Techo de Asturias: Torrecerredo (2648 msnm) desde la Vega de Urriellu y Horcada Arenera.

Pues si, con esta crónica acabamos nuestro periplo asturiano. Una de las cumbres que llevaba pendiente desde hace años.

Importante no solo por su altitud (la más alta de la Cordillera Cantábrica, y por ende de Picos de Europa y de Asturias), sino también por su dificultad.

A pesar de que hay muchas montañas más difíciles que estas en Picos, y que fuimos hasta ella por su recorrido a priori más accesible, esta fue, y será durante mucho, una de las mejores y más exigentes rutas montañeras de mi vida.

Vamos a ello: tardamos unas dos horas y pico en coche desde Oviedo hasta el bonito pueblo de Sotres, al que siempre es un encanto volver.

Nuestra intención es salir en dirección al collado Pandébano y de ahí hasta la vega del Picu (así, como se llama así al Urrriellu), donde está el refugio, primera etapa de nuestra excursión.

Venimos con buena compañía desde Madrid: una recua de punkis montañeros (con o sin experiencia). Dejamos los coches en la pista ganadera que pasa por los Invernales del Texu, una zona de majadas ganaderas, para ahorrarnos un tramo del PR 21, que nos llevará hasta el refugio.

En principio no pueden pasar coches por esta pista al ser parque nacional; es solo para los ganaderos de la zona. La verdad es que lo hace todo el mundo…y nosotros también. Es algo para darle una vuelta, desde luego, porque el nivel de ocupación de coches es enorme, y generamos una gran molestia a la zona.

Tenemos unos kilómetros de pista que asciende en revueltas, sin pérdida, hasta el collado Pandébano. Aquí ya se nos abren las praderías para el vacuno, del que debe haber a millares.

Y nosotras para el Urriellu. En este primer tramo se va bastante cómodo, ideal para ir cogiendo fuerzas para lo que nos espera, y ya con el Urriellu asomando imponente al fondo.

Al poco, pasamos por la majada de la Terenosa, donde hay un refugio (no sé si es de ganaderos, en todo caso está bien saberlo, y además tenía buena pinta), mientras en unos minutos, a la derecha según avanzamos, esperamos ver al fondo, muy al fondo, el pueblo de Bulnes.

El camino sigue siendo cómodo, aunque nos estamos acercando al collado Vallejo, desde el cual ya se sube sin piedad.

 

Sin piedad significa exactamente eso. Yo recordaba una subida muy dura cuando pega el calor (como era el caso de hoy) de otro año en que me acerqué por la zona.

Y aunque la forma física es mejor, la carga a la espalda se nota, y vamos subiendo lentamente, culebreando por el sendero sin pérdida alguna. Y por favor, no me atrochéis, que el camino que hay es el mejor, no hace falta erosionar más la zona.

Lo bueno es tener de referencia el Picu, y aunque cuando asoma el refugio aún queda el repecho final, la primera parte del recorrido (la más fácil, sin duda) está hecha.

Aquí nos vamos a tomar un merecido (aunque demasiado largo, cabrones) descanso. Y aunque tenemos clara la ruta y el tiempo parece que no va a cambiar, aprovechamos la amabilidad de los guardias del refugio para consultar con ellos. Todo bien, nuestra intención es pasar la Horcada Arenera, ir a la base de Torrecerredo, y coronar bien esta tarde bien mañana a la mañana.

Así que nada…ey ho, let`s go!

Enfrente del refugio sale la hoy transitada senda que, tras pasar la Brecha de los Cazadores, llega a la Corona del Raso.

Este paso, equipado con cadena, sin ser difícil, tiene su punto de dificultad, e imaginamos que en otras condiciones climáticas, de peligro.

La verdad es que dejar el Urriellu a la espalda, algo que no he hecho nunca, me impresiona. Y preocupa algo, ninguno hemos estado en la zona, y aunque tenemos la ruta mirada desde semanas atrás y el tiempo es inmejorable (y tenemos horas de luz de sobra para equivocarnos), nunca se sabe.

Pero nada, a seguir. Tras la Corona del Raso tenemos un sendero muy claro, y que sube tranquilamente hasta la Horcada Arenera. Un tramo para disfrutar, ya en la zona laberíntica del macizo central de Picos.

Hay que decir que desde el refugio del Urriellu las señalizaciones son jitos, que hay que saber leer bien, así como los rastros de senda que tengamos.

Desde la Horcada Arenera, alguna de las mejores panorámicas de estos dos días, con las Torres Areneras y el Pico Albo a nuestra derecha, el neverón del Urriello delante de nuestras narices…y el caos de jous que tenemos por delante.

