Presentación

Llevaba tiempo con ganas de crear un blog donde expresar lo que me pasa por la cabeza cuando hago deporte.

Algo que es más bien diferente a la imagen “oficial” del mismo. Un mundo de competitividad, de enfrentamiento, de jerarquías, de especialización, de ser el mejor.

Me gusta más bien pensar en la actividad física como un juego, una forma de relacionarse con el entorno más cercano y con las personas con las que deseas estar, al margen del trabajo y del ocio prefabricado.

Diversión, relajación, esfuerzo, y por supuesto, superación personal, pero entendida no como un enfrentamiento con la otra persona, sino como conocimiento de uno mismo y ganas de sacar más de ti.

Es por eso que me centraré principalmente en el mundo de la montaña, ya que pienso que es el lugar donde aún se encuentran con más facilidad esos valores que entran en confrontación directa con el mundo moderno.

También porque es donde yo personalmente me encuentro más agusto. Queda abierto tanto a otros deportes como a las personas que queráis participar, ya sea escribiendo algún artículo, recomendando algún texto o realizando alguna crítica constructiva. Podéis hacerlo aquí.

Sin más, muerte al Estado.

El Cancho Gordo (1563 msnm) desde Valdemanco.

Volvíamos, después de 2 años y medio, a la Sierra de la Cabrera, esta pequeña Pedriza a la que teníamos pendiente una visita.

Básicamente para subir a su cumbre más alta, el Cancho Gordo (depende de las mediciones), que nos quedó pendiente.

Entre lo modesto de su altitud, la distancia y que es una sierra realmente pequeña en la que nos resultaba difícil hacer algo largo (aunque a nivel de orientación tiene su aquel) hasta este fin de semana no volvimos a pisarla. La ola de calor (40 grados, de nuevo, quien no se crea el factor humano en el cambio climático que se lo haga mirar) hizo descartar otras opciones y nos plantamos en Valdemanco lo más pronto posible.

Callejeamos un poco hasta salir por una calle lateral del campo de fútbol hacia una zona con fuente y mesas. Un poco más arriba, antes de llegar al cementerio nuevo, cogemos a la izquierda un sendero con las marcas del PR-M 13 que utilizaremos.

Partes del Guadarrama se nos recortan en el horizonte: a la izquierda tenemos a la vista los picos del Regajo Alto y del Mondalindo, mientras que de frente vamos teniendo los primeros canchos de la Sierra de la Cabrera.

El camino no tiene pérdida, debemos de seguir todo el rato las marcas del PR, descartando el resto de caminos. Vamos a llegar a un collado que nos va a meter en la cara N de la Sierra. Aquí corre algo de viento, y tenemos a la vista todos los montes Carpetanos, y gran parte del sendero que nos queda, en un suave subeybaja.

Tenemos que estar atentas a nuestra derecha, ya que en un momento hay que abandonar el PR, siguiendo unos hitos que nos llevarán al collado Alfrecho. Encontraremos varias salidas de este tipo a lo largo del recorrido, para ascender los canchos de la zona, pero este es el más evidente.

Nosotras seguimos fieles a nuestra tradición de pérdidas y nos lo pasamos, teniendo que dar la vuelta al poco rato, aunque enseguida tenemos el Cancho Gordo a vista.

Ahora se trata de seguir el camino hitado, en una subida algo más pindia, y rodeando el pico llegamos casi hasta arriba, donde una pequeña trepada nos lleva hasta la cumbre, flanqueada por una construcción derruida y un vértice geodésico caído:

Eso sí, durante la subida tendremos una vista increíble del collado Alfrecho hacia el E, con el Pico de la Miel y sus formas características:

Y desde la cumbre se veía toooodo el Guadarrama, los Carpetanos, la Sierra de Ayllón… lo que nos permite disfrutan antes de escapar corriendo por donde hemos venido para protegernos del calor.

 

 

 

 

Anillo verde ciclista de Madrid: Radiografía urbana de la lucha de clases.

Del anillo verde en sí no creo que pueda añadir mucho más que la que esta magnífica web ofrece. Solo señalar que hacerlo en verano, a 35 grados, siendo la vez que más he andado en mi corta etapa ciclista (unos 70 kms. si le añadimos alguna pérdida) no es buena idea.

Comentar que me parece una gran idea rodear esta ciudad horrible en bici; te permite conocer barrios a los que nunca irías (anticipando el título de la entrada), algunos buenos parques (el de Palomeras Bajas, por ejemplo) y para quien tenga la mala suerte de tener que ser capitalino le supondrá una manera eficaz de desplazarse.

La ruta en sí, son 64 kms. con 310 metros de desnivel. Poca cosa, pero es cierto que es un subeybaja constante, no olvidemos que Madrid no es ni mucho menos tan llana como se presupone.

La realización del Anillo me gusta; en general bien señalizado (hay varios cruces que dan lugar a mucha confusión, a nosotras nos pasó en el puente de la M-40 llegando a las cercanías de la Alameda de Osuna y al parque juan carlos primero, y también al llegar a Hortaleza antes del centro comercial. Estad atentas, porque una pérdida nos puede suponer bastantes kilómetros de más), con infraestructura adecuada y la gente, en general, respetuosa. Y como experiencia, muy grata (y dura).

¿Por qué lo de la lucha de clases? Porque viene de un tal Marx que, aunque equivocado en muchas cosas (adivino no era), acertaba en algo esencial: la contradicción entre capital y trabajo. Ricos y pobres, vaya.

Lo de la radiografía urbana viene al que al poder recorrer una ciudad entera, capital de reino además, nos permite visualizar claramente esa diferencia esencial de la sociedad.

Nosotras salimos de la Casa de Campo en dirección a Aluche.

Disfrutamos de la Casa de Campo y de las pocas sombras del día, antes de meternos de lleno en la ciudad.

