Presentación

Llevaba tiempo con ganas de crear un blog donde expresar lo que me pasa por la cabeza cuando hago deporte.

Algo que es más bien diferente a la imagen “oficial” del mismo. Un mundo de competitividad, de enfrentamiento, de jerarquías, de especialización, de ser el mejor.

Me gusta más bien pensar en la actividad física como un juego, una forma de relacionarse con el entorno más cercano y con las personas con las que deseas estar, al margen del trabajo y del ocio prefabricado.

Diversión, relajación, esfuerzo, y por supuesto, superación personal, pero entendida no como un enfrentamiento con la otra persona, sino como conocimiento de uno mismo y ganas de sacar más de ti.

Es por eso que me centraré principalmente en el mundo de la montaña, ya que pienso que es el lugar donde aún se encuentran con más facilidad esos valores que entran en confrontación directa con el mundo moderno.

También porque es donde yo personalmente me encuentro más agusto. Queda abierto tanto a otros deportes como a las personas que queráis participar, ya sea escribiendo algún artículo, recomendando algún texto o realizando alguna crítica constructiva. Podéis hacerlo aquí.

Sin más, muerte al Estado.

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Reseña de “Memorias del Guadarrama” de Julio Vías.

Tras muchos, demasiado tiempo, volvemos con nuestra sección Lecturas, en este caso con un libro encontrado al azar en una biblioteca pública, y que nos acerca a ese Guadarrama nuestro tan olvidado y fruto del desprecio que los montañeros a veces hacemos de las sierras pequeñas.

Se trata de “Memorias del Guadarrama; Historia del descubrimiento de unas montañas”, de Julio Vias .

Guadarramista de pro (miembro de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra Norte de Guadarrama y del Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama), creo que pocas personas estarán más autorizadas que él para escribir sobre la Sierra, así, con mayúscula.

Para muchas de las personas que pateamos esta sierra, muchas veces centradas demasiado en el hecho deportivo o montañero en sí, esta no deja de ser una gran desconocida. Pienso que este libro llena el vacío que tenemos en varios de sus aspectos: el de la toponimia, el de la historia, el de los oficios seculares y el de los que fueron sus pobladores hasta hace pocos años.

También como no, el de sus “descubridores”, acepción colonialista de la que se pueden sacar bastantes críticas al texto.

Dentro de lo positivo podemos hablar de lo que nos supone a nosotros redescubrir la Sierra: volver la vista atrás para analizar el origen de sus nombres, vincularlos a una historia más o menos pasada, verla con los ojos de sus antiguos pobladores (pastores, hacheros, neveros, bandoleros) y darle una segunda oportunidad a esta cordillera.

Porque es cierto que la masificación humana de la misma, y lo limitado de sus actividades montañeras (en comparación con otras cordilleras) hacen que muchas veces despreciemos el Guadarrama.

El verla de una forma integral hace que la admiremos con otros ojos. Para mí, es muy interesante poderle dar esta vuelta, darle un valor que vaya más allá del deportivo.

Para quienes tenemos una mezcla de intereses en el conocimiento de esta zona, creo que el libro nos ayuda como introducción en alguno de ellos: sin ser exhaustivo, sus apuntes sobre la toponimia, sobre la historia de sus caminos, sobre sus moradores, sobre la fauna y la flora, sobre las personas que en el S. XIX comenzaron a acercar la Sierra a la ciudad de Madrid hacen que quienes queramos profundizar en dichos temas podamos hacerlo ayudados por una muy abundante biblografía.

Asi mismo, una segunda parte con especial atención a zonas concretas de la Sierra permite detenernos en detalles concretos de la misma (a mi me ha llamado mucho la atención por ejempo el origen vasco del nombre “Najarra”, que es una de mis cumbres favoritas o visualizar como frontera la Cuerda Larga entre las tierras de Segovia, el Real de Manzanares y el lejano señorío de Buitrago).

Entre lo negativo, me parecen por un lado muy escasas las referencias, pinceladas muy rápidas sobre demasiados temas; quizás es algo buscado, pero me parece que a veces saltar de un hecho a otro le da al libro cierta superficialidad.

Por otro lado, y lo que me es más importante, le falta espíritú crítico. Algo que empieza a intuirse cuando hablando de los bandoleros abandona cualquier intento de análisis del porqué del bandolerismo y de sus innegables simpatías sociales y pasa a adjetivar peyorativamente y usar las versiones policiales de la época se desenmascara ya cuando realiza con el mismo acriticismo loas de los diferentes reyes y señores que pisaron la zona.

Pasa lo mismo cuando se llega a hablar de la Modernidad, de sus decubridores como dije arriba. Sin faltar a la labor que científicos, educadores o alpinistas hicieron aquí (y de la que somos herederos), no podemos dejar de ver la otra cara de la moneda: la introducción del Progreso en la Sierra hizo que gran parte de la destrucción conocida hoy llegará hasta aquí y arrasara con gran parte no solo de la naturaleza, también de las gentes de las que este libro habla y que todos añoramos.

Entiendo que la falta de espacio o de fuentes (más allá de las oficiales) puedan dificultar la tarea, pero la función como formador de opinión que es la escritura pienso debe ir más allá de la simple repetición.

