Recuperando caminatas pasadas: Ramon Mercader de viaje por Irlanda: Gap of Dunloe y Kerry way (Irlanda)

Pues eso, que vamos a recordar aquí una ruta hecha hace un añito justo en el suroeste de Irlanda, gran lugar, grandes personas, grandes cervezas y ganadores de la liga de fútbol gaélico:

Por el secretariado de relaciones internacionales del GM Ramón Mercader.

Salimos pronto de Killorglin (Cill Orglan), pueblecito del condado de Kerry (Ciarraí),  suroeste de Irlanda, donde transcurre la ruta de hoy. Empezamos la caminata en la villa de Beaufort (Lios an Phuca); la idea es ir andando por la carretera que llega al Gap of Dunloe (Dun Loich), que básicamente es un valle formado por una serie de lagos de origen glaciar conectados entre sí por el río Laune (An Leamhain), y luego ya se verá si volver por donde empezamos o bien hacer un recorrido hasta Killarney (Cill Airne), atravesando el parque nacional del mismo nombre. No tenemos gran idea del kilometraje,  solo se cuentan con dos planos de esos para turistas y ademas esta diluviando,  así que allá vamos…

Estatua dedicada al King Puck, de Killorglin, nuestro punto de partida. Una cabra es coronada reina y durante varios días de agosto “ella hace la ley” en el pueblo. La mas antigua tradición pagana hoy presente en Irlanda. Bueno, ahora la gente se dedica a emborracharse como perros durante esas fiestas. Y todo esto es completamente en serio.

Al poco de empezar a caminar, por una carretera que poco a poco se fue convirtiendo en pista.

Monumento a un voluntario del IRA asesinado en 1923 por las tropas del Estado Libre de Irlanda durante la guerra civil.  Guerra que se produjo entre opositores y defensores del Tratado de paz con el Reino Unido tras la guerra de independencia irlandesa que sucedió entre 1919 y 1921 y concedió una independencia parcial a la nación irlandesa.

Restos de monolitos con escritura Ogham (irlandés antiguo, por lo que pudimos entender).

El Kate Kearney’ s cottage, antiguo local de producción y venta de whiskey de forma ilegal (poitin) y ahora un pub para los turistas.

El comienzo del Gap of Dunloe propiamente dicho…

Y las vistas que empiezan a ser increíbles.

A la izquierda nos quedarían las Purple Mountains, con los picos de Purple (832 metros), Tomies (735) y Shehy (571), estando a la derecha la cordillera de Macgillicuddy’ s Reeks (Na Cruacha Dubha, algo así como “las pilas negras”), donde esta el pico mas alto de Irlanda, el Carrauntoohill, de 1038 metros de altura, así como los otros dos picos de más de mil metros que hay en la isla.

Dejamos atras el Gap of Dunloe y nos introducimos en el Black Valley, que una coronado nos lleva a una rapida bajada.

A partir de ahí nos quedaban dos opciones: dar la vuelta o seguir hasta Killarney por el “Kerry way” en una ruta semicircular…seguimos adelante.

Y cuando nos damos cuenta, vemos que aún nos faltan 22 kilómetros para llegar a Killarney, que en si es un pueblo dedicado al turismo de masas, pero del que sale nuestro autobús, así que toca darse prisa. Por suerte había dejado de llover tan fuerte, y ya solo nos acompañaron gotas de lluvia esporádicas.

Nos introducimos ya en el parque Nacional de KIllarney, que tiene una vegetación increíble: Hayas, robles, avellanos, fresnos, pinos, un montón de acebos y algunos castaños, Vamos, como Asturias pero sin eucaliptos y mucho más llano.

Además, tiene varios lagos y algunos elementos arquitectónicos interesantes.

 

Todo muy bonito, pero el camino se hace duro.

No por el desnivel, que es más que asequible, pero se notan los kilómetros, las prisas por no perder el autobús, el constante cambio del firme y del clima…aun así…

…seguimos hacia Killarney.

La cascada de Torc, una vez pasada la montaña del mismo nombre, a la cual hay un sendero que permite su ascenso. Otra vez será, que hay prisa!

Muckross house, proximo local del grupo en Irlanda.

Y esto que apenas se ve es la abadía de Muckross. También hay un castillo dentro del parque, el de Ross, que quedaba lejos del sendero pero que estaos seguros también sera nuestro en un futuro no muy lejano.

Y unos 35 kilómetros más tarde, la satisfacción del deber cumplido, autobús con destino Killorglin y a descansar.

                                                                                      Tiocfaidh ar la.

 

 

 

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Ascensión a la Peña Cebollera Vieja (o pico Tres provincias) desde Somosierra.

