Runkamina 2017: Entre las Batuecas y las Hurdes.

-Agua de sierra y sombra de piedra-

Este año es nuestro tercer año en el Runkamina, y como notición, era el primero que salía de la Ribera del Duero, su lugar natural, para conocer otros lugares allende las tierras burgalesas. Por llegar, llegamos a rincones del antiguo Reino de León, dentro del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia y bajamos hasta las Hurdes extremeñas, las de Buñuel y el Ciripolen.

Y lo mejor de todo, esta crónica es colaborativa, adivinad quienes hemos escrito cada cosa y tendrá el honor de llevar la bota de vino el año que viene.

PRIMER DÍA: JUEVES 13 DE ABRIL

Hablamos del primer día, pero nos olvidamos de la tarde anterior, cuando decidimos escapar del atascado Madrid (casi no lo conseguimos) y tras un periplo que parecía no acabar nunca entre las tierras de Salamanca y Cáceres, con la sierra de Candelario al fondo, dejamos el coche en Cabezo (Hurdes de Extremadura y final de la tercera etapa).

Allí, tras una frugal cena, nos acercamos hasta San Esteban de la Sierra, donde teníamos comida y cama gracias a la hospitalidad local.

La mañana del 13 salimos, animados tras un buen desayuno y disfrutando a la luz del día de la bonita arquitectura de la zona. Delante nuestra tenemos 15 kms. entre San Esteban y Villanueva del Conde. Este año, trazado más corto pero bastante más escarpado, y hoy nos tocaba etapa rompepiernas.

En la plaza del pueblo cogemos el sendero que nos había de llevar hacia el pueblo de Valero, por un camino vecinal recuperado y señalizado (aunque todo hay que decirlo, en estos días, junto a los tramos de PRs y GRs que utilizamos, cada ayuntamiento señalizaba a su manera en vez de unificar la señalética. Aún así, nos fue bastante sencillo).

Nada más salir nos llama la atención este cigueñal, para sacar agua de los pozos:

Y nos metemos en el sendero, que va gran parte del tiempo a media ladera y con cobertura vegetal: un bosque mediterráneo precioso, con con encinas, alcornoques, jara, brezo, roble (quercus pyrenaica)… una preciosidad, lástima que no se observe bien en las fotos.

Este tramo es sencillo, y además tenemos a la izquierda el río Quilamas, que baja limpísimo. Al rato tenemos el pueblo de Valero delante nuestro, con el pico Cervero (de 1465 msnm y techo de la sierra de Quilamas) marcando imponente.

Además, algunos disfrutan de los bancales hechos para poder cultivar, porque la pendiente es lo suyo.

Ah! Y aunque se políticamente incorrecto, hay unas plazas de toros rarísimas en esta zona en las que hay porterías de fútbol sala y todo. Vaya con la etnografía.

 Aquí hacemos una parada antes de afrontar, ya con el calor, una subida a la ladera que veis a la izquierda. Al comienzo pica, y luego nos vamos metiendo de nuevo entre arbolado.

 Este tramo es muy rompepiernas, y lo vamos disfrutando a la par que sufriendo, viendo lo adelantado que está todo por el calor, y aprovechando algunas bajadas a los arroyos que cruzamos para no pasarlo tan mal.

La zona de media montaña es preciosa, eso si. Es lo que tienen estas zonas, tan alejadas de todo. Soledad, tranquilidad, y el poder observar fauna y flora muy bien conservada.

Todo el esfuerzo tiene recompensa, y poco antes de comer llegamos a unos estanques donde podemos refrescarnos de lo lindo. No hay fotos porque desconocemos si para las leyes consuetudinarias de la zona los cuerpos desnudos están prohibidos y reciben algún castigo. Sea como sea, y estando es semana santa, mejor no forzar.

Después del baño, la comilona y la modorra, nos cuesta caminar, aunque tenemos muy cerca los pueblos de Garcibuey primero, y de Villanueva del Conde (por un sendero señalizado de una forma curios, pero efectiva) después, que es donde nos quedamos.

Este año la logística, al estar de forasteros, ha sido increíble: no solo nos consiguen sitio para dormir en las escuelas del pueblo, si no que además las mochilas, tiendas y cocina de campaña nos las lleva la infantería motorizada.

Aún así, va y me pongo malo para el resto del viaje, lo cual es una pena.

SEGUNDO DÍA:  VIERNES 14 DE ABRIL

Tras una noche de más descanso de unos que de otros, nos acercamos primero a la plaza del pueblo a saludar a esta olma que merece nuestro respeto:

De los poco ejemplares de Ulmus minor (el olmo negrillo de toda la vida) que quedan por la grafiosis, impresiona ver su altura, su grosor y el pensar en los siglos de conversaciones que se habrán tenido bajo sus ramas.

El destino final de la etapa de hoy es también el más conocido: La Alberca, turístico pueblo de la zona, conocido por su arquitectura tradicional y su fervor religioso. A mí lo del fervor, si no es el de la leche, como que me da igual, pero la arquitectura de aquí es increíble.