Desde la Horcada Arenera surgen dos senderos: el que va más a la derecha nos llevaría hasta el refugio de Cabrones, mientras que nosotras vamos a seguir el de la izquierda, para ir directos a la base del Torrecerredo.

Esta zona es sin duda la más complicada, el sendero se difumina entre los jous en continuas subidas y bajadas. Aún con mapa, brújula y la ayuda de la gente que nos vamos cruzando (que vienen de vuelta) nos cuesta mucho la orientación.

De esta parte me abstengo de decir mucho, ya que tenemos un momento de pérdida, con actos graciosa tontería incluidos, que hacen que decidamos posponer la cumbre para el día siguiente. Cumbre que llevamos un rato viendo, y que nos da una idea de lo duro que nos lo va a poner.

Solo decir que hay que seguir bien los hitos, volviendo atrás si es necesario, y que no solo la orientación es dificultosa, hay también un par de pasos con cierta complejidad.

Conseguimos arreglar el pequeño desaguisado y ya con el camino bastante más claro, buscamos un vivac donde descansar.

Torrecerredo es el pico de la izquierda.

Vamos a vivaquear a unos 2000 metros y pico, con el Torrecerredo de fondo, y en plena lluvia de Perseidas. El año pasado fue en Jaca,

la verdad es que no podemos quejarnos.

Tras una noche de lo más descansada, nos ponemos de nuevo en marcha. Ya hay mucha gente más madrugadora que nosotras, así que solo tenemos que seguirlas, teniendo en cuenta además que nuestro vivac está justo al margen del sendero.

Vamos a ir bordeando la Torre Labrouche, dejándola a nuestra derecha. La zona está bien hitada, y vamos a pasar por alguna pedrera incómoda antes deesta chimenea, pelín complicada, pero divertida de trepar.

Tras ella seguimos en la zona de roca, trepando con cuidado, pues tenemos algún paso complicado.

La subida no es especialmente difícil, pero es cierto que hay una caída enorme, y que psicológicamente tiene pasos delicados. Casco, precaución y ninguna prisa.

Y si alguien no se ve, es mejor no forzar, que es lo que vimos que se hacia con alguna de las muchas personas que subimos este día (puente de agosto).

De nosotras, subimos cuatro de cinco, pero lo importante es llegar todas a casa.

Trepada a trepada, de repente se ve ya la cima,

Más accesible y amplia de lo que pensamos, cuenta con varios vivacs…que ostias, que estamos arriba!

Aunque como se ve, estamos hechos polvo, y pensando en la bajada, más técnica que la subida.

Eso sí, disfrutamos de lo lindo con nuestra vista de pájaro, y con las explicaciones que la gente de la zona nos da. Para empezar la cresta con el Pico de Cabrones, donde hay gente que la atraviesa…

Las vistas de los tres macizos de Picos, del mar y de las sierras del Sueve y del Cuera, de los cordales de Ponga, Casu, del Alto Aller y el macizo de las Ubiñas…se veía todo.

Y tan bien que no apetece bajar. Más cuando la bajada hay que hacerla apoyando bien, sin prisas, pues cualquier caída al principio nos precipita 400 metros al fondo de un jou.

Alguno de nosotras aprovecha una cuerda que nos ceden amablemente, y poco a poco vamos quitándonos este primer y peligroso tramo.

A partir de aquí toca ya disfrutar de lo hecho, ya sufrir porque nos quedan horas de vuelta. Recogemos las mochilas, volvemos a la Vega de Urriellu a bebernos unas cervezas y a despedirnos, mar de nubes final incluido, de estas 18 horas en dos días de caminata y trepadas.

 

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Ponga, conceyu perdido. El Pierzu (1542 msnm) desde collada Llomana.

(gran parte de las fotos de esta crónica son de Nacho Quesada: http://www.nachoquesada.com).

A esta preciosidad que se ve desde Beleño, el Tiatordos, íbamos a subir la mañana siguiente de mi llegada a Asturies. También tenía mirada la otra mole de Ponga, peña Ten.

Tras una larguísima travesía para poder llegar a Ponga (carretera que más parecía caleya incluida), quedaba claro que había que descartarlo.

Ruta larga, gente con sueño y posibilidad de niebla. Así que me quedará pendiente. Pero bueno, nos vamos a acercar a un mirador privilegiado de toda esta zona: el Pierzu, con una altitud más modesta.

Nos alejamos de Beleño en dirección a Viegu, donde cerca de allí (perdón por las inconcrecciones, pero no era yo el guía de la ruta y la memoria es frágil), cogemos durante un par de kilómetros un PR (¿el 181?) que nos acerca a la collada Llomena. Hasta aquí puede llegarse también por carretera desde Beleño, ya que hay un amplio aparcamiento.