A pesar de esta decepción en cuando al tono del texto, recomiendo la lectura de este y del resto de sus libros. Es una manera de darle valor a estas tierras mil y una veces pisadas.

 

Los lunes al sol (del Guadarrama). Peña Cabrita (2177 msnm) y Alto de Guarramillas desde Navacerrada.

Un lunes con varias personas libres de obligaciones. Guadarrama en un otoño nuclear.

La búsqueda de alguna zona aún sin hollar en esta Sierra y poco tiempo disponible.

Y los eternos atascos madrileños.

Esta crónica será breve, porque la ruta así lo fue. Pero nos sirvió para descubrir una “cumbre” secundaria de la Cuerdalarga guadarrameña.

La pongo entre comillas por varias razones. La hemos visto nombrada de varias maneras; Peña del Cuco (para los escaladores), Peñas o Abismos de la Barranca por algunos alpinistas (en alguna de sus vertientes se forman interesantes corredores invernales) y Peña Cabrita, que para algunos es solo la parte más alta de estas rocas.

Su altitud también está en cuestión. Yo me he quedado con el nombre y altitud que aparece en el mapa de La Tienda verde.

Y además, tengo dudas de si se la puede considerar como cumbre separada, viendo lo poco que se diferencia del Alto de Guarramillas/ Bola del Mundo….desde arriba.

Porque la subimos por el Puerto de Navacerrada y la Bola del Mundo, mucho más sencilla ascensión que el hacerla desde La Barranca, yendo por el camino normal de subida a la Maliciosa (PR-M26) y cruzando el Regajo del Pez para llegar a su base (la de los escaladores y alpinistas).

Como hoy vamos con calma subimos tranquilamente desde Navacerrada por el PR- M 11 por la base del Guarramillas.

Y en muy pocos minutos, cuando se nos abren las vistas del valle de la Barranca, vemos claramente por debajo de la Bola del Mundo el objetivo del día.

Seguimos por el PR hasta enlazar con la pista hormigonada, y seguimos sus revueltas hasta que casi en la cumbre nos desviamos a la derecha por un rastro de sendero.

Mientras vemos a los ciclistas sufrir en las rampas finales (no olvidemos, final de etapa en Vuelta a España), tenemos a pocos centenares de metros y separada por un mínimo collado, la Peña Cabrita.

El sendero tiene algunos hitos y una cantidad ingente de basura alrededor…eso si, cuando llegamos tenemos esto a nuestros pies.

Collado del Piornal, Maliciosa con el Peñotillo Alto, la cuerda de las Buitreras y el valle de la Barranca.

Hacia el otro lado y fuera de la foto, la cuerda de las Cabrillas, Cercedilla con sus picos, la Mujer Muerta…fantástico.

Asi tenemos esa cara de contentas. Al poco de comer nos vamos al geodésico de Guarramillas desde donde nos dirigimos al coche, que hay que volver al monstruo madrileño.

En fin, un paseo sencillo para pasar la mañana, unos 400 metros de desnivel positivo y una visión global de todo el Guadarrama.

 

Antihéroes (III): Pyambuu Tuul, el superviviente de Maratón.

Citius, altius, fortius. Este lema pronunciado por el barón de Coubertin en los primeros JJOO de la Modernidad (Atenas 1896) dejaba bien a las claras el concepto del deporte moderno, hiperdesarrollado hoy día.

Hay que ganar; el resto se pueden ir tranquilamente a la mierda (dicho con otras palabras claro, pues los que así hablaban eran muy respetables miembros de la burguesía).

Hay un ejemplo bien claro del “váyase usted a la mierda” que sin embargo, reviste una gran dignidad: el que nos ocupa de Pyambuu Tuul, mongol, último clasificado del maratón masculino en los JJOO de Barcelona 1992 a casi una hora del penúltimo.

No se conoce mucho de la historia de Pyambuu. Hay un muy buen artículo que cuenta su historia (https://elpais.com/deportes/2017/03/13/actualidad/1489434407_941865.html):

Pyambuu perdió la visión de un ojo en un acidente de trabajo; imagino que él ya sería lo que hoy día se llama “atleta popular” al menos, pues el club Achiles de Nueva York (centrado en dar apoyo para que atletas con discapacidad pudieran participar en pruebas) le pagó un viaje para participar en el maratón de la ciudad y posteriormente el trasplante de córnea con el recuperó la vista.

Vista que casi no pudo utilizar en Barcelona, ya que se le rompen las gafas antes de participar y tiene que pegarlas con celo.

Y camiseta del club que le ayuda a conseguir todo ello (imagino que con las plazas que en los JJOO se reservan, generalmente en atletismo o natación para países sin tradición deportiva) que le sirve para conseguir los insultos de uno de los jueces de la carrera, pensando este que Pyambuu hacía publicidad.

Un Pyambuu que ni siquiera pudo acabar la competición en el estadio olímpico, ya preparado para la gala final.

Su tiempo: ni lo he mirado, pero mejor que el mío y que el de la mayoría de los que leáis este artículo seguro que es.

La historia de esta persona es al fin y al cabo una de las muchas que los JJOO, siempre lleno de detalles morbosos, nos dan. El hecho de que todas las naciones representadas en el COI tengan al menos un competidor en los Juegos hace que vaya gente sin el nivel suficiente incluso a veces, para una carrera de aficionados.

