Fin de semana en el Rincón de Madrid. Día 1: Ascensión a los picos Centenera y Tornera.

Ya habíamos estado en la Sierra del Rincón (la Sierra “pobre”, para los listillos), y nos gustó tanto que queríamos terminar las ascensiones con cierto nivel de la zona. Aunque nos queda pendiente hacer la integral, esta vez lo hicimos en dos días.

Comenzamos de viernes, en la Puebla de la Sierra, quizás el pueblo más bonito, por su aislamiento, de esta zona Reserva de la Biosfera.

Salimos andando por la carretera que va en dirección a Robledillo de la Jara, para a pocos centenares de metros, antes de que la carretera cruce el río,coger una pista marcada con un GR que se abre a la izquierda.

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Pasamos por los “tinados”, construcciones donde se dejaba el ganado. Pese a que están casi abandonadas, merece la pena echarlas un vistazo.

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Nosotras continuamos por la pista, en la que al principio dejamos a nuestra derecha, al otro lado del río, el área recreativa de la Tejera. Como decimos, se trata de seguir la senda, bien marcada, hasta llegar a una presilla, donde se estanca el arroyo del Portillo.

En esta zona vimos roble albar, muy poco habitual en la zona, donde predomina el melojar, y que llevábamos buscando observar desde la otra vez. Vegetación de ribera hace aún más acogedor el lugar:

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Cruzamos un pequeño puente y continuamos por una pequeña senda que nos lleva al Lomillo, donde salimos ya a pleno sol, pues hasta entonces estuvimos cubiertos por el arbolado.

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Aunque el camino parece cerrado por jaras de buena altura, giramos a la izquierda, donde se nos aparecen unos hitos que nos marcan por donde comenzar a cruzarlo, aunque luego el camino se cierra y hay que seguir con un poco de agobio, la verdad.

Tenemos como referencia un pinar a la izquierda, en el que nos tenemos que internar.

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Aquí tenemos la ascensión más dura de la de esta primera ascensión, pues se alternan subidas duras, con roca, con zonas de pinar que nos dan un descanso.

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Es la subida por Loma Concha hasta llegar al cerro de mismo nombre, a 1777 msnm:

20150626_132057A partir de aquí el camino es mucho más suave, y vamos avanzando por el sendero cubierto por pinar hacia la Centenera. Por alguna extraña razón, estas montañas nos engañaron durante todo el día, y nos empiezan a entrar las prisas por coronar cuanto antes, pues el sol calienta y vamos con retraso acumulado…

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Y así, acompañadas de unas cabras y un simpático mastín, coronamos el pico Centenera (1809 msnm).

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Las vistas son, esta vez sí, espectaculares: el Tornera, nuestro siguiente objetivo:

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Por el otro lado, la continuación de la cresta por el este, con el collado de las Pilas en primer término,

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Y como veis, el collado hacia el cual nos dirigimos para llegar al Tornera. La bajada es a través de lajas de pizarra, que en esta época del año agarra bien, aunque con lluvia debe ser mucho más divertido.

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Subimos primero hacia un cerro, sin llegar a coronarlo. Sin coronarlo y tras una suave bajada volvemos a ascender por la ladera de la cara oeste, ya que los afloramientos de pizarra no permiten otro camino más cómodo.

Está marcado con hitos, y aunque con cierta dificultad, lo pasamos sin mayores problemas para coronar que la falta de agua y el calor sofocante. Tened en cuenta que no hay agua en todo el camino.

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La Tornera, de 1865 msnm, nos permite unas vistas muy bonitas de todo el circo de la Sierra del Rincón, del Ayllón, de Somosierra y los montes Carpetanos…

Nosotras continuamos el cordal hacia el NO, y unos hitos que nos vuelven  a indicar el camino nos llevan descendiendo hasta el collado.
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Desde aquí se ve la Puebla perfectamente, incluida la pista que nos llevará hasta él. Para ello, debemos descender abruptamente entre pradería y pizarra para poco después continuar el descenso ya entre pinar de repoblación (por suerte, el roble lucha por mantenerse aún en la espesura del pino).