Desde Aluche vamos a pasar por algunos de los barrios obreros más conocidos de la ciudad, como Carabanchel, Orcasitas, SAn Fermín o Villaverde. Vamos disfrutando porque de momento no tenemos mucha cuesta (o falso llano, que no veas como se notan), y además porque el Anillo pasa por bastantes parques.

También, como no, porque estamos en “nuestros” barrios; en un ambiente que nos suena parecido, en el que la gente nos es familiar. Los bloques y las calles sucias, la imagen en algunos casos de pobreza, en otras de humildad. Lo familiar.

Vamos a bajar a lo poco que se ve de río Manzanares y vamos a llegar a Vallecas.

A una parte de Vallecas por donde no solemos pasar, y en la que algún tramo de falso llano, ya con calor, se nos atraganta entre más de una parada técnica.

Cuando cruzamos de barrio, al poco se va notando mayor desahogo social. Este desahogo que se hace a costa de los demás, y que el urbanismo nos hace ver más claro. Ver y sentir…ya no estamos tan familiarizadas con el entorno.

Al mismo tiempo, lo que nos queda es menos agradable, hay menos parques, se está más a la solana. Tras este cambio de aire, llegamos a la zona de La Peineta, toda en obras, y seguimos hasta remontar Hortaleza. Es lo que peor llevamos, pues nos hemos equivocado un par de veces a pleno sol y esto pasa factura.

Vamos a llegar zonas de novísima construcción, donde no nos situamos bien: Sanchinarro, Las Tablas, Montecarmelo, lugares sin alma y apenas sin vida, para la clase media. Se nos hacen duras estas avenidas, ya no solo porque nos hemos ido de hora y nos está cayendo el sol encima…es que estos barrios no tienen personalidad.

Pero hay que seguir adelante, ya que no nos queda demasiado y tenemos algunas bajadas trepidantes y rectas cómodas para pedalear, aunque haya que pasar por barrios que, ya directamente, son del enemigo. Lugares de coches inmensos, casi tanto como las casas.

Hasta pedalear de nuevo para llegar a la Casa de Campo tras cruzar puentes y autovías, ir un rato al lado del Manzanares, en lo que de nuevo, es casi un río y llegar al punto de partida.

En una jornada tanto más sociológica como deportiva.

 

 

 

Pinto- Fuente de la Teja- Torrejón de Velasco: una clásica ciclista del sur de Madrid.

Está bien salir en bici para conocer tu entorno cercano. En Pinto, posiblemente no haya una salida ciclista más típica para empezar que acercarse al pequeño pueblo de Torrejón de Velasco y a su ermita de San Isidro.

Nosotras utilizamos como guía la muy buena descripción que encontramos en internet de la asociación “Surbike” Hacemos algún pequeño cambio, ya que salimos desde el Parque juan carlos I (si, el fartón), para evitarnos la carretera, para coger el conocido como el camino “de los Bidones” y cruzar desde él las vías del tren. Cogemos la vía pecuaria (cañada real galiana) por la que seguiremos un buen tramo. El primer trecho del recorrido tiene bastante zahorra por los coches y camiones que pasan, mientras se nos van abriendo antiguos campos de labor, hoy día casi todos abandonados.  Es una pena, pero esta antigua zona cerealista es a día de hoy un barullo de infraestructuras de todo tipo. Aún así, merece la pena venir a conocer los restos del mundo rural, que aunque parezca mentira, aun existe a 30 kms. de Madrid ciudad.

Como digo, gran parte del trayecto transcurre por la vía pecuaria, casi en llano. La abandonamos por un momento para coger un camino a la derecha que cruza el cauce del arroyo Guatén, que estos días primaverales baja con algo de agua que es fundamental para los pocos sembrados que quedan.

Detrás nuestra, Parla con sus bloques de pisos, Pinto y la sagra madrileña. No es bonita, pero tiene un nosequé…

Nos toca ahora ponernos a cruzar infraestructuras dañinas para el medio y encima, inútiles. Tras subir por el puente de la R-4, descendemos por el camino de la izquierda para virar enseguida a la derecha.

Ya estamos de nuevo en la Cañada Real, que seguimos, cruzando la carretera comarcal M-404. Al poco, otro puente, esta vez del AVE.

No hay que subirlo, seguimos recto dejando el puente a nuestra derecha, y más a la derecha la Cañada. No hay mucha pérdida si seguimos el flujo de ciclistas y tenemos en vista los cerros hacia los que nos dirigimos.

Ya nos queda poco, nos metemos en tierra de olivares antes de vislumbrar la fuente, la ermita y unos merenderos que nos sirven para descansar.

Como nos ha parecido poco (12.5 kms. desde Pinto), damos la vuelta y a la izquierda nos aparece un camino que nos lleva a Torrejón de Velasco, pueblo que no conocemos.

Algo hacemos mal que salimos al puente sobre el AVE, que esta vez cruzamos para llegar al pueblo, tras dar más vuelta de la deseada.

Llegamos, vemos las ruinas del castillo (una pena) y nos enteramos de que el término municipal es el que más número de cernícalo primilla, un pequeño halcón asociado a la agricultura, a día de hoy en peligro de extinción.

Es una muestra más de por un lado, la riqueza de lugares que a simple vista no tienen una belleza especial, y por otro, de la decadencia del mundo rural.

Tras esto, damos la vuelta para volver a Pinto, tras algún rodeo innecesario y aprendizajes mecánicos improvisados.

 

Cerro Trevelez desde el Postero Alto y la Loma de Enmedio.

Bueno, pues para despedirnos de nuestra visita a Sierra Nevada queríamos volver a las cumbres. Tras hacer los tresmiles de la zona, buscamos algo que pudiéramos hacer rápido y que nos diera a conocer algo más las cumbres cercanas.

Elegimos el Cerro Trevelez (2877 msnm), ya que podemos subirlo fácil desde el refugio del Postero Alto, a 1900 msnm, donde nos estamos quedando.

