Canal NO derecha del Toneo (máx. 50o): Alpinismo cantábrico en San Isidro.

Fotografía extraída de la web elmaquis.net.

Pues eso, que nos vamos a San Isidro, entre Asturies y León a pasar un fin de semana exprés y realizar uno de los corredores clásicos de la zona, en el accesible pico Toneo (2091 msnm).

Dormimos en la misma frontera, en el aparcamiento del pueblo asturiano de La Raya, y ya al amanecer tenemos a la vista el tubo Norte, así como las amenazadoras nubes que la predicciones del tiempo prometían:

Cruzamos la urbanización de La Raya y entre las últimas casas pasamos a las pistas de esquí, que debemos ir subiendo hasta encontrar la forma de pasar una primera loma (algo sencillo, pues suele haber huella debido a lo accesible de los corredores).

Una vez pasada la loma, nos encaminamos a la zona media de los remontes, en la majada Entresierras, desde donde veremos el corredor que queremos hacer, con una huella en zigzag muy clara:

El comienzo del largo corredor (unos 300 metros), no deja de ser una pala de unos 35º, bastante sencilla, que nos sirve para ir entrando en calor.

Este año de pocas nieves nos va a permitir progresar de forma cómoda, disfrutando de las paradas para ir visualizando las opciones.

Ante una primera decisión, nos vamos a la derecha, que nos parece una opción más sencilla, aunque ambas tienen huella.

Y nos encontramos un primer estrechamiento que es bastante más sencillo de lo que a primera vista parece.

A partir de aquí la cosa se pone algo más pindia, con algún tramo de hielo, pero sencillo de progresar.

Además, con estas impresionantes vistas del pico Torres, que más podemos pedir:

Seguimos ascendiendo, con algún tramo que sospechamos llega ya a los 50º hasta alcanzar un diedro muy evidente que nos sirve para descansar.

Un poco antes habíamos decidido buscar la salida a cresta hacia la izquierda (que es donde había huella), teniendo como referencia dicho diedro.

Aunque se supone que la salida derecha es más sencilla, seguimos la huella, lo que nos parece más factible; aún así, toca apretar en una salida en la que el hielo se mantiene en buenas condiciones y ahora sí, la inclinación es la máxima del día.

Llegamos a la cresta, que está casi pelada, y caminando unos metros a nuestra derecha llegamos a la cima del Toneo, con el bonito circo del Agujas (y los corredores que íbamos a intentar pero descartamos por cansancio y posibilidad de tormentas) al Suroeste:

Cumbre del Toneo. Al fondo, el pico Agujas y sus corredores. Más cerca, La Loma, hacia la que iremos.

Descansamos, dejamos nota en buzón de cumbre y descendemos hacia el Oeste, hacia el collado del Toneo.

Una vez allí descartamos tanto los corredores del Agujas como el coronar este por la cresta, pero antes de volver ascendemos en unos minutos el pico de La Loma (1973 msnm):

Desde allí bajamos a un collado cercano que une La Loma con un pequeño pico que corona una antena. Y desde este collado, de vuelta a los remontes de la parte media de la estación, a La Raya y al descanso merecido.

 

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Al Morezón de Gredos por canales y variantes.

La Directa al Morezón, que estaba sin formar y la Mina, que intentamos el comienzo. A partir de ahí, la aventura. Fotografía extraída de LosK2delasKumbres.

La idea, en este invierno tan pobre, era acercarse a Gredos y subir al Morezón por la Directa.

En la práctica, nos metimos en una buena aventura y me es difícil explicar la subida, aunque lo voy a intentar:

Nos plantamos en la Plataforma de Gredos un buen viernes por la noche con la intención de madrugar y poder pillar la nieve en buena estado.

Tras un buen desayuno comenzamos a caminar, ya en esta primavera recién comenzada, y sin haber pisado esta zona en todo el invierno.

Las noticias que teníamos era que la nieve era escasa pero estaba en buen estado. Tras pasar la zona de Los Barrerones (foto de arriba) llegamos a la laguna, que comienza su deshielo.

Bordeamos la laguna por su izquierda, en dirección al refugio, para ver como están los corredores y nos llevamos la primera decepción; la Directa al Morezón no existe, así que continuamos a ver como pinta lo demás.

Tras charlar con otro grupo de montañeros y descartar otras opciones, nos decidimos por intentar el canal de la Mina a pesar del evidente resalte de piedra y hielo que no sabemos si nos dejará avanzar.