Nos encontramos con la pista y ya solo se trata de seguirla los 4 kms. (eternos por el calor y la caminata) hasta los tinados donde damos por finalizada la ruta tras 17 kilómetros y 1000 metros de desnivel acumulado positivo.

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Y a disfrutar de Puebla de la Sierra, lugar donde quedamos a dormir para al día siguiente subir Peña la Cabra.

 

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Antihéroes (I): la historia de Éric Moussambani.

Todos tenemos ídolos en la infancia. Muchos de ellos provenientes del deporte: más allá de los icónicos futbolistas (hombres, por supuesto) tenemos una pléyade de gente alta, musculosa, atlética, triunfadora. Los niños gordos, poco atléticos o a los que no nos entusiasmaba la simple idea de ser mejores que otros, o que bien no éramos capaces de conseguirlo solíamos tener los mismos modelos.

Pero a veces aparece alguien que se sale de la norma; muchas veces prontamente olvidados, objeto de risa o ejemplo de lo que no debe ser.

Algún día hablaré de como para alguien como yo que no sabe montar en bicicleta alguien como Marco Pantani se convertía en un héroe tanto por su manera de comportarse en la montaña como por su estética, digamos, poco “cool”. Al mismo tiempo que tenía fijación por ver a los últimos clasificados de las grandes vueltas por etapas, esos auténticos sufridores.

Pero hoy voy a hablaros de un auténtico antihéroe. Debido a mi creciente interés en la natación (Por cierto, os recomiendo este enlace para quien quiera mejorar sus prestaciones bajo el agua), hace unos días recordaba con una amiga la historia de Éric Moussambani.

A muchas seguramente no os suene el nombre, pero es posible que sí la historia: en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, gracias a los cupos para que países con poco predicamento en el deporte pudieran enviar deportistas, Moussambani compite él solo (¿puede haber algo más poético?) tras la descalificación de dos compañeros en una de las series preliminares de 100 metros libres.

Él, que hacía solo 8 meses (¡Ocho meses!) que estaba entrenando natación, pues su deporte era el atletismo, y que no había podido entrenar nada más que en la piscina de un hotel de 22 metros de largo y  que ni siquiera era recta, pues las de 50 metros de largo reglamentarias no existían en su país, Guinea Ecuatorial.

Lo dicho, él, en un arranque de quijotismo, se esfuerza en sacar lo mejor de si mismo bajo la mirada de miles de personas en todo el mundo. Parece ser que pensaba que solo era necesario nadar un  largo, segundo, eterno, imborrable desde el primer día que lo vi, hace pensar que cualquiera podríamos participar en unos Juegos Olímpicos. Y no lo digo con sorna: merece todo elogio plantarte allí, sin apenas saber nadar, en la otra punta del mundo (quien sabe que enchufe necesitaría para ello) para intentar conseguir un objetivo tan modesto como acabar una carrera sin desfallecer.

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Lo hizo. Sus declaraciones “los últimos quince metros han sido muy difíciles” hablan de la sencillez de alguien que con toda humildad habla ante los atónitos periodistas que no son capaces de asimilar una respuesta así en un ambiente de semidioses.

Posteriormente al estupor, llega el espectáculo: Contratos falsos, anuncios, programas de televisión donde se es paseado como un mono de feria…la sociedad moderna no es capaz de entender el afán de superación personal, todo lo que no sea el éxito debe ser despreciado.

En una burla de la historia, Moussambani mejora de una manera increíble su marca personal, dejándola por debajo del minuto (Mientras en Sidney tardó en cubrir los 100 metros 1:52.72, estando el récord del mundo en 47:84).

Un problema con el visado le deja sin participar. ¿Os imagináis haber realizado todo eso, y por un problema de papeles, no poder participar? La decepción debe ser enorme, la posibilidad de demostrarle al mundo mucho más de lo que han visto…o no.