Madrugamos algo más que el día anterior y volvemos a nuestro querido cortafuegos a la salida del refu. Tenemos que subirlo hasta la linde del pinar por el GR, pero esta vez tiramos recto hacia arriba en busca de la Loma de Enmedio, no como el día anterior, que viramos a nuestra derecha.

El Cerro se ve perfectamente a nuestra izquierda. Debemos ir subiendo los casi 1000 metros de desnivel, así que se trata de ir poco a poco porque aparte del gran esfuerzo físico no hay mayor dificultad.

Este camino unía antiguamente, por el puerto de Trevelez, la Alpujarra con el Marquesado de Zenete. A día de hoy constituye un camino muy transitado por ser el más fácil para subir hacia los picos, además de constituir una bajada rápida y directa hacia el refugio.

Pasamos algún nevero siguiendo los hitos que nos llevan al puerto, a 2799 msnm, después giramos a nuestra izquierda hasta llegar al geodésico del Cerro.

Como hemos llegado pronto, y encima hace calor, nos quedamos un rato disfrutando de las vistas de La Alcazaba y el Mulhacén antes de bajar.

El descenso es rápido y sencillo: volver sobre nuestros pasos hacia el refugio con unas fantásticas contracturas fruto de dos días de alta montaña.

 

La Tríada (Picón de Jeres, Puntal de Juntillas y Cerro Pelao) desde Postero Alto.

Tras justo un año desde nuestra primera visita, decidimos volver a Sierra Nevada. esta vez nos decantamos por la parte norte de la Sierra, ya que nos pillaba más cerca y muchos de nosotros no conocíamos la zona.

Nos acercamos pues al refugio de Postero Alto, que está a 1900 msnm en Jeres del Marquesado.

Es un refugio muy agradable, más albergue que otra cosa (pudimos incluso dormir solas); se accede por pista forestal desde el pueblo, y también se puede subir andando por uno de los PRs que hay por la zona.

Tras la llegada, preparamos la salida del día siguiente. Vamos a hacer la denominada “Tríada“: Picón de Jeres (3088 msnm), Puntal de Juntillas (3140 msnm) y Cerro Pelao (3182 msnm). Los vamos a subir desde el barranco del Alhorí, del que tenemos oído que es lo más bonito de toda la zona.

Aunque la subida en sí no es difícil, el desnivel que nos vamos a meter más de 1300 metros de desnivel positivo. Buena paliza.

Salimos de buena mañana por el cortafuegos que hay enfrente del refugio, por un GR que nos va a subir hasta un cruce de caminos que hay en la linde del pinar.

En cuanto llegamos al cruce de camino, debemos coger el sendero a nuestra derecha, marcado con un aspa de NO continuación del GR. No tiene pérdida, y nos dejará llaneando frente a la puerta del Alhorí. Llevamos el material invernal. Aunque ya es mayo, ha caído algo de nieve y ya el año pasado nos hizo falta… os adelanto que lo paseamos pero bien.

La llegada a la puerta del Alhorí es un poco liosa, el sendero se pierde bastantes veces pero tenemos que tener siempre la vista fija en el barranco. Un barranco precioso, con arroyos en pleno deshielo y que nos recibe así:

En este tramo vamos vadeando los arroyuelos hasta que nos ponemos a nuestra derecha del arroyo del Alhorí; allí nos embarrancamos y vamos iniciando una subida dura, en la que la altura se empieza a notar.

Como veis, al rato pasamos a la izquierda del arroyo, siguiendo los hitos que nos marcan el camino y cruzando algún esporádico nevero.

Poco a poco nos vamos acercando al nacimiento del Alhorí y al circo glaciar donde se encuentran los corredores:

Bien acompañadas, como veis, vemos dichos corredores, que van a dar a la Piedra de los Ladrones (2944 msnm), por la que bajaremos luego.

A nosotros nos afecta la altura, y además estamos cansadas, así que vamos despacito despacito. Tras un descanso, seguimos los hitos a nuestra derecha. Lo que serían dos palas de nieve (si la hubiera) son una pedrera difícil, incómoda y que hace eterna esta subida al Picón de Jeres.

Se nos hace tan largo que llegamos a parar para el bocadillo a pocos metros de la cima. Seguimos, y aunque sea bastante poco atractiva para ser un tresmil, aquí estamos:

Tras una breve conversación con unos chavales bien majos de Murcia, seguimos hacia el evidente camino que nos lleva, en solo unos minutos, al Puntal de Juntillas. Muy fácil y muy suave este “cresteo” hasta la segunda cumbre del día.

Lo que vemos al fondo es la cumbre del Cerro Rasero (técnicamente, otra cumbre de más de 3000 metros, pero tan pegada al siguiente pico que ni lo notamos) y del Cerro Pelao, cumbre nuestra del día con 3182 msnm.

El cansancio y la altura pasan factura, así que tres de nosotras llegamos hasta el final mientras el resto van bajando por el collado hacia la Piedra de los Ladrones.

Tras encontrarnos en la Piedra de los Ladrones (técnicamente la quinta cumbre del día), bajamos, cruzando algún nevero, buscando el sendero que nos bajará por la Loma de Enmedio hacia el refugio. La Loma se baja muy rápido, pero es incómoda de hacerlo por el desnivel y por lo monótono, aunque peor es subirla como comprobaremos a la mañana siguiente.

Y tras esta bajada, llegamos al refugio para un bien merecido descanso tras más de una veintena de kilómetros y más de 8 horas de caminata.

 

 

 

 

 

Runkamina 2017: Entre las Batuecas y las Hurdes.

-Agua de sierra y sombra de piedra-

Este año es nuestro tercer año en el Runkamina, y como notición, era el primero que salía de la Ribera del Duero, su lugar natural, para conocer otros lugares allende las tierras burgalesas. Por llegar, llegamos a rincones del antiguo Reino de León, dentro del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia y bajamos hasta las Hurdes extremeñas, las de Buñuel y el Ciripolen.