Y eso es lo que nos debe llevar a pensar. En una sociedad basada en la ganancia, se nos enseña a mirar solo a los ganadores.

Se les admira y mimetizamos su forma de ser solo por eso, por ganar. Parecemos no ser conscientes de que eso solo puede hacerlo uno, sin que ello implique desde luego (y muchas veces es al contrario) un más alto valor ético, una capacidad de sacrificio mayor o una relación con la sociedad que le rodea más sana. Sencillamente, porque eso no da dinero, no vende.

El deporte, como espejo y formador de valores de la sociedad actual, actúa exactamente igual. Es por ello que gente como Pyambuu se podían ir tranquilamente a la mierda sin ni siquiera estar presente en los fastos de cierre del mayor evento deportivo del mundo en el que era un participante más.

Sin embargo, la capacidad de entrega y el sacrificio, el esfuerzo por sencillamente llegar y el agradecimiento mostrado hacia quienes solidariamente le habían ayudado, eso que deberían ser valores realmente importante en lo que llamamos deporte…sencillamente no importaron cuando recibía insultos entre los pocos que estaban obligados a registrar su llegada.

Y eso es así porque el deporte, como concepto, si que es una mierda.

 

 

Peñón del Casquerazo (2436 msnm) desde el reugio de la Laguna de Gredos.

Después de una noche de mucho descanso en el refugio (muy buen sitio, clásico, bien atendido, la verdad es que salimos muy contentas), nos levantamos para desayunar en el primer turno de las 7:30 y encaminarnos a la segunda cumbre de este intenso fin de semana de noviembre: el Casquerazo.

Va a ser un día de no mucho desnivel (desde los 1945 msnm en el que nos encontramos hasta la cima), pero duro: lo haremos en kilómetro y medio.

Así que vamos a disfrutar de las vistas mañaneras antes de comenzar:

Almanzor y Galana saludándose… sin palabras

Tenemos una vista muy clara de lo que nos toca. La amplia Portilla de los Machos y a su izquierda, el Casquerazo. Si seguimos la vista hacia la izquierda, El Perro que Fuma, los Hermanitos…que serán los colegas que nos acompañen en nuestra excursión de hoy.

Señalizada a la salida del refu la Portilla de los Machos seguimos los hitos hacia la Laguna Esmeralda entre canchales que nos van embocando a la canal.

Una vez al comienzo de la canal tenemos la misma historia que ayer. 

Canchales de roca en un desnivel que va aumentando, nieve helada que según subimos es más peligrosa.

Embocamos la canal sin irnos directamente hacia ella, con tendencia a la pared que es la base del Casquerazo.

Seguimos hitos todo el rato mientras buscamos los pasos más cómodos… o más bien menos expuestos.

Aunque la subida es más sencilla hoy, también es pronto y hay más pasos con hielo. El día tiene peligro, pero también está divertido, así que saludamos al Perro que Fuma (parece ser que el nombre le viene porque cuando la niebla entra por aquí avisa al resto del Circo).

El caso es que vamos bordeando todo el rato la base del Casquerazo, sin llegar a atacar la cumbre. Siguiendolos hitos despacio y con cuidado, eso si.

Se nos hace el día más largo de lo que contamos, pero la progresión así en mixto es complicada y preferimos la calma.

Al final nos metemos en la trepada a cumbre, sencilla pero aérea. Y culminamos la mañana de esta guisa:

Hacia el Morezón, la Mira y los Galayos (creo)

Mirando el Almanzor y la Galana,  entre otras moles.

Y ya para abajo, despacito y con buena letra.

Que tenemos que recoger la cosas abajo, volver hacia la Plataforma y rumiar en casita todo lo que hemos vivido estos dos días.

 

Casi el Almanzor (2591 msnm), desde el circo de Gredos.

Pues bien, más de 30 años y no había pisado aún el circo de Gredos. Sí que conocía otras zonas (La Covacha, carril de Galayos…) pero entre unas y otras no esta.

Así que tenemos que aprovechar los días que nos deja libres el trabajo asalariado a unas y a otros y acercarnos hasta allá.

Nos plantamos en la Plataforma (curiosa forma de proteger el entorno esta que solo se basa en cobrar) cada una con sus objetivos: uno a realizar un anillo corriendo (ya nos contará), otras a intentar un par de cumbres del Circo: el Almanzor y el Peñón del Casquerazo.

A esta altura, seguimos el sendero de la derecha, el otro nos llevaría al Morezón.

Salimos del PR- AV 17. El sendero, que al comienzo está “enlosado” por llamarlo de alguna manera, no tiene pérdida ninguna, y se puede disfrutar de como se va abriendo el Circo de cumbres delante nuestra.

Antes, a la altura de uno de los senderos que van hacia el Morezón, dejamos a nuestro solitario corredor de fondo, mientras nosotras nos encaminamos hacia la zona de Los Barrerones, con estas vistas de lo que nos espera:

Desde ahí, tres kilómetros de bajada hasta llegar a la Laguna Grande, rodearla por nuestra izquierda y llegar al refugio.

Por cierto, en estas lagunas glaciares vive una subespecie de salamandra (Salamandra salamandra almanzoris), endémica de esta zona. Para tenerlo en cuenta a la hora de pensar en el cuidado de las lagunas (basuras, baños, perros…).