Para mí, el verdadero ejemplo lo tengo cada vez que veo su vídeo en Sidney. Nunca seré el más rápido, el más alto o el más fuerte. Y no me importa en absoluto.

 

 

Ruta por el frente de Ciempozuelos.

Hoy vamos a hablaros de una actividad diferente a lo que es habitual en este blog. Desde aquí intentamos siempre hablar del deporte desde una óptica no competitiva, alejada de la mercantilización de la vida diaria, de nuestras relaciones; como una forma de superación personal sin que ello implique el tener que luchar por ser mejor que la otra persona.

Es evidente que esta manera de entender el deporte es una opción política. Y si desde un punto de vista más personal está todo lo que acabo de escribir, desde el que es directamente político esto tiene un nombre: anticapitalismo. Pues es el Capital es que nos aleja de la naturaleza, el que nos hace querer ser siempre unos ganadores, el que convierte el esfuerzo físico en dinero.

Y si podemos compaginar la actividad deportiva (en este caso, el senderismo) con el conocimiento de nuestra propia historia, que es una de las razones de considerarme anticapitalista, mejor que mejor.

Por eso me parece interesante la actividad que Ciempozuelos Antifascista y la Coordinadora Antifascista de Madrid organizaron, recorriendo diversos lugares de Ciempozuelos en el ámbito de la batalla del Jarama.

1300 caídos en el bando republicano se quedaron en este pueblo entre el 6 y el 8 de febrero de 1937, días en que los fascistas toman el pueblo tras una traición. Muertos que nunca han sido exhumados, muertas que nadie reivindica.

Nuestra historia, algo tan cercano de nuestras casas, completamente desconocido para nosotras. Por eso me parecen tan importantes estas iniciativas.

A las 9 de la mañana comenzamos un pequeño grupo a caminar por vía pecuaria (espero no equivocar el nombre del camino, que creo es Valdinojos) en dirección a los primeros búnkeres construidos por el ejército republicano.

photo_2015-04-23_12-50-22 Los republicanos por una parte crearon estos búnkeres para, antes de la pérdida del pueblo, defenderse de los posibles ataques desde pueblos tomados por los fascistas (Pinto, Valdemoro), y una vez caído Ciempozuelos, intentar retomarlo desde posiciones propias, como era el caso de la vecina Seseña, ya en Toledo.

Aunque no soy un experto en historia militar, y además me cuesta situarme en la zona, es fácil imaginarse viéndose aislado y atacado en una zona tan hóstil como esta; suelo yesífero, muy poco apto para la vegetación ( a pesar de que hay algunos cultivos de cereal y un arroyo cercano, pienso que el de Palomero), temperaturas extremas en verano e invierno, deficiencia de armas.

Para llegar a los búnkeres hay que salirse de la vía pecuaria y atravesar varios campos, ese es el interés por conocer la historia:

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Nosotros vemos primero tres, y un poco más alejados otros dos, están en buen estado, a pesar del abandono.

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Después continuamos, como decimos, por el arroyo y la via pecuaria para encontrar las salinas espartinas; eso sí, después de comer bajo un pinar, que la solana ya empieza a hacer efecto.

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Estas salinas, de origen prehistórico y usadas en tiempos de Roma, llegaron a estar en uso hasta poco después de acabada la guerra civil. Se encuentran al fondo del barrando de Valdelachica, y se puede llegar a ellas desde el camino del Molino (nos fue un poco difícil encontrarlo debido a la nula señalización y al hecho de que las extracciones de una mina de yeso cercana están degradando el terreno. También hay que decir el estado de suciedad de alguna de las zonas de las salinas. En fin…).

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Algunas cuevas prehistóricas excavadas en el yeso se adecuaron para trincheras, fortines y refugios de la guerra, en otros espacios directamente se acondiciona de nuevo para ello.

