Ruta por el frente de Ciempozuelos.

Hoy vamos a hablaros de una actividad diferente a lo que es habitual en este blog. Desde aquí intentamos siempre hablar del deporte desde una óptica no competitiva, alejada de la mercantilización de la vida diaria, de nuestras relaciones; como una forma de superación personal sin que ello implique el tener que luchar por ser mejor que la otra persona.

Es evidente que esta manera de entender el deporte es una opción política. Y si desde un punto de vista más personal está todo lo que acabo de escribir, desde el que es directamente político esto tiene un nombre: anticapitalismo. Pues es el Capital es que nos aleja de la naturaleza, el que nos hace querer ser siempre unos ganadores, el que convierte el esfuerzo físico en dinero.

Y si podemos compaginar la actividad deportiva (en este caso, el senderismo) con el conocimiento de nuestra propia historia, que es una de las razones de considerarme anticapitalista, mejor que mejor.

Por eso me parece interesante la actividad que Ciempozuelos Antifascista y la Coordinadora Antifascista de Madrid organizaron, recorriendo diversos lugares de Ciempozuelos en el ámbito de la batalla del Jarama.

1300 caídos en el bando republicano se quedaron en este pueblo entre el 6 y el 8 de febrero de 1937, días en que los fascistas toman el pueblo tras una traición. Muertos que nunca han sido exhumados, muertas que nadie reivindica.

Nuestra historia, algo tan cercano de nuestras casas, completamente desconocido para nosotras. Por eso me parecen tan importantes estas iniciativas.

A las 9 de la mañana comenzamos un pequeño grupo a caminar por vía pecuaria (espero no equivocar el nombre del camino, que creo es Valdinojos) en dirección a los primeros búnkeres construidos por el ejército republicano.

photo_2015-04-23_12-50-22 Los republicanos por una parte crearon estos búnkeres para, antes de la pérdida del pueblo, defenderse de los posibles ataques desde pueblos tomados por los fascistas (Pinto, Valdemoro), y una vez caído Ciempozuelos, intentar retomarlo desde posiciones propias, como era el caso de la vecina Seseña, ya en Toledo.

Aunque no soy un experto en historia militar, y además me cuesta situarme en la zona, es fácil imaginarse viéndose aislado y atacado en una zona tan hóstil como esta; suelo yesífero, muy poco apto para la vegetación ( a pesar de que hay algunos cultivos de cereal y un arroyo cercano, pienso que el de Palomero), temperaturas extremas en verano e invierno, deficiencia de armas.

Para llegar a los búnkeres hay que salirse de la vía pecuaria y atravesar varios campos, ese es el interés por conocer la historia:

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Nosotros vemos primero tres, y un poco más alejados otros dos, están en buen estado, a pesar del abandono.

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Después continuamos, como decimos, por el arroyo y la via pecuaria para encontrar las salinas espartinas; eso sí, después de comer bajo un pinar, que la solana ya empieza a hacer efecto.

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Estas salinas, de origen prehistórico y usadas en tiempos de Roma, llegaron a estar en uso hasta poco después de acabada la guerra civil. Se encuentran al fondo del barrando de Valdelachica, y se puede llegar a ellas desde el camino del Molino (nos fue un poco difícil encontrarlo debido a la nula señalización y al hecho de que las extracciones de una mina de yeso cercana están degradando el terreno. También hay que decir el estado de suciedad de alguna de las zonas de las salinas. En fin…).

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Algunas cuevas prehistóricas excavadas en el yeso se adecuaron para trincheras, fortines y refugios de la guerra, en otros espacios directamente se acondiciona de nuevo para ello.

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Lo que es una lástima es que este entorno, a pesar de su evidente interés histórico y cultural y de su valor ecológico (una de las pocas zonas húmedas incluso en verano, pues había agua en el arroyo, con endemismos vegetales y además, zona incluida en el parque regional del Sureste) esté como esté; lleno de mierda y sin ningún tipo de protección ni forma de aprender de ello si no es por tu propia iniciativa.

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Nosotros continuamos por el fondo del valle hasta enlazar con un camino que nos lleva de vuelta a Ciempozuelos, tras una decena larga de kilómetros y 4 horas de marcha bajo un sol machacante.

Evidentemente, mereció la pena; conocer para conservar, conocer para aprender, y por supuesto, conocer para luchar.

 

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