El Siete (2365 msnm) y Peña Cerreos (2111 msnm) desde el refugio de El Meicín.

Este año no podemos ir a Asturies tanto como deseamos (el año pasado sin ir más lejos, pudimos pasar un mes entero disfrutando de la montaña aquí), así que planificamos una salida expréss a mi lugar favorito: el macizo de las Ubiñas.

Por unas o por otras siempre había llegado a través del puerto del Palo (o de la Cubilla) y la hoy cerrada Casa Mieres, pero hoy vamos a dormir al refugio de El Meicín.

Vamos a dejar el coche en Tuiza de Arriba, último pueblo de la zona, tras coger la carretera en Campumanes y ver el destrozo de las obras del AVE.

Antes eso si, hemos pasado por La Cobertoria para ver la iglesia prerrománica de santa Cristina de L.l.lena. Una joya que no se puede dejar pasar.

Tras llegar con un orbayu persistente a Tuiza  y tomar un café cogemos el camino de verano al refugio.

Que por cierto, desde el mismo lugar sale un sendero que une L.l.ena con Quirós, nos lo apuntamos.

No vemos casi nada en el camino al refugio, y aunque el camino está bastante marcado, en estos días de niebla hay que tener ojo porque es muy fácil perderse. El ver un cartel que marca el refugio a 1 minuto no es muy tranquilizador que digamos…

Cuando llegamos, nos encontramos conque vamos a ser poca gente ese día. El guarda, un ganadero (al que le sorprende que la gente de fuera no se pierda entre la niebla de la zona) y cuatro personas más que van llegando poco a poco.

Y una cosa hay que decir, de las tardes más prestosas que recuerdo en la montaña. El refugio es bastante nuevo y acogedor, así como el guarda, y además tenemos la suerte de que el resto de los montañeros que duermen ese día en el refugio sean igual de majos.

Una tarde estupenda vamos.

Al día siguiente se levanta despejado, y podemos disfrutar de una de las mejores visiones en montaña de las que yo conozco (¿se nota que estoy enamorado de las Ubiñas, no?)

Desayunamos tranquilamente mientras pensamos que ruta hacer, pues hemos traído diferentes opciones dependiendo de la niebla, los neveros que queden, las ganas…

Peña Cerreos, Ubiña la Grande, los Castillines, los Portillines…

Al final nos decidimos por hacer la subida al Siete por el Valle de Covarrubia, y si tenemos ganas y el tiempo acompaña probar a pasar por el Crestón del Pasu Malu y de ahí a los Fontanes.

Salimos, muy bien aconsejados de nuevo por el guarda, en dirección al valle, pero subiendo por una primera pendiente herbosa que nos permite pasar la pedrera que formar el valle una vez idas las nieves.

Esta primera peña herbosa es la que remontamos desde la derecha de la imagen hasta llegar y pasar la pedrera del valle de Covarrubia.

La subida ya se nos hace pesada como guadarramistas que somos (sin faltar al respeto a ninguna montaña, pero es algo que siempre comentamos cuando venimos por aquí, la diferencia tan grande entre los desniveles de una y otra zona que hacen que siempre se nos atraganten las primeras subidas).

La idea es pasar la pedrera del valle de manera transversal, yo me quedo algo abajo y me toca sufrir para coger el sendero que la cruza y de que en ocasiones solo hay trazas.

Pero desde luego, mejor idea que subir desde abajo del valle directamente.

De frente,  los Castillines, dejando a la derecha los Portillines.

Al poco rato de pasar la pedrera, vamos a poner el casco. Como no habían dicho, el camino está bien hitado, aunque el paso de las nieves que este invierno han sido abundantes ha tirado bastantes.

Aún así, podemos seguir el sendero sin problemas hasta un pequeño collado donde hay una característica gran piedra circular.

Estamos en la zona de los Joyos de la Cabra, desde donde podemos ir hacia la Pasá del Siete o directamente hacia el pico, que es lo que hacemos nosotras.

Al fondo, la característica roca circular que nos sirve de guía en este tramo.

Vamos a encontrar algún nevero que ya se evita sin problemas (habíamos dejado crampones y piolet en el coche ya que nos habían informado de que no harían falta. De todas formas no dejéis de preguntar antes nunca) y seguimos los hitos, ya cada vez más escasos, y con tendencia a ir hacia nuestra izquierda.

Ojo, es importante: en esta zona la orientación es complicada, seguid siempre los hitos y recordad ir con tendencia a vuestra izquierda, que luego llegan las líadas y los sustos.

Aquí empiezan las trepadas, nada difíciles, pero teniendo cuidado ya que hay mucha caída de piedras.