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Lo que es una lástima es que este entorno, a pesar de su evidente interés histórico y cultural y de su valor ecológico (una de las pocas zonas húmedas incluso en verano, pues había agua en el arroyo, con endemismos vegetales y además, zona incluida en el parque regional del Sureste) esté como esté; lleno de mierda y sin ningún tipo de protección ni forma de aprender de ello si no es por tu propia iniciativa.

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Nosotros continuamos por el fondo del valle hasta enlazar con un camino que nos lleva de vuelta a Ciempozuelos, tras una decena larga de kilómetros y 4 horas de marcha bajo un sol machacante.

Evidentemente, mereció la pena; conocer para conservar, conocer para aprender, y por supuesto, conocer para luchar.

 

“Las niñas perdidas del baloncesto”‏

 

 Por fin tengo el honor de inaugurar la sección de colaboraciones. Un buen amigo y gran conocedor del baloncesto es quién, tras algún retraso por la vida ajetreada que llevamos, se encargará de ello, haciendo además que este blog no se convierta en uno monotemático de montaña.

Sin más preámbulo, os dejamos con un interesante y conciso análisis del baloncesto femenino de cantera, sus posibilidades y los porqués de su papel secundario respecto al masculino.

 

Llevaba un tiempo pidiéndome el señor administrador de “Baja montaña” que le escribiera algo de baloncesto de formación, de la tan trillada “cantera”. Lo hace pensando que algo sabría del tema porque llevo cerca de una década trabajando en el Departamento de Comunicación del Estudiante, un club madrileño de baloncesto surgido en el instituto Ramiro de Maeztu en 1948 y cuya una de sus señas de identidad más conocidas es precisamente eso: trabajar con la cantera.
Pero mi duda era ¿cómo enfocarlo? ¿explicar qué es la cantera? ¿cómo se trabaja? ¿el eterno debate de “qué es cantera y qué no”? ¿por qué nos pone tanto a las personas aficionadas a un deporte que jueguen los jóvenes? Hay millones de temas que tratar sobre esto…
En estas estaba, hasta que se me encendió la bombilla haciendo un repaso al dossier de selecciones españolas que competirán este verano 2015 y reparar en un dato: en la selección femenina 10 de las 15 seleccionadas de la sub-20 juegan en la liga universitaria estadounidense; mientras que en la masculina de la misma edad sólo cuatro no juegan en equipos españoles, la mayoría cantera de clubes ACB.
Esto, lejos de ser una anécdota, es un síntoma. Como pasa en casi todos los deportes -y me refiero siempre a deporte de competición, más o menos de élite, federado, regulado y en ligas y competiciones que mueven dinero,no al que jugamos por puro ocio o salud- el deporte femenino tiene mucho menos eco y recursos económicos que el masculino. Aunque el baloncesto sea desde hace muchos años el deporte donde más mujeres están federadas y los éxitos internacionales estén a la orden del día… las ligas están para echarse a temblar.
Un poco de contexto
Para poner un poco en contexto a quienes conozcáis menos el mapa del baloncesto español, hay una primera división, llamada “Liga Femenina” (qué alarde de imaginación, eh), y una segunda que se llama, atención porque nunca lo hubierais imaginado, “Liga Femenina 2”. Ambas competiciones, en teoría profesionales, son organizadas por la Federación Española de Baloncesto.
Remarco lo de “en teoría profesionales” porque en los últimos años, con el cierre del grifo del dinero público y el petardazo de la construcción… los presupuestos cada vez son más exiguos. Y realmente, ni por abonos, ni por publicidad ni mucho menos por televisión estas ligas generaban el dinero para que se pagaran las fichas que se estaban pagando. Ahora, sobre todo en LF2, las profesionales son minoría. Son cada vez más los casos de jugadoras muy jóvenes compaginan sus estudios o trabajos con la exigencia de una liga nacional: desplazamientos, entrenamientos diarios… a cambio, en el mejor de los casos, de cuatro duros.
Ey, ¿pero no ibas a hablar de cantera? ¿qué rollo de profesionales me cuentas? Sí, sí, lo siento. Era para poner algo en contexto el tema.
El basket es para ellos y para ellas
El baloncesto es uno de los deportes de equipo más populares entre la gente joven, y donde probablemente menos marcada sea la diferencia entre géneros. Hay deportes donde sigue estando el topicazo de “deporte de chicas”, “deporte de chicos” porque lo practican más unas u otros; y eso en basket pasa menos. Aunque quede muchísimo camino por recorrer, en la mayoría de poblaciones españolas si una niña quiere jugar al baloncesto tendrá las mismas opciones que un niño en colegios, escuelas de baloncesto, clubes de barrio…
En basket, como en la mayoría de deportes, cuando se empieza con muy poquitos años, se hace sin separar. Niños y niñas juntos. En minibasket son muy habituales los equipos mixtos; y luego algo más mayores ya sí que se separa: las condiciones físicas son diferentes y hay que adaptar tanto la formación como la competición a cada realidad. Algo que pasa a menudo en muchos deportes y que es una auténtica pena es que llegado ese momento… muchas niñas tienen que dejar de jugar a ese deporte o vivir auténticas odiseas (pelear porque hagan excepción y la dejen jugar en equipos de chicos, irse a otras ciudades…) porque no hay suficientes niñas inscritas para sacar equipo, o hacer una liga donde vive. Eso es baloncesto, en entornos urbanos, es muy raro.
En España hay clubes de baloncesto mixtos – a veces con un primer equipo en categoría nacional masculina o femenina que es el motor y referente del resto del club- pero también específicos de baloncesto masculino o baloncesto femenino. Mi ideal, claro, es que sean mixtos. Pero por ejemplo, un club como donde yo trabajo, el Estudiantes, sólo tiene equipos femeninos desde hace 25 años, el reciente 1989. Antes se pasó 41 de sus 67 años de historia siendo un “bosque de nabos”.
 