Y lo mejor de todo, esta crónica es colaborativa, adivinad quienes hemos escrito cada cosa y tendrá el honor de llevar la bota de vino el año que viene.

PRIMER DÍA: JUEVES 13 DE ABRIL

Hablamos del primer día, pero nos olvidamos de la tarde anterior, cuando decidimos escapar del atascado Madrid (casi no lo conseguimos) y tras un periplo que parecía no acabar nunca entre las tierras de Salamanca y Cáceres, con la sierra de Candelario al fondo, dejamos el coche en Cabezo (Hurdes de Extremadura y final de la tercera etapa).

Allí, tras una frugal cena, nos acercamos hasta San Esteban de la Sierra, donde teníamos comida y cama gracias a la hospitalidad local.

La mañana del 13 salimos, animados tras un buen desayuno y disfrutando a la luz del día de la bonita arquitectura de la zona. Delante nuestra tenemos 15 kms. entre San Esteban y Villanueva del Conde. Este año, trazado más corto pero bastante más escarpado, y hoy nos tocaba etapa rompepiernas.

En la plaza del pueblo cogemos el sendero que nos había de llevar hacia el pueblo de Valero, por un camino vecinal recuperado y señalizado (aunque todo hay que decirlo, en estos días, junto a los tramos de PRs y GRs que utilizamos, cada ayuntamiento señalizaba a su manera en vez de unificar la señalética. Aún así, nos fue bastante sencillo).

Nada más salir nos llama la atención este cigueñal, para sacar agua de los pozos:

Y nos metemos en el sendero, que va gran parte del tiempo a media ladera y con cobertura vegetal: un bosque mediterráneo precioso, con con encinas, alcornoques, jara, brezo, roble (quercus pyrenaica)… una preciosidad, lástima que no se observe bien en las fotos.

Este tramo es sencillo, y además tenemos a la izquierda el río Quilamas, que baja limpísimo. Al rato tenemos el pueblo de Valero delante nuestro, con el pico Cervero (de 1465 msnm y techo de la sierra de Quilamas) marcando imponente.

Además, algunos disfrutan de los bancales hechos para poder cultivar, porque la pendiente es lo suyo.

Ah! Y aunque se políticamente incorrecto, hay unas plazas de toros rarísimas en esta zona en las que hay porterías de fútbol sala y todo. Vaya con la etnografía.

 Aquí hacemos una parada antes de afrontar, ya con el calor, una subida a la ladera que veis a la izquierda. Al comienzo pica, y luego nos vamos metiendo de nuevo entre arbolado.

 Este tramo es muy rompepiernas, y lo vamos disfrutando a la par que sufriendo, viendo lo adelantado que está todo por el calor, y aprovechando algunas bajadas a los arroyos que cruzamos para no pasarlo tan mal.

La zona de media montaña es preciosa, eso si. Es lo que tienen estas zonas, tan alejadas de todo. Soledad, tranquilidad, y el poder observar fauna y flora muy bien conservada.

Todo el esfuerzo tiene recompensa, y poco antes de comer llegamos a unos estanques donde podemos refrescarnos de lo lindo. No hay fotos porque desconocemos si para las leyes consuetudinarias de la zona los cuerpos desnudos están prohibidos y reciben algún castigo. Sea como sea, y estando es semana santa, mejor no forzar.

Después del baño, la comilona y la modorra, nos cuesta caminar, aunque tenemos muy cerca los pueblos de Garcibuey primero, y de Villanueva del Conde (por un sendero señalizado de una forma curios, pero efectiva) después, que es donde nos quedamos.

Este año la logística, al estar de forasteros, ha sido increíble: no solo nos consiguen sitio para dormir en las escuelas del pueblo, si no que además las mochilas, tiendas y cocina de campaña nos las lleva la infantería motorizada.

Aún así, va y me pongo malo para el resto del viaje, lo cual es una pena.

SEGUNDO DÍA:  VIERNES 14 DE ABRIL

Tras una noche de más descanso de unos que de otros, nos acercamos primero a la plaza del pueblo a saludar a esta olma que merece nuestro respeto:

De los poco ejemplares de Ulmus minor (el olmo negrillo de toda la vida) que quedan por la grafiosis, impresiona ver su altura, su grosor y el pensar en los siglos de conversaciones que se habrán tenido bajo sus ramas.

El destino final de la etapa de hoy es también el más conocido: La Alberca, turístico pueblo de la zona, conocido por su arquitectura tradicional y su fervor religioso. A mí lo del fervor, si no es el de la leche, como que me da igual, pero la arquitectura de aquí es increíble.

Eso si, todos los pueblos de esta zona tienen esa misma trama en las casas, a pesar de que turísticos solo sean unos pocos. En el resto podemos pasear tranquilos por sus calles, ambientadas de gente estos días de guardar.

Nos encaminamos primero al pueblo de Sequeros, con senda marcada, donde vamos a pasar por un bosque precioso de castaños. Estos no están injertados porque no los tienen para dar fruto, si no para madera…extraños estos asturianos del sur, la verdad.

Ya empezamos a tener de fondo las sierras de la Alberca y de Francia,

Y también en otra dirección las de Candelario y Béjar.

En esta etapa, también de 15 kms. y rompepiernas, vamos a pasar camino de San Martín del Castañar por un bosque relicto de roble carballo (Quercus robur). El más al sur de Europa, según parece ser.

Y una vez en San Martín, vamos a visitar su castillo, reconstruido como centro de interpretación del Espacio de la Biosfera que es esta zona.

Todo esto antes de visitar la iglesia, como no, y de buscar el río (con merendero) para el condumio y la inevitable siesta. Que ya son leguas andadas y hay que continuar, esta vez ya hacia la Alberca y de nuevo por sendero marcado, esta vez un PR.