Efectivamente, el no llevar material para asegurar nos hace imposible pasar:

Buscamos primero una salida a la derecha, en roca, que tampoco nos es posible y después una de nieve que sí que podemos pasar.

La nieve está en buen estado, aunque escasa, y vamos progresando a ratos siguiendo huella, a veces intuición, en un terreno mixto.

Seguimos progresando en este terreno, y más o menos (no tengo nada claro muy bien cómo hicimos) salimos a lo que debe ser una de las variantes finales de la Mina; una canal muy amplio que da a la línea de cumbres y que nos deja el Morezón justo a nuestra izquierda.

Y de ahí a coronar, avisar que todo va bien y bajar por la vía normal muy rápidamente a tomar algo en el bar de la Plataforma, quitarnos las ropas sudadas y volver a casita a descansar.

A ver si con suerte la próxima sabemos donde subimos jeje.

 

Norte Clásica de Peña Ubiña (III, 55o máx.).

Imagen extraída de la web elmaquis.net

Para quien no lo sepa, la zona de las Ubiñes, y en concreto Peña Ubiña, es mi zona de montaña favorita en el mundo (al menos el conocido por mí).

Me da rabia y alivio a la vez el que no sea excesivamente conocida fuera de la zona cantábrica.

La había subido en un par de ocasiones, siempre en verano, así como ascendido otras cimas de la zona; esta vez, sin embargo, era mi debut invernal tanto en la zona como en la Cordillera Cantábrica.

Y que mejor que con la montaña más bonita del mundo mundial, ¿no?.

Salimos temprano de Avilés, donde un buen amigo me acoge y me hará de guía en la zona (amén de ayudarme con la cacharrería, que yo controlo entre poco y nada).

Dejamos el coche en Tuiza d’Arriba y cogemos el camino de verano al refugio del Meicín (en esta época del año deberíamos evitarlo y coger el de invierno por el peligro de aludes, pero este año la estación ha sido muy seca y esta casi seco hasta el propio refugio).

Una vez allí, charla con los guardias, trago de agua y preparamos piolet y crampones para comenzar a subir el valle de Covarrubia, larguísimo ascenso por una pala de nieve que nos hará rodear el Cuetu les Cabres por la derecha.

Debemos bordear el Cuetu les Cabres hasta llegar a una zona llana llamada Joyos de la Cabra (nosotros entramos algo más a media ladera que la foto de arriba, con lo que ya nos encontramos en la base de los paredones).

Nos encordamos y seguimos avanzando, ya ganando pendiente hasta una zona con unos pasos pelín complicados, que nos llevarán a la base del corredor diagonal que gira hacia la derecha.

Siguiendo la huella, entraremos en el corredor diagonal derecha (50-55º).

El corredor, corto pero exigente, está en muy buenas condiciones, a tramos con nieve dura y a tramos con hielo.

Exige varios aseguramientos y luego sale a una pala de nieve de unos 40º, que nos permite descansar, comer y beber, recoger parte del material y disfrutar de estar aquí (a pesar de los incendios que se observan desde lo alto).

A partir de aquí, buscamos entre alguna de las canales que tenemos delante, para elegir la que nos llevará a la arista norte.

Nuevamente, buenas condiciones en la canal que elegimos. Huella, tramos de mixto, hielo y nieve dura antes de salir a la vertiente leonesa.

Los Fontanes de fondo, observando nuestros movimientos y el cansancio que a mí me empieza a pesar.

Debemos elegir, para llegar a la cresta cimera, por donde hacerlo. Parece que un tramo de roca es el más claro, aunque pido que me aseguren.

Y una vez en la arista, cumbre, con el tremendo espectáculo que supone siempre llegar a Peña Ubiña la Grande.

Tras un buen rato en la cumbre, y viendo la falta de nieve de este año. bajamos dirección E por la canal de Terreros; algo normalmente desaconsejado por avalanchosa.

Hacemos un muy rápido descenso con el poco ortodoxo método del culoski hasta el collado del mismo nombre, desde donde nos encaminamos de nuevo al refugio a por la casadiella de la victoria.

 

 

 

 

Peñamayor (1141 msnm), desde Les Praeres: Entre Nava y Bimenes.

Tras el día anterior realizar la Norte Clásica de Ubiña, me apetecía una ascensión tranquila, de esas que me gustan: De media mañana, en buena compañía, a esas cumbres que sirven como mirador de las grandes montañas.