Eso si, todos los pueblos de esta zona tienen esa misma trama en las casas, a pesar de que turísticos solo sean unos pocos. En el resto podemos pasear tranquilos por sus calles, ambientadas de gente estos días de guardar.

Nos encaminamos primero al pueblo de Sequeros, con senda marcada, donde vamos a pasar por un bosque precioso de castaños. Estos no están injertados porque no los tienen para dar fruto, si no para madera…extraños estos asturianos del sur, la verdad.

Ya empezamos a tener de fondo las sierras de la Alberca y de Francia,

Y también en otra dirección las de Candelario y Béjar.

En esta etapa, también de 15 kms. y rompepiernas, vamos a pasar camino de San Martín del Castañar por un bosque relicto de roble carballo (Quercus robur). El más al sur de Europa, según parece ser.

Y una vez en San Martín, vamos a visitar su castillo, reconstruido como centro de interpretación del Espacio de la Biosfera que es esta zona.

Todo esto antes de visitar la iglesia, como no, y de buscar el río (con merendero) para el condumio y la inevitable siesta. Que ya son leguas andadas y hay que continuar, esta vez ya hacia la Alberca y de nuevo por sendero marcado, esta vez un PR.

 

Este tramo es un poco arisco al principio, aunque luego se sube a una especie de páramo con estas vistas tan bontias de la sierra de Candelario (en la que por cierto, no he estado jamás…)

Para mí, junto a los tramos de castaño y rebollo me parece lo más bonito del día, y eso que queremos canear para llegar pronto a La Alberca. Pasamos un cruce de caminos (literal, marcados los cuatro puntos por piedras) y nos hacemos un laaargo tramo final hasta una Alberca en semana santa a lo bestia. Así que nos quedamos sin ver el pueblo, oculto por el turismo de masa, y nos vamos al polideportivo que nos servirá de morada esta noche: eso significa fútbol y sopa de ajo. Aparte de vino y otra noche sin apenas dormir.

TERCER DÍA:  SÁBADO 15 DE ABRIL

Tras la magnífica noche pasada en vela, nos tocaba la etapa más dura de este año (y de mis años de runkaminante): íbamos a pasar de La Alberca a las Hurdes, en Cácereres, que eran tributarias de esta anterior localidad.

Del sur del Reyno de León a la Extremadura, de Las Batuecas a Las Hurdes.

Cogemos el PR “Camino de La Alberca- Las Batuecas”, que nos lleva en una ligera subida, por pinar de repoblación, hasta el puerto de “El Portillo”, a 1240 msnm. Desde aquí ya tenemos una visión de la divisoria bastante clara; también del sendero de bajada hacia el monasterio de san josé de Las Batuecas.

Una vez allí, tras un breve descanso y dejar a las heridas (el frío, el cansancio y los virus pasan factura), seguimos por el PR bordeando el monasterio, llaneando por un arroyo a horas cada vez más calurosas…y dirigiéndonos a los canchales, algo maravilloso para hacerlo al mediodía (no pain no gain, amigas).

Por la zona en la que hemos pasado, aparte de vegetación de ribera y encinar hemos visto unos tejos gigantes, además de acebos…y aun queda lo mejor.

¿Veis esos canchales? Pues más o menos hacia esa zona nos dirigimos, frontera entre dos tierras duras, pero bellas.

Y lo que nos encontramos antes de salir a la roca son unos roblones grandes grandes también, que nos dan sombra antes de la subida final.

Final por decir algo, ya que, aunque estamos muy muy cerca de la divisoria, el sendero caracolea haciéndonos sufrir. Eso sí, tenemos una última sorpresa: en algunos momentos nos sobrevuelan buitres negros, así que no podemos pedir más.

Cuando llegamos al collado, alomado y boscoso, el paisaje cambia: más monótono, menos abrupto, quizás más pobre.  Estamos en las Hurdes, y vamos a comenzar una vertiginosa bajada entre brezal camino de Cabezo, final de etapa y que además está en fiestas.

Llegamos tras una etapa larguísima (aunque en el libro de ruta no lo ponga así, calculamos más de 20 kms. y yo creo que unos 800 metros de desnivel positivo, algo desacostumbrado al caminante runkaminero). Eso si, para mí la etapa más bonita de estos años…que hubiera disfrutado si hubiera dormido algo.

CUARTO DÍA:  DOMINGO16 DE ABRIL

La cuarta y última etapa de este Runkamina Serrano nos llevaba río arriba por el valle más oriental de las Hurdes. Desde Cabezo, donde hicimos noche tras echar algún pasodoble en la verbena de sus fiestas, cogimos un sendero bien marcado conocido como la “Ruta de Alfonso XIII”.

Este PR, que nos conduciría hasta el final de nuestra marcha, recuerda la visita que el monarca hizo a la por entonces olvidada comarca jurdana en 1922. Retomamos senderos montañosos, siempre con piedras a nuestros pies, y con las vistas del valle y la sombra de los árboles sobre nuestras cabezas. Y así llegamos al pueblo de Ladrillar, al que la comitiva real de los años 20 había llegado por el camino que en la actualidad es la carretera.