Desde aquí sale el PR AS-211, que ya no abandonaremos en todo nuestro recorrido

Comenzamos sin pérdida por una amplia pista forestal, bajo el calor impropio de estas zonas.

Son dos kilómetros la mar de aburridos, de no ser por las vistas. De una zona en la que solo había estado una vez en mi vida, y que es un mirador privilegiado de Ponga, Amieva, los Picos de Europa…

Llega un momento en el que a la derecha, en una zona conocida como la Cantera de Excueño se nos va a abrir un camino que sube bastante directo, y que está bien señalizado. Empieza lo bueno.

Porque estas rutas de media montaña es lo que tienen. Ni son tan duras ni tan difíciles como el resto de actividades que teníamos miradas por esta zona, pero no veas como pica para arriba todo.

Así que allá vamos, entre sol y felechos, pues va desapareciendo poco a poco el bosque y seguimos serpenteando hasta llegar a un collado muy evidente, el de Llano Canto.

Desde aquí tenemos el cordal que debemos seguir de frente a nuestra derecha, aunque vamos a ir despacito no solo por el calor, también porque queremos disfrutar el día pero bien.

Como digo, nos quedamos un buen rato en este mirador, donde tenemos a la vista el lago Canto con sus praderías adyacentes. Los Picos de Europa ya se ven claramente en el horizonte, al igual que el Tiatordos y muchas otras moles que no reconozco.

Se trata ahora de seguir la cresta, por un camino hitado y bien señalizado, aunque a veces nos despistemos algo. Pero vamos, en un día claro como este, lo que más cuesta es el calor y el continuo pasar cumbres secundarias de esta sierra.

Vamos a pasar, como referencia y zona de descanso y protección, por la majada de Cerboes, antes de continuar la crestería.

Y así, poco a poco, llegamos a la cumbre, aún más estupendo mirador de la zona…si no fuera porque con estos calores está todo lleno de moscas y avispas, las mejores amigas de los senderistas sudorosos.

Bajamos un poco para comer y comentar el día. También porque nos da pereza emprender el camino de vuelta, que es muy rápido si exceptuamos los dos tramos de pista forestal que hicimos al principio de la jornada.

En definitiva, buen día y perfecta compañía.

 

 

 

Peña Rueda (2152 msnm) en circular desde L.l.indes.

Hay lugares en los que, sin creer en nada sobrenatural (cosas del materialismo ateo), te provocan una sensación bastante cercana a lo espiritual.

Para mí, el conceyu de Quirós en general, pero esta zona despoblada en la linde con León, dentro del parque de las Ubiñas- La Mesa 

es uno de ellos, un lugar al que vengo siempre que puedo a escaparme de la gente y a compartir mi tiempo con el bosque.

Y sobresaliendo de este bosque, de las praderías, de sus animales y sus encantos está Peña Rueda, una de las montañas que llevaba años queriendo subir y que por una u otra razón iba dejando pasar.

Hasta hoy, en el que en el ascenso por la carretera hasta la aldea deshabitada (pero con un magnífico bar regentado por una persona con la que merece la pena pararse a hablar)de L.l.indes no paraba de pensar en que por fin iba a saber lo que se ve desde sus alturas.

Así que dejamos el coche junto a la iglesia del pueblo, sin más compañía esta mañana que los gatos…para que más.

 

(mapa cogido de internet de la página lacuruxa.org)


Al final del pueblo hay un camino en el que está señalizado nuestro camino. Lo seguimos y comienzan las primeras rampas por un sendero que enseguida nos interna en el hayedo.

Hay un par de bifurcaciones en este comienzo, pero no hay que preocuparse, están señalizadas.

Entre la soledad del bosque que nos protege del sol (hoy pocas xanas veremos) vamos subiendo en dirección a la braña de Manín Fonderu, que nos podría servir de refugio en caso de necesidad.

Aquí debería haber una fuente, pero este año ha sido seco también aquí y no encontramos nada, así que seguimos de frente, ante trazas de sendero que nos van a llevar a Manín Cimeru, impresionante campera donde pastan hoy muchas vacas y en las que pega el sol pero bien…no volveremos a ver bosque en un buen rato.

Aquí hay que estar algo atentas, pues hay una serie de caminos que nos despistan un poco.

Debemos seguir un poco en la campera y empezar a girar a nuestra derecha (en el sentido de la marcha de la que venimos), en un sendero que se retuerce en revueltas hacia arriba, para comenzar el dificultoso ascenso de la canal de Vallina Grande.

Y joder como cuesta, el camino es incómodo (no difícil, eso si) y hoy con el calor noto que me va a costar.