El bajón de las juniors
A nivel de alta competición en basket formativo, las distintas Federaciones tratan prácticamente igual los Campeonatos de chicos y chicas desde hace ya muchos años. Hay diferencias en el modo de entrenar, claro. Porque cada sexo tiene su modo de crecer, su físico y también – eso es así aunque no debiera- sus roles sociales marcados. Hombres y mujeres somos equivalentes en derechos, pero no somos iguales. Ni falta que hace, la diferencia es algo a reivindicar.
Y aquí llega un problema que me han comentado ya varios entrenadores de distintos clubes (sí, he dicho entrenadores. En masculino. Siguen siendo minoría las entrenadoras, incluso en equipos de mujeres en edad de formación y creo que está directamente relacionado con lo que voy a contar ahora): hay una tasa muy alta de abandono del baloncesto entre jugadoras de categoría junior, esto es, 16-17 años.
No dispongo de datos oficiales sobre esto, ni me consta que haya un estudio serio analizándolo, pero es algo que he visto más a menudo de lo que creía. Chicas a las que el baloncesto les apasiona, que se han pasado toda su infancia y adolescencia de aquí para allá con los pantalones cortos y el balón. Que han llegado a ganar títulos y que no se planteaban como opción no ir a entrenar o jugar porque tuvieran cualquier otro plan… de golpe y porrazo, llega el bachillerato… y cuelgan las botas. 
¡Qué edad más puñetera! Esto en masculino, sin embargo, pasa mucho menos, es menos marcado. Hablando de clubes de primer nivel, un chico de 16-17 años que destaca en un Junior A de un club potente tiene opciones reales de ser profesional del baloncesto. Algunos incluso han podido entrenar ya con el primer equipo. No todos van a ser Ricky Rubio que debutó con 14 primaveras, pero con 16 muchos ya tienen agentes y ojeadores muy atentos a sus progresiones. Cuando otros chicos de su edad se plantean qué van a estudiar o si dejarlo para ponerse a currar, ellos se plantean cómo van a dar el salto a categoría profesional. El basket ha dejado de ser un hobbie, una pasión: es también el modo del que van a ganarse la vida.
Sin embargo, una jugadora española de esa edad tiene los mismos problemas e inquietudes que cualquier otra chica… pero sin apenas opciones reales de que esa pasión por la pelotita les sirva de algo útil. Van a tener que estudiar, o que trabajar; mientras que el hobbie del baloncesto le va a exigir cada vez más. Entrenamientos a horas absurdas para poder ir después de clase, incómodos desplazamientos en el día a la otra punta del país para jugar en una categoría nacional.
Abandono o exilio
Muchas no aguantan esa presión y, aunque por nivel podrían jugar en categorías superiores, juegan en categorías más bajas con menos exigencia competitiva o directamente dejan el basket para centrarse en “hacer algo de provecho”. Y también en tener algo de tiempo libre para otros hobbies o incluso obligaciones que la sociedad patriarcal dice que tiene que tener una chica de 17 años: echarse novio y demás, irse preparando para ser madre trabajadora.
Otras han encontrado en el baloncesto universitario estadounidense, la popular NCAA, una solución a muchos de estos problemas. En Estados Unidos se dan becas a deportistas para que puedan estudiar en sus carísimos centros a cambio de defender el nombre de la universidad; y muchas jugadoras han apostado por cruzar el charco: el baloncesto no les dará de comer pero les ha costeado unos costosos estudios en el extranjero. El dato que comentaba al empezar el artículo. También pasa en chicos, pero a un nivel más bajo. En categoría femenina es un auténtico éxodo.
Y otras, cada vez menos, llegan a ser profesionales sin salir de España… y a los dos o tres años se van a ligas de mayor potencial económico como la turca, la rusa o la francesa. De las 12 jugadoras que defenderán estos días en Hungría el oro europeo de España, sólo tres han jugado este año en Liga Femenina. Otro éxodo.
Pero cuando una niña descubre de pequeñita que eso de meter la pelotita en el aro le gusta… toda esta mierda no le importa. Ni debe importarle lo más mínimo. Pero no olvidemos que el deporte, y más el de equipo, no es ninguna burbuja. Es parte de la vida real, y sus problemas, alegrías, pasiones y miserias también llegan ahí.

