Los lunes al sol (del Guadarrama). Peña Cabrita (2177 msnm) y Alto de Guarramillas desde Navacerrada.

Un lunes con varias personas libres de obligaciones. Guadarrama en un otoño nuclear.

La búsqueda de alguna zona aún sin hollar en esta Sierra y poco tiempo disponible.

Y los eternos atascos madrileños.

Esta crónica será breve, porque la ruta así lo fue. Pero nos sirvió para descubrir una “cumbre” secundaria de la Cuerdalarga guadarrameña.

La pongo entre comillas por varias razones. La hemos visto nombrada de varias maneras; Peña del Cuco (para los escaladores), Peñas o Abismos de la Barranca por algunos alpinistas (en alguna de sus vertientes se forman interesantes corredores invernales) y Peña Cabrita, que para algunos es solo la parte más alta de estas rocas.

Su altitud también está en cuestión. Yo me he quedado con el nombre y altitud que aparece en el mapa de La Tienda verde.

Y además, tengo dudas de si se la puede considerar como cumbre separada, viendo lo poco que se diferencia del Alto de Guarramillas/ Bola del Mundo….desde arriba.

Porque la subimos por el Puerto de Navacerrada y la Bola del Mundo, mucho más sencilla ascensión que el hacerla desde La Barranca, yendo por el camino normal de subida a la Maliciosa (PR-M26) y cruzando el Regajo del Pez para llegar a su base (la de los escaladores y alpinistas).

Como hoy vamos con calma subimos tranquilamente desde Navacerrada por el PR- M 11 por la base del Guarramillas.

Y en muy pocos minutos, cuando se nos abren las vistas del valle de la Barranca, vemos claramente por debajo de la Bola del Mundo el objetivo del día.

Seguimos por el PR hasta enlazar con la pista hormigonada, y seguimos sus revueltas hasta que casi en la cumbre nos desviamos a la derecha por un rastro de sendero.

Mientras vemos a los ciclistas sufrir en las rampas finales (no olvidemos, final de etapa en Vuelta a España), tenemos a pocos centenares de metros y separada por un mínimo collado, la Peña Cabrita.

El sendero tiene algunos hitos y una cantidad ingente de basura alrededor…eso si, cuando llegamos tenemos esto a nuestros pies.

Collado del Piornal, Maliciosa con el Peñotillo Alto, la cuerda de las Buitreras y el valle de la Barranca.

Hacia el otro lado y fuera de la foto, la cuerda de las Cabrillas, Cercedilla con sus picos, la Mujer Muerta…fantástico.

Asi tenemos esa cara de contentas. Al poco de comer nos vamos al geodésico de Guarramillas desde donde nos dirigimos al coche, que hay que volver al monstruo madrileño.

En fin, un paseo sencillo para pasar la mañana, unos 400 metros de desnivel positivo y una visión global de todo el Guadarrama.

 

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Antihéroes (III): Pyambuu Tuul, el superviviente de Maratón.

Citius, altius, fortius. Este lema pronunciado por el barón de Coubertin en los primeros JJOO de la Modernidad (Atenas 1896) dejaba bien a las claras el concepto del deporte moderno, hiperdesarrollado hoy día.

Hay que ganar; el resto se pueden ir tranquilamente a la mierda (dicho con otras palabras claro, pues los que así hablaban eran muy respetables miembros de la burguesía).

Hay un ejemplo bien claro del “váyase usted a la mierda” que sin embargo, reviste una gran dignidad: el que nos ocupa de Pyambuu Tuul, mongol, último clasificado del maratón masculino en los JJOO de Barcelona 1992 a casi una hora del penúltimo.

No se conoce mucho de la historia de Pyambuu. Hay un muy buen artículo que cuenta su historia (https://elpais.com/deportes/2017/03/13/actualidad/1489434407_941865.html):

Pyambuu perdió la visión de un ojo en un acidente de trabajo; imagino que él ya sería lo que hoy día se llama “atleta popular” al menos, pues el club Achiles de Nueva York (centrado en dar apoyo para que atletas con discapacidad pudieran participar en pruebas) le pagó un viaje para participar en el maratón de la ciudad y posteriormente el trasplante de córnea con el recuperó la vista.

Vista que casi no pudo utilizar en Barcelona, ya que se le rompen las gafas antes de participar y tiene que pegarlas con celo.