 

Este tramo es un poco arisco al principio, aunque luego se sube a una especie de páramo con estas vistas tan bontias de la sierra de Candelario (en la que por cierto, no he estado jamás…)

Para mí, junto a los tramos de castaño y rebollo me parece lo más bonito del día, y eso que queremos canear para llegar pronto a La Alberca. Pasamos un cruce de caminos (literal, marcados los cuatro puntos por piedras) y nos hacemos un laaargo tramo final hasta una Alberca en semana santa a lo bestia. Así que nos quedamos sin ver el pueblo, oculto por el turismo de masa, y nos vamos al polideportivo que nos servirá de morada esta noche: eso significa fútbol y sopa de ajo. Aparte de vino y otra noche sin apenas dormir.

TERCER DÍA:  SÁBADO 15 DE ABRIL

Tras la magnífica noche pasada en vela, nos tocaba la etapa más dura de este año (y de mis años de runkaminante): íbamos a pasar de La Alberca a las Hurdes, en Cácereres, que eran tributarias de esta anterior localidad.

Del sur del Reyno de León a la Extremadura, de Las Batuecas a Las Hurdes.

Cogemos el PR “Camino de La Alberca- Las Batuecas”, que nos lleva en una ligera subida, por pinar de repoblación, hasta el puerto de “El Portillo”, a 1240 msnm. Desde aquí ya tenemos una visión de la divisoria bastante clara; también del sendero de bajada hacia el monasterio de san josé de Las Batuecas.

Una vez allí, tras un breve descanso y dejar a las heridas (el frío, el cansancio y los virus pasan factura), seguimos por el PR bordeando el monasterio, llaneando por un arroyo a horas cada vez más calurosas…y dirigiéndonos a los canchales, algo maravilloso para hacerlo al mediodía (no pain no gain, amigas).

Por la zona en la que hemos pasado, aparte de vegetación de ribera y encinar hemos visto unos tejos gigantes, además de acebos…y aun queda lo mejor.

¿Veis esos canchales? Pues más o menos hacia esa zona nos dirigimos, frontera entre dos tierras duras, pero bellas.

Y lo que nos encontramos antes de salir a la roca son unos roblones grandes grandes también, que nos dan sombra antes de la subida final.

Final por decir algo, ya que, aunque estamos muy muy cerca de la divisoria, el sendero caracolea haciéndonos sufrir. Eso sí, tenemos una última sorpresa: en algunos momentos nos sobrevuelan buitres negros, así que no podemos pedir más.

Cuando llegamos al collado, alomado y boscoso, el paisaje cambia: más monótono, menos abrupto, quizás más pobre.  Estamos en las Hurdes, y vamos a comenzar una vertiginosa bajada entre brezal camino de Cabezo, final de etapa y que además está en fiestas.

Llegamos tras una etapa larguísima (aunque en el libro de ruta no lo ponga así, calculamos más de 20 kms. y yo creo que unos 800 metros de desnivel positivo, algo desacostumbrado al caminante runkaminero). Eso si, para mí la etapa más bonita de estos años…que hubiera disfrutado si hubiera dormido algo.

CUARTO DÍA:  DOMINGO16 DE ABRIL

La cuarta y última etapa de este Runkamina Serrano nos llevaba río arriba por el valle más oriental de las Hurdes. Desde Cabezo, donde hicimos noche tras echar algún pasodoble en la verbena de sus fiestas, cogimos un sendero bien marcado conocido como la “Ruta de Alfonso XIII”.

Este PR, que nos conduciría hasta el final de nuestra marcha, recuerda la visita que el monarca hizo a la por entonces olvidada comarca jurdana en 1922. Retomamos senderos montañosos, siempre con piedras a nuestros pies, y con las vistas del valle y la sombra de los árboles sobre nuestras cabezas. Y así llegamos al pueblo de Ladrillar, al que la comitiva real de los años 20 había llegado por el camino que en la actualidad es la carretera.

El último tramo que llega hasta Riomalo de Arriba discurre junto al cauce del río, que nos permitió una vez más refrescar nuestros cuerpos. Y como colofón a la octava edición de este encuentro de caminantes inquietos nos esperaba una paella que saboreamos con la satisfacción del camino ya realizado.

Inagurando la primavera en la Vía Verde de Picadas (Pelayos de la Presa).

Bien, seguimos aprendiendo que es esto de montar en bici, y nos vamos a acercar a nuestra querida Sierra Oeste madrileña.

Porque nos pilla cerca, porque nos encanta esta zona y porque además tiene una Vía Verde asequible para todas y que se puede hacer en un rato por la tarde.

Nosotras llegamos a la zona por la M-507 desde Aldea del Fresno (aunque lo habitual es empezar en Pelayos de la Presa) y nos vamos a meter por la carretera asfaltada que baja directa hasta el embalse, donde comienza la Vía Verde:

Tras esta bajada comenzamos a pedalear en un terreno de grava completamente llano, que nos va a permitir rodar muy rápido; lo único, las barreras que cierran el camino y que a veces están bajadas y el hecho de que haya mucha gente paseando.

Por lo demás, un entorno bonito donde domina el pino piñonero, los cortados donde hay bastantes rapaces (recomendado ir cuando va anocheciendo y queda poca gente; de hecho la zona está en una ZEPA) y el frescor primaveral del río Alberche embalsado en  esta primavera.

Vamos a cruzar diversos puentes, y a la mitad más  o menos del camino existen unas vías de escalada y una pista que nos llevaría a Navas del Rey.

Nosotras seguimos hasta cruzar al otro lado del río, y llegar enseguida a la zona conocida como “La depuradora”. Allí acaba el trayecto, aunque lo podríamos alargar más.

Es zona recreativa, y está hecha una auténtica mierda. Lástima, porque como hemos dicho es un sitio con una gran riqueza natural.

Tras otear futuras rutas por la zona (también es un sitio chulo para venir a andar, sobre todo en primavera y otoño), volvemos, haciendo el recorrido I/V, con una bonita subida final de la carretera que enlaza el embalse con las carreteras principales.

