Canal NO derecha del Toneo (máx. 50o): Alpinismo cantábrico en San Isidro.

Fotografía extraída de la web elmaquis.net.

Pues eso, que nos vamos a San Isidro, entre Asturies y León a pasar un fin de semana exprés y realizar uno de los corredores clásicos de la zona, en el accesible pico Toneo (2091 msnm).

Dormimos en la misma frontera, en el aparcamiento del pueblo asturiano de La Raya, y ya al amanecer tenemos a la vista el tubo Norte, así como las amenazadoras nubes que la predicciones del tiempo prometían:

Cruzamos la urbanización de La Raya y entre las últimas casas pasamos a las pistas de esquí, que debemos ir subiendo hasta encontrar la forma de pasar una primera loma (algo sencillo, pues suele haber huella debido a lo accesible de los corredores).

Una vez pasada la loma, nos encaminamos a la zona media de los remontes, en la majada Entresierras, desde donde veremos el corredor que queremos hacer, con una huella en zigzag muy clara:

El comienzo del largo corredor (unos 300 metros), no deja de ser una pala de unos 35º, bastante sencilla, que nos sirve para ir entrando en calor.

Este año de pocas nieves nos va a permitir progresar de forma cómoda, disfrutando de las paradas para ir visualizando las opciones.

Ante una primera decisión, nos vamos a la derecha, que nos parece una opción más sencilla, aunque ambas tienen huella.

Y nos encontramos un primer estrechamiento que es bastante más sencillo de lo que a primera vista parece.

A partir de aquí la cosa se pone algo más pindia, con algún tramo de hielo, pero sencillo de progresar.

Además, con estas impresionantes vistas del pico Torres, que más podemos pedir:

Seguimos ascendiendo, con algún tramo que sospechamos llega ya a los 50º hasta alcanzar un diedro muy evidente que nos sirve para descansar.

Un poco antes habíamos decidido buscar la salida a cresta hacia la izquierda (que es donde había huella), teniendo como referencia dicho diedro.

Aunque se supone que la salida derecha es más sencilla, seguimos la huella, lo que nos parece más factible; aún así, toca apretar en una salida en la que el hielo se mantiene en buenas condiciones y ahora sí, la inclinación es la máxima del día.

Llegamos a la cresta, que está casi pelada, y caminando unos metros a nuestra derecha llegamos a la cima del Toneo, con el bonito circo del Agujas (y los corredores que íbamos a intentar pero descartamos por cansancio y posibilidad de tormentas) al Suroeste:

Cumbre del Toneo. Al fondo, el pico Agujas y sus corredores. Más cerca, La Loma, hacia la que iremos.

Descansamos, dejamos nota en buzón de cumbre y descendemos hacia el Oeste, hacia el collado del Toneo.

Una vez allí descartamos tanto los corredores del Agujas como el coronar este por la cresta, pero antes de volver ascendemos en unos minutos el pico de La Loma (1973 msnm):

Desde allí bajamos a un collado cercano que une La Loma con un pequeño pico que corona una antena. Y desde este collado, de vuelta a los remontes de la parte media de la estación, a La Raya y al descanso merecido.

 

Anuncios

Norte Clásica de Peña Ubiña (III, 55o máx.).

Imagen extraída de la web elmaquis.net

Para quien no lo sepa, la zona de las Ubiñes, y en concreto Peña Ubiña, es mi zona de montaña favorita en el mundo (al menos el conocido por mí).

Me da rabia y alivio a la vez el que no sea excesivamente conocida fuera de la zona cantábrica.

La había subido en un par de ocasiones, siempre en verano, así como ascendido otras cimas de la zona; esta vez, sin embargo, era mi debut invernal tanto en la zona como en la Cordillera Cantábrica.

Y que mejor que con la montaña más bonita del mundo mundial, ¿no?.

Salimos temprano de Avilés, donde un buen amigo me acoge y me hará de guía en la zona (amén de ayudarme con la cacharrería, que yo controlo entre poco y nada).

Dejamos el coche en Tuiza d’Arriba y cogemos el camino de verano al refugio del Meicín (en esta época del año deberíamos evitarlo y coger el de invierno por el peligro de aludes, pero este año la estación ha sido muy seca y esta casi seco hasta el propio refugio).

Una vez allí, charla con los guardias, trago de agua y preparamos piolet y crampones para comenzar a subir el valle de Covarrubia, larguísimo ascenso por una pala de nieve que nos hará rodear el Cuetu les Cabres por la derecha.

Debemos bordear el Cuetu les Cabres hasta llegar a una zona llana llamada Joyos de la Cabra (nosotros entramos algo más a media ladera que la foto de arriba, con lo que ya nos encontramos en la base de los paredones).

Nos encordamos y seguimos avanzando, ya ganando pendiente hasta una zona con unos pasos pelín complicados, que nos llevarán a la base del corredor diagonal que gira hacia la derecha.

Siguiendo la huella, entraremos en el corredor diagonal derecha (50-55º).