Y camiseta del club que le ayuda a conseguir todo ello (imagino que con las plazas que en los JJOO se reservan, generalmente en atletismo o natación para países sin tradición deportiva) que le sirve para conseguir los insultos de uno de los jueces de la carrera, pensando este que Pyambuu hacía publicidad.

Un Pyambuu que ni siquiera pudo acabar la competición en el estadio olímpico, ya preparado para la gala final.

Su tiempo: ni lo he mirado, pero mejor que el mío y que el de la mayoría de los que leáis este artículo seguro que es.

La historia de esta persona es al fin y al cabo una de las muchas que los JJOO, siempre lleno de detalles morbosos, nos dan. El hecho de que todas las naciones representadas en el COI tengan al menos un competidor en los Juegos hace que vaya gente sin el nivel suficiente incluso a veces, para una carrera de aficionados.

Y eso es lo que nos debe llevar a pensar. En una sociedad basada en la ganancia, se nos enseña a mirar solo a los ganadores.

Se les admira y mimetizamos su forma de ser solo por eso, por ganar. Parecemos no ser conscientes de que eso solo puede hacerlo uno, sin que ello implique desde luego (y muchas veces es al contrario) un más alto valor ético, una capacidad de sacrificio mayor o una relación con la sociedad que le rodea más sana. Sencillamente, porque eso no da dinero, no vende.

El deporte, como espejo y formador de valores de la sociedad actual, actúa exactamente igual. Es por ello que gente como Pyambuu se podían ir tranquilamente a la mierda sin ni siquiera estar presente en los fastos de cierre del mayor evento deportivo del mundo en el que era un participante más.

Sin embargo, la capacidad de entrega y el sacrificio, el esfuerzo por sencillamente llegar y el agradecimiento mostrado hacia quienes solidariamente le habían ayudado, eso que deberían ser valores realmente importante en lo que llamamos deporte…sencillamente no importaron cuando recibía insultos entre los pocos que estaban obligados a registrar su llegada.

Y eso es así porque el deporte, como concepto, si que es una mierda.

 

 

Peñón del Casquerazo (2436 msnm) desde el reugio de la Laguna de Gredos.

Después de una noche de mucho descanso en el refugio (muy buen sitio, clásico, bien atendido, la verdad es que salimos muy contentas), nos levantamos para desayunar en el primer turno de las 7:30 y encaminarnos a la segunda cumbre de este intenso fin de semana de noviembre: el Casquerazo.

Va a ser un día de no mucho desnivel (desde los 1945 msnm en el que nos encontramos hasta la cima), pero duro: lo haremos en kilómetro y medio.

Así que vamos a disfrutar de las vistas mañaneras antes de comenzar:

Almanzor y Galana saludándose… sin palabras

Tenemos una vista muy clara de lo que nos toca. La amplia Portilla de los Machos y a su izquierda, el Casquerazo. Si seguimos la vista hacia la izquierda, El Perro que Fuma, los Hermanitos…que serán los colegas que nos acompañen en nuestra excursión de hoy.

Señalizada a la salida del refu la Portilla de los Machos seguimos los hitos hacia la Laguna Esmeralda entre canchales que nos van embocando a la canal.

Una vez al comienzo de la canal tenemos la misma historia que ayer. 

Canchales de roca en un desnivel que va aumentando, nieve helada que según subimos es más peligrosa.

Embocamos la canal sin irnos directamente hacia ella, con tendencia a la pared que es la base del Casquerazo.

Seguimos hitos todo el rato mientras buscamos los pasos más cómodos… o más bien menos expuestos.

Aunque la subida es más sencilla hoy, también es pronto y hay más pasos con hielo. El día tiene peligro, pero también está divertido, así que saludamos al Perro que Fuma (parece ser que el nombre le viene porque cuando la niebla entra por aquí avisa al resto del Circo).

El caso es que vamos bordeando todo el rato la base del Casquerazo, sin llegar a atacar la cumbre. Siguiendolos hitos despacio y con cuidado, eso si.

Se nos hace el día más largo de lo que contamos, pero la progresión así en mixto es complicada y preferimos la calma.

Al final nos metemos en la trepada a cumbre, sencilla pero aérea. Y culminamos la mañana de esta guisa:

Hacia el Morezón, la Mira y los Galayos (creo)

Mirando el Almanzor y la Galana,  entre otras moles.

Y ya para abajo, despacito y con buena letra.

Que tenemos que recoger la cosas abajo, volver hacia la Plataforma y rumiar en casita todo lo que hemos vivido estos dos días.