Además, hace tiempo tenía pendiente el ascenso a Peñamayor, cumbre de la sierra del mismo nombre que en su momento dejé a medias por culpa de la niebla, y que cumple con todos los anteriores requisitos.

Nos dejan en el bar de Les Praeres, al final de una sinuosa carretera que fue fin de etapa en la Vuelta a españa del año pasado.

Comenzaremos a caminar por la pista que va hacia Anes y Fayacaba. Tenemos a la vista el collado de Peñamayor, con el picu Oroxu a la derecha y nuestro objetivo a la izquierda.

Ya llegando al collado, y tras pasar por una zona con unas cabañas bien guspas, debemos estar atentas a coger un resto de sendero que nos irá llevando, bordeando la montaña por la otra ladera, poco a poco hacia la cumbre.

El sendero a veces es algo complicado de seguir, pero poco a poco nos depositará, sin excesivas complicaciones (a no ser que haya niebla), en el pico anterior, el “de las antenas”.

Desde la cresta ya tenemos una imagen de la Cordillera, con menos nieve de la esperada para esta época del año. También, desgraciadamente, de los incendios y de la nube de contaminación que cubre la zona central asturiana.

Y a los pocos minutos, la cumbre, con su característico y bonito buzón de cumbre.

Desde la cumbre, espectaculares vistas: la costa, el Sueve, los Picos d’Europa, Ponga, la Cordillera, el Aramo…

Una vez allí decidimos hacer la ruta circular, bajando por la majada Espines. En vez de seguir por la cresta, bajamos por nuestra izquierda (según el camino de nuestra marcha anterior), buscando rastros de senderos.

Tenemos la suerte de pasar por un guapo bosquete de acebos y ver algún tejo suelto. Seguimos bajando hasta encontrarnos con las primeras cabañas, que nos enlazarán casi directamente con el camino de vuelta a Les Praeres, donde finalizaremos nuestra excursión.

Tubo Central de la Hermana Mayor (50º, 140 metros). Circo de Peñalara.

Tras más de un mes sin poder catar nieve de verdad, nos acercamos rápidamente a Peñalara, a realizar el tubo Central de la Hermana Mayor, justo desde la Laguna Grande, en una zona espectacular.

Debemos madrugar más de lo que deberíamos porque el aparcamiento de Cotos cada día se llena antes.

Esperamos un rato en el coche, preparamos con calma el material y comenzamos la mañana (demasiado poco fría, demasiada poca nieve pero esta al menos en buenas condiciones) y nada más seguir las zetas cogemos el desvío de la laguna para plantarnos debajo de los corredores.

A la izquierda el canal de la Ceja. A la derecha, el Tubo Central, por el que ascenderemos.

Nos metemos en faena y aunque la nieve está bien, empieza a dar el sol y se nota que en cuanto pase el tiempo se va a poner tipo primavera.

Aunque el corredor es sencillo, lo es más debido a la huella que hay, que hace bastante escalera. Aún así, es disfrutona y tenemos buenas vistas de la laguna semi helada.

Salimos sin mayor problema a la Mesa. Desde aquí tenemos a la vista las grandes cornisas que se forman.

Así que tras valorarlo, decidimos separarnos; Una de nosotras irá hacia la derecha (dirección Peñalara), buscando la salida, que tienes menos chicha al final aunque es más larga:

Otro irá en dirección a la Hermana Mayor en una salida que tiene una salida final que alcanza los 45o y que con nieve polvo se complicó un poco:

De ahí, para evitar bajar todas las zetas cogemos una de las canales de bajada que nos llevarán de nuevo al caos de Cotos (que confiemos en que algún día se arregle sin que haya una desgracia antes).

 

El Ocejón (2048 msnm) y Ocejoncillo (1960 msnm) desde Campillo de Ranas.

Quienes hayáis leído algo de este blog sabréis que tenemos especial cariño a la Sierra de Ayllón, a pesar de que no vamos mucho por la zona, que es además Parque Natural.

Este fin de semana si que pudimos hacer una breve escapada a los pueblos negros (por sus características construcciones de pizarra oscura), y aprovechamos para subir el pico más característico de la zona, el Ocejón.

Pensábamos pillar algo de nieve, pero como veréis, había muy poquita, así que aprovechamos para disfrutar de la diversidad vegetal y hacer una buena pateada (se hacen unos 20 kms.).

