Canal central del Alto de las Mesas (40º máx.). Sierra de Ayllón.

Volvemos a nuestra querida Sierra de Ayllón.

Y volvemos para repetir una actividad que ya hicimos hace unos meses. La canal central del Alto de las Mesas…pero esta vez sin niebla.

Así que una panda de gente nos plantamos en la estación de esquí de La Pinilla para encontrarnos con esta imagen:

Como ya comentamos la otra vez, no hay pérdida: subimos a bloque por el remonte más a nuestra izquierda y al llegar a la zona conocida como Gran Plató (a 1800 msnm), vamos embocando la canal.

Hay que pasar primero  una zona ya acanalada entre dos bloques de piedra.

Luego ya podemos ir hacia la canal central, como es nuestra idea, o buscar algunos corredores interesantes que hay a la derecha, en la zona de las Peñuelas. Entre ellos el Tubo del Gusano.

Con respecto a la otra ocasión la sensación que tengo (soy alpinista primerizo y esto no será muy de fiar) es que hay menor inclinación por la falta de nieve, pero con algún resalte en roca peligrosillo.

Así que vamos progresando poco a poco, en un ambiente alpino excepcional. Es una suerte tener esta sierra tan poco masificada, a pesar del destrozo de las pistas de esquí.

En la parte final la cosa se pone algo más pindia,  lo suficiente para darle emoción y tener una buena salida (hoy, sin cornisa).

Una vez arriba, y aunque nuestra intención era coronar bien el Alto de las Mesas bien el Pico del Lobo, la niebla y el viento que se nos echan encima nos hacen recomendable iniciar el descenso (por la subida normal del Pico del Lobo, camino que por cierto está destrozado al haber metido maquinaria para sacas de pinos) y llegarnos al bar Mont-Blanc de la estación, donde nos cuidan genial y nos ponen buen heavy metal.

 

 

El Yelmo de La Pedriza (1716 msnm) por Canto Cochino y el collado de la Dehesilla.

Tenemos la muy mala costumbre de no ir a menudo a La Pedriza. El no ser escaladores, o no conocer la zona bien, junto a su falta de nieve hacen que cometamos ese pecado, a pesar de lo bien que lo pasamos siempre.

Para redimirnos, madrugamos el día 24 (esperando estar solas) y nos curramos una circular con ascensión al Yelmo por su cara norte, la accesible.

Así pues, nos acercamos a Canto Cochino para coger el PR- M2 en dirección al refugio Giner de los Ríos. 

Íbamos a quedar a dormir allí para conocerlo pero estaba cerrado, así que cogemos el camino marcado que nos llevará muy pronto hacia él.

Una vez allí, y tras pensar en esos 100 años que lleva aquí, cogemos un sendero con tendencia NE (que en ocasiones se bifurca y puede dar lugar a equivocaciones. Se trata de seguir el curso ascendente del arroyo de la Dehesilla; en ocasiones se verán marcas blanquirrojas, pues por aquí pasaba el antiguo GR-10 antes de ser modificado).

Este, pasando por el Tolmo,

nos llevará sin parar de subir, hacia el collado de la Dehesilla, o de la Silla.

A 1453 metros de altitud, es un estupendo mirador de toda la zona…que ostias, todo lo es desde que empezamos a andar. Hemos dejado vista atrás nuestra la cuerda de los Porrones, con la Maliciosa pelada de nieve.

También hemos visto asomar la Bola del Mundo, las Cabezas y como no, las Torres de la Pedriza hasta internarnos en el pinar.

Ahora empieza a asomar parte de la Cuerdalarga con la Najarra presidiendo, que hará de vigía a espaldas nuestras mientras ascendemos penosamente por un tramo del PR- M1 (el conocido como Integral de La Pedriza) en un tramo ascendente, incómodo y divertido en el que en ocasiones hay que poner las manos.

Una vez pasado este tramo, y llegados a un pequeño collado rodeado de riscos, el camino se allana hasta llegar a un desvío claro en el que abandonamos las marcas de PR y seguimos uno hitado que nos llevará hasta la base del Yelmo.

