“El ritmo de la cancha” de Jacobo Rivero (Clave intelectual).

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A ver como explicas que has realizado la lectura de un libro hace ya un par de años y de casualidad porque no tenías otro a mano, y que lo quieres reseñar ahora.

En general soy poco de leer libros de temas deportivos. En parte porque creo que no suele haber demasiados de entre ellos que tengan excesivo interés. Y en parte porque no me suele sobrar el tiempo para leer y tengo que seleccionar.

Cuando leo sobre deporte algo más que noticias me gusta mucho mezclarlo tanto con la Historia como con las historias individuales de cada una, las que no salen precisamente en los libros, plagados de estrellas y espectáculo. Quizás por esa cercanía a lo que me gusta quiero recomendaros este texto, que se sale de lo habitual.

Porque al fin y al cabo, el deporte, como parte fundamental de esta sociedad, es política, y esta afecta tantísimo a esa cotidianidad personal que sorprende que nunca salga en las portadas. No, no sorprende, por eso precisamente es necesario hacerlo salir a la luz, para poder realizar una crítica social también desde el deporte.

Son 13 historias a lo largo del siglo XX y que recorren todo el mundo, de las cuales hay alguna que te marca, como la de Donald Angelo Barksdale, primer negro en jugar un All Star.  Porque claro, en una sociedad tan segregada como la yanqui, el deporte estaba en manos de lo blancos.

No es tan conocido desde luego como  John Carlos y Tommie Smith, atletas iconos del Black Power en los JJOO del 68, pero desde luego su figura fue precursora de la entrada masiva de los negros en el deporte de la canasta, del que por razones evidentes son los grandes dominadores.

Claro que hoy en día el basket, y la NBA en particular sigue sufriendo una segregación racial menos visible pero más que evidente en el terreno de los despachos, dejándoles a los negros el honorable  pero reducido espacio de ser las estrellas en el parquet y generar los beneficios necesarios para una clase parasitaria.

Otra historia, quizás la que más me impresionó, es la del grupo de baloncestistas bosnios (hasta poco tiempo antes yugoslavos) que deben romper el cerco de Sarajevo en abril del 93 para ir a jugar el Europeo en Alemania. Impresiona más porque alguno de esos jugadores militaron después en equipos españoles, o que el gran Nenad Markovic, que no participó en ese Europeo pero que es un ídolo para el Estudiantes explique como era esa sociedad que tras la muerte de Tito se devoró a sí misma. Y de la que él tuvo que marchar.

Otras historias van de Egipto a Filipinas, Palestina, o el Berlín de los JJOO del 36 en un completo viaje, que aunque irregular (hay relatos que me llamaron mucho más la atención que otros tanto por la historia en sí como en lo narrativo, lo cual es algo subjetivo, en otros es evidente que no comparto el punto de vista del autor, que al menos, te hace pensar) nos lleva por este planeta basket a plantearnos mucho más de porque entra o no entra la pelotita.

 

 

 

 

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