Dominguerismo madrileño: Miedo y asco en las Cascadas del Purgatorio.

Fin de semana de calor intenso, y nos debatimos entre quedarnos apalancados en casa o hacernos algún paseín.

Descartadas las cumbres por la solana, decidimos hacer alguna “ruta de valle”; en Madrid no abundan demasiado los sitios para caminar entre grandes masas boscosas, y de los que hay, casi nunca nos animamos.

Así que este fin de semana es ideal, ya que además nos permitirá bañarnos en algún río.

Y como ninguna hemos estado en las famosas Cascadas del Purgatorio, pues allá que vamos.

Dejamos el coche en el mismo Monasterio de Santa María del Paular, cercano al pueblo de Rascafría. La ruta en sí comienza cruzando la carretera, entre el Centro de Visitantes del Valle de El Paular y el Albergue de Los Batanes debemos de cruzar el puente del Perdón, y llegamos así a la conocida zona de Las Presillas, donde nos damos un baño (domingueros totales, vamos, por suerte aún no había mucha gente y pudimos refrescarnos agusto).

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Seguimos andando, y seguimos el camino que es muy evidente por dos razones: una porque está señalizado constantemente (lo que hace que no sea necesario explicar el recorrido). La otra, la gran cantidad de gente que se dirige hacia allí…y nosotras que queríamos estar tranquilas.

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Por lo tanto, seguimos el camino, que es una pista amplia sin ninguna dificultad, siguiendo las indicaciones sin confundirnos con otros senderos que comparte esta zona (PRs, GRs, algún sendero local del propio valle…)

Eso sí, enseguida nos internamos en un bonito aunque joven robledal, que además entre sus hojas nos deja ver por un lado toda la cuerda de los Montes Carpetano (con la cercana Peñalara coronando) y enfrente nuestra, CuerdaLarga.

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Continuamos por el robledal, ganando altura cómodamente, hasta cruzar el cauce del arroyo Aguilón.

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Aquí el amplio camino se transforma en un sendero que va a la vera del arroyo, que es uno de los afluentes del río Lozoya y el que forma las cascadas hacia las que nos dirigimos.

Es sin duda la parte más bonita del recorrido, si no estuviera tan lleno de gente (y como vimos a la vuelta, con tan pocas ganas de disfrutar realmente de la naturaleza) sería perfecto.

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Al poco rato llegamos a las cascadas, que por cierto, son preciosas. Así que seguramente os preguntéis el porqué de ese “miedo y asco”:

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Pues primero por la masificación. Entiendo que vivimos cerca de una urbe con millones de habitantes, en una región degradada ambientalmente. Y que eso haga que la gente que busque esparcimiento por la naturaleza tenga pocos espacios donde estar agusto.

Entiendo además que con todas las vías de comunicación sea fácil llegar a ciertos lugares antes casi imposibles de encontrar. Pero aún así, estar rodeado de tantos humanos, con lo que significa (ruidos, erosión ,etc.) hagan que esto quede muy alejado de lo natural.

Pero lo que me parece importante, más aún, es el nulo interés por conocer y respetar el entorno que observamos en gran parte de las personas presentes.

Gente bañándose en pleno Parque Nacional del Guadarrama y estando claramente indicado (cuando en la zona hay muchas zonas habilitadas para bañarse que no son zonas protegidas, nosotros nos bañamos también a la vuelta).

Quizás uno de los fallos del PN sea el no explicar claramente que la prohibición del baño no es por capricho (entre otras muchas cosas, hay especies de anfibios que solo existen aquí y que están viendo amenazada su existencia), pero también es cierto que no parecía que la gente quisiera otra cosa que ir a pegarse un chapuzón llevando consigo música, neveras y todo lo necesario para un buen día de domingo. Por ejemplo, a la vuelta pasamos por el Centro de visitantes y estaba casi vacío, con el área de Las Presillas a rebosar…no sé, quizás haciendo más cercano y atractivo l discurso conservacionista. No sé, la verdad.

No soy muy amigo de las prohibiciones y tampoco estoy de acuerdo con algunas cosas que implica el concepto de Parque Nacional, pero desde luego, si nos vamos a cargar lo poquito que nos queda es mejor que no se pueda pasar y se conserve.

Y bueno, después de todo esto, de darle vueltas entre todas, volvemos por el mismo camino, disfrutando de las vistas, eso sí:

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Y para demostrar que hay cosas que no tienen porque ser de mala fe, sino por desconocimiento, nos llevamos una multa por aparcar en camino forestal usado para los vehículos contraincendios. Fallo y gordo, el nuestro.

 

 

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