Eso sí, una vez pasada la canal se nos abre este espectáculo:

Descansamos un poco y proseguimos por el camino a la derecha, que nos meterá en el Cuchillar de Rueda, la opción que elegimos para subir.

Si ya me he sentido flojo a lo largo de la mañana, el Cuchillar se me hace interminable, suerte que voy con guía que abre camino.

Esta es una zona calcárea, incómoda de caminar y pesada. No es nada aérea excepto en su tramo final a pesar de ir por la cresta de la montaña, pero te va minando porque la subida se hace larga y pesada.

Eso sí, no piensas en eso cuando se te abre el Aramo de esta manera:

Y de repente, la cima.

Sin palabras, con las Ubiñas delante. Después de tantos años con ganas de estar aquí, por fin lo podemos disfrutar. Aunque hay que pensar en el descenso, que en vez de hacer por el mismo lado queremos realizar en circular bajando por los puertos de Agüeria, quizás la zona más bonita que haya pisado jamás…

Pero de eso hace unos años, así que nos pensamos la bajada antes de decidirnos. Nos asomamos a la ladera SO donde el camino se ve claro, en una bajada que es rapidísima y con mucha piedra suelta.

Delante nuestro picos como el Huertu del Diablo o el Ranchón, que superan también los dosmil metros. Y nosotras que debemos bajar hasta el colláu Fontes, que se ve claro en el descenso, pero al que es más complicado bajar directos sin desviarse. Debemos tener claro que tenemos que llegar, según bajamos, a la vertiente de nuestra izquierda; nos servirán de ayuda visual alguna de las cabañas a las que debemos dirigirnos.

Una vez en el collado, nos dirigimos por alguno de los senderos de ganado, y rodeados de vacas y caballos (sin ver ningún humano en los alrededores) hacia las majadas que tenemos vistas anteriormente (Cardosina, Cerezal, Piornal…son varias, no sé a cual nos acercamos nosotras).

Descansamos y como esta zona está sin sendero, nos acercamos al cauce que forma el valle de Agüeria. Esto nos sirve como referencia a la hora de internarnos (con mucho cuidado, respeto y silencio, estamos en un lugar único) en los bosques de acebos donde nos llevamos sorpresas como encontrarnos de frente con un grupo de caballos descansando.

Saldremos poco a poco de la masa boscosa (aunque nos quedaríamos a disfrutar horas, pero el camino es largo y nos pesan las piernas), siempre a la vera del río.

Da pena dejar esto atrás, eso si…

Vamos a seguir bajando, siguiendo el río por una u otra orilla según nos lleve el sendero, hasta llegar a la estrechadura de la Foz Grande:

La foto no hace justicia a lo impresionante del lugar, es una pena. A partir de ahí, siguiendo el río como referencia, tenemos que subir un poco antes de internarnos en el bosque al acabar el desfiladero. Tenemos aquí un camino claro, muy bonito, con algún puente de estos de ensueño por el que cruzar.

Ya solo queda seguir caminando, evitando bifurcaciones innecesarias (hay un momento que podemos ir a la majada de Manín de nuevo para volver por allí, lo que sería más largo, por suerte está señalizado…con cartel en el suelo), en un tramo que se nos hace largo tras los 1300 y pico metros de desnivel positivo que llevamos.

Volvemos de nuevo a L.l.indes, sus gatos, su iglesia y su bendita falta de humanos.

Tras una de las rutas de montaña más guapas que hice nunca.

 

 

Despedida y cierre: La Gamonal (1710 msnm) desde el Angliru.

Continuamos con la descripción de las rutas que hemos hecho estas últimas semanas en Asturies. Aunque esta fue la última, la de la despedida (de momento), queremos hacerla hoy después de ver a los ciclistas sufrir en la vuelta a españa.

Porque nosotras hicimos parte de ese recorrido hace unos días…andando.

Nos íbamos ya, pero queríamos despedirnos de la montaña asturiana en una ascensión rápida y cercana, por lo que elegimos acercarnos de nuevo a la sierra del Aramo, por la parte de Riosa, para hacer una subida rápida a la Gamonal y disfrutar de sus vistas.

Y decidimos hacerlo desde el Angliru, puerto donde dejamos el coche a 2 kms. y medio de la cima, desde donde empezamos a caminar.

Y a sufrir. imaginando como debe ser hacerlo en bici (cosa que valoramos, pero decidimos dejarlo para mejor ocasión). Ya habíamos hecho un tramo de carretera un día que estaba cortada por la nieve para venir a la Barriscal, en el que tuvimos que dejar de lado la Gamonal, una de las montañas más conocidas de la sierra.