El último tramo que llega hasta Riomalo de Arriba discurre junto al cauce del río, que nos permitió una vez más refrescar nuestros cuerpos. Y como colofón a la octava edición de este encuentro de caminantes inquietos nos esperaba una paella que saboreamos con la satisfacción del camino ya realizado.

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Inagurando la primavera en la Vía Verde de Picadas (Pelayos de la Presa).

Bien, seguimos aprendiendo que es esto de montar en bici, y nos vamos a acercar a nuestra querida Sierra Oeste madrileña.

Porque nos pilla cerca, porque nos encanta esta zona y porque además tiene una Vía Verde asequible para todas y que se puede hacer en un rato por la tarde.

Nosotras llegamos a la zona por la M-507 desde Aldea del Fresno (aunque lo habitual es empezar en Pelayos de la Presa) y nos vamos a meter por la carretera asfaltada que baja directa hasta el embalse, donde comienza la Vía Verde:

Tras esta bajada comenzamos a pedalear en un terreno de grava completamente llano, que nos va a permitir rodar muy rápido; lo único, las barreras que cierran el camino y que a veces están bajadas y el hecho de que haya mucha gente paseando.

Por lo demás, un entorno bonito donde domina el pino piñonero, los cortados donde hay bastantes rapaces (recomendado ir cuando va anocheciendo y queda poca gente; de hecho la zona está en una ZEPA) y el frescor primaveral del río Alberche embalsado en  esta primavera.

Vamos a cruzar diversos puentes, y a la mitad más  o menos del camino existen unas vías de escalada y una pista que nos llevaría a Navas del Rey.

Nosotras seguimos hasta cruzar al otro lado del río, y llegar enseguida a la zona conocida como “La depuradora”. Allí acaba el trayecto, aunque lo podríamos alargar más.

Es zona recreativa, y está hecha una auténtica mierda. Lástima, porque como hemos dicho es un sitio con una gran riqueza natural.

Tras otear futuras rutas por la zona (también es un sitio chulo para venir a andar, sobre todo en primavera y otoño), volvemos, haciendo el recorrido I/V, con una bonita subida final de la carretera que enlaza el embalse con las carreteras principales.

 

 

 

El Pico del Lobo (2274 msnm) por la canal central del Alto de las Mesas

Después de mucho, mucho tiempo, volvemos a la sierra de Ayllón, a nuestro querido Pico del Lobo.

En esta ocasión con la idea de ascenderlo en una de las últimas invernales de la temporada, por la canal central del Alto de las Mesas. Nos va a suponer un desnivel de unos 800 metros positivos, en unos 8 kms. Y por una canal de unos 40º / 45º de inclinación, vamos a ver.

Madrugamos mucho, contando con coger bien la poca nieve que queda. Y nos plantamos en la estación de esquí de La Pinilla antes que nadie.  Aunque hay niebla, parece que se ve claro donde tenemos que ir: subir a fuego por los remontes que tenemos a nuestra izquierda hasta el denominado “Gran Plató”.

Llegamos al “famoso” Gran Plató y la niebla se nos está echando encima. Vaya faena, porque no tenemos mapa de la zona, y la idea está clara en la cabeza…porque lo que es sobre el terreno…

Así que seguimos con bastantes dudas, siguiendo la línea de remontes (para algo nos ha servido este destrozo ecológico).

Aunque nos planteamos dar la vuelta, encontramos huella, lo que nos permite seguir por el buen camino.

Al principio nos sorprende lo empinado que se pone, pues esperamos la inclinación más adelante. Luego, vamos disfrutando del estado de la nieve, que está ideal: dura, con huella para no perdernos pero sin hacer escalera, y encima cuando se nos abre la niebla podemos visualizar el camino:

El evidente canal central del Alto de las Mesas (aunque hay quien lo considera canal derecho. En todo caso, hay poca información en internet, es cierto que si el día está despejado la subida es muy evidente, pero ojo con los días malos).

Y a la derecha los corredores que se forman en el cresterío del Mirador. Aquí nos dividimos, dos vamos directos a la canal mientras que mandamos un explorador a uno de los corredores, que están en buen estado y se pueden subir bien. Mientras, nosotras seguimos por nuestra canal.

A veces debe formarse cornisa, pero hoy tenemos la salida clara, y al otro lado, el viento y la niebla nos dan un descanso y nos permiten disfrutar de las vistas de la zona, con la que creo que es la Sierra del Rincón al fondo y el Cerrón en primer término. Una estupenda y solitaria subida.

Y tras el reencuentro, vamos hacia la cercana y feúcha cima, aunque hoy con la nieve, el viento y la niebla tiene hasta encanto.

Y ya para abajo, por la vía normal que a través del collado del Aventadero, y tras adentrarnos en el pinar, nos lleva de vuelta a la Pinilla, con sus construcciones a la suiza y de ahí a casita.