El corredor, corto pero exigente, está en muy buenas condiciones, a tramos con nieve dura y a tramos con hielo.

Exige varios aseguramientos y luego sale a una pala de nieve de unos 40º, que nos permite descansar, comer y beber, recoger parte del material y disfrutar de estar aquí (a pesar de los incendios que se observan desde lo alto).

A partir de aquí, buscamos entre alguna de las canales que tenemos delante, para elegir la que nos llevará a la arista norte.

Nuevamente, buenas condiciones en la canal que elegimos. Huella, tramos de mixto, hielo y nieve dura antes de salir a la vertiente leonesa.

Los Fontanes de fondo, observando nuestros movimientos y el cansancio que a mí me empieza a pesar.

Debemos elegir, para llegar a la cresta cimera, por donde hacerlo. Parece que un tramo de roca es el más claro, aunque pido que me aseguren.

Y una vez en la arista, cumbre, con el tremendo espectáculo que supone siempre llegar a Peña Ubiña la Grande.

Tras un buen rato en la cumbre, y viendo la falta de nieve de este año. bajamos dirección E por la canal de Terreros; algo normalmente desaconsejado por avalanchosa.

Hacemos un muy rápido descenso con el poco ortodoxo método del culoski hasta el collado del mismo nombre, desde donde nos encaminamos de nuevo al refugio a por la casadiella de la victoria.

 

 

 

 

Peñamayor (1141 msnm), desde Les Praeres: Entre Nava y Bimenes.

Tras el día anterior realizar la Norte Clásica de Ubiña, me apetecía una ascensión tranquila, de esas que me gustan: De media mañana, en buena compañía, a esas cumbres que sirven como mirador de las grandes montañas.

Además, hace tiempo tenía pendiente el ascenso a Peñamayor, cumbre de la sierra del mismo nombre que en su momento dejé a medias por culpa de la niebla, y que cumple con todos los anteriores requisitos.

Nos dejan en el bar de Les Praeres, al final de una sinuosa carretera que fue fin de etapa en la Vuelta a españa del año pasado.

Comenzaremos a caminar por la pista que va hacia Anes y Fayacaba. Tenemos a la vista el collado de Peñamayor, con el picu Oroxu a la derecha y nuestro objetivo a la izquierda.

Ya llegando al collado, y tras pasar por una zona con unas cabañas bien guspas, debemos estar atentas a coger un resto de sendero que nos irá llevando, bordeando la montaña por la otra ladera, poco a poco hacia la cumbre.

El sendero a veces es algo complicado de seguir, pero poco a poco nos depositará, sin excesivas complicaciones (a no ser que haya niebla), en el pico anterior, el “de las antenas”.

Desde la cresta ya tenemos una imagen de la Cordillera, con menos nieve de la esperada para esta época del año. También, desgraciadamente, de los incendios y de la nube de contaminación que cubre la zona central asturiana.

Y a los pocos minutos, la cumbre, con su característico y bonito buzón de cumbre.

Desde la cumbre, espectaculares vistas: la costa, el Sueve, los Picos d’Europa, Ponga, la Cordillera, el Aramo…

Una vez allí decidimos hacer la ruta circular, bajando por la majada Espines. En vez de seguir por la cresta, bajamos por nuestra izquierda (según el camino de nuestra marcha anterior), buscando rastros de senderos.

Tenemos la suerte de pasar por un guapo bosquete de acebos y ver algún tejo suelto. Seguimos bajando hasta encontrarnos con las primeras cabañas, que nos enlazarán casi directamente con el camino de vuelta a Les Praeres, donde finalizaremos nuestra excursión.

El Siete (2365 msnm) y Peña Cerreos (2111 msnm) desde el refugio de El Meicín.

Este año no podemos ir a Asturies tanto como deseamos (el año pasado sin ir más lejos, pudimos pasar un mes entero disfrutando de la montaña aquí), así que planificamos una salida expréss a mi lugar favorito: el macizo de las Ubiñas.

Por unas o por otras siempre había llegado a través del puerto del Palo (o de la Cubilla) y la hoy cerrada Casa Mieres, pero hoy vamos a dormir al refugio de El Meicín.

Vamos a dejar el coche en Tuiza de Arriba, último pueblo de la zona, tras coger la carretera en Campumanes y ver el destrozo de las obras del AVE.

Antes eso si, hemos pasado por La Cobertoria para ver la iglesia prerrománica de santa Cristina de L.l.lena. Una joya que no se puede dejar pasar.

Tras llegar con un orbayu persistente a Tuiza  y tomar un café cogemos el camino de verano al refugio.

Que por cierto, desde el mismo lugar sale un sendero que une L.l.ena con Quirós, nos lo apuntamos.

No vemos casi nada en el camino al refugio, y aunque el camino está bastante marcado, en estos días de niebla hay que tener ojo porque es muy fácil perderse. El ver un cartel que marca el refugio a 1 minuto no es muy tranquilizador que digamos…

Cuando llegamos, nos encontramos conque vamos a ser poca gente ese día. El guarda, un ganadero (al que le sorprende que la gente de fuera no se pierda entre la niebla de la zona) y cuatro personas más que van llegando poco a poco.