Hoy, en un día más favorable, nos acercamos lentamente a ella, que se vislumbra rápidamente en el horizonte, dejando ver también la cercana Mostayal, el Mosquil….cumbres con menos altitud pero igual de bonitas de pisar.

Una vez en el aparcamiento del Angliru, vamos directamente a la base de la montaña, visible por su geodésico, sus antenas y por ser la más cercana al párking.

Seguimos los hitos que nos llevarán a su cumbre siguiendo a ratos los hitos y marcas de pintura, aunque la cumbre es tan evidente que no hace no falta.

Media hora escasa nos hace falta para coronar, y estar en la cima una vez más, que era lo que queríamos antes de tener que marchar de la tierrina.

 

 

 

Peña Ubiña pequeña (2197 msnm) desde casa Mieres

Muchas ganas teníamos de volver a uno de mis lugares favoritos (si no el que más) de Asturies: el macizo de las Ubiñas.

Tras un par de subidas a la Ubiña grande, nuestra intención era hacer el Fariñentu o la Ubiña pequeña desde Tuiza, pasando por el refugio del Meicín, pero el cansancio acumulado tras haber subido pocos días antes Torrecerredo hizo que nos acercáramos a esta otra desde su vía más fácil: Casa Mieres desde el puerto de la Cubilla, a casi 1600 metros de altitud.

Refugio que parece cerrado tras su conflicto con León. Una pena, pues es un lugar especial en el que siempre somos bien atendidos, y un riesgo en invierno o días de climatología adversa.

En fin, salimos por detrás de la casa, a la izquierda, donde hay un pequeño embalse y está señalizado y pisado. Tras pasar un par de vaguadas, hay un momento en el que la senda se bifurca: ambas nos llevan a la preciosa vega de Candioches, pero preferimos seguir la de la izquierda.

Está un poco amarillo todo, porque el verano (y va…) está siendo muy seco. Aún así, esta zona siempre me encanta, es una pena no poder venir más a menudo. Además, al ser entre semana hay poca gente y se disfruta más. La senda está bien hollada y no tiene pérdida, con el diente de Ubiña grande asomando en el horizonte.

Para seguir hay que pasar un estrechamiento, que nos dejará en los puertos de Riotuerto.

Una vez allí, ya vemos a nuestra izquierda nuestro objetivo del día. A simple vista parece asequible, aunque ya nos han dicho que tiene tramos bastante aéreos, y que de hecho en invierno tiene bastante peligro. Allá vamos.

Nos vamos a dirigir ahora al collado que divide ambas Ubiñas, desde donde queremos acometer nuestra ascensión. Unos cuantos montañeros se dirigen a la grande, lo que nos deja solos en nuestro camino.

Comemos algo y miramos la guía, pues no tenemos muy claro como hacer. Al final, nos metemos por la vertiente leonesa de Torrebarrio en busca del collado Ronzón.

Ahora sí, estamos en la base de la montaña y buscamos los pocos hitos que nos vamos a encontrar al comienzo: hacia la vertiente leonesa, donde seguimos, las trepadas que tocan hacer son más sencillas.

No lo vemos claro y sin querer nos encaminamos a la vertiente asturiana, donde los pasos son algo más aéreos (aunque seguros en un día como hoy, con malas condiciones meteorológicas esto ya sería otra cosa).

Hay un par de pasos complicados, así que una parte del equipo se queda, mientras la otra continúa hacia un cresteo muy bonito, en el que las caídas hacia ambos lados de la cordillera son bastante majas también…poco después llegamos a la solitaria cima.

Desde aquí, todo el macizo de las Ubiñas (la grande, Fontanes, Fariñentu…) la montaña leonesa, la cordillera cantábrica, los Picos de Europa…todo.

Y en una mañana, pues volvemos rápido hacia casa porque la previsión daba niebla y no queríamos liarla.

 

La Mostayal (1301 msnm) desde La Vara.

Como decíamos ayer (literalmente), os vamos a ir desgranando poco a poco nuestras pequeñas aventuras asturianas del mes pasado, sin orden cronológico ni concierto aparente.

Una de las cosas que echaba de menos eran las rutas de barro, agua y niebla, en las que la dificultad no la pone tanto la montaña como el clima.

Y eso tuvimos este día en el que nos acercamos a una de las cumbres emblemáticas de la Sierra del Aramo: La Mostayal.

Nos decidimos por hacer el ascenso desde la morciniega aldea de La Vara (550 msnm), bonito caserío situado en la ladera oriental de la sierra. Tras un buen viaje en coche, nos calzamos las botas con las dudas de si la niebla nos dejará hacer el camino.