 

 

 

El Pico del Lobo (2274 msnm) por la canal central del Alto de las Mesas

Después de mucho, mucho tiempo, volvemos a la sierra de Ayllón, a nuestro querido Pico del Lobo.

En esta ocasión con la idea de ascenderlo en una de las últimas invernales de la temporada, por la canal central del Alto de las Mesas. Nos va a suponer un desnivel de unos 800 metros positivos, en unos 8 kms. Y por una canal de unos 40º / 45º de inclinación, vamos a ver.

Madrugamos mucho, contando con coger bien la poca nieve que queda. Y nos plantamos en la estación de esquí de La Pinilla antes que nadie.  Aunque hay niebla, parece que se ve claro donde tenemos que ir: subir a fuego por los remontes que tenemos a nuestra izquierda hasta el denominado “Gran Plató”.

Llegamos al “famoso” Gran Plató y la niebla se nos está echando encima. Vaya faena, porque no tenemos mapa de la zona, y la idea está clara en la cabeza…porque lo que es sobre el terreno…

Así que seguimos con bastantes dudas, siguiendo la línea de remontes (para algo nos ha servido este destrozo ecológico).

Aunque nos planteamos dar la vuelta, encontramos huella, lo que nos permite seguir por el buen camino.

Al principio nos sorprende lo empinado que se pone, pues esperamos la inclinación más adelante. Luego, vamos disfrutando del estado de la nieve, que está ideal: dura, con huella para no perdernos pero sin hacer escalera, y encima cuando se nos abre la niebla podemos visualizar el camino:

El evidente canal central del Alto de las Mesas (aunque hay quien lo considera canal derecho. En todo caso, hay poca información en internet, es cierto que si el día está despejado la subida es muy evidente, pero ojo con los días malos).

Y a la derecha los corredores que se forman en el cresterío del Mirador. Aquí nos dividimos, dos vamos directos a la canal mientras que mandamos un explorador a uno de los corredores, que están en buen estado y se pueden subir bien. Mientras, nosotras seguimos por nuestra canal.

A veces debe formarse cornisa, pero hoy tenemos la salida clara, y al otro lado, el viento y la niebla nos dan un descanso y nos permiten disfrutar de las vistas de la zona, con la que creo que es la Sierra del Rincón al fondo y el Cerrón en primer término. Una estupenda y solitaria subida.

Y tras el reencuentro, vamos hacia la cercana y feúcha cima, aunque hoy con la nieve, el viento y la niebla tiene hasta encanto.

Y ya para abajo, por la vía normal que a través del collado del Aventadero, y tras adentrarnos en el pinar, nos lleva de vuelta a la Pinilla, con sus construcciones a la suiza y de ahí a casita.

La primavera en que reinó una anarquía demente en Madrid.

Volvemos a las colaboraciones después de mucho tiempo. Y volvemos a nuestro deporte favorito, el B-A-L-O-N-C-E-S-T-O, de la mano de Santi Escribano (@santiescribano).

En realidad le fusilamos, con permirso, un artículo escrito en Playground Magazine en el que nos habla como no del Estudiantes. Ese Estu del 92 que hizo soñar a mucha gente, que como todo en la vida tiene una historia detrás mucho más material que épica y que podéis leer a continuación (el artículo original con todas las fotos y vídeos lo podéis leer pinchando aquí):

“Lo mejor de los 80 fue el basket, todo lo demás fue un auténtico desastre”, rapeaba un nostálgico Tote King en su tema NBA. Pero… ¿y de los 90? Por supuesto: el basket también. Y no hace falta irse al otro lado del Atlántico.

Hablemos de cuando un equipo fundado en un colegio se coló entre los cuatro mejores de Europa pero, sobre todo, se convirtió en un fenómeno social. Hablemos del Estudiantes de 1992.

I- El zarpazo del oso a la historia de losers

Dicen que cuando John Pinone aterrizó en España por primera vez, con la temporada empezada en 1984, un joven Manolo Lama le auguró en la SER una corta carrera en España: “está gordo, fuera de forma”.

Cuando el Oso Pinone aterrizó en España por última vez, el pasado viernes, le esperaban en la rueda de prensa TVE, Movistar+, El Mundo, El País, COPE, Marca… algo nada habitual tratándose de la liga ACB. Su presencia era el gran reclamo del homenaje al Estudiantes del 92 que el club montó con motivo del 25º aniversario de la mejor temporada de su historia: campeones de Copa, en la Final Four, semifinalistas en ACB y un impacto social tan loco que hizo honor al nombre de su afición: la Demencia.

Lo que significó el Estudiantes del 92 cuesta explicarlo 25 años después. Es algo que pegaba tanto con aquel inicio de los 90 donde parecía caer un viejo régimen (la politizada y hortera caspa ochentera de la guerra fría y la transición); y llegaba la modernidad en forma de siglas variadas: AVE, JJOO, CEI en lugar de URSS, The battle of LA y la ONU mirando a otro lado ante las masacres fratricidas en lo que antes era Yugoslavia.

¿Por qué no iba a ser posible entonces que un equipo de baloncesto fundado en un colegio madrileño y que había vivido siempre a la sombra de sus poderosos vecinos del Real Madrid marcase la pauta? ¿Por qué no iba a partir la pana en las gradas un grupo de animación con nombre de enfermedad mental y que reivindicaba como suyas las luchas del ayatolá Jomeini y Juana la Loca?

Pinone, el Oso Pinoso, es el jugador más importante de la historia del Estu. Por estadísticas, palmarés, pero sobre todo por impacto. Es el tipo que cambió la mentalidad conformista de un equipo como Estudiantes que entendía que ser un “patio de colegio” significaba regodearse en la derrota y que las victorias fueran accidentes a disfrutar. Lo hizo un habitual en competiciones europeas, fases finales de ACB y que las victorias fueran una consecuencia. Un poco como lo que ha hecho el Cholo como entrenador del Atleti. Complejos fuera. Y algo de pasta, claro.