Santi Escribano @santiescribano

Periodista y gestor de redes sociales.
(Club Estudiantes; Tú al Ramiro y yo a Badalona; Speakerman…)

Pico del Nevero y Peñacabra desde el puerto de Navafría

Los montes carpetanos, que van desde Peñalara hasta Somosierra, eran unos grandes desconocidos para mí.

Tras encontrar esta ruta por casualidad en internet, y ver que se podía hacer por la tarde, nos encaminamos hacia el pueblo de Lozoya, desde donde cogemos la carretera al puerto de Navafría.

En este puerto, al comienzo tenemos un robledal bastante bien conservado que poco después es sustituido por pino albar de repoblación, pero de una gran belleza, y más con la tarde que nos hizo: nublada, con lluvia y hasta algo de niebla.

Dejamos el coche en pleno puerto, y a la izquierda si miramos dirección Segovia sale un cortafuegos con una muy empinada subida que marca el comienzo del recorrido:

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El sendero deja a la izquierda la valla que separa Segovia de Madrid, y aunque corto, es un repecho bastante pronunciado:

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Que se va suavizando según salimos del pinar (y del ataque de millones de moscas):

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Una vez arriba, solo tenemos que crestear suavemente (ya que la serranía es muy redondeada y no ofrece ninguna dificultad, aunque sí una gran belleza de una zona bastante desconocida de Madrid):

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Tenemos unas magníficas vistas del valle del Lozoya y del embalse de Pinilla.

Además, vamos todo el rato pasando por restos de la guerra civil; no dejamos de pensar, que en un monte descubierto como este, si te ataca la aviación no tienes posibilidad ninguna. Aún así, se ve claramente el valor estratégico de la zona, próxima a Somosierra.