Al contrario que en otras ocasiones, esta vez vamos a subirlo desde el bonito pueblo de Campillo de Ranas.

Como decimos, no tiene mayor dificultad aparte de los casi veinte kilómetros de ruta; a pesar de su altitud, tampoco es el más alto de Guadalajara (el honor le corresponde al pico del Lobo); lo que tiene de característico es su separación del resto de la Sierra, de hecho pertenece a un cordal denominada Sierra del Robledal.

Salimos desde el aparcamiento que hay a la entrada de Campillo y cogemos el sendero señalizado como PR GU-1.

Desde el principio tenemos a la vista el Ocejón, que como se ve está bastante pelado, al menos hasta el Collado Perdices. Aún así, el entorno merece la pena; vamos a tener primero que cruzar un puentecillo que nos internará en una zona de jaras durante la que llanearemos  unos 3 kilómetros, antes de encontrarnos con un cruce de caminos, al lado de un característico depósito de aguas.

En ese cruce de caminos debemos seguir de nuevo las claras indicaciones del PR que lleva al Ocejón.

Nos internaremos en un pinar de repoblación y continuamos, ignorando de nuevo otros caminos señalizados.

Tras abandonar el pinar y seguir ascendiendo (el camino a veces se hace pesado, aunque no duro, ya que es todo bastante tendido) nos encontraremos un poste indicador tirado en una zona con dos caminos; ahí debemos seguir por el más evidente, el de la izquierda, pasar al poco otro cruce (con uno de los caminos que llegan desde Majaelrayo) y seguir por un bonito robledal en el que el camino ya empieza a picar bastante.

Pasado el bosquecillo, en el que encontraremos unas peñas en un determinado momento, a nuestra izquierda que sirven de descanso y mirador, llegaremos al collado Perdices.

Aquí llega también el camino que proviene de Valverde de los Arroyos. Ya solo nos queda encaminarnos al pico.

Al pasar de vertiente, tenemos a la vista lo que no podíamos observar desde Campillo de Ranas, pero aún así acertamos: está todo casi pelado de nieve (aunque la que hay está dura) y hemos paseado el equipo invernal.

Aún así trasteamos un poco antes de llegar a la cumbre, con sus preciosas vistas del resto del Ayllón, la Sierra del Rincón, los Carpetanos y Guadarrama al fondo…

Y lo que intuimos pueden ser unos bonitos corredores, orientación NO, en el acceso a la Cabeza de Mostajar:

Nos planteamos si seguir cresteando en dirección hacia ese pico, al Sur, y luego ir bajando por la línea de cumbres, realizando una circular.

Pero se nos iba a hacer tarde, estamos cansadas y decidimos volver por donde vinimos, siguiendo hacia el Norte para coronar el pico secundario conocido como Ocejoncillo, antes de bajar de nuevo el collado Perdices y emprender un rápido descenso a Campillo de Ranas.

Las Cabreras (1178 msnm), ruta corta para días sencillos.

Como no había nieve y además las fiestas nos estaban dejando sin fuerzas, aprovechamos para realizar una de esas rutas cortas, tranquilas y sin mayor dificultad pero que son ideales para conocer alguna de las sierras olvidadas de Madrid.

Tiene además el aliciente de poder ir tranquilos y de no coincidir con demasiadas personas.

En este caso nos acercamos a Las Cabreras, ese amontonamiento granítico que hay al otro lado de la A1 si dejamos el Pico de la Miel en el opuesto.

Para llegar, nos desviamos en el km.60 de la carretera de Burgos y cogemos la M127 hasta una urbanización llamada “Pradera del Amor” (quién sabe porqué), llegando hasta su final.

Una vez allí, empezamos a caminar por la evidente pista, dejando a izquierda el Pico de las Vacas y a nuestra derecha, Las Cabreras.

Seguimos hasta el collado que forman ambas;

A pesar de la fealdad de los postes de electricidad, esta Pedriza en miniatura tiene el encanto de poder observar, desde aquí, multitud de las alturas de la zona: Pico de la Miel, Cerrro de San Pedro, la sierra del Mondalindo, Montes Carpetanos, Sierras de Somosierra, Ayllón y del Rincón…

Seguimos por el camino hasta que en una curva, vemos una serie de hitos, al principio no muy evidentes que nos dejarán en pocos minutos en la cima de la primera de Las Cabreras (la que tiene el hito, con 1177 msnm, pero que no es la más alta).