Y una cosa hay que decir, de las tardes más prestosas que recuerdo en la montaña. El refugio es bastante nuevo y acogedor, así como el guarda, y además tenemos la suerte de que el resto de los montañeros que duermen ese día en el refugio sean igual de majos.

Una tarde estupenda vamos.

Al día siguiente se levanta despejado, y podemos disfrutar de una de las mejores visiones en montaña de las que yo conozco (¿se nota que estoy enamorado de las Ubiñas, no?)

Desayunamos tranquilamente mientras pensamos que ruta hacer, pues hemos traído diferentes opciones dependiendo de la niebla, los neveros que queden, las ganas…

Peña Cerreos, Ubiña la Grande, los Castillines, los Portillines…

Al final nos decidimos por hacer la subida al Siete por el Valle de Covarrubia, y si tenemos ganas y el tiempo acompaña probar a pasar por el Crestón del Pasu Malu y de ahí a los Fontanes.

Salimos, muy bien aconsejados de nuevo por el guarda, en dirección al valle, pero subiendo por una primera pendiente herbosa que nos permite pasar la pedrera que formar el valle una vez idas las nieves.

Esta primera peña herbosa es la que remontamos desde la derecha de la imagen hasta llegar y pasar la pedrera del valle de Covarrubia.

La subida ya se nos hace pesada como guadarramistas que somos (sin faltar al respeto a ninguna montaña, pero es algo que siempre comentamos cuando venimos por aquí, la diferencia tan grande entre los desniveles de una y otra zona que hacen que siempre se nos atraganten las primeras subidas).

La idea es pasar la pedrera del valle de manera transversal, yo me quedo algo abajo y me toca sufrir para coger el sendero que la cruza y de que en ocasiones solo hay trazas.

Pero desde luego, mejor idea que subir desde abajo del valle directamente.

De frente,  los Castillines, dejando a la derecha los Portillines.

Al poco rato de pasar la pedrera, vamos a poner el casco. Como no habían dicho, el camino está bien hitado, aunque el paso de las nieves que este invierno han sido abundantes ha tirado bastantes.

Aún así, podemos seguir el sendero sin problemas hasta un pequeño collado donde hay una característica gran piedra circular.

Estamos en la zona de los Joyos de la Cabra, desde donde podemos ir hacia la Pasá del Siete o directamente hacia el pico, que es lo que hacemos nosotras.

Al fondo, la característica roca circular que nos sirve de guía en este tramo.

Vamos a encontrar algún nevero que ya se evita sin problemas (habíamos dejado crampones y piolet en el coche ya que nos habían informado de que no harían falta. De todas formas no dejéis de preguntar antes nunca) y seguimos los hitos, ya cada vez más escasos, y con tendencia a ir hacia nuestra izquierda.

Ojo, es importante: en esta zona la orientación es complicada, seguid siempre los hitos y recordad ir con tendencia a vuestra izquierda, que luego llegan las líadas y los sustos.

Aquí empiezan las trepadas, nada difíciles, pero teniendo cuidado ya que hay mucha caída de piedras.

Tenemos unos primeros pasos que nos llevan a otra zona más sencilla.

Luego, unos canchales que permiten una progresión cómoda y divertida.

Vamos a salir a un hito digamos, “fálico”, que nos dará paso a la vertiente leonesa.

Y de ahí, en una zona de más fácil acceso, a la espectacular cumbre.

Con el Crestón del Pasu Malu y los Fontanes bien cerca, aunque decidimos dejarlos para otra ocasión.

Desde ahí bajamos por el mismo sitio; la bajada es un tanto incómoda pero rápida.

Como hay tiempo decidimos subir también Peña Cerreos, y hacer así una de las cumbres más asequibles de las 58 de las Ubiñas.

Bajamos hasta casi el refugio y tenemos a la vista a la izquierda, nuestra segunda cumbre del día:

Como digo, la subida es sencilla, siguiendo los senderos embarrados hasta el Alto Terreros, y de allí cogemos la valla que marca toda la subida, jalonada a veces de hitos que nos separan de ella.

Algo de niebla en la parte final desluce la cumbre, que es toda ella una trinchera de la Guerra Civil.

Y de vuelta al Meicín, para contarnos las aventurilas de la jornada, compartir de nuevo buenas experiencias y encontrarme por casualidad a un colega que (él si) hizo los Fontanes y el Pasu Malu.

 

Techo de Asturias: Torrecerredo (2648 msnm) desde la Vega de Urriellu y Horcada Arenera.

Pues si, con esta crónica acabamos nuestro periplo asturiano. Una de las cumbres que llevaba pendiente desde hace años.

Importante no solo por su altitud (la más alta de la Cordillera Cantábrica, y por ende de Picos de Europa y de Asturias), sino también por su dificultad.