Cuando se tiene poco tiempo y la Sierra madrileña queda lejos se está tentado de quedarse en casa o darse un paseo sin más.

Pero se pueden hacer ascensiones interesantes, rápidas y bonitas como esta (eso sí, teniendo coche).

Este día subimos a la Cebollera Vieja (2128 metros de altitud), divisoria entre las provincias de Madrid, Segovia y Guadalajara, una ascensión muy muy fácil pero con unas vistas increíbles:

20141028_162503Salimos desde Somosierra, un pueblo realmente chulo, zona de batallas tanto contra la Francia Napoleónica como de la Guerra Civil.

Luego, cogemos una pista asfaltada que sale desde la gasolinera del pueblo, después atravesamos un pinar (es una lástima, pero gran parte de la zona es pinar de repoblación).

Al poco de entrar al pinar debemos coger una pista a la izquierda, y un rato después otra a la derecha que asciende haciendo una curva.

Después se coge una senda que va a media ladera y prácticamente en llano, lo que nos permite ir viendo una panorámica de toda la zona, con las montañas de Robregordo al otro lado de la autovía, Peñalara al fondo, magnífico, vamos.

Llega un momento en el que hay un cruce de caminos, y a la derecha, un poco borrado, debemos coger uno ascendente que es la parte más pindia del recorrido (aún así, decir que es muy asumible).

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Una vez arriba coges la pista a la derecha y ya solo es tirar, pasando por la Cabeza del Tempraniego y el cerro del Recuenco hasta llegar a nuestra cumbre, donde solo se ve el vértice geodésico y el monumento a los forestales al llegar arriba del todo.

20141028_133336Son poco más de 7 kilómetros de subida, pero desde arriba se puede ver gran parte de la provincia de Segovia, la Sierra de Guadarrama con Peñalara al fondo, Guadalajara (con el cercano pico del Lobo, la sierra de Ayllón, una maravilla en una zona casi sin población humana)…comer un poco y bajar por el mismo lugar, aunque la ruta se puede hacer circular sin pérdida ninguna.

El único pero es la cercanía de la autovía de Burgos y los aviones que pasan por encima nuestra.

Aún así, es un paseo bien guapo, en el que aparte de pinar hay alguna (pequeña) zona húmeda y bastantes vacas.

 

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Y para acabar, ya que hay tiempo, visitar el pueblo amurallado de Buitrago de Lozoya:

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Recuerdos de basket

El primer recuerdo, borroso, que tienes que buscar y rebuscar. Un pabellón perdido en alguna ciudad de la periferia de Madrid. Una obra en la que tu padre había trabajado de vigilante. Como recompensa había recibido entradas para el partido inaugural.

Figuras veloces moviéndose abajo, en la pista. Te gusta imaginar que quien jugaba era el Madrid contra algún equipo soviético o yugoslavo. Con cuatro o cinco años no se pueden recordar muchas más cosas.

Años después, aquel triple de Corny Thompson. En realidad no recuerdo si lo vi realmente, si lo escuché por la radio o si más bien es un recuerdo inventado. Aún así soy capaz de visualizar aquel escorzo imposible y de sentir la emoción de aquel triunfo.

Sabonis tirando un uno más uno y el Madrid perdiendo con el Salamanca de Rafa Vecina, ese tío que siempre parecía a punto de la retirada. Y la gente de Salamanca debía de ser feliz con él.

El Mundial del noventaycuatro (¿o era el del noventayocho?) y los fracasos de cuando aun no éramos los mejores. Preludio y espejo de los que nunca jamás seremos los mejores en nada.

Chandler Thompson, al que recuerdo más por el PC Basket 3.0, en el que se colgaba que daba gusto -el pixelado tan solo añadía aún más fuerza a la imagen- que del mundo real.

En ese juego el pobre de Crujeiras siempre acababa muerto y claro, nadie quería pedirse al Ourense.

En este PC Basket 3, juego al que dedicamos muchos años más de su vida útil, mi hermano se dedicaba a aumentar su distancia en el marcador un día detrás de otro cual Saturno incansable, ebrio de machacar pequeños equipos.

Los destrozaba y el cabrón encima se reía. Y lo que es peor; me ganaba cuando jugaba contra él y encima dejaba el teclado graso de las patatas fritas que engullía al mismo tiempo que a equipos como el Murcia o el Orense del pobre de Crujeiras.

La cancha del Egido, donde te colabas a jugar durante horas y a beber litronas, que para eso tenías 14 años. Claro, en pleno centro del pueblo y a las seis de la tarde, ¿cómo querías que se enteraran tus padres?