II- Y la moda es el negro y el amarillo

Por eso, el pasado fin de semana, el WiZink Center de Madrid (aka Palacio de los Deportes de la Comunidad) se llenó de camisetas negras con la publicidad amarilla de Caja Postal para recibir a Pinone, Azofra, Pedro Rodríguez y demás integrantes de la plantilla del 92 en el partido que enfrentaba a Movistar Estudiantes con el Baskonia.

Camisetas negras que, cuando dos días antes se sacaron a la venta en plan edición retro limitada para coleccionistas, supusieron el récord de venta en un solo día en la tienda oficial del Estudiantes. En la época ya fue una camiseta superventas. Era de esos colores por el patrocinador: la Caja Postal de Ahorros, caja de titularidad pública que ya no existe. Ahora es una porción del gigante privado BBVA.

Que el Estu le comiera la tostada al Real Madrid –y de forma paralela este proceso sucediera en Catalunya con el Joventut subiéndose a las barbas del Barça- para muchos era una especie de revolución contracultural en el deporte. Ambos, Estu y Penya, compartían un modelo similar, una fórmula mágica que se repite como un mantra, tan fácil de decir como difícil de lograr: “dos buenos americanos y canteranos con talento”.

La cara B no se suele ver, claro. Ni la Caja Postal ni Montigalà -propiedad de Banesto- eran ONGs que ponían su letrerito en la camiseta por dos duros, sino patrocinadores a la vieja usanza que soltaban la plata sin miedo al ridículo. Jofresa en la Penya y Herreros en el Estu cobraban más que alguna plantilla ACB actual entera.

Pero no me voy a poner cenizo, que esto iba de ver qué maravilloso era todo antes y no de hacer como uno de los temas que lo partía en las radios de entonces, el Cómo hemos cambiado de Presuntos Implicados. Mejor tendamos al Smells like teen spirit, a la inocencia juvenil de una peña que en muchísimos casos ahora son cincuentones oficinistas votantes de Ciudadanos y entonces se enfundaban sin miedo al ridículo en chilabas y turbantes proclamando “Alcobendas marroquí y una mierda pal Madrid”.

III- La leyenda que no quiere serlo

Ante este arranque de nostalgia colectiva, el propio Pinoso fue muy crítico. “ No entiendo cómo siguen coreando mi nombre. Hace tantos años, han pasado tantos jugadores… Yo tengo una máxima: las cosas terminan y no me gusta mirar para atrás sino hacia delante” nos dijo a la prensa. “Es un honor que no me olviden, pero debéis vivir el momento y mirar al futuro”.

El mito que no quiere ser mito. La leyenda que reniega de su condición.

“Es que eres una leyenda, John”, le dijo el periodista de Movistar+ Jose Ajero en una grabación de esa maratoniana jornada de entrevistas para ganarse su complicidad.

“Porque tú me ves así. Soy normal y ahora estoy hasta la punta de…” respondió con un particular “zarpazo del oso” dialéctico.

Dicho y hecho: última entrevista del día y por fin en inglés. El resto de la mañana había atendido a los medios, armado de paciencia -la madre de la ciencia-, en su inconfundible castellano con acento de Connecticut. Allí es donde Pinoso, el tío que cambió la historia del Estudiantes, vive actualmente junto a su mujer y tiene una vida que suena poco a mito y más a la del estadounidense medio: asesor financiero y entrenador de un equipo de instituto.

“Los jefes son muy futboleros, siguen poco el basket. Pero cuando les he dicho que traíamos a Pinone no han dudado. Es más conocido que la inmensa mayoría de jugadores actuales. Y de los 80 y 90, sin duda. ¿Qué jugador del Real Madrid de principios de esos años podrías decir?” razona Ajero.

Pero si lo de Pinone es para flipar, el impacto social que supuso la afición de Estudiantes, la Demencia, es un sinsentido.

IV- ¿Te comprarías la hamburguesa Demencia?

El fenómeno ya venía de antes, de los años 80. La Demencia, básicamente, era una coña marinera surgida en el instituto Ramiro de Maeztu que usaba los partidos de su equipo, el Estudiantes, para hacer el ganso.

Ya en los años 80 llamaba la atención de los rivales y los medios, en el vetusto pabellón Antonio Magariños, por su particular humor. Por pura provocación ochentera asumieron como propio el discurso de los ayatolás: “Reagan es un carca, Breznev un invasor, y a todas luces salta que Jomeini es el mejor”. Pero, entre tanta provocación cuasi adolescente, una seña de identidad irrenunciable: “la Demencia anima sin violencia”.

Sin violencia física, que la verbal se practicaba y en estos tiempos de Flanderismo meapilas supondría escándalos mayúsculos e incluso alguna pena por terrorismo. “Con la espada de Alá cortaremos la mano de Elías”, se podía leer en el partido culmen de aquella temporada 1991-92, la eliminatoria contra el Maccabi de Tel Aviv israelí que se decidió con un oportuno resbalón de su estrella, Dorom Jamchi, en la última jugada.

La macarra referencia a “la mano de Elías”, nombre del pabellón del para nada apolítico ni aconfesional conjunto de Tel Aviv, hoy en día supondría un conflicto diplomático. Entonces la prensa rió la gracia.

¿Por qué?

Muy sencillo: a principios de los 90 el fenómeno ultra en los campos de fútbol españoles vivía sus particulares años de plomo. Las muertes de Frédéric Rouquier o Guillermo Alfonso Lázaro eran la punta del iceberg de la violencia en el deporte. Y como contrapeso a eso, encontrábamos a unos deslenguados chavales de instituto vestidos de moros que daban colorido a la grada. ¿Que mosqueaban al árbitro diciéndole ‘usted tiene el SIDA’ cuando era una lacra que no sabíamos cómo detener? Bueno, al menos no le estaban tirando bengalas.