Tenemos unos primeros pasos que nos llevan a otra zona más sencilla.

Luego, unos canchales que permiten una progresión cómoda y divertida.

Vamos a salir a un hito digamos, “fálico”, que nos dará paso a la vertiente leonesa.

Y de ahí, en una zona de más fácil acceso, a la espectacular cumbre.

Con el Crestón del Pasu Malu y los Fontanes bien cerca, aunque decidimos dejarlos para otra ocasión.

Desde ahí bajamos por el mismo sitio; la bajada es un tanto incómoda pero rápida.

Como hay tiempo decidimos subir también Peña Cerreos, y hacer así una de las cumbres más asequibles de las 58 de las Ubiñas.

Bajamos hasta casi el refugio y tenemos a la vista a la izquierda, nuestra segunda cumbre del día:

Como digo, la subida es sencilla, siguiendo los senderos embarrados hasta el Alto Terreros, y de allí cogemos la valla que marca toda la subida, jalonada a veces de hitos que nos separan de ella.

Algo de niebla en la parte final desluce la cumbre, que es toda ella una trinchera de la Guerra Civil.

Y de vuelta al Meicín, para contarnos las aventurilas de la jornada, compartir de nuevo buenas experiencias y encontrarme por casualidad a un colega que (él si) hizo los Fontanes y el Pasu Malu.

 

Desde la Morcuera hasta Peñas Linderas (2109msnm).

Pues vamos a huir de los calores, de la gente, y del monstruo de la capital, dijimos.

Y nos plantamos en nuestro querido puerto de la Morcuera un sábado por la tarde, algo ventoso como es habitual por aquí.

Ya alejadas las nieves de esta zona (aunque no tanto como esperábamos, como pudimos comprobar después), y esperando al ocaso, cargamos las mochilas y nos encaramamos por el PR-M11 (Travesía de Cuerdalarga) para acercarnos al desvencijado refugio de la Najarra (4 plazas, sin guardar y sin puerta, en muy mal estado).

El camino discurre suavemente por entre las faldas de la Najarra, que dejamos a la izquierda.

Está bien señalizado, aunque nos despistamos un poco con la conversación y debamos hacer un pequeño atroche (mal hecho, siempre lo repetimos y hoy caemos nosotras) hasta llegar al collado de la Najarra, a casi dosmil metros de altitud.

Una vez allí, nos acercamos al refugio, pero está en tan mal estado, con aviso de derrumbe incluido, que buscamos otra zona propicia para vivaquear. Es una pena que estos refugios, que no solo son reflejo de una época pasada, sino que pueden hacer un gran servicio en días malos, estén en este estado, y más aún, que a nadie le interese arreglarlos.

En fin, nos acomodamos bastante bien, buscamos un hueco donde dejar las cosas y dejamos la vista en lo que será el día de mañana: un sendero de la Cuerdalarga hasta acercarnos a las cumbres que unen a esta con la Pedriza, que aún no conocemos.

Y vemos que aún quedan bastantes neveros, este año la verdad es que ha sido genial en este aspecto, a ver si hay suerte y estas nieves enlazan con las venideras.

Pasamos la noche esperando una tormenta que se adivinaba por Somosierra pero que apenas deja caer unas gotas a primera hora de la mañana.

Después de sacudirnos un poco el frío, nos ponemos de nuevo en marcha: camino entre pedruscos otra vez hacia el collado de la Najarra.

La ruta de hoy no es dura, pero si bastante rompepiernas, añadiendo algunos tramos de sortear granito de una manera un tanto incómoda.

Le añadimos un poco de calor, y tenemos una entrada en acción perfecta.

Tras el collado de la Najarra, y siempre por camino muy claro,  llegamos a Bailanderos, con 2133 msnm primera cumbre del día. Curiosa montaña, y cojonera para pasar, por sus lajas que hay que ir medio trepando.

Nueva bajada, hasta el collado de Pedro de los Lobos, y nueva y cargante subida hacia Asómate de Hoyos.

Una cosa guapa de hoy es el ganado que había por la zona; Guadarrama fue sobre todo zona ganadera, antes de que el mundo moderno y el turismo (del que formamos parte aunque nos pese) le arrebatara su lugar. Me da alegría ver que aún quedan restos de esa historia por aquí.

Tras ir, como decimos, hacia Asómate de Hoyos, antes de llegar a la amplia cumbre, a nuestra izquierda, se abre un sendero al principio no muy claro, que nos llevaría hacia las Torres de la Pedriza. Es el PR- M2, que debemos seguir entre el piornal.