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También vemos un gran nevero, de los varios que se ven en la sur de la montaña.

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Como decimos, el pateo es muy muy suave, aunque debemos darnos prisa porque el día amenaza tormenta y hace una ventolera de cuidado.

Así pues, tras un tramo de piornal coronamos nuestra primera cumbre del día, el Pico del Nevero, que con 2209 msnm es la cumbre de los Carpetanos:

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Continuamos rectos hacia Peña Cabra; para llegar a ella se trata solo de continuar durante algo menos de una hora en dirección oeste.

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Hay un momento en que nos descolocamos porque no tenemos claro cual es el pico, pues existe una elevación que lo parece…nosotras continuamos hasta otra que está poco más alejada, y “coronamos” Peña Cabra (2169 msnm):

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Y nos damos la vuelta rápìdo. Aunque de la tormenta solo pillamos algo de agua, nos podría haber caído bastante, además de que teníamos la posibilidad de que se nos hiciera de noche.

Así que una mirada atrás..

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Y por si acaso, pasamos a “coronar” otra cumbre que podría ser Peña Cabra, jajaja:

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La vuelta es por el mismo lugar, que se hace bastante rápido aunque nos cae algo de agua, baja la niebla para asustarnos un poco y además, se nos cruza un jabalí.

Todo esto son 11 kms. ida y vuelta con un desnivel de 436 metros. Por su facilidad y por la belleza de la zona (estuvimos solos en todo el recorrido, también en el puerto, y la sensación de soledad era apabullante) la recomendamos para un día que no se tengan muchas horas para patear.

Además, bajando el puerto, se nos cruzó un cervatillo, lo que le terminó de dar el punto chulo a la jornada.

 

Integral de la Pedriza (en sentido horario)

Hacía tiempo que no me dolían tanto las piernas y eso es señal de haberlo pasado bien, así que a ver si ahora escuchando bandas sonoras de pelis de Tarantino puedo hacer una crónica decente de la integral a la Pedriza (quizás debiéramos hablar de una de las integrales a la Pedriza, ya que aunque oficial hay una, en la práctica se puede hacer de mil maneras distintas).

Esta ruta la queríamos hacer ya hace un par de meses, debido a que el calor dificulta bastante el día, y más para mí, que soy persona de temperamento cantábrico, pero al final fuimos a hacerla un 4 de junio, pero he de decir que mereció la pena meterle el puntito de sufrimiento del calor.

Decidimos hacerla en sentido horario, como podéis ver en este mapa, ya que es la manera en que mi guía oficial la ha realizado otras veces (la última, unos días antes de llevarme a mí, con todo el mérito que tiene…el hacerla dos veces, no el aguantarme)

Salimos pues, cerca de las 8 y poco de la mañana, desde el aparcamiento de El Tranco. Queremos madrugar para quitarnos el mayor número de kilómetros antes de que el sol pegue fuerte.

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En este primer tramo, en dirección al aparcamiento de Canto Cochino vamos sorteando gente que hace vivac, sin duda mucho mejor que el dominguerismo reinante a nuestra vuelta. Seguimos las marcas del GR hasta este aparcamiento, para después seguir las del PR-M1, que discurre entre pinar de repoblación.

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Vamos en busca del collado Cabrón, la primera subida de importancia del día, mientras hablamos del sistema forestal de la Pedriza, de como esta zona, que debía ser de encinar, fue pelada y posteriormente repoblada con pinos para evitar la deforestación, vamos reconociendo especies…lo que quiere decir no es que somos muy inteligentes (que también), sino que me aplico en mis estudios.

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Mientras seguimos ganando altura, el roble melojo va sustituyendo al pino. La verdad es que agradecemos el bosque, aunque hace menos calor del que esperábamos el día promete ser duro.

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Y seguimos tirando, esta vez ya en dirección a la Cuerda de las Milaneras, que nos dará entrada a la Pedriza posterior (creo):

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Las trepadas, aunque endurecen el camino, también lo hacen más entretenido. Aunque hay que reconocer que agradecemos los pocos momentos de llaneo en este terreno rompepiernas.