A pesar de que hay muchas montañas más difíciles que estas en Picos, y que fuimos hasta ella por su recorrido a priori más accesible, esta fue, y será durante mucho, una de las mejores y más exigentes rutas montañeras de mi vida.

Vamos a ello: tardamos unas dos horas y pico en coche desde Oviedo hasta el bonito pueblo de Sotres, al que siempre es un encanto volver.

Nuestra intención es salir en dirección al collado Pandébano y de ahí hasta la vega del Picu (así, como se llama así al Urrriellu), donde está el refugio, primera etapa de nuestra excursión.

Venimos con buena compañía desde Madrid: una recua de punkis montañeros (con o sin experiencia). Dejamos los coches en la pista ganadera que pasa por los Invernales del Texu, una zona de majadas ganaderas, para ahorrarnos un tramo del PR 21, que nos llevará hasta el refugio.

En principio no pueden pasar coches por esta pista al ser parque nacional; es solo para los ganaderos de la zona. La verdad es que lo hace todo el mundo…y nosotros también. Es algo para darle una vuelta, desde luego, porque el nivel de ocupación de coches es enorme, y generamos una gran molestia a la zona.

Tenemos unos kilómetros de pista que asciende en revueltas, sin pérdida, hasta el collado Pandébano. Aquí ya se nos abren las praderías para el vacuno, del que debe haber a millares.

Y nosotras para el Urriellu. En este primer tramo se va bastante cómodo, ideal para ir cogiendo fuerzas para lo que nos espera, y ya con el Urriellu asomando imponente al fondo.

Al poco, pasamos por la majada de la Terenosa, donde hay un refugio (no sé si es de ganaderos, en todo caso está bien saberlo, y además tenía buena pinta), mientras en unos minutos, a la derecha según avanzamos, esperamos ver al fondo, muy al fondo, el pueblo de Bulnes.

El camino sigue siendo cómodo, aunque nos estamos acercando al collado Vallejo, desde el cual ya se sube sin piedad.

 

Sin piedad significa exactamente eso. Yo recordaba una subida muy dura cuando pega el calor (como era el caso de hoy) de otro año en que me acerqué por la zona.

Y aunque la forma física es mejor, la carga a la espalda se nota, y vamos subiendo lentamente, culebreando por el sendero sin pérdida alguna. Y por favor, no me atrochéis, que el camino que hay es el mejor, no hace falta erosionar más la zona.

Lo bueno es tener de referencia el Picu, y aunque cuando asoma el refugio aún queda el repecho final, la primera parte del recorrido (la más fácil, sin duda) está hecha.

Aquí nos vamos a tomar un merecido (aunque demasiado largo, cabrones) descanso. Y aunque tenemos clara la ruta y el tiempo parece que no va a cambiar, aprovechamos la amabilidad de los guardias del refugio para consultar con ellos. Todo bien, nuestra intención es pasar la Horcada Arenera, ir a la base de Torrecerredo, y coronar bien esta tarde bien mañana a la mañana.

Así que nada…ey ho, let`s go!

Enfrente del refugio sale la hoy transitada senda que, tras pasar la Brecha de los Cazadores, llega a la Corona del Raso.

Este paso, equipado con cadena, sin ser difícil, tiene su punto de dificultad, e imaginamos que en otras condiciones climáticas, de peligro.

La verdad es que dejar el Urriellu a la espalda, algo que no he hecho nunca, me impresiona. Y preocupa algo, ninguno hemos estado en la zona, y aunque tenemos la ruta mirada desde semanas atrás y el tiempo es inmejorable (y tenemos horas de luz de sobra para equivocarnos), nunca se sabe.

Pero nada, a seguir. Tras la Corona del Raso tenemos un sendero muy claro, y que sube tranquilamente hasta la Horcada Arenera. Un tramo para disfrutar, ya en la zona laberíntica del macizo central de Picos.

Hay que decir que desde el refugio del Urriellu las señalizaciones son jitos, que hay que saber leer bien, así como los rastros de senda que tengamos.

Desde la Horcada Arenera, alguna de las mejores panorámicas de estos dos días, con las Torres Areneras y el Pico Albo a nuestra derecha, el neverón del Urriello delante de nuestras narices…y el caos de jous que tenemos por delante.

Desde la Horcada Arenera surgen dos senderos: el que va más a la derecha nos llevaría hasta el refugio de Cabrones, mientras que nosotras vamos a seguir el de la izquierda, para ir directos a la base del Torrecerredo.

Esta zona es sin duda la más complicada, el sendero se difumina entre los jous en continuas subidas y bajadas. Aún con mapa, brújula y la ayuda de la gente que nos vamos cruzando (que vienen de vuelta) nos cuesta mucho la orientación.

De esta parte me abstengo de decir mucho, ya que tenemos un momento de pérdida, con actos graciosa tontería incluidos, que hacen que decidamos posponer la cumbre para el día siguiente. Cumbre que llevamos un rato viendo, y que nos da una idea de lo duro que nos lo va a poner.