Y salimos de la misma aldea en dirección a Les Bobies por una pista asfaltada (casi carretera), lugar en el que hay un aparcamiento para ganaderos al que podríamos subir el coche, aunque preferimos el pateo:

Las fotos no os van a decir gran cosa, pues al llegar allí la niebla era mucho más densa, aunque siguiendo indicaciones, mapa y brújula no hubo pérdida. Eso sí, a más de 20/30 metros de nosotras no se veía nada.

Solamente deciros que en Les Bobies giramos hacia el O para ir subiendo por las camperas (el camino, marcado y pisado por el ganado, estaba embarrado, y por lo tanto muy divertido), hasta el evidente en otros días, collado de Pandelaforca, a 1102 msnm, y que divide los conceyos de Quirós y Morcín.

Pasamos primero por la fuente de Brañacé, cercano a la majada del mismo nombre, que nos da una referencia bastante clara de como subir hasta el collado.

Una vez en el collado, seguimos a nuestra derecha las marcas amarillas y los hitos que nos guiarán primero al cercano pico Espín, de 1277 msnm, cercano a la Mostayal. Lo iremos haciendo entre el ganado vacuno, nuestro único compañero en este día durante gran parte de la ruta, solitaria por la niebla que amortigua nuestros pasos.

De ahí nos queda pasar la canal de La Mata; cerca de ahí vemos a un chaval que nos confirma que vamos bien. La canal impresiona con la niebla, aunque no tiene pasos difíciles y nos deja llegar en muy poco a la cumbre.

Y de ahí para abajo por el mismo camino mientras la niebla aclara un poco; podemos tener unas vistas de lo que nos deparó la montaña algo más claras que al principio del día.

Y es que esta Mostayal siempre nos deja buenas sensaciones, hace años que viene por aquí y tuvimos un descenso complicado entre la vegetación.

Este día, aparte del buen sabor de boca, nos dejó ganas de disfrutar de la tarde pero que muy agusto.

 

Paseos montunos por Oviedo: Peña Llampaya y el Escobín.

PEÑA LLAMPAYA (562 msm) desde la puerta de casa.

Pues durante este último mes pasado en Asturies hemos podido ascender grandes montañas. Por dureza, desnivel, complejidad técnica…pero este país nos ofrece mucho más.

Saliendo de casa nos encontramos pequeñas serranías con un gran atractivo tanto montañero como histórico, etnográfico o visual.

Y es sorprendente para quien no lo conozca como una capital de provincias como Oviedo puede mostrarnos alguna de estas pequeñasmontañas.

La primera de ellas pertecenece a la sierra del Naranco, en cuya ladera meridional se encuentra Vetusta. Pequeña y característica sierra que alcanzamos saliendo caminando desde casa.

Sencillamente cogemos la llamada “pista finlandesa” desde Fitoria, y vamos acercándonos utilizando algunos atajos a las iglesias prerrománicas del Naranco.Una vez en San Miguel de Lillo cogemos la pista asfaltada que va hacia la Fuente de los pastores y de ahí, de una manera muy evidente seguimos alguna de las sendas que nos llevan a la “cresta” de la sierra.

Una vez allí dejaremos a nuestra espalda el cristo que marca la cumbre cimera de la sierra, el Pico Paisano, cogiendo el PR as-239 que va hacia Puente Gallegos.

Pasaremos por la zona llamada El Pevidal, desde allí ya llevaremos un rato viendo la cara Norte de la serranía: una mezcla curiosa de bosque espléndido y canteras que amenazan la montaña y los pueblos que la bordean por esa cara.

Continuando por la senda, en un constante subeybaja, podemos acercarnos a ver los antiguos pozos de nieve. Los dejamos atrás, pero sn embargo sí que hacemos una parada para visitar un búnker de la guerra civil de los varios qe hay en la zona:

Tras ello continuamos el camino hasta que pasado el km. 10 de PR nos encontramos un evidente sender a la izquierda que sube. Tras unos minutos de vegetación llegamos al que sería un estupendo mirador de no ser por el día de niebla y orbayu. Por cierto, bonita cumbre, con buzón y pequeño refugio incluido.

VUELTA POR LA SIERRA DE FAYÉU E INTENTO DE PICACHU O ESCOBÍN (714 msnm)

Como somos así y nos gustan las cosas difíciles, aprovechamos una mañana para conocer unas y revisitar otros la sierra en la que está el pico del conceyu de Uviéu: la de Fayéu.

Enclavada entre la zona minera de Oviedo, con asomo a pueblos mineros como Mieres (cuenca del Caudal) o Sama (Nalón), tiene el encanto que ofrece la decadencia en que han quedado estas geografías.

Salimos nosotras desde Tudela Veguín, cuna de Tino Casal y cruzamos la fábrica de cementos hasta llegar al bonito pueblo de Veguín de Llá.