Una vez seguimos los primeros hitos no tenemos pérdida, y vamos hacia la curiosa forma de las Peñas Linderas (2109 msnm), que alcanzaremos enseguida.

Se puede coronar siguiendo los hitos, o buscando entre las rocas una trepada curiosa y asequible (en algún sitio he leído que hace un segundo), antes de coronar.

Tenemos a nuestra vista las Torres, y también el Alto de Matasanos y Peña el Rayo, a los que llegaríamos por el mismo PR.

Pero amigas, el calor aprieta, se avecina tormenta y decidimos dejarlos para la próxima ocasión.

Así tendremos motivos para volver por esta zona menos transitada de nuestra Sierra. Así que recogemos los bártulos, comemos algo y nos encaminamos hacia el collado de la Najarra para llegar rápido a la Morcuera entre rayos y truenos aún lejanos pero que nos hicieron canear.

 

Subida al Urbión (2229 msnm) desde la Laguna Negra.

Mucho tiempo sin actualizar el blog, y es que las obligaciones de la vida no nos dejaban salir a la montaña.

Pero este fin de semana, y por sorpresa, nos vamos a ir al Sistema Ibérico (que yo desconocía por completo) y tras un primer día conociendo el Parque Natural del cañón del río Lobos desde la parte soriana, vamos a descansar para encarar el domingo bien temprano la ascensión a una de las cumbres más señaladas de esta zona, el Urbión.

Vamos a dejar el coche en el aparcamiento de la Laguna Negra, cuyo pueblo más cercano es Vinuesa (hay otras vías para subir, la más conocida es desde el pueblo de Duruelo).

El trayecto hasta llegar ya es una pasada, las hayas luchas con el pinus sylvestris por el espacio, esto promete.

Como hemos madrugado, el aparcamiento está casi vacío, lo que nos permite comenzar en soledad, alcanzando la laguna Negra tras un tramo de carretera de kilómetro y medio.

Esta impresionante laguna de origen glaciar no está bastante bien explicada en varios paneles informativos; además podemos ver en la lejanía alguno de los dosmiles de la zona (el Zorraquín, a la derecha de la foto), junto a manchas de roble o de abedul.

Seguimos, a nuestra izquierda tras acabar la zona adaptada tenemos la primera subida de importancia del día, siempre señalizada con las marcas del GR-86.

La subida es asequible aunque en algún momento haya que poner las manos y eso si, la salida es espectacular, con las vistas desde arriba de la Laguna Negra.

Tras un breve paso entre arboleda se nos abren unas camperas magníficas, desde donde además podemos ver la nieve que aún queda a 1 de julio:

No paramos de pensar en el ambiente pirenaico que tiene toda esta zona. Desde aquí podemos seguir bien el GR, bien otra senda muy clara y balizada. Debemos pasar zonas semiencharcadas donde oímos algún croar de ranas, así que habrá que ir con cuidado (para no mojarnos y para respetar la fauna del humedal).

Al reencontrarnos los dos senderos debemos de seguir una pequeña subida, pero es verdad que no hay pérdida a pesar de que la niebla acecha en las cumbres y nos da en que pensar.

Nos estamos acercando a la zona de la Laguna Larga, donde paramos a descansar y donde nos alcanza el primer montañero del día (luego vimos muchos más. Por cierto, nos gustó mucho el ambiente que reinaba entre la gente que nos fuimos cruzando por el camino).

Vemos que la niebla, pegañosa, parece que no va a marchar de las cumbres, así que pensamos en ir valorando si se cierra o no el día mientras avanzamos.

Nos vamos acercando a la cresta previa a la doble cumbre. Tendremos que rodear solo uno de los neveros, en un ambiente primaveral de viento  y niebla que le da un toque que a mí personalmente me encanta pero que evita que veamos nada de nada, excepto el reguero de montañeros que suben desde las otras vías.

Tras pasar por una curiosa cruz cerca de la cima y meternos en las previas a las cumbres, pasamos primero por la secundaria antes de alcanzar la principal, en la que estamos solo lo justo para alcanzarla en la última trepada y bajar.

Bajamos al enlace con el camino que proviene de Duruelo y tras una bajada de unos centenares de metros llegamos al nacimiento del Duero.

La verdad, impresiona que uno de los ríos más importantes de la Península Ibérica salga de un pequeño chorro entre rocas. Además, de una de las provincias más olvidadas del país, Soria, a la que sin duda volveremos.

Y volver lo hacemos también al coche, despidiéndonos de hayas y pinos hasta la próxima vez.

Una ruta muy sencilla, pero espectacular en lo visual, ideal para nuestra vuelta a la montaña vaya. Volveremos en invierno a ver que tal.