Solo decir que hay que seguir bien los hitos, volviendo atrás si es necesario, y que no solo la orientación es dificultosa, hay también un par de pasos con cierta complejidad.

Conseguimos arreglar el pequeño desaguisado y ya con el camino bastante más claro, buscamos un vivac donde descansar.

Torrecerredo es el pico de la izquierda.

Vamos a vivaquear a unos 2000 metros y pico, con el Torrecerredo de fondo, y en plena lluvia de Perseidas. El año pasado fue en Jaca,

la verdad es que no podemos quejarnos.

Tras una noche de lo más descansada, nos ponemos de nuevo en marcha. Ya hay mucha gente más madrugadora que nosotras, así que solo tenemos que seguirlas, teniendo en cuenta además que nuestro vivac está justo al margen del sendero.

Vamos a ir bordeando la Torre Labrouche, dejándola a nuestra derecha. La zona está bien hitada, y vamos a pasar por alguna pedrera incómoda antes deesta chimenea, pelín complicada, pero divertida de trepar.

Tras ella seguimos en la zona de roca, trepando con cuidado, pues tenemos algún paso complicado.

La subida no es especialmente difícil, pero es cierto que hay una caída enorme, y que psicológicamente tiene pasos delicados. Casco, precaución y ninguna prisa.

Y si alguien no se ve, es mejor no forzar, que es lo que vimos que se hacia con alguna de las muchas personas que subimos este día (puente de agosto).

De nosotras, subimos cuatro de cinco, pero lo importante es llegar todas a casa.

Trepada a trepada, de repente se ve ya la cima,

Más accesible y amplia de lo que pensamos, cuenta con varios vivacs…que ostias, que estamos arriba!

Aunque como se ve, estamos hechos polvo, y pensando en la bajada, más técnica que la subida.

Eso sí, disfrutamos de lo lindo con nuestra vista de pájaro, y con las explicaciones que la gente de la zona nos da. Para empezar la cresta con el Pico de Cabrones, donde hay gente que la atraviesa…

Las vistas de los tres macizos de Picos, del mar y de las sierras del Sueve y del Cuera, de los cordales de Ponga, Casu, del Alto Aller y el macizo de las Ubiñas…se veía todo.

Y tan bien que no apetece bajar. Más cuando la bajada hay que hacerla apoyando bien, sin prisas, pues cualquier caída al principio nos precipita 400 metros al fondo de un jou.

Alguno de nosotras aprovecha una cuerda que nos ceden amablemente, y poco a poco vamos quitándonos este primer y peligroso tramo.

A partir de aquí toca ya disfrutar de lo hecho, ya sufrir porque nos quedan horas de vuelta. Recogemos las mochilas, volvemos a la Vega de Urriellu a bebernos unas cervezas y a despedirnos, mar de nubes final incluido, de estas 18 horas en dos días de caminata y trepadas.

 

Ponga, conceyu perdido. El Pierzu (1542 msnm) desde collada Llomana.

(gran parte de las fotos de esta crónica son de Nacho Quesada: http://www.nachoquesada.com).

A esta preciosidad que se ve desde Beleño, el Tiatordos, íbamos a subir la mañana siguiente de mi llegada a Asturies. También tenía mirada la otra mole de Ponga, peña Ten.

Tras una larguísima travesía para poder llegar a Ponga (carretera que más parecía caleya incluida), quedaba claro que había que descartarlo.

Ruta larga, gente con sueño y posibilidad de niebla. Así que me quedará pendiente. Pero bueno, nos vamos a acercar a un mirador privilegiado de toda esta zona: el Pierzu, con una altitud más modesta.

Nos alejamos de Beleño en dirección a Viegu, donde cerca de allí (perdón por las inconcrecciones, pero no era yo el guía de la ruta y la memoria es frágil), cogemos durante un par de kilómetros un PR (¿el 181?) que nos acerca a la collada Llomena. Hasta aquí puede llegarse también por carretera desde Beleño, ya que hay un amplio aparcamiento.

Desde aquí sale el PR AS-211, que ya no abandonaremos en todo nuestro recorrido

Comenzamos sin pérdida por una amplia pista forestal, bajo el calor impropio de estas zonas.

Son dos kilómetros la mar de aburridos, de no ser por las vistas. De una zona en la que solo había estado una vez en mi vida, y que es un mirador privilegiado de Ponga, Amieva, los Picos de Europa…

Llega un momento en el que a la derecha, en una zona conocida como la Cantera de Excueño se nos va a abrir un camino que sube bastante directo, y que está bien señalizado. Empieza lo bueno.

Porque estas rutas de media montaña es lo que tienen. Ni son tan duras ni tan difíciles como el resto de actividades que teníamos miradas por esta zona, pero no veas como pica para arriba todo.

Así que allá vamos, entre sol y felechos, pues va desapareciendo poco a poco el bosque y seguimos serpenteando hasta llegar a un collado muy evidente, el de Llano Canto.