Paramos en el refugio a descargar peso, dar aviso de llegada y pensar en la subida. Hoy toca Almanzor.

Vamos con horas de sobra, lo que ocurre es que no sabemos que condiciones habrá arriba.

Algo ha nevado en días anteriores aunque apenas se ve la montaña espolvoreada; está haciendo frío estos días aunque ahora estamos a 20 grados.

Hemos decidido dejar crampones y piolet en casa así que a ver como se da todo.

Seguimos los hitos que desde el refugio nos van a encaminar primero hacia la canal de la Portilla Bermeja, que luego habrá que dejar para agarrar a nuestra derecha la canal de la Portilla del Crampón, que es el camino de la vía normal a la cumbre.

En estos primeros tramos vamos ganando altura poco a poco entre grandes bloques de granito. Pensábamos que iba a subir más gente, pero vamos solas, disfrutando de que a pesar de lo seco del año, las lagunas estén así de bonitas:

Nos vamos ya embocando a la zona de la Portilla Bermeja, donde nos encontramos a algunas personas que bajan del Almanzor: hay de todo, con cuerdas, crampones, sin nada…algunos han subido y otros no; vamos a esperar a notar como encontramos la nieve.

De esta no hay mucha, como preveíamos, pero según vamos ganando altura nos estamos encontrando placas de hielo y nieve cada vez más dura.

Y no solo eso, la gente va de bajada, creo que somos los últimos que subimos hoy, el sol (aunque con horas de luz batante) va dejando zonas a la sombra y bueno…comienza la diversión.

Hasta la entrada de la Portilla del Crampón todo es cómodo, pero entrando en ella lo empezamos a ver peligroso, nos está costando mucho avanzar en este terreno mixto.

Así que vamos subiendo muy despacio, y sin agobios por si hay que dar la vuelta, al final llegamos al collado:

Aquí nos encontramos a un grupo (el último que vemos hoy), de los cuales alguno ha hecho cumbre.

Nos preocupa sobre todo seguir sin nadie más por la zona, y el que cada vez haya menos sol, pero es que este sitio es la ostia y la adrenalina nos hace seguir.

El paso al otro lado del collado es mágico, lástima no poder dedicarle todo tiempo que queramos por las prisas.

Nos metemos en la parte final, siguiendo hitos. Tenemos algún paso delicado que salvamos con calma y bastante cuidado, eso si, pasándolo como enanos.

Y llegamos hasta aquí. En la antecima, el último paso no lo vemos claro por el hielo y decidimos volver sin pensarlo demasiado para que no se haga tarde.

No pasa nada, volveremos.

Aunque a la vuelta a la Portilla del Crampón pensemos “bueno, y ahora…¿qué?”

la bajada la hacemos sin más complicaciones, llegando al refu a descansar, encontrarnos al resto del equipo y pasar una noche sin demasiados ronquidos.

 

 

 

 

 

El otoño ya está aquí: Alto del Parrejón (2013 msnm) y la Buitrera (2046 msnm) en la sierra del Ayllón.

Imagen cogida del blog saritaymane.blogspot.com. muchas gracias!

Pues bien, después de mucho, demasiado tiempo sin poder andar a la montaña, y con un verano eterno con su epílogo de fuegos provocados a lo largo y ancho de la geografía ibérica, pudimos aprovechar un fin de semana para acercarnos a algún lado.

Nos decidimos por la Sierra de Ayllón, de la cual aún conocíamos poco, ya que imaginamos que el Guadarrama iba a estar lleno.

La previsión meteorológica daba buen tiempo: viento, niebla, agua y frío de los que pudimos disfrutar en esta escursión, aunque esto nos hiciera perdernos las visiones del hayedo de Tejera Negra.

Salimos en dirección al puerto de la Quesera desde la segoviana Riaza, y dejamos el coche en el mismo puerto, que por cierto, estaba muy concurrido, más de lo que deseamos.

Seguimos la carretera, ya en la provincia de Guadalajara, hasta que vemos a nuestra izquierda un paso muy claro, en el que pone “Hontanares 11 km.”. Este sendero, que se dirige a la ermita del mismo nombre, es el que debemos coger.

De primeras el camino sube bastante, mientras entre la niebla podemos ver algo del hayedo de La Pedrosa a nuestra izquierda (algún haya suelta, la verdad, porque el día está bastante cerrado).

Vamos a continuar la subida hasta llegar al collado de los Lobos. Ahí, justo en el límite provincial, tenemos una bifurcación en la que cogemos el sendero claro que va a la izquierda. Si usáramos el de la derecha iríamos a dar a la Peña de la Silla, que dejaremos para otra ocasión.

Continuamos entonces entre la niebla por el sendero, que va con tendencia de bajada hasta el siguiente collado, el de las Lagunas (una de ellas al menos sí que vemos, aunque se nota que el verano ha sido seco).

Vamos a seguir aquí por la margen segoviana, andando por la falda de la cuerda de las Berceras. Al otro lado tenemos ya en la parte de Guadalajara el hayedo de Tejera Negra, del cual no podremos ver absolutamente nada hoy.

Eso sí, vamos a ir subiendo poco a poco, por un sendero claro y bien señalizado. La verdad es que aunque el día no está nada claro, es muy bonito poder estar en el otoño, una estación que casi estamos olvidando que exste.