Hay que poner las manos en algún momento pero más allá de eso, no existe dificultad alguna.

Una vez en la cumbre, seguimos la cresta (esta vez si, más entretenida y con algunos pasos muy chulos) hasta la siguiente de Las Cabreras, que con 1178 msnm es la máxima altitud de la zona, y tiene además una doble cumbre que alcanzamos antes de comer, pasar un rato al sol de enero y volver por el mismo camino.

Canales Central, de la Ceja y tubo del Robot en el macizo de Peñalara.

Estábamos esperando que hubiera condiciones para debutar esta temporada en algún corredor en nuestra casa, Guadarrama.

Aunque las condiciones no parecían ser las mejores, aprovechamos el fin de semana previo a las fiestas navideñas para acercarnos al macizo de Peñalara a ver a un par de amigos que andaban por allí y montar un buen grupete.

Lo que salió fue una mezcla de ocasión y suerte, así que allá va:

Quedamos en Cotos con unos amigos que han pasado noche en el refugio que hay en la estación de tren del mismo nombre y nos ponemos en marcha en dirección a la laguna Grande.

Efectivamente hay poca nieve tanto en el corredor de la Ceja como en el Central:

Decidimos dividirnos en dos grupos: mientras que uno sube la Ceja, en mejores condiciones, el otro irá por el Central, que imaginamos en peores (pero es que ni siquiera estaba formado; una pena no solo por la falta de disfrute, sino por ser zona muy frágil ecológicamente que no deberíamos pisar sin nieve suficiente. Fallo muy grave el nuestro, que apuntamos aquí para que sirva a más gente).

El canal de la Ceja (55º máx.) y abajo, la laguna Grande de Peñalara.

El canal Central, prácticamente sin formar.

Habíamos quedado en encontrarnos en la salida de ambas canales. Sin embargo, al grupo que sube por el Central, se le ocurre aprovechar que el tubo del Robot (que sale a la izquierda del canal Central, de forma muy evidente) sí que está formado y parece asequible sin encordarse para probar:

Viendo que se puede hacer el tubo del Robot (60º máx.) que une el Central y la Ceja.

Salida del tubo del Robot.

Efectivamente, la nieve está en buen estado y a pesar del resalte a mitad del tubo que dificulta bastante el paso, se hace bien.

Muy divertido y que nos quita las malas sensaciones que llevamos, nos encontramos al resto del grupo, aunque por poco tiempo.

Unos decidimos salir hacia la cima de la Hermana Mayor a la izquierda de las cornisas,

mientras el otro grupo decide probar unos diedros que van directos a la misma cumbre. Día entretenido, como veis.

De camino al diedro que da paso a la cima de la Hermana Mayor.

No penséis que la cosa acaba aquí: nada más encontrarnos de nuevo, uno de nosotros se va a hacer la cumbre de Peñalara por el camino normal mientras el resto bajamos una de las palas que dejan cerca de la Hermana Menor para ascender por alguna otra de las breves pero entretenidas palas que nos vuelven a dejar en la línea de cumbres.

Desde allí, esta vez si, bajamos por las famosas y monótonas zetas que nos dejarán de nuevo en Cotos.

 

Intento frustrado al pico de Pondiellos (2917 msnm) en el circo Panticosa.

Imagen extraída de la web Pirineos3000

Como comentamos en la anterior entrada, nuestra segunda subida en este viaje al Pirineo oscense era al circo de Panticosa, el cual tenía muchas ganas de conocer.

La idea inicial de subir al Garmo Negro por la vía normal, la cambiamos por otra más atrevida: hacer la Aguja de Pondiellos, otro tresmil que se suele dejar de lado y desde ahí hacer la pasada al Garmo.

Nos plantamos pues en el balneario de Panticosa, donde se encuentra el bonito refugio de La Casa de Piedra.

Y desde ahí subimos por el sendero, que ganando altura de manera muy rápida y cómoda, nos lleva hacia el Circo de Argualas.

La falta de nieve se hace notar, y eso a pesar de que decidimos meternos por el corredor que nos lleva a la canal final al collado de Pondiellos.

Nos pasará de la Mallata Baja a la Alta de forma más rápida y elegante que la vía normal, pero el corredor está seco seco y lo pasamos en mixto.