Desde aquí tenemos el cordal que debemos seguir de frente a nuestra derecha, aunque vamos a ir despacito no solo por el calor, también porque queremos disfrutar el día pero bien.

Como digo, nos quedamos un buen rato en este mirador, donde tenemos a la vista el lago Canto con sus praderías adyacentes. Los Picos de Europa ya se ven claramente en el horizonte, al igual que el Tiatordos y muchas otras moles que no reconozco.

Se trata ahora de seguir la cresta, por un camino hitado y bien señalizado, aunque a veces nos despistemos algo. Pero vamos, en un día claro como este, lo que más cuesta es el calor y el continuo pasar cumbres secundarias de esta sierra.

Vamos a pasar, como referencia y zona de descanso y protección, por la majada de Cerboes, antes de continuar la crestería.

Y así, poco a poco, llegamos a la cumbre, aún más estupendo mirador de la zona…si no fuera porque con estos calores está todo lleno de moscas y avispas, las mejores amigas de los senderistas sudorosos.

Bajamos un poco para comer y comentar el día. También porque nos da pereza emprender el camino de vuelta, que es muy rápido si exceptuamos los dos tramos de pista forestal que hicimos al principio de la jornada.

En definitiva, buen día y perfecta compañía.

 

 

 

Peña Rueda (2152 msnm) en circular desde L.l.indes.

Hay lugares en los que, sin creer en nada sobrenatural (cosas del materialismo ateo), te provocan una sensación bastante cercana a lo espiritual.

Para mí, el conceyu de Quirós en general, pero esta zona despoblada en la linde con León, dentro del parque de las Ubiñas- La Mesa 

es uno de ellos, un lugar al que vengo siempre que puedo a escaparme de la gente y a compartir mi tiempo con el bosque.

Y sobresaliendo de este bosque, de las praderías, de sus animales y sus encantos está Peña Rueda, una de las montañas que llevaba años queriendo subir y que por una u otra razón iba dejando pasar.

Hasta hoy, en el que en el ascenso por la carretera hasta la aldea deshabitada (pero con un magnífico bar regentado por una persona con la que merece la pena pararse a hablar)de L.l.indes no paraba de pensar en que por fin iba a saber lo que se ve desde sus alturas.

Así que dejamos el coche junto a la iglesia del pueblo, sin más compañía esta mañana que los gatos…para que más.

 

(mapa cogido de internet de la página lacuruxa.org)


Al final del pueblo hay un camino en el que está señalizado nuestro camino. Lo seguimos y comienzan las primeras rampas por un sendero que enseguida nos interna en el hayedo.

Hay un par de bifurcaciones en este comienzo, pero no hay que preocuparse, están señalizadas.

Entre la soledad del bosque que nos protege del sol (hoy pocas xanas veremos) vamos subiendo en dirección a la braña de Manín Fonderu, que nos podría servir de refugio en caso de necesidad.

Aquí debería haber una fuente, pero este año ha sido seco también aquí y no encontramos nada, así que seguimos de frente, ante trazas de sendero que nos van a llevar a Manín Cimeru, impresionante campera donde pastan hoy muchas vacas y en las que pega el sol pero bien…no volveremos a ver bosque en un buen rato.

Aquí hay que estar algo atentas, pues hay una serie de caminos que nos despistan un poco.

Debemos seguir un poco en la campera y empezar a girar a nuestra derecha (en el sentido de la marcha de la que venimos), en un sendero que se retuerce en revueltas hacia arriba, para comenzar el dificultoso ascenso de la canal de Vallina Grande.

Y joder como cuesta, el camino es incómodo (no difícil, eso si) y hoy con el calor noto que me va a costar.

Eso sí, una vez pasada la canal se nos abre este espectáculo:

Descansamos un poco y proseguimos por el camino a la derecha, que nos meterá en el Cuchillar de Rueda, la opción que elegimos para subir.

Si ya me he sentido flojo a lo largo de la mañana, el Cuchillar se me hace interminable, suerte que voy con guía que abre camino.

Esta es una zona calcárea, incómoda de caminar y pesada. No es nada aérea excepto en su tramo final a pesar de ir por la cresta de la montaña, pero te va minando porque la subida se hace larga y pesada.

Eso sí, no piensas en eso cuando se te abre el Aramo de esta manera:

Y de repente, la cima.

Sin palabras, con las Ubiñas delante. Después de tantos años con ganas de estar aquí, por fin lo podemos disfrutar. Aunque hay que pensar en el descenso, que en vez de hacer por el mismo lado queremos realizar en circular bajando por los puertos de Agüeria, quizás la zona más bonita que haya pisado jamás…

Pero de eso hace unos años, así que nos pensamos la bajada antes de decidirnos. Nos asomamos a la ladera SO donde el camino se ve claro, en una bajada que es rapidísima y con mucha piedra suelta.