 

Casi el Almanzor (2591 msnm), desde el circo de Gredos.

Pues bien, más de 30 años y no había pisado aún el circo de Gredos. Sí que conocía otras zonas (La Covacha, carril de Galayos…) pero entre unas y otras no esta.

Así que tenemos que aprovechar los días que nos deja libres el trabajo asalariado a unas y a otros y acercarnos hasta allá.

Nos plantamos en la Plataforma (curiosa forma de proteger el entorno esta que solo se basa en cobrar) cada una con sus objetivos: uno a realizar un anillo corriendo (ya nos contará), otras a intentar un par de cumbres del Circo: el Almanzor y el Peñón del Casquerazo.

A esta altura, seguimos el sendero de la derecha, el otro nos llevaría al Morezón.

Salimos del PR- AV 17. El sendero, que al comienzo está “enlosado” por llamarlo de alguna manera, no tiene pérdida ninguna, y se puede disfrutar de como se va abriendo el Circo de cumbres delante nuestra.

Antes, a la altura de uno de los senderos que van hacia el Morezón, dejamos a nuestro solitario corredor de fondo, mientras nosotras nos encaminamos hacia la zona de Los Barrerones, con estas vistas de lo que nos espera:

Desde ahí, tres kilómetros de bajada hasta llegar a la Laguna Grande, rodearla por nuestra izquierda y llegar al refugio.

Por cierto, en estas lagunas glaciares vive una subespecie de salamandra (Salamandra salamandra almanzoris), endémica de esta zona. Para tenerlo en cuenta a la hora de pensar en el cuidado de las lagunas (basuras, baños, perros…).

Paramos en el refugio a descargar peso, dar aviso de llegada y pensar en la subida. Hoy toca Almanzor.

Vamos con horas de sobra, lo que ocurre es que no sabemos que condiciones habrá arriba.

Algo ha nevado en días anteriores aunque apenas se ve la montaña espolvoreada; está haciendo frío estos días aunque ahora estamos a 20 grados.

Hemos decidido dejar crampones y piolet en casa así que a ver como se da todo.

Seguimos los hitos que desde el refugio nos van a encaminar primero hacia la canal de la Portilla Bermeja, que luego habrá que dejar para agarrar a nuestra derecha la canal de la Portilla del Crampón, que es el camino de la vía normal a la cumbre.

En estos primeros tramos vamos ganando altura poco a poco entre grandes bloques de granito. Pensábamos que iba a subir más gente, pero vamos solas, disfrutando de que a pesar de lo seco del año, las lagunas estén así de bonitas:

Nos vamos ya embocando a la zona de la Portilla Bermeja, donde nos encontramos a algunas personas que bajan del Almanzor: hay de todo, con cuerdas, crampones, sin nada…algunos han subido y otros no; vamos a esperar a notar como encontramos la nieve.

De esta no hay mucha, como preveíamos, pero según vamos ganando altura nos estamos encontrando placas de hielo y nieve cada vez más dura.

Y no solo eso, la gente va de bajada, creo que somos los últimos que subimos hoy, el sol (aunque con horas de luz batante) va dejando zonas a la sombra y bueno…comienza la diversión.

Hasta la entrada de la Portilla del Crampón todo es cómodo, pero entrando en ella lo empezamos a ver peligroso, nos está costando mucho avanzar en este terreno mixto.

Así que vamos subiendo muy despacio, y sin agobios por si hay que dar la vuelta, al final llegamos al collado:

Aquí nos encontramos a un grupo (el último que vemos hoy), de los cuales alguno ha hecho cumbre.

Nos preocupa sobre todo seguir sin nadie más por la zona, y el que cada vez haya menos sol, pero es que este sitio es la ostia y la adrenalina nos hace seguir.

El paso al otro lado del collado es mágico, lástima no poder dedicarle todo tiempo que queramos por las prisas.

Nos metemos en la parte final, siguiendo hitos. Tenemos algún paso delicado que salvamos con calma y bastante cuidado, eso si, pasándolo como enanos.

Y llegamos hasta aquí. En la antecima, el último paso no lo vemos claro por el hielo y decidimos volver sin pensarlo demasiado para que no se haga tarde.

No pasa nada, volveremos.

Aunque a la vuelta a la Portilla del Crampón pensemos “bueno, y ahora…¿qué?”

la bajada la hacemos sin más complicaciones, llegando al refu a descansar, encontrarnos al resto del equipo y pasar una noche sin demasiados ronquidos.