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Esto va a ser una constante durante el día, subidas y bajadas continuas a lo largo de esta mole de granito.

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Según vamos por la Cuerda, las vistas de Cuerdalarga y de la Maliciosa, que tenemos enfrente nuestra, son imopresionantes:

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Observamos claramente las Cabezas de Hierro, el cerro de Valdemartín, la Bola del Mundo y la susodicha Maliciosa.

Avanzando un poco más adelante tendríamos en línea el Alto de Matasanos frente al Asómate de Hoyos, y al final del todo veríamos la Najarra, aunque estuvimos dudando de si reconocíamos bien la cuerda.

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Lo único malo de Las Milaneras es estar al descubierto, aunque al haber madrugado lo llevamos bastante bien:

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En esta zona hay que seguir el PR-M1 que te lleva directo a las Torres; nosotrxs nos equivocamos y perdimos el camino durante un momento. Poco después lo retomamos y seguimos hacia las Torres,  que decidimos no subir; así que pasamos entre ellas. Parece un paisaje lunar, cambia todo prado de montaña que estábamos recorriendo hace unos minutos por un mar de rocas:
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Las primeras vistas del embalse de Santillana, en cuya dirección vamos:

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Y a bajar, aunque sea abrupta y brevemente, ya que como os digo es todo un continuo sube y baja

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Este roquedo, aunque es divertido, deja las rodillas y tobillos hechos caldo. No es que haga falta mucha técnica para la ruta, ya que aparte de alguna trepada, en verano al menos consiste en andar y andar y andar; pero la forma física (y agua, en torno a los 3/4 litros por persona) hace falta si te quieres aventurar.

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Agradecemos los tramos de tierra la vuelta del pinar, miramos lo que hemos dejado atrás…

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Y vamos hacia el collado de la Ventana. El cansancio acumulado se nota, y aunque vamos bien de tiempo, sabemos que queda una última subida bastante dura.

Se me olvidaba decir que encontramos bastantes tramos con encina y enebro, lo cual nos alegra bastante, pues parece que el bosque autóctono recupera su lugar.

Nos vamos acercando al collado de la Dehesilla.

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Desde allí vemos claro el sendero a seguir.

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El que esté sin arbolado, después de un tramo que sí que lo tiene, y que además las piernas pesen, hace que nos tomemos un descanso pelín más largo de lo normal. Pero hay que seguir:

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Una vez en el otro lado del cordal vemos el embalse y Manzanares el Real. Aunque aún nos queda bastante por llegar abajo.

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Continuando el camino, y al poco de dejar a nuestra derecha las masas graníticas conocidas como “Los fantasmas”, podemos elegir varias opciones; o bien bajar por un sendero a la izquierda hasta “El elefantito”, para luego volver a enlazar con el PR-M1 hasta el Tranco, o bien seguir a la derecha en dirección a el Yelmo, por el camino marcado con hitos que es lo que decidimos hacer hoy.

También existe la opción de seguir el PR-M1 que lleva hasta Manzanares, lugar de salida y llegada de la integral originaria.

Como digo, nosotrxs seguimos hasta el Yelmo, donde volvemos a comer y descansar muy merecidamente, y a partir de allí seguimos el sendero (evidente, por el paso de escaladores):

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La parte final, en bajada continua, se hace larga, muuy larga debido al cansancio,

Pero por fin llegamos al Tranco, tras 9 horas y media de caminata (contando paradas), cerca de 22 kilómetros, así a ojo de buen cubero, unos 1500 metros de desnivel positivo y con unas heroínas caídas en combate: las botas que fueron un regalo en 2009 y que me ofrecieron en La Pedriza un último servicio:

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Me dio mucha pena, no creáis. Pero la vida continúa, y tras mojar los pies en el río y un merecido descanso en una terraza, nos volvemos a casa.

Hasta que repitamos, más pronto que tarde.

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