Delante nuestro picos como el Huertu del Diablo o el Ranchón, que superan también los dosmil metros. Y nosotras que debemos bajar hasta el colláu Fontes, que se ve claro en el descenso, pero al que es más complicado bajar directos sin desviarse. Debemos tener claro que tenemos que llegar, según bajamos, a la vertiente de nuestra izquierda; nos servirán de ayuda visual alguna de las cabañas a las que debemos dirigirnos.

Una vez en el collado, nos dirigimos por alguno de los senderos de ganado, y rodeados de vacas y caballos (sin ver ningún humano en los alrededores) hacia las majadas que tenemos vistas anteriormente (Cardosina, Cerezal, Piornal…son varias, no sé a cual nos acercamos nosotras).

Descansamos y como esta zona está sin sendero, nos acercamos al cauce que forma el valle de Agüeria. Esto nos sirve como referencia a la hora de internarnos (con mucho cuidado, respeto y silencio, estamos en un lugar único) en los bosques de acebos donde nos llevamos sorpresas como encontrarnos de frente con un grupo de caballos descansando.

Saldremos poco a poco de la masa boscosa (aunque nos quedaríamos a disfrutar horas, pero el camino es largo y nos pesan las piernas), siempre a la vera del río.

Da pena dejar esto atrás, eso si…

Vamos a seguir bajando, siguiendo el río por una u otra orilla según nos lleve el sendero, hasta llegar a la estrechadura de la Foz Grande:

La foto no hace justicia a lo impresionante del lugar, es una pena. A partir de ahí, siguiendo el río como referencia, tenemos que subir un poco antes de internarnos en el bosque al acabar el desfiladero. Tenemos aquí un camino claro, muy bonito, con algún puente de estos de ensueño por el que cruzar.

Ya solo queda seguir caminando, evitando bifurcaciones innecesarias (hay un momento que podemos ir a la majada de Manín de nuevo para volver por allí, lo que sería más largo, por suerte está señalizado…con cartel en el suelo), en un tramo que se nos hace largo tras los 1300 y pico metros de desnivel positivo que llevamos.

Volvemos de nuevo a L.l.indes, sus gatos, su iglesia y su bendita falta de humanos.

Tras una de las rutas de montaña más guapas que hice nunca.

 

 

Despedida y cierre: La Gamonal (1710 msnm) desde el Angliru.

Continuamos con la descripción de las rutas que hemos hecho estas últimas semanas en Asturies. Aunque esta fue la última, la de la despedida (de momento), queremos hacerla hoy después de ver a los ciclistas sufrir en la vuelta a españa.

Porque nosotras hicimos parte de ese recorrido hace unos días…andando.

Nos íbamos ya, pero queríamos despedirnos de la montaña asturiana en una ascensión rápida y cercana, por lo que elegimos acercarnos de nuevo a la sierra del Aramo, por la parte de Riosa, para hacer una subida rápida a la Gamonal y disfrutar de sus vistas.

Y decidimos hacerlo desde el Angliru, puerto donde dejamos el coche a 2 kms. y medio de la cima, desde donde empezamos a caminar.

Y a sufrir. imaginando como debe ser hacerlo en bici (cosa que valoramos, pero decidimos dejarlo para mejor ocasión). Ya habíamos hecho un tramo de carretera un día que estaba cortada por la nieve para venir a la Barriscal, en el que tuvimos que dejar de lado la Gamonal, una de las montañas más conocidas de la sierra.

Hoy, en un día más favorable, nos acercamos lentamente a ella, que se vislumbra rápidamente en el horizonte, dejando ver también la cercana Mostayal, el Mosquil….cumbres con menos altitud pero igual de bonitas de pisar.

Una vez en el aparcamiento del Angliru, vamos directamente a la base de la montaña, visible por su geodésico, sus antenas y por ser la más cercana al párking.

Seguimos los hitos que nos llevarán a su cumbre siguiendo a ratos los hitos y marcas de pintura, aunque la cumbre es tan evidente que no hace no falta.

Media hora escasa nos hace falta para coronar, y estar en la cima una vez más, que era lo que queríamos antes de tener que marchar de la tierrina.

 

 

 

Peña Ubiña pequeña (2197 msnm) desde casa Mieres

Muchas ganas teníamos de volver a uno de mis lugares favoritos (si no el que más) de Asturies: el macizo de las Ubiñas.

Tras un par de subidas a la Ubiña grande, nuestra intención era hacer el Fariñentu o la Ubiña pequeña desde Tuiza, pasando por el refugio del Meicín, pero el cansancio acumulado tras haber subido pocos días antes Torrecerredo hizo que nos acercáramos a esta otra desde su vía más fácil: Casa Mieres desde el puerto de la Cubilla, a casi 1600 metros de altitud.

Refugio que parece cerrado tras su conflicto con León. Una pena, pues es un lugar especial en el que siempre somos bien atendidos, y un riesgo en invierno o días de climatología adversa.