Esto generó un fuerte apoyo institucional al modelo Demencia. Acompañado de los éxitos deportivos del equipo, aquello fue un fenómeno social en toda regla que nos dejó algunos momentos tan surrealistas como… puramente noventeros.

Un grupo de chavales con chilabas y politos pijos recibiendo el premio 7 estrellas del deporte de la Comunidad de Madrid. La entrega del premio Infantas de España. Los Inhumanos anunciando a bombo y platillo la grabación de un single con la colaboración de la Demencia. Conflictos legales sobre quién tenía registrada la marca “Demencia” tras mostrar interés Burger King en hacer una hamburguesa con su nombre

La Demencia sigue existiendo, claro. No es una peña al uso, ni mucho menos un grupo ultra. Y tiene mérito. Ahora que el Estudiantes ve como un éxito casi inalcanzable entrar en playoff y que a la policía del pensamiento amparada en la ley del deporte ya no le hacen gracia las ironías sobre el fundamentalismo islámico ir a la grada a animar es un acto de fe y no una moda como fue en aquellos primeros 90.

Y esos jóvenes que cuando Pinone colgó las botas estaban pensando si nacer o no, colgaron una pancarta en el homenaje del pasado domingo a aquellos héroes del 92 que resume muy bien el tema: “25 años de resaca”.

fotos cogidas de la publicación original, cedidas por el Estu.

 

 

Subida al Alto de Guajara (2718 msnm), en el Parque Nacional del Teide.

Habíamos ido a las Islas Canarias, en concreto a Tenerife, con un objetivo muy claro. subir al Teide. Además, como se había estropeado el teleférico días antes, contábamos con poder subir a la cumbre en soledad. La nieve le iba a dar un toque aún mejor…pero va y nos cortan la carretera el único día que podíamos subir.

Vale, intentamos al día siguiente subir el Pico Viejo…pero tampoco puede ser, no tenemos horas suficientes. Como última opción nos aparece esta: una montaña que no conocíamos, de altitud considerable pero de rápido y fácil ascenso; allá nos vamos, a disfrutar de un Parque Nacional que no conocía, a hacer montaña en unas condiciones diferentes.

El coche lo dejamos, apartando turistas a manotazos (esto del conservacionismo parece que no se quiere entender) en el aparcamiento que hay en la ermita de las nieves y el parador nacional, con los Roques de García enfrente.

La montaña la tenemos justo enfrente, en la zona conocida como Pared de la Calder, serán unos 10 kms. y cerca de 800 metros de desnivel. Fácil y explosiva, es bien.

Además, la montaña forma parte de la mitología guanche, el pueblo exterminado por los colonizadores castellanos. Según se cuenta, Guajara era una princesa guanche que al perder a su amado Tinguaro en la batalla de Aguere fue hasta aquí y se lanzó al vacío desde la montaña.

Justo al lado del parador sale un sendero con las marcas del PN (El nº4, “Sendero de Siete Cañadas”. Ese es el nuestro. Es parte del antiguo camino de Chasna, que cruzaba de N a S. la isla.

Vamos llaneando, por este particular suelo volcánico. Vamos a cruzar una pista de tierra, que ignoramos, continuando por el sendero que empieza a coger altura.

Como en todo parque nacional, el sendero no tiene pérdida. Solo las revueltas que nos ayudan a ganar altura, y el notar la altitud tras estar en la playa los días pasados se hacen notar un poco.

Eso sí, solo con ver las Cañadas del Teide ya ha merecido la pena venir. Es como estar en la Luna (casi literalmente, pues en el alto al que nos dirigimos se instalaron a finales del XIX  principios del XX instalaciones astronómicas que dieron nombres de esta zona a regiones de la Luna).

Hemos ido subiendo hacia un collado, aquí llamados “degolladas”, que al llegar nos va a llevar hacia otro. El camino no tiene pérdida, eso sí, esta zona es más dura, exige caminar con calma salvando el desnivel rocoso, y pasando por una zona un poco más expuesta, que es la parte más bonita del recorrido:

Lástima no acordarme del nombre de esta degollada, donde aún hay algún pino canario (que se diferencia porque tiene 3 acículas en vez de 2).

Y ya tenemos la montaña más cerquita:

Hay que decir que en un momento cambiamos del sendero nº5 al 15, que es el que nos asciende al pico. No hay pérdida, y aunque pasamos por alguna zona de desprendimientos, no se complica en exceso.

Y además, las vistas merecen la pena:

A partir de aquí el sendero se suaviza, y nos va llevando en un suave ascenso casi hasta la cumbre. Es curioso ver como a cada cambio de vertiente el paisaje cambia constantemente de color, de forma…fascinante y con el Teide al fondo, que nos da rabia porque tendríamos que estar bajando de allí a esas horas…

En unos minutos bajamos a la llana cumbre, desde las que tenemos unas vistas…que vaya vistas!

De izquierda a derecha tenemos el Pico Viejo, el omnipresente Teide y la Montaña Blanca.

Desde allí descendemos un poco y en vez de bajar por el mismo lado, cogemos el sendero en dirección a la degollada de Guajara, que nos enlazará con los senderos 5 y luego de nuevo con el 4 para hacer así circular la ruta:

No llegamos a tener mar de nubes, aunque sí niebla que no llega a traspasar nuestra vertiente. Eso hace el sendero más entretenido, pues esta parte es más sencilla y sube más gente.

El Teide siempre lo tenemos presente. Una cosa que nos llama la atención es que no se observan apenas aves e insectos, imaginamos que por lo extremo del lugar y la altitud.

Aún así es una pena no habernos interesado más en la flora y fauna de la zona. Nos queda pendiente.

Una vez de regreso al parador nos acercamos a ver los famosos Roques de García de los billetes de mil pelas…

Y a despedirnos hasta la próxima ocasión.