Mi primer partido ACB y encima un derbi Estu-Madrid. La pasma y los nazis, y los dementes riéndose de ambos. Y no entender ni los pasos ni las faltas ni nada de nada, solo que no importaba demasiado perder.

Mi único viaje con la Demencia. Valladolid, quien sabe cuantos años han pasado. Solo que yo era abstemio y el recuerdo de los litros de alcohol y el bar de los Puagh y botellón y unos costras saliendo de quien sabe donde y pintadas defendiendo la cocaína y gente subida a una farola. No se quien ganó y se me hacía pesado tanto porro y tanto mini, pero cada vez que me acuerdo me descojono de risa. Ah! Y esa noche, además, cambiaban la hora.

Ponerse a jugar al basket pasados los años de la adolescencia, con una panda de punkis en el centro de Madrid y que unos tipos que se parecían en mucho a los temidos Latin Kings (o a los Ñetas o vete tú a saber) se queden flipando de tal manera que ni siquiera se puedan reír de nosotros. Claro, a la siguiente quedada nos fuimos a jugar al fútbol, que al menos era más fácil.

Pasear por Badalona escuchando a través de los pabellones de los coles las zapas y el botar de los balones, muriéndome de envidia. Estar en una ciudad donde los chavales juegan al basket en vez de al fútbol. E ir al Olimpic, volver a casa andando por ese barrio e imaginarme al Dream Team paseando por la noche igual que yo. Seguro que echaban de menos hasta el doomtown de Detroit.

Jugar al basket mientras vivía en Barcelona. En el parque de tierra de un barrio inhóspito con mi balón de calaveras (regalo de cumpleaños).

En la plaza de La Farga a todas horas, compartiendo cervezas, defendiendo como griegos, perdiendo con los dominicanos, intentando saber quien me daba con el tirachinas a las doce de la noche.

Echar unos tiritos en el patio de una casa okupada en Tesalónica…que era un antiguo orfanato y cuyos habitantes eran además hinchas de Iraklis. Perdí, pero como entenderéis eso era lo de menos.

El Oviedo Baloncesto. Ver un club desde dentro, que te traten como si fueras de casa, tener a medio metro de mí a jugadores que acabaron en ACB, que juegan a cinco minutos de tu casa en el barrio más humilde de la ciudad y en un pabellón que hace al Magata un pabellón NBA. Que te guste tanto que viajes a Lugo no a las fiestas ni a comer empanada…sino a ver el debut del equipo de tu ciudad adoptiva en LEB Oro.

Echar unas canastas contra mi hermano en el último pueblo de Irlanda. Bueno, solo hasta que nos echó el director del colegio después de indagar si éramos lugareños.

Eso sí, antes le conseguí ganar con mi tirito de toda la vida desde tres-cuatro metros aunque el cabrón me posteaba que da miedo. Aunque ahora que sé lo que significa flotar tengo un recurso definitivo contra él (y vengarme de las humillaciones sufridas en el PC Basket).

Y claro, acabamos tomando cervezas.

Repetir en Pinto bajo aguanieve y hacer mates al límite del ridículo en canastas de niños pequeños.

Jugar en Oviedo. Con lluvia, en canastas desastrosas, por la mañana, a media tarde y hasta de madrugada. Intentar movimientos de jugador de verdad y creerme un escolta yugoslavo de los ochenta.

Jugar mientras hablas de la NBA, del Estu, de jugadas del Chacho, del OCB, de la afición de la Penya, de política y del trabajo.

Jugar si llueve, si hace frío, jugar si estás en el paro o porque tienes tiempo antes del trabajo.

Jugar porque sí.

Presentación

Llevaba tiempo con ganas de crear un blog donde expresar lo que me pasa por la cabeza cuando hago deporte.

Algo que es más bien diferente a la imagen “oficial” del mismo. Un mundo de competitividad, de enfrentamiento, de jerarquías, de especialización, de ser el mejor.

Me gusta más bien pensar en la actividad física como un juego, una forma de relacionarse con el entorno más cercano y con las personas con las que deseas estar, al margen del trabajo y del ocio prefabricado.

Diversión, relajación, esfuerzo, y por supuesto, superación personal, pero entendida no como un enfrentamiento con la otra persona, sino como conocimiento de uno mismo y ganas de sacar más de ti.

Es por eso que me centraré principalmente en el mundo de la montaña, ya que pienso que es el lugar donde aún se encuentran con más facilidad esos valores que entran en confrontación directa con el mundo moderno.

También porque es donde yo personalmente me encuentro más agusto. Queda abierto tanto a otros deportes como a las personas que queráis participar, ya sea escribiendo algún artículo, recomendando algún texto o realizando alguna crítica constructiva. Podéis hacerlo aquí.

Sin más, muerte al Estado.