Anboto (1331 msnm) desde Otxandio por el GR-123.

Queremos salir a hacer alpinismo, pero el invierno inacabable no nos deja.

Rastreamos todas las cordilleras habidas y por haber en busca de buena meteo, pero parece que no va a haber suerte.

Pensamos: ¡Vamos al Páis Vasco! Lo tenemos pendiente, nos encanta el clima cantábrico y su caliza, y hay montaña en cotas bajas.

Dicho y hecho, nos plantamos en Otxandio (frontera entre Araba y Bizkaia, se encuentra entre los parques naturales de Urkiola y Gorbea), y además tiene un caserío precioso.

Entre lo infame, el hecho de ser la primera población que sufrió un bombardeo a civiles en la historia.

Teníamos dos opciones de ascensión: Hacer Peña Gorbea, que nos pilla algo a desmano en coche, o hacerle una visita a Mari, diosa vasca de la naturaleza.

Vive en la impresionante mole caliza del Anboto, que forma parte del Parque Natural de Urkiola. Y como el Gorbea tiene nieve y no se le va la niebla, vemos que en el Anboto seremos bien recibidas.

No solo eso, podemos ir andando desde la propia puerta del baserri en el que nos alojamos, así que nada, a caminar (hasta enterrarlos en el mar).

Desde el propio Otxandio salimos andando por la carretera camino de Oleta, concejo del municipio de Aramaiona, ya en Araba. Nuestra idea era llegar por carretera a este pueblo, pero resulta que encontramos un sendero, el PR-BI 52.

Este sendero llega a Oleta por embarrados caminos, que nos hacen conocer los hayedos esmochados, utilizados para el carboneo.

Enlazamos también con el GR-123 o Vuelta a Bizkaia, que nos llevará directas a la cumbre.

Para ello,  pasamos Oleta (con el Anboto imponente saludando) y llegamos al aparcamiento de la casa forestal, ya dentro del Parque Natural de Urkiola.

Tenemos la gran suerte de estar solas; el paso de la semana santa, el día que amenaza lluvia todo el rato, el hecho de que la vía normal para subir al pico sea por el puerto de Urkiola…todo esto hace que el primer tramo del camino, una pista pedregosa en medio de un hayedo, la disfrutemos con calma.

Al poco cruzamos el río y nos encontramos con una zona de monte quemada, actualmente en recuperación.

Preguntamos a un paisano que aparte de indicarnos el buen camino, nos comenta que aún hay setas, lástima no reconocer el nombre en euskera.

Y ahora si, nos toca subir. Y mucho, una subida sostenida y constante, metiéndonos ya en senda y abandonando el hayedo para entrar en coníferas.

De allí vamos a salir a terreno abierto, al collado de Pagozelai., desde donde seguiremos a nuestra derecha.

El Anboto sigue delante nuestra, y a pesar de la subida que ya llevamos, queda claro que la parte final sera dura.

Tan solo debemos seguir las marcas del GR, y tras otro pequeño tramo de subeybaja (donde vemos la poca nieve que queda en el monte, al contrario que en el Gorbea que por cierto, estuvo cubierto de nubes gran parte del día) nos adentramos en el  camino que nos llevaría a una antigua cantera.

A la derecha, a medio camino de la misma, se siguen ya con más dificultad las marcas rojiblancas.

Tras comprobar el gusto de las hayas por la roca caliza, nos internamos en la parte final.

A pesar de que aún no llueve, entramos en un terreno complicado en el que hay que poner las manos bastante a menudo; así como estar atentas a la roca mojada y al salir al cresteo final, al viento que sopla bastante fuerte.

A pesar de todo, no hay tramos muy aéreos y nos hace divertido este tramo hasta que llegamos a la cumbre.

Una preciosidad, tanto la cresta como el buzón, de los más bonitos que he visto.

Curioso porque realmente la cumbre no está ahí; el punto más alto se encuentra cerca de un vértice geodésico caído.

Y pena no podernos quedar disfrutando arriba; bajamos todo lo rápido que podemos pues nos empieza a llover y estas piedras ya han visto demasiados muertos.

Así que pateamos con prisa que no sirvió de nada, pues llegamos de nuevo a Otxandio empapadas del todo, pero con la satisfacción del día de barro, viento y lluvia que hemos pasado.

 

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