Ídolos de la infancia (I): Il Pirata Pantani.

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Durante muchos años me dio vergüenza decir en público que no sé montar en bici. Sobre todo estando rodeados de ciclistas aficionados, de nacer en el pueblo de Contador, de no tener coche…y de ser un amante del ciclismo.

Porque siendo un enano en la época en la que Induráin ganaba un Tour tras otro (de una manera bastante aburrida, según aprender de mayor), y fijándome en rivales como Chiapucci, Rominguer, Ugrumov o Zülle, viendo las espectaculares etapas de alta montaña y el esfuerzo inhumano de esta gente (el ciclismo me sigue pareciendo uno de los deportes con mayúsculas, y me parece una falta de respeto recurrir al dopaje por parte de las hordas futboleras) enseguida me enganché al ciclismo a pesar de que el pánico a caerme de una bici hiciera decidirme a caminar y dejar las ruedas para los demás.

Pues bien, desde el principio me llamó la atención este ciclista. Sin ser para nada un entendido, verle atacar tan lejos de meta, sin hacer caso de un ciclismo cada vez más tecnificado, sin preocuparse por el cansancio o por etapas futuras, era algo que llamaba la atención.

Verle después de la época Induráin, que como digo con el paso del tiempo me parecía aburrida como menos, era de una diversión insultante.

Es más, en un mundo deportivo dominado por el fútbol, y por unos futbolistas “modelos” (en el plano físico, que no en el intelectual o el moral) tener a Marco Pantani ganando con su físico poco agradecido era algo que a las personas socialmente aisladas no hacía felices.

Porque además ganaba. Un ciclista llamado a no hacerlo, salvo etapas parciales, lo hacía. No solo dando espectáculo, sino además en carreras importantes.

Mis recuerdos ciclistas son convulsos y suelo mezclar carreras, años, ascensiones…y además no creo que sea necesario dar los datos exactos, que se pueden consultar en la red.

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Podio ya en Giro y Tour en 1994, una grave lesión frenó su progresión, justo cuando acababa el reinado Induráin.

1997 marca su regreso, pero lo que me marcó, como a toda una generación de aficionados al ciclismo, fue 1998. Gana el Giro, y destroza a Ullrich (ese aspirante a Induráin tan antipático) metiéndole casi 9 minutos con su mítico ataque bajo la lluvia en el Galibier. Un ciclismo de otra época en el famoso Tour del caso Festina (donde corría otro grande como era Richard Virenque), de la retirada de los equipos españoles, de la EPO… al final me acuerdo más del Pirata bajo la lluvia que de lo demás.

Ganador de Giro y Tour, destrozo de contrarrelojistas, Pantani está en la cumbre. El resto, como suele decirse, es historia.

Durante el Giro de 1999, tras ganar su cuarta etapa y líder destacado, es descalificado de la carrera por elevado índice de hematocrito (que servía en la época para detectar el consumo de EPO, aunque no siempre acertase). Se cae el mito, en medio de un revuelo quizás similar al de Maradona.

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A pesar de volver a competir y ganar un par de etapas en el Tour del 2000, nada vuelve a ser lo mismo. Asociado a episodios de dopaje, aunque nunca llegó a dar positivo (lo cual desde luego no es prueba de nada), pasa por alguna suspensión más hasta que en 2004 es encontrado muerto en un hotel tras una sobredosis de cocaína. Igual que otro grande, el Chava Jiménez.

Pena, mucha pena ver como el deporte profesional, y los intereses creados en torno a él destrozan de esta manera a la gente. Su entorno más cercano ya habló en su momento de que existió una conspiración para apartarle del Giro 99. También de que había muchas cuestiones sin resolver en su muerte.

Hace no demasiados meses supimos que se demostró judicialmente que la Camorra napolitana alteró la tasa de hematocrito en ese famoso Giro para conseguir su expulsión.

Lo que fue golpe definitivo a su carrera y a su vida se ha demostrado como cierto tras años de pelea, con lo cual nos queda la duda de si alguna vez se demostrará o no alguna historia extraña en su muerte más allá de la depresión y la cocaína.

Alguien recordado más allá de su carrera y su muerte, como demuestran los continuos homenajes que se le hacen, y no solo desde el mundo del ciclismo.

En todo caso, uno de mis ídolos infantiles, uno de los pocos deportistas que me hacían vibrar y creer que había algo más que maquinaria en el deporte moderno, y alguien de quien siempre me acuerdo cuando veo a alguien subiendo un puerto en bicicleta.

Vai Marco, Vai!

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