Pasando una zona de vegatación y continuando con la suave subida, llegamos casi sin darnos cuenta a la primera cumbre del día, el Alto del Parrejón, de 2013 msnm.

Una breve parada y a continuar, pues se nos ha echado la lluvia encima y el día se está poniendo frío, con viento que proviene de Segovia.

Bajamos al cercano collado del Cervunal, nos aparece de nuevo una bifurcación. Seguimos el camino más claro, el de la derecha, aunque creo que ambos llevan a la Buitrera.

Y seguimos de nuevo la ascensión, ahora ya con tiempo de perros. Casi toda la gente con la que fuimos compartiendo camino se da la vuelta, pues tiene toda la pinta de que el día no piensa abrir; como nosotras nunca hemos estado aquí, decidimos seguir a ver si la mojadura no nos impide llegar.

Vamos enriscándonos algo más, siempre con un camino claro y sin pérdida. Ahora tenemos unas chulas canales en la parte de Guadalajara, donde debiera estar la Tejera Negra, tragada por las nubes.

Debemos de pasar el Alto del Cervunalillo y antes, una cumbre sin nombre también de más de 2000 metros, pero no estamos para parar. Queremos llegar a la Buitrera ya empapados, pero la verdad es que no llegamos a ver el geodésico…porque nos lo hemos pasado.

Tanto que decidimos dar la vuelta sin tener claro si lo hemos hecho o no y en eso estamos hablando mientras caneamos (ya chorreando de agua)… cuando nos encontramos de repente el geodésico y la cumbre.

Así que nada, pico de la Buitrera, con 2046 msnm la cima del día:

Y nada más que dar rápido la vuelta para poder entrar en calor. Aún así, da gusto poder disfrutar de un día de otoño digno de tal nombre, aunque nos toque volver por aquí a disfrutar del paisaje tan espectacular que debe de existir tras la niebla.

 

 

 

 

Techo de Asturias: Torrecerredo (2648 msnm) desde la Vega de Urriellu y Horcada Arenera.

Pues si, con esta crónica acabamos nuestro periplo asturiano. Una de las cumbres que llevaba pendiente desde hace años.

Importante no solo por su altitud (la más alta de la Cordillera Cantábrica, y por ende de Picos de Europa y de Asturias), sino también por su dificultad.

A pesar de que hay muchas montañas más difíciles que estas en Picos, y que fuimos hasta ella por su recorrido a priori más accesible, esta fue, y será durante mucho, una de las mejores y más exigentes rutas montañeras de mi vida.

Vamos a ello: tardamos unas dos horas y pico en coche desde Oviedo hasta el bonito pueblo de Sotres, al que siempre es un encanto volver.

Nuestra intención es salir en dirección al collado Pandébano y de ahí hasta la vega del Picu (así, como se llama así al Urrriellu), donde está el refugio, primera etapa de nuestra excursión.

Venimos con buena compañía desde Madrid: una recua de punkis montañeros (con o sin experiencia). Dejamos los coches en la pista ganadera que pasa por los Invernales del Texu, una zona de majadas ganaderas, para ahorrarnos un tramo del PR 21, que nos llevará hasta el refugio.

En principio no pueden pasar coches por esta pista al ser parque nacional; es solo para los ganaderos de la zona. La verdad es que lo hace todo el mundo…y nosotros también. Es algo para darle una vuelta, desde luego, porque el nivel de ocupación de coches es enorme, y generamos una gran molestia a la zona.

Tenemos unos kilómetros de pista que asciende en revueltas, sin pérdida, hasta el collado Pandébano. Aquí ya se nos abren las praderías para el vacuno, del que debe haber a millares.

Y nosotras para el Urriellu. En este primer tramo se va bastante cómodo, ideal para ir cogiendo fuerzas para lo que nos espera, y ya con el Urriellu asomando imponente al fondo.

Al poco, pasamos por la majada de la Terenosa, donde hay un refugio (no sé si es de ganaderos, en todo caso está bien saberlo, y además tenía buena pinta), mientras en unos minutos, a la derecha según avanzamos, esperamos ver al fondo, muy al fondo, el pueblo de Bulnes.

El camino sigue siendo cómodo, aunque nos estamos acercando al collado Vallejo, desde el cual ya se sube sin piedad.

 

Sin piedad significa exactamente eso. Yo recordaba una subida muy dura cuando pega el calor (como era el caso de hoy) de otro año en que me acerqué por la zona.

Y aunque la forma física es mejor, la carga a la espalda se nota, y vamos subiendo lentamente, culebreando por el sendero sin pérdida alguna. Y por favor, no me atrochéis, que el camino que hay es el mejor, no hace falta erosionar más la zona.

Lo bueno es tener de referencia el Picu, y aunque cuando asoma el refugio aún queda el repecho final, la primera parte del recorrido (la más fácil, sin duda) está hecha.

Aquí nos vamos a tomar un merecido (aunque demasiado largo, cabrones) descanso. Y aunque tenemos clara la ruta y el tiempo parece que no va a cambiar, aprovechamos la amabilidad de los guardias del refugio para consultar con ellos. Todo bien, nuestra intención es pasar la Horcada Arenera, ir a la base de Torrecerredo, y coronar bien esta tarde bien mañana a la mañana.

Así que nada…ey ho, let`s go!

