donde se pueden coger microbuses que van hacia Zakopane.