Lo debemos cruzar y seguir subiendo la pindia (pero que muy pindia) carretera que nos irá guiando hasta Les Quintanes: una vez allí veremos un desvío evidente que nos lleva para el monte.

Si no se ve mejor es porque nos empezó a llover, aunque el camino no tiene pérdida: se pasa primero por un bonito bosque, cruzando una portilla, y más adelante la pista se afea en una zona de pinar (de repoblación, supongo), donde enseguida las marcas de un PR nos llevaría hasta la cumbre en un terreno incómodo.

Como se nos echaba la hora encima decidimos darnos la vuelta; aunque no llegásemos, ya estuve yo en otras ocasiones.

El conocer esta zona de Oviedo, la más alta aún con sus modestas altitudes, bien merece una visita.

Además, se puede hacer la bajada hasta Mieres añadiendo kilómetros a las piernas, bajar hasta Olloniego con alguna zona chula de bosque o volver de nuevo hacia Tudel Veguín con el espíritu de la Movida bombeando en tu corazoncito.

 

Peña del Oso (2196 msnm) desde el Puerto de Pasapán.

Teníamos ganas de hacer esta cumbre, unos de los pocos dosmiles del Guadarrama que nos quedaba, y además, conocer esta zona de la Mujer Muerta que teníamos sin hacer. 

Y además, nos hacía especial ilusión acercarnos al puerto de Pasapán, zona alejada de las grandes masas urbanas que busca en la Sierra el esparcimiento y la diversión. La mayoría de madrileños imaginamos que suben por Cercedilla; nosotras vamos a tener que coger algo más el coche.

Así que nos escapamos de Madrid por la antigua N-VI que pasa por el Alto de El León y cogiendo la N-603, ne su km. 81.5 llegamos a un desvío en el que nos encontramos con el “Panorámico de la Losa” una de esas mierdas que se construyeron e inmediatamente quedaron abandonadas, dejando degradado el paisaje.

De esta forma nada halagüeña comienza nuestra ruta. 

Aunque se puede dejar el coche más adelante, nosotras salimos desde el mismo cartel que indica el comienzo de varias sendas por la zona.

Vamos a utilizar en este primer tramo el PR SG-4, aunque no hay pérdida ninguna: la silueta clara de la Mujer Muerta aparece claramente ante nosotras. Hoy subiremos a los Pies (Pico de Pasapán, 2001 msnm) y la barriga, que es la Peña del Oso, siendo además la mayor altitud del cordal.

Al poco de andar vamos a ver un evidente cruce de caminos donde vamos a ver a nuestra izquierda una cancela, a la que sigue en recto un cortafuegos ascendente. Por ahí vamos a ir, siguiendo todavía las estacas del PR.

Nos va llamando la atención la tranquilidad de la zona, y mientras vamos hablando de mil cosas, entre otras de las curiosas historias que dan nombre a la sierra.

Estamos teniendo suerte, y aunque es 1 de julio hace bastante fresco; un regalo viendo como estuvieron las temperaturas todo el mes anterior.

El camino es sencillo, va dando revueltas mientras sube lentamente por la ladera de la montaña, y no hay especial pérdida, exceptuando un cruce de cuatro pistas en el que debemos de coger la que nos queda a la izquierda en el sentido de nuestra marcha (y que es bastante evidente).  Aunque tengamos otros desvíos a lo largo de la ruta, debemos ignorarlos.

Poco a poco se nos irá abriendo el pinar, en las inmediaciones del solitario puerto de Pasapán, en el que, contrariamente de lo habitual en Guadarrama, hay más ganado que personas.

Queremos aprovechar bien el día, a pesar de que hace…frío y viento! Pero bueno, comemos tranquilamente con lo que nos queda de recorrido a la vista. Tenemos que ir subiendo, lenta pero sin mayor problema, por la cuerda.

Primero, al Pico de Pasapán:

Y después, sin mayor prisa, hasta la cumbre de Peña del Oso, algo más concurrida (sobre todo por la gente que alcanza cumbre llegando desde Cercedilla).

Esta cumbre tiene de especial estos osos puestos en el vértice geodésico, que la verdad, le dan un toque diferente a las cumbre de la zona, que son bastante sosas (ni buzones, ni belenes ni vírgenes ni santos ateos…nada).

Además, tenemos unas vistas privilegiadas (y diferentes) de todo el Guadarrama. Los valles de la Fuenfría y del río Moros, La Peñota y toda la cuerda, Cueva Valiente…por no hablar de Siete Picos, la Cuerdalarga o Peñalara.

Todo a vista de pájaro.