Enfrente del refugio sale la hoy transitada senda que, tras pasar la Brecha de los Cazadores, llega a la Corona del Raso.

Este paso, equipado con cadena, sin ser difícil, tiene su punto de dificultad, e imaginamos que en otras condiciones climáticas, de peligro.

La verdad es que dejar el Urriellu a la espalda, algo que no he hecho nunca, me impresiona. Y preocupa algo, ninguno hemos estado en la zona, y aunque tenemos la ruta mirada desde semanas atrás y el tiempo es inmejorable (y tenemos horas de luz de sobra para equivocarnos), nunca se sabe.

Pero nada, a seguir. Tras la Corona del Raso tenemos un sendero muy claro, y que sube tranquilamente hasta la Horcada Arenera. Un tramo para disfrutar, ya en la zona laberíntica del macizo central de Picos.

Hay que decir que desde el refugio del Urriellu las señalizaciones son jitos, que hay que saber leer bien, así como los rastros de senda que tengamos.

Desde la Horcada Arenera, alguna de las mejores panorámicas de estos dos días, con las Torres Areneras y el Pico Albo a nuestra derecha, el neverón del Urriello delante de nuestras narices…y el caos de jous que tenemos por delante.

Desde la Horcada Arenera surgen dos senderos: el que va más a la derecha nos llevaría hasta el refugio de Cabrones, mientras que nosotras vamos a seguir el de la izquierda, para ir directos a la base del Torrecerredo.

Esta zona es sin duda la más complicada, el sendero se difumina entre los jous en continuas subidas y bajadas. Aún con mapa, brújula y la ayuda de la gente que nos vamos cruzando (que vienen de vuelta) nos cuesta mucho la orientación.

De esta parte me abstengo de decir mucho, ya que tenemos un momento de pérdida, con actos graciosa tontería incluidos, que hacen que decidamos posponer la cumbre para el día siguiente. Cumbre que llevamos un rato viendo, y que nos da una idea de lo duro que nos lo va a poner.

Solo decir que hay que seguir bien los hitos, volviendo atrás si es necesario, y que no solo la orientación es dificultosa, hay también un par de pasos con cierta complejidad.

Conseguimos arreglar el pequeño desaguisado y ya con el camino bastante más claro, buscamos un vivac donde descansar.

Torrecerredo es el pico de la izquierda.

Vamos a vivaquear a unos 2000 metros y pico, con el Torrecerredo de fondo, y en plena lluvia de Perseidas. El año pasado fue en Jaca,

la verdad es que no podemos quejarnos.

Tras una noche de lo más descansada, nos ponemos de nuevo en marcha. Ya hay mucha gente más madrugadora que nosotras, así que solo tenemos que seguirlas, teniendo en cuenta además que nuestro vivac está justo al margen del sendero.

Vamos a ir bordeando la Torre Labrouche, dejándola a nuestra derecha. La zona está bien hitada, y vamos a pasar por alguna pedrera incómoda antes deesta chimenea, pelín complicada, pero divertida de trepar.

Tras ella seguimos en la zona de roca, trepando con cuidado, pues tenemos algún paso complicado.

La subida no es especialmente difícil, pero es cierto que hay una caída enorme, y que psicológicamente tiene pasos delicados. Casco, precaución y ninguna prisa.

Y si alguien no se ve, es mejor no forzar, que es lo que vimos que se hacia con alguna de las muchas personas que subimos este día (puente de agosto).

De nosotras, subimos cuatro de cinco, pero lo importante es llegar todas a casa.

Trepada a trepada, de repente se ve ya la cima,

Más accesible y amplia de lo que pensamos, cuenta con varios vivacs…que ostias, que estamos arriba!

Aunque como se ve, estamos hechos polvo, y pensando en la bajada, más técnica que la subida.

Eso sí, disfrutamos de lo lindo con nuestra vista de pájaro, y con las explicaciones que la gente de la zona nos da. Para empezar la cresta con el Pico de Cabrones, donde hay gente que la atraviesa…

Las vistas de los tres macizos de Picos, del mar y de las sierras del Sueve y del Cuera, de los cordales de Ponga, Casu, del Alto Aller y el macizo de las Ubiñas…se veía todo.

Y tan bien que no apetece bajar. Más cuando la bajada hay que hacerla apoyando bien, sin prisas, pues cualquier caída al principio nos precipita 400 metros al fondo de un jou.

Alguno de nosotras aprovecha una cuerda que nos ceden amablemente, y poco a poco vamos quitándonos este primer y peligroso tramo.

A partir de aquí toca ya disfrutar de lo hecho, ya sufrir porque nos quedan horas de vuelta. Recogemos las mochilas, volvemos a la Vega de Urriellu a bebernos unas cervezas y a despedirnos, mar de nubes final incluido, de estas 18 horas en dos días de caminata y trepadas.

 

Ponga, conceyu perdido. El Pierzu (1542 msnm) desde collada Llomana.

(gran parte de las fotos de esta crónica son de Nacho Quesada: http://www.nachoquesada.com).

A esta preciosidad que se ve desde Beleño, el Tiatordos, íbamos a subir la mañana siguiente de mi llegada a Asturies. También tenía mirada la otra mole de Ponga, peña Ten.