Una vez en la Mallata Alta, y tras un pequeño descanso (a mí me faltaban fuerzas, y del equipo inicial nos quedamos para el ascenso dos personas) seguimos hacia el collado de Pondiellos en una larga subida.

Una vez llegados al collado, nos topamos con la ventisca que se anunciaba para esa mañana. Además de cruzarnos con un par de montañeras (las que salen en la foto de arriba) y otro compa más que nos desaconsejan subir a la Aguja por las malas condiciones de la nieve.

Les hacemos caso enseguida pero decidimos ir al otro lado del collado para ascender el Pico de Pondiellos. Este apenas es ascendido debido a que es el único pico de la zona que no llega a los 3000 metros de altitud (siguiendo la cuerda llegaríamos al Arnales y a los impresionantes Picos del Infierno).

Lo que nos parecía iba a ser una breve ascensión se convierte en un paso por una cresta catalogada como PD, que con la nieve y la ventisca se complica bastante.

                         Por la cresta del Pico Pondiellos. La Aguja y el Garmo Negro al fondo.

Pico Pondiellos, Arnales y Picos del Infierno.

Tanto que nos encontramos una brecha a pocos metros de la cima que nos obliga a abandonar y bajar por la otra vertiente.

Y de ahí al collado de Pondiellos de nuevo, para esta vez bajar evitando el corredor, en un descenso muy muy rápido a Panticosa; en un día que se nos complicó pero al mismo tiempo nos deja un doble buen sabor de boca al crestear en unas condiciones difíciles y al mismo tiempo volver a casa con muy pocos rasguños.

Collarada (2886 msnm) desde La Trapa por la canal Este.

El año pasado, debido al tiempo (meteorológico y a la falta de él) nos quedamos sin debutar en las invernales del Pirineo.

Este, adelantándonos algo a la temporada y con algo más de nieve en nuestra mente de la que en realidad hubo, nos acercamos a nuestra querida base de Jaca para tantear que tal.

Y el primer día fue este, inmejorable:

Nos acercamos a la pista que desde Vilanúa va hacia el refugio de la Espata.

Aparte del equipo de Madrid, vamos con un exiliado en la Jacetania y un gran compa de Canfranc, que serán nuestros guías de la zona.

Según salimos del coche es tirar por la pista, avanzando rápido, y aprovechando para conocer la geología de la zona, su fauna y flora (mucha oruga para la época del año en la que estamos, producto de que el pino negro sea plantado y no flora autóctona), la problemática de la despoblación también aquí…hasta llegar al refugio de La Trapa. Una vez en él, debemos seguir un sendero que sale detrás del mismo y que subirá de manera muy evidente hasta entrar en una zona acanalada y que está equipada con cadenas:

Tras pasarla, llegamos a otra zona de llano, donde apenas hay nieve a pesar de las fechas de diciembre en las que nos encontramos. Aún así, ya con la Collarada cerca, nos emocionamos ante su vista:

Nos vamos a acercar a los Llanos de los Campanales, donde haremos una parada algo larga para ponernos el material, comer algo y esperar a que la nieve de la canal Este (la clásica de subida, a 35º-40º, F+), esté en mejores condiciones.

Con los Campanales y el Bisaurín al fondo.

Comenzamos la pala de aproximación con una nieve escasa pero muy divertida de subir, tactando las condiciones de la nieve pirenaica, tan diferentes a lo que conocemos en Madrid.

Y comenzamos la canal, muy sencillita pero disfrutona:

Como tenemos un sol espectacular, imaginamos que la salida va a ser espléndida, como así es:

Donde hacemos cumbre, acompañados tan solo de un solitario montañero que ya estaba arriba. Genial que en esta zona, por su carencia de tresmiles, haya tan poca gente.

Desde el pic d’Anie, Midi d’Ossau, Balaitus, los tresmiles de la zona de Panticosa (hacia donde iremos en un par de días). Tremendo.

Un buen rato para iniciar la trepidante, y a tramos peligrosa, bajada por la cara oeste hacia el collado de Ip y vuelta a casa.

Para ello debemos de desviarnos justo antes de llegar al collado y terminar de bajar una larga pala que nos llevará a una zona conocida como “Los Palos” (básicamente porque estos sirven de hitos; tras ello bajaremos una faja caliza que se nos hace muy muy pesada pero que nos servirá para alcanzar la pista de comienzo de la actividad de hoy. Y a descansar!