En fin, salimos por detrás de la casa, a la izquierda, donde hay un pequeño embalse y está señalizado y pisado. Tras pasar un par de vaguadas, hay un momento en el que la senda se bifurca: ambas nos llevan a la preciosa vega de Candioches, pero preferimos seguir la de la izquierda.

Está un poco amarillo todo, porque el verano (y va…) está siendo muy seco. Aún así, esta zona siempre me encanta, es una pena no poder venir más a menudo. Además, al ser entre semana hay poca gente y se disfruta más. La senda está bien hollada y no tiene pérdida, con el diente de Ubiña grande asomando en el horizonte.

Para seguir hay que pasar un estrechamiento, que nos dejará en los puertos de Riotuerto.

Una vez allí, ya vemos a nuestra izquierda nuestro objetivo del día. A simple vista parece asequible, aunque ya nos han dicho que tiene tramos bastante aéreos, y que de hecho en invierno tiene bastante peligro. Allá vamos.

Nos vamos a dirigir ahora al collado que divide ambas Ubiñas, desde donde queremos acometer nuestra ascensión. Unos cuantos montañeros se dirigen a la grande, lo que nos deja solos en nuestro camino.

Comemos algo y miramos la guía, pues no tenemos muy claro como hacer. Al final, nos metemos por la vertiente leonesa de Torrebarrio en busca del collado Ronzón.

Ahora sí, estamos en la base de la montaña y buscamos los pocos hitos que nos vamos a encontrar al comienzo: hacia la vertiente leonesa, donde seguimos, las trepadas que tocan hacer son más sencillas.

No lo vemos claro y sin querer nos encaminamos a la vertiente asturiana, donde los pasos son algo más aéreos (aunque seguros en un día como hoy, con malas condiciones meteorológicas esto ya sería otra cosa).

Hay un par de pasos complicados, así que una parte del equipo se queda, mientras la otra continúa hacia un cresteo muy bonito, en el que las caídas hacia ambos lados de la cordillera son bastante majas también…poco después llegamos a la solitaria cima.

Desde aquí, todo el macizo de las Ubiñas (la grande, Fontanes, Fariñentu…) la montaña leonesa, la cordillera cantábrica, los Picos de Europa…todo.

Y en una mañana, pues volvemos rápido hacia casa porque la previsión daba niebla y no queríamos liarla.

 

La Mostayal (1301 msnm) desde La Vara.

Como decíamos ayer (literalmente), os vamos a ir desgranando poco a poco nuestras pequeñas aventuras asturianas del mes pasado, sin orden cronológico ni concierto aparente.

Una de las cosas que echaba de menos eran las rutas de barro, agua y niebla, en las que la dificultad no la pone tanto la montaña como el clima.

Y eso tuvimos este día en el que nos acercamos a una de las cumbres emblemáticas de la Sierra del Aramo: La Mostayal.

Nos decidimos por hacer el ascenso desde la morciniega aldea de La Vara (550 msnm), bonito caserío situado en la ladera oriental de la sierra. Tras un buen viaje en coche, nos calzamos las botas con las dudas de si la niebla nos dejará hacer el camino.

Y salimos de la misma aldea en dirección a Les Bobies por una pista asfaltada (casi carretera), lugar en el que hay un aparcamiento para ganaderos al que podríamos subir el coche, aunque preferimos el pateo:

Las fotos no os van a decir gran cosa, pues al llegar allí la niebla era mucho más densa, aunque siguiendo indicaciones, mapa y brújula no hubo pérdida. Eso sí, a más de 20/30 metros de nosotras no se veía nada.

Solamente deciros que en Les Bobies giramos hacia el O para ir subiendo por las camperas (el camino, marcado y pisado por el ganado, estaba embarrado, y por lo tanto muy divertido), hasta el evidente en otros días, collado de Pandelaforca, a 1102 msnm, y que divide los conceyos de Quirós y Morcín.

Pasamos primero por la fuente de Brañacé, cercano a la majada del mismo nombre, que nos da una referencia bastante clara de como subir hasta el collado.

Una vez en el collado, seguimos a nuestra derecha las marcas amarillas y los hitos que nos guiarán primero al cercano pico Espín, de 1277 msnm, cercano a la Mostayal. Lo iremos haciendo entre el ganado vacuno, nuestro único compañero en este día durante gran parte de la ruta, solitaria por la niebla que amortigua nuestros pasos.

De ahí nos queda pasar la canal de La Mata; cerca de ahí vemos a un chaval que nos confirma que vamos bien. La canal impresiona con la niebla, aunque no tiene pasos difíciles y nos deja llegar en muy poco a la cumbre.

Y de ahí para abajo por el mismo camino mientras la niebla aclara un poco; podemos tener unas vistas de lo que nos deparó la montaña algo más claras que al principio del día.

Y es que esta Mostayal siempre nos deja buenas sensaciones, hace años que viene por aquí y tuvimos un descenso complicado entre la vegetación.

Este día, aparte del buen sabor de boca, nos dejó ganas de disfrutar de la tarde pero que muy agusto.