Tras una larguísima travesía para poder llegar a Ponga (carretera que más parecía caleya incluida), quedaba claro que había que descartarlo.

Ruta larga, gente con sueño y posibilidad de niebla. Así que me quedará pendiente. Pero bueno, nos vamos a acercar a un mirador privilegiado de toda esta zona: el Pierzu, con una altitud más modesta.

Nos alejamos de Beleño en dirección a Viegu, donde cerca de allí (perdón por las inconcrecciones, pero no era yo el guía de la ruta y la memoria es frágil), cogemos durante un par de kilómetros un PR (¿el 181?) que nos acerca a la collada Llomena. Hasta aquí puede llegarse también por carretera desde Beleño, ya que hay un amplio aparcamiento.

Desde aquí sale el PR AS-211, que ya no abandonaremos en todo nuestro recorrido

Comenzamos sin pérdida por una amplia pista forestal, bajo el calor impropio de estas zonas.

Son dos kilómetros la mar de aburridos, de no ser por las vistas. De una zona en la que solo había estado una vez en mi vida, y que es un mirador privilegiado de Ponga, Amieva, los Picos de Europa…

Llega un momento en el que a la derecha, en una zona conocida como la Cantera de Excueño se nos va a abrir un camino que sube bastante directo, y que está bien señalizado. Empieza lo bueno.

Porque estas rutas de media montaña es lo que tienen. Ni son tan duras ni tan difíciles como el resto de actividades que teníamos miradas por esta zona, pero no veas como pica para arriba todo.

Así que allá vamos, entre sol y felechos, pues va desapareciendo poco a poco el bosque y seguimos serpenteando hasta llegar a un collado muy evidente, el de Llano Canto.

Desde aquí tenemos el cordal que debemos seguir de frente a nuestra derecha, aunque vamos a ir despacito no solo por el calor, también porque queremos disfrutar el día pero bien.

Como digo, nos quedamos un buen rato en este mirador, donde tenemos a la vista el lago Canto con sus praderías adyacentes. Los Picos de Europa ya se ven claramente en el horizonte, al igual que el Tiatordos y muchas otras moles que no reconozco.

Se trata ahora de seguir la cresta, por un camino hitado y bien señalizado, aunque a veces nos despistemos algo. Pero vamos, en un día claro como este, lo que más cuesta es el calor y el continuo pasar cumbres secundarias de esta sierra.

Vamos a pasar, como referencia y zona de descanso y protección, por la majada de Cerboes, antes de continuar la crestería.

Y así, poco a poco, llegamos a la cumbre, aún más estupendo mirador de la zona…si no fuera porque con estos calores está todo lleno de moscas y avispas, las mejores amigas de los senderistas sudorosos.

Bajamos un poco para comer y comentar el día. También porque nos da pereza emprender el camino de vuelta, que es muy rápido si exceptuamos los dos tramos de pista forestal que hicimos al principio de la jornada.

En definitiva, buen día y perfecta compañía.

 

 

 

Peña Rueda (2152 msnm) en circular desde L.l.indes.

Hay lugares en los que, sin creer en nada sobrenatural (cosas del materialismo ateo), te provocan una sensación bastante cercana a lo espiritual.

Para mí, el conceyu de Quirós en general, pero esta zona despoblada en la linde con León, dentro del parque de las Ubiñas- La Mesa 

es uno de ellos, un lugar al que vengo siempre que puedo a escaparme de la gente y a compartir mi tiempo con el bosque.

Y sobresaliendo de este bosque, de las praderías, de sus animales y sus encantos está Peña Rueda, una de las montañas que llevaba años queriendo subir y que por una u otra razón iba dejando pasar.

Hasta hoy, en el que en el ascenso por la carretera hasta la aldea deshabitada (pero con un magnífico bar regentado por una persona con la que merece la pena pararse a hablar)de L.l.indes no paraba de pensar en que por fin iba a saber lo que se ve desde sus alturas.

Así que dejamos el coche junto a la iglesia del pueblo, sin más compañía esta mañana que los gatos…para que más.

 

(mapa cogido de internet de la página lacuruxa.org)


Al final del pueblo hay un camino en el que está señalizado nuestro camino. Lo seguimos y comienzan las primeras rampas por un sendero que enseguida nos interna en el hayedo.

Hay un par de bifurcaciones en este comienzo, pero no hay que preocuparse, están señalizadas.

Entre la soledad del bosque que nos protege del sol (hoy pocas xanas veremos) vamos subiendo en dirección a la braña de Manín Fonderu, que nos podría servir de refugio en caso de necesidad.

Aquí debería haber una fuente, pero este año ha sido seco también aquí y no encontramos nada, así que seguimos de frente, ante trazas de sendero que nos van a llevar a Manín Cimeru, impresionante campera donde pastan hoy muchas vacas y en las que pega el sol pero bien…no volveremos a ver bosque en un buen rato.

Aquí hay que estar algo atentas, pues hay una serie de caminos que nos despistan un poco.

Debemos seguir un poco en la campera y empezar a girar a nuestra derecha (en el sentido de la marcha de la que venimos), en un sendero que se retuerce en revueltas hacia arriba, para comenzar el dificultoso ascenso de la canal de Vallina Grande.

Y joder como cuesta, el camino es incómodo (no difícil, eso si) y hoy con el calor noto que me va a costar.

Eso sí, una vez pasada la canal se nos abre este espectáculo:

Descansamos un poco y proseguimos por el camino a la derecha, que nos meterá en el Cuchillar de Rueda, la opción que elegimos para subir.

Si ya me he sentido flojo a lo largo de la mañana, el Cuchillar se me hace interminable, suerte que voy con guía que abre camino.

Esta es una zona calcárea, incómoda de caminar y pesada. No es nada aérea excepto en su tramo final a pesar de ir por la cresta de la montaña, pero te va minando porque la subida se hace larga y pesada.

Eso sí, no piensas en eso cuando se te abre el Aramo de esta manera:

Y de repente, la cima.

Sin palabras, con las Ubiñas delante. Después de tantos años con ganas de estar aquí, por fin lo podemos disfrutar. Aunque hay que pensar en el descenso, que en vez de hacer por el mismo lado queremos realizar en circular bajando por los puertos de Agüeria, quizás la zona más bonita que haya pisado jamás…

Pero de eso hace unos años, así que nos pensamos la bajada antes de decidirnos. Nos asomamos a la ladera SO donde el camino se ve claro, en una bajada que es rapidísima y con mucha piedra suelta.

Delante nuestro picos como el Huertu del Diablo o el Ranchón, que superan también los dosmil metros. Y nosotras que debemos bajar hasta el colláu Fontes, que se ve claro en el descenso, pero al que es más complicado bajar directos sin desviarse. Debemos tener claro que tenemos que llegar, según bajamos, a la vertiente de nuestra izquierda; nos servirán de ayuda visual alguna de las cabañas a las que debemos dirigirnos.

Una vez en el collado, nos dirigimos por alguno de los senderos de ganado, y rodeados de vacas y caballos (sin ver ningún humano en los alrededores) hacia las majadas que tenemos vistas anteriormente (Cardosina, Cerezal, Piornal…son varias, no sé a cual nos acercamos nosotras).

Descansamos y como esta zona está sin sendero, nos acercamos al cauce que forma el valle de Agüeria. Esto nos sirve como referencia a la hora de internarnos (con mucho cuidado, respeto y silencio, estamos en un lugar único) en los bosques de acebos donde nos llevamos sorpresas como encontrarnos de frente con un grupo de caballos descansando.

Saldremos poco a poco de la masa boscosa (aunque nos quedaríamos a disfrutar horas, pero el camino es largo y nos pesan las piernas), siempre a la vera del río.

Da pena dejar esto atrás, eso si…

Vamos a seguir bajando, siguiendo el río por una u otra orilla según nos lleve el sendero, hasta llegar a la estrechadura de la Foz Grande:

La foto no hace justicia a lo impresionante del lugar, es una pena. A partir de ahí, siguiendo el río como referencia, tenemos que subir un poco antes de internarnos en el bosque al acabar el desfiladero. Tenemos aquí un camino claro, muy bonito, con algún puente de estos de ensueño por el que cruzar.

Ya solo queda seguir caminando, evitando bifurcaciones innecesarias (hay un momento que podemos ir a la majada de Manín de nuevo para volver por allí, lo que sería más largo, por suerte está señalizado…con cartel en el suelo), en un tramo que se nos hace largo tras los 1300 y pico metros de desnivel positivo que llevamos.

Volvemos de nuevo a L.l.indes, sus gatos, su iglesia y su bendita falta de humanos.

Tras una de las rutas de montaña más guapas que hice nunca.

 

 

Despedida y cierre: La Gamonal (1710 msnm) desde el Angliru.

Continuamos con la descripción de las rutas que hemos hecho estas últimas semanas en Asturies. Aunque esta fue la última, la de la despedida (de momento), queremos hacerla hoy después de ver a los ciclistas sufrir en la vuelta a españa.

Porque nosotras hicimos parte de ese recorrido hace unos días…andando.

Nos íbamos ya, pero queríamos despedirnos de la montaña asturiana en una ascensión rápida y cercana, por lo que elegimos acercarnos de nuevo a la sierra del Aramo, por la parte de Riosa, para hacer una subida rápida a la Gamonal y disfrutar de sus vistas.

Y decidimos hacerlo desde el Angliru, puerto donde dejamos el coche a 2 kms. y medio de la cima, desde donde empezamos a caminar.

Y a sufrir. imaginando como debe ser hacerlo en bici (cosa que valoramos, pero decidimos dejarlo para mejor ocasión). Ya habíamos hecho un tramo de carretera un día que estaba cortada por la nieve para venir a la Barriscal, en el que tuvimos que dejar de lado la Gamonal, una de las montañas más conocidas de la sierra.

Hoy, en un día más favorable, nos acercamos lentamente a ella, que se vislumbra rápidamente en el horizonte, dejando ver también la cercana Mostayal, el Mosquil….cumbres con menos altitud pero igual de bonitas de pisar.

Una vez en el aparcamiento del Angliru, vamos directamente a la base de la montaña, visible por su geodésico, sus antenas y por ser la más cercana al párking.

Seguimos los hitos que nos llevarán a su cumbre siguiendo a ratos los hitos y marcas de pintura, aunque la cumbre es tan evidente que no hace no falta.

Media hora escasa nos hace falta para coronar, y estar en la cima una vez más, que era lo que queríamos antes de tener que marchar de la tierrina.