Ahora se trata tan solo de buscar, de entre los múltiples senderos que llegan a él, el más corto. Iremos subiendo por algún canchal de granito ya rodeados de gente.

Pensábamos estar solos debido a las fechas, pero el día soleado y lo cómodo que es llegar aquí desde El Tranco hacen que al llegar a la chimenea final de acceso a la cumbre debamos esperar…algo menos que otras veces, según nos dice un veterano.

Nos encajonamos de uno en uno en la chimenea, que es muy sencilla. No hay caída posible y aunque es algo claustrofóbica, se pasa rápido y bien.

Una vez pasada solo queda subir unas piedras hacia la derecha y estamos arriba.

Ha merecido la pena ¿no crees?

Acometemos la bajada (más sencilla que la subida) y vamos por la pradera del Yelmo envidiando a los escaladores de la cara Sur.

Allí cogemos el camino de Carboneras hasta la zona de Las Cerradillas en que hay una bifurcación de caminos.

Nosotras cogemos el señalizado como GR-10 (el nuevo GR-10, de hecho), que queda a la derecha en el cruce de caminos principal. Este nos llevará a Canto Cochino para acabar la jornada.

Esperamos que os guste esta circular, que pensamos que hace interesante la ascensión.

 

 

 

 

 

 

Alto de los Neveros (2136 msnm) desde Cotos.

Más allá de Peñalara todo es terra ignota. Pocos se atreven a ir más allá, dejando la inmensa cuerda de los Carpetanos casi deshabitada de domingueros, montañeros y alpinistas.

Casi toda ella por encima de los dosmil y casi desconocida para nosotras igualmente (exceptuando un par de salidas, visitables en esta página, a los alrededores del puerto de Navafría), aprovechamos un lunes de poca nieve y mucho frío para acercarnos a una de sus humildes cumbres.

Y aunque poco frecuentada hoy día, tuvo su interés para la Villa y Corte como acopio de hielo para el verano, junto al puerto del mismo nombre.

Salimos nosotras del puerto de los Cotos, por la pista tradicional, y enseguida nos metemos dentro del pinar que nos llevará a la laguna Grande de Peñalara por el claro y evidente sendero del GR-307 y señalizado como camino del PN.

Este año de pocas nieves nos dejan sin embargo la dureza de la misma en un día como hoy, y además tenemos la suerte de que al ser lunes vamos casi solas.

Nos acercamos a la Laguna Grande, donde queremos ver las canales. Tenemos mirado de subir alguna de ellas, pero no están formadas del todo.

Esto nos supone dos problemas: uno de seguridad (al no conocer la zona bien, y no tener claro si en mixto vamos a poder ascender bien) y otro ecológico: las zonas adyacentes a la laguna son muy sensibles cuando no hay capa de nieve suficiente a las alteraciones humanas (no en vano, aquí viven una cantidad enorme de plantas endémicas y amenazadas), y a pesar de que gran número de alpinistas hacen lo que les da la gana, a nosotras sí que nos importa eso y decidimos seguir hacia la Laguna de los Pájaros.

Avanzando por esa zona llegamos donde los Bordillos de Peñalara; aquí hay más nieve y también decidimos acercarnos a ver como pinta todo, aunque finalmente desistimos de buscarnos corredores y nos vamos hacia los Carpetanos.

Evidentemente el camino no tiene pérdida, vamos siguiendo las cada vez menos evidentes huellas y los postes que delimitan los senderos del PN (esto es también zona de especial protección) hasta empezar a bajar hacia el puerto de los Neveros, donde se mantiene este curioso y desgastado panel:

De ahí a la modesta cumbre solo hay unos centenares de metros, hasta encontrar el que creemos es el punto más alto y un nuevo dosmil guadarrameño. Las vistas del macizo de Peñalara que hemos dejado atrás son, sin embargo, ablucantes:

Y de ahí a dar la vuelta de camino a Cotos y a un vinito en casa. Que lo tenemos ganado.

 

Reseña de “Memorias del Guadarrama” de Julio Vías.

