Recuerdos de basket

El primer recuerdo, borroso, que tienes que buscar y rebuscar. Un pabellón perdido en alguna ciudad de la periferia de Madrid. Una obra en la que tu padre había trabajado de vigilante. Como recompensa había recibido entradas para el partido inaugural.

Figuras veloces moviéndose abajo, en la pista. Te gusta imaginar que quien jugaba era el Madrid contra algún equipo soviético o yugoslavo. Con cuatro o cinco años no se pueden recordar muchas más cosas.

Años después, aquel triple de Corny Thompson. En realidad no recuerdo si lo vi realmente, si lo escuché por la radio o si más bien es un recuerdo inventado. Aún así soy capaz de visualizar aquel escorzo imposible y de sentir la emoción de aquel triunfo.

Sabonis tirando un uno más uno y el Madrid perdiendo con el Salamanca de Rafa Vecina, ese tío que siempre parecía a punto de la retirada. Y la gente de Salamanca debía de ser feliz con él.

El Mundial del noventaycuatro (¿o era el del noventayocho?) y los fracasos de cuando aun no éramos los mejores. Preludio y espejo de los que nunca jamás seremos los mejores en nada.

Chandler Thompson, al que recuerdo más por el PC Basket 3.0, en el que se colgaba que daba gusto -el pixelado tan solo añadía aún más fuerza a la imagen- que del mundo real.

En ese juego el pobre de Crujeiras siempre acababa muerto y claro, nadie quería pedirse al Ourense.

En este PC Basket 3, juego al que dedicamos muchos años más de su vida útil, mi hermano se dedicaba a aumentar su distancia en el marcador un día detrás de otro cual Saturno incansable, ebrio de machacar pequeños equipos.

Los destrozaba y el cabrón encima se reía. Y lo que es peor; me ganaba cuando jugaba contra él y encima dejaba el teclado graso de las patatas fritas que engullía al mismo tiempo que a equipos como el Murcia o el Orense del pobre de Crujeiras.

La cancha del Egido, donde te colabas a jugar durante horas y a beber litronas, que para eso tenías 14 años. Claro, en pleno centro del pueblo y a las seis de la tarde, ¿cómo querías que se enteraran tus padres?

Mi primer partido ACB y encima un derbi Estu-Madrid. La pasma y los nazis, y los dementes riéndose de ambos. Y no entender ni los pasos ni las faltas ni nada de nada, solo que no importaba demasiado perder.

Mi único viaje con la Demencia. Valladolid, quien sabe cuantos años han pasado. Solo que yo era abstemio y el recuerdo de los litros de alcohol y el bar de los Puagh y botellón y unos costras saliendo de quien sabe donde y pintadas defendiendo la cocaína y gente subida a una farola. No se quien ganó y se me hacía pesado tanto porro y tanto mini, pero cada vez que me acuerdo me descojono de risa. Ah! Y esa noche, además, cambiaban la hora.

Ponerse a jugar al basket pasados los años de la adolescencia, con una panda de punkis en el centro de Madrid y que unos tipos que se parecían en mucho a los temidos Latin Kings (o a los Ñetas o vete tú a saber) se queden flipando de tal manera que ni siquiera se puedan reír de nosotros. Claro, a la siguiente quedada nos fuimos a jugar al fútbol, que al menos era más fácil.

Pasear por Badalona escuchando a través de los pabellones de los coles las zapas y el botar de los balones, muriéndome de envidia. Estar en una ciudad donde los chavales juegan al basket en vez de al fútbol. E ir al Olimpic, volver a casa andando por ese barrio e imaginarme al Dream Team paseando por la noche igual que yo. Seguro que echaban de menos hasta el doomtown de Detroit.

Jugar al basket mientras vivía en Barcelona. En el parque de tierra de un barrio inhóspito con mi balón de calaveras (regalo de cumpleaños).

En la plaza de La Farga a todas horas, compartiendo cervezas, defendiendo como griegos, perdiendo con los dominicanos, intentando saber quien me daba con el tirachinas a las doce de la noche.

Echar unos tiritos en el patio de una casa okupada en Tesalónica…que era un antiguo orfanato y cuyos habitantes eran además hinchas de Iraklis. Perdí, pero como entenderéis eso era lo de menos.

El Oviedo Baloncesto. Ver un club desde dentro, que te traten como si fueras de casa, tener a medio metro de mí a jugadores que acabaron en ACB, que juegan a cinco minutos de tu casa en el barrio más humilde de la ciudad y en un pabellón que hace al Magata un pabellón NBA. Que te guste tanto que viajes a Lugo no a las fiestas ni a comer empanada…sino a ver el debut del equipo de tu ciudad adoptiva en LEB Oro.

Echar unas canastas contra mi hermano en el último pueblo de Irlanda. Bueno, solo hasta que nos echó el director del colegio después de indagar si éramos lugareños.

Eso sí, antes le conseguí ganar con mi tirito de toda la vida desde tres-cuatro metros aunque el cabrón me posteaba que da miedo. Aunque ahora que sé lo que significa flotar tengo un recurso definitivo contra él (y vengarme de las humillaciones sufridas en el PC Basket).

Y claro, acabamos tomando cervezas.

Repetir en Pinto bajo aguanieve y hacer mates al límite del ridículo en canastas de niños pequeños.

Jugar en Oviedo. Con lluvia, en canastas desastrosas, por la mañana, a media tarde y hasta de madrugada. Intentar movimientos de jugador de verdad y creerme un escolta yugoslavo de los ochenta.

Jugar mientras hablas de la NBA, del Estu, de jugadas del Chacho, del OCB, de la afición de la Penya, de política y del trabajo.

Jugar si llueve, si hace frío, jugar si estás en el paro o porque tienes tiempo antes del trabajo.

Jugar porque sí.

Anuncios

2 comentarios en “Recuerdos de basket

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s