Volvemos tranquilamente por el mismo camino, y llegamos tan panchas después de 24 kilómetros y algo más de 900 metros de desnivel positivo. Un día de lo mejorcito, en el que pudimos patear kilómetros y kilómetros.

 

 

 

 

 

 

 

El Cancho Gordo (1563 msnm) desde Valdemanco.

Volvíamos, después de 2 años y medio, a la Sierra de la Cabrera, esta pequeña Pedriza a la que teníamos pendiente una visita.

Básicamente para subir a su cumbre más alta, el Cancho Gordo (depende de las mediciones), que nos quedó pendiente.

Entre lo modesto de su altitud, la distancia y que es una sierra realmente pequeña en la que nos resultaba difícil hacer algo largo (aunque a nivel de orientación tiene su aquel) hasta este fin de semana no volvimos a pisarla. La ola de calor (40 grados, de nuevo, quien no se crea el factor humano en el cambio climático que se lo haga mirar) hizo descartar otras opciones y nos plantamos en Valdemanco lo más pronto posible.

Callejeamos un poco hasta salir por una calle lateral del campo de fútbol hacia una zona con fuente y mesas. Un poco más arriba, antes de llegar al cementerio nuevo, cogemos a la izquierda un sendero con las marcas del PR-M 13 que utilizaremos.

Partes del Guadarrama se nos recortan en el horizonte: a la izquierda tenemos a la vista los picos del Regajo Alto y del Mondalindo, mientras que de frente vamos teniendo los primeros canchos de la Sierra de la Cabrera.

El camino no tiene pérdida, debemos de seguir todo el rato las marcas del PR, descartando el resto de caminos. Vamos a llegar a un collado que nos va a meter en la cara N de la Sierra. Aquí corre algo de viento, y tenemos a la vista todos los montes Carpetanos, y gran parte del sendero que nos queda, en un suave subeybaja.

Tenemos que estar atentas a nuestra derecha, ya que en un momento hay que abandonar el PR, siguiendo unos hitos que nos llevarán al collado Alfrecho. Encontraremos varias salidas de este tipo a lo largo del recorrido, para ascender los canchos de la zona, pero este es el más evidente.

Nosotras seguimos fieles a nuestra tradición de pérdidas y nos lo pasamos, teniendo que dar la vuelta al poco rato, aunque enseguida tenemos el Cancho Gordo a vista.

Ahora se trata de seguir el camino hitado, en una subida algo más pindia, y rodeando el pico llegamos casi hasta arriba, donde una pequeña trepada nos lleva hasta la cumbre, flanqueada por una construcción derruida y un vértice geodésico caído:

Eso sí, durante la subida tendremos una vista increíble del collado Alfrecho hacia el E, con el Pico de la Miel y sus formas características:

Y desde la cumbre se veía toooodo el Guadarrama, los Carpetanos, la Sierra de Ayllón… lo que nos permite disfrutan antes de escapar corriendo por donde hemos venido para protegernos del calor.

 

 

 

 

Cerro Trevelez desde el Postero Alto y la Loma de Enmedio.

Bueno, pues para despedirnos de nuestra visita a Sierra Nevada queríamos volver a las cumbres. Tras hacer los tresmiles de la zona, buscamos algo que pudiéramos hacer rápido y que nos diera a conocer algo más las cumbres cercanas.

Elegimos el Cerro Trevelez (2877 msnm), ya que podemos subirlo fácil desde el refugio del Postero Alto, a 1900 msnm, donde nos estamos quedando.

Madrugamos algo más que el día anterior y volvemos a nuestro querido cortafuegos a la salida del refu. Tenemos que subirlo hasta la linde del pinar por el GR, pero esta vez tiramos recto hacia arriba en busca de la Loma de Enmedio, no como el día anterior, que viramos a nuestra derecha.

El Cerro se ve perfectamente a nuestra izquierda. Debemos ir subiendo los casi 1000 metros de desnivel, así que se trata de ir poco a poco porque aparte del gran esfuerzo físico no hay mayor dificultad.

Este camino unía antiguamente, por el puerto de Trevelez, la Alpujarra con el Marquesado de Zenete. A día de hoy constituye un camino muy transitado por ser el más fácil para subir hacia los picos, además de constituir una bajada rápida y directa hacia el refugio.

Pasamos algún nevero siguiendo los hitos que nos llevan al puerto, a 2799 msnm, después giramos a nuestra izquierda hasta llegar al geodésico del Cerro.

Como hemos llegado pronto, y encima hace calor, nos quedamos un rato disfrutando de las vistas de La Alcazaba y el Mulhacén antes de bajar.

El descenso es rápido y sencillo: volver sobre nuestros pasos hacia el refugio con unas fantásticas contracturas fruto de dos días de alta montaña.