Tras muchos, demasiado tiempo, volvemos con nuestra sección Lecturas, en este caso con un libro encontrado al azar en una biblioteca pública, y que nos acerca a ese Guadarrama nuestro tan olvidado y fruto del desprecio que los montañeros a veces hacemos de las sierras pequeñas.

Se trata de “Memorias del Guadarrama; Historia del descubrimiento de unas montañas”, de Julio Vias .

Guadarramista de pro (miembro de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama y del Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama), creo que pocas personas estarán más autorizadas que él para escribir sobre la Sierra, así, con mayúscula.

Para muchas de las personas que pateamos esta sierra, muchas veces centradas demasiado en el hecho deportivo o montañero en sí, esta no deja de ser una gran desconocida. Pienso que este libro llena el vacío que tenemos en varios de sus aspectos: el de la toponimia, el de la historia, el de los oficios seculares y el de los que fueron sus pobladores hasta hace pocos años.

También como no, el de sus “descubridores”, acepción colonialista de la que se pueden sacar bastantes críticas al texto.

Dentro de lo positivo podemos hablar de lo que nos supone a nosotros redescubrir la Sierra: volver la vista atrás para analizar el origen de sus nombres, vincularlos a una historia más o menos pasada, verla con los ojos de sus antiguos pobladores (pastores, hacheros, neveros, bandoleros) y darle una segunda oportunidad a esta cordillera.

Porque es cierto que la masificación humana de la misma, y lo limitado de sus actividades montañeras (en comparación con otras cordilleras) hacen que muchas veces despreciemos el Guadarrama.

El verla de una forma integral hace que la admiremos con otros ojos. Para mí, es muy interesante poderle dar esta vuelta, darle un valor que vaya más allá del deportivo.

Para quienes tenemos una mezcla de intereses en el conocimiento de esta zona, creo que el libro nos ayuda como introducción en alguno de ellos: sin ser exhaustivo, sus apuntes sobre la toponimia, sobre la historia de sus caminos, sobre sus moradores, sobre la fauna y la flora, sobre las personas que en el S. XIX comenzaron a acercar la Sierra a la ciudad de Madrid hacen que quienes queramos profundizar en dichos temas podamos hacerlo ayudados por una muy abundante biblografía.

Asi mismo, una segunda parte con especial atención a zonas concretas de la Sierra permite detenernos en detalles concretos de la misma (a mi me ha llamado mucho la atención por ejempo el origen vasco del nombre “Najarra”, que es una de mis cumbres favoritas o visualizar como frontera la Cuerda Larga entre las tierras de Segovia, el Real de Manzanares y el lejano señorío de Buitrago).

Entre lo negativo, me parecen por un lado muy escasas las referencias, pinceladas muy rápidas sobre demasiados temas; quizás es algo buscado, pero me parece que a veces saltar de un hecho a otro le da al libro cierta superficialidad.

Por otro lado, y lo que me es más importante, le falta espíritú crítico. Algo que empieza a intuirse cuando hablando de los bandoleros abandona cualquier intento de análisis del porqué del bandolerismo y de sus innegables simpatías sociales y pasa a adjetivar peyorativamente y usar las versiones policiales de la época se desenmascara ya cuando realiza con el mismo acriticismo loas de los diferentes reyes y señores que pisaron la zona.

Pasa lo mismo cuando se llega a hablar de la Modernidad, de sus decubridores como dije arriba. Sin faltar a la labor que científicos, educadores o alpinistas hicieron aquí (y de la que somos herederos), no podemos dejar de ver la otra cara de la moneda: la introducción del Progreso en la Sierra hizo que gran parte de la destrucción conocida hoy llegará hasta aquí y arrasara con gran parte no solo de la naturaleza, también de las gentes de las que este libro habla y que todos añoramos.

Entiendo que la falta de espacio o de fuentes (más allá de las oficiales) puedan dificultar la tarea, pero la función como formador de opinión que es la escritura pienso debe ir más allá de la simple repetición.

A pesar de esta decepción en cuando al tono del texto, recomiendo la lectura de este y del resto de sus libros. Es una manera de darle valor a estas tierras mil y una veces pisadas.