Presentación

Llevaba tiempo con ganas de crear un blog donde expresar lo que me pasa por la cabeza cuando hago deporte.

Algo que es más bien diferente a la imagen “oficial” del mismo. Un mundo de competitividad, de enfrentamiento, de jerarquías, de especialización, de ser el mejor.

Me gusta más bien pensar en la actividad física como un juego, una forma de relacionarse con el entorno más cercano y con las personas con las que deseas estar, al margen del trabajo y del ocio prefabricado.

Diversión, relajación, esfuerzo, y por supuesto, superación personal, pero entendida no como un enfrentamiento con la otra persona, sino como conocimiento de uno mismo y ganas de sacar más de ti.

Es por eso que me centraré principalmente en el mundo de la montaña, ya que pienso que es el lugar donde aún se encuentran con más facilidad esos valores que entran en confrontación directa con el mundo moderno.

También porque es donde yo personalmente me encuentro más agusto. Queda abierto tanto a otros deportes como a las personas que queráis participar, ya sea escribiendo algún artículo, recomendando algún texto o realizando alguna crítica constructiva. Podéis hacerlo aquí.

Sin más, muerte al Estado.

Runkamina 2017: Entre las Batuecas y las Hurdes.

-Agua de sierra y sombra de piedra-

Este año es nuestro tercer año en el Runkamina, y como notición, era el primero que salía de la Ribera del Duero, su lugar natural, para conocer otros lugares allende las tierras burgalesas. Por llegar, llegamos a rincones del antiguo Reino de León, dentro del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia y bajamos hasta las Hurdes extremeñas, las de Buñuel y el Ciripolen.

Y lo mejor de todo, esta crónica es colaborativa, adivinad quienes hemos escrito cada cosa y tendrá el honor de llevar la bota de vino el año que viene.

PRIMER DÍA: JUEVES 13 DE ABRIL

Hablamos del primer día, pero nos olvidamos de la tarde anterior, cuando decidimos escapar del atascado Madrid (casi no lo conseguimos) y tras un periplo que parecía no acabar nunca entre las tierras de Salamanca y Cáceres, con la sierra de Candelario al fondo, dejamos el coche en Cabezo (Hurdes de Extremadura y final de la tercera etapa).

Allí, tras una frugal cena, nos acercamos hasta San Esteban de la Sierra, donde teníamos comida y cama gracias a la hospitalidad local.

La mañana del 13 salimos, animados tras un buen desayuno y disfrutando a la luz del día de la bonita arquitectura de la zona. Delante nuestra tenemos 15 kms. entre San Esteban y Villanueva del Conde. Este año, trazado más corto pero bastante más escarpado, y hoy nos tocaba etapa rompepiernas.

En la plaza del pueblo cogemos el sendero que nos había de llevar hacia el pueblo de Valero, por un camino vecinal recuperado y señalizado (aunque todo hay que decirlo, en estos días, junto a los tramos de PRs y GRs que utilizamos, cada ayuntamiento señalizaba a su manera en vez de unificar la señalética. Aún así, nos fue bastante sencillo).

Nada más salir nos llama la atención este cigueñal, para sacar agua de los pozos:

Y nos metemos en el sendero, que va gran parte del tiempo a media ladera y con cobertura vegetal: un bosque mediterráneo precioso, con con encinas, alcornoques, jara, brezo, roble (quercus pyrenaica)… una preciosidad, lástima que no se observe bien en las fotos.

Este tramo es sencillo, y además tenemos a la izquierda el río Quilamas, que baja limpísimo. Al rato tenemos el pueblo de Valero delante nuestro, con el pico Cervero (de 1465 msnm y techo de la sierra de Quilamas) marcando imponente.

Además, algunos disfrutan de los bancales hechos para poder cultivar, porque la pendiente es lo suyo.

Ah! Y aunque se políticamente incorrecto, hay unas plazas de toros rarísimas en esta zona en las que hay porterías de fútbol sala y todo. Vaya con la etnografía.

 Aquí hacemos una parada antes de afrontar, ya con el calor, una subida a la ladera que veis a la izquierda. Al comienzo pica, y luego nos vamos metiendo de nuevo entre arbolado.

 Este tramo es muy rompepiernas, y lo vamos disfrutando a la par que sufriendo, viendo lo adelantado que está todo por el calor, y aprovechando algunas bajadas a los arroyos que cruzamos para no pasarlo tan mal.

La zona de media montaña es preciosa, eso si. Es lo que tienen estas zonas, tan alejadas de todo. Soledad, tranquilidad, y el poder observar fauna y flora muy bien conservada.

Todo el esfuerzo tiene recompensa, y poco antes de comer llegamos a unos estanques donde podemos refrescarnos de lo lindo. No hay fotos porque desconocemos si para las leyes consuetudinarias de la zona los cuerpos desnudos están prohibidos y reciben algún castigo. Sea como sea, y estando es semana santa, mejor no forzar.

Después del baño, la comilona y la modorra, nos cuesta caminar, aunque tenemos muy cerca los pueblos de Garcibuey primero, y de Villanueva del Conde (por un sendero señalizado de una forma curios, pero efectiva) después, que es donde nos quedamos.

Este año la logística, al estar de forasteros, ha sido increíble: no solo nos consiguen sitio para dormir en las escuelas del pueblo, si no que además las mochilas, tiendas y cocina de campaña nos las lleva la infantería motorizada.

Aún así, va y me pongo malo para el resto del viaje, lo cual es una pena.

SEGUNDO DÍA:  VIERNES 14 DE ABRIL

Tras una noche de más descanso de unos que de otros, nos acercamos primero a la plaza del pueblo a saludar a esta olma que merece nuestro respeto:

De los poco ejemplares de Ulmus minor (el olmo negrillo de toda la vida) que quedan por la grafiosis, impresiona ver su altura, su grosor y el pensar en los siglos de conversaciones que se habrán tenido bajo sus ramas.

El destino final de la etapa de hoy es también el más conocido: La Alberca, turístico pueblo de la zona, conocido por su arquitectura tradicional y su fervor religioso. A mí lo del fervor, si no es el de la leche, como que me da igual, pero la arquitectura de aquí es increíble.

Eso si, todos los pueblos de esta zona tienen esa misma trama en las casas, a pesar de que turísticos solo sean unos pocos. En el resto podemos pasear tranquilos por sus calles, ambientadas de gente estos días de guardar.

Nos encaminamos primero al pueblo de Sequeros, con senda marcada, donde vamos a pasar por un bosque precioso de castaños. Estos no están injertados porque no los tienen para dar fruto, si no para madera…extraños estos asturianos del sur, la verdad.

Ya empezamos a tener de fondo las sierras de la Alberca y de Francia,

Y también en otra dirección las de Candelario y Béjar.

En esta etapa, también de 15 kms. y rompepiernas, vamos a pasar camino de San Martín del Castañar por un bosque relicto de roble carballo (Quercus robur). El más al sur de Europa, según parece ser.

Y una vez en San Martín, vamos a visitar su castillo, reconstruido como centro de interpretación del Espacio de la Biosfera que es esta zona.

Todo esto antes de visitar la iglesia, como no, y de buscar el río (con merendero) para el condumio y la inevitable siesta. Que ya son leguas andadas y hay que continuar, esta vez ya hacia la Alberca y de nuevo por sendero marcado, esta vez un PR.

 

Este tramo es un poco arisco al principio, aunque luego se sube a una especie de páramo con estas vistas tan bontias de la sierra de Candelario (en la que por cierto, no he estado jamás…)

Para mí, junto a los tramos de castaño y rebollo me parece lo más bonito del día, y eso que queremos canear para llegar pronto a La Alberca. Pasamos un cruce de caminos (literal, marcados los cuatro puntos por piedras) y nos hacemos un laaargo tramo final hasta una Alberca en semana santa a lo bestia. Así que nos quedamos sin ver el pueblo, oculto por el turismo de masa, y nos vamos al polideportivo que nos servirá de morada esta noche: eso significa fútbol y sopa de ajo. Aparte de vino y otra noche sin apenas dormir.

TERCER DÍA:  SÁBADO 15 DE ABRIL

Tras la magnífica noche pasada en vela, nos tocaba la etapa más dura de este año (y de mis años de runkaminante): íbamos a pasar de La Alberca a las Hurdes, en Cácereres, que eran tributarias de esta anterior localidad.

Del sur del Reyno de León a la Extremadura, de Las Batuecas a Las Hurdes.

Cogemos el PR “Camino de La Alberca- Las Batuecas”, que nos lleva en una ligera subida, por pinar de repoblación, hasta el puerto de “El Portillo”, a 1240 msnm. Desde aquí ya tenemos una visión de la divisoria bastante clara; también del sendero de bajada hacia el monasterio de san josé de Las Batuecas.

Una vez allí, tras un breve descanso y dejar a las heridas (el frío, el cansancio y los virus pasan factura), seguimos por el PR bordeando el monasterio, llaneando por un arroyo a horas cada vez más calurosas…y dirigiéndonos a los canchales, algo maravilloso para hacerlo al mediodía (no pain no gain, amigas).

Por la zona en la que hemos pasado, aparte de vegetación de ribera y encinar hemos visto unos tejos gigantes, además de acebos…y aun queda lo mejor.

¿Veis esos canchales? Pues más o menos hacia esa zona nos dirigimos, frontera entre dos tierras duras, pero bellas.

Y lo que nos encontramos antes de salir a la roca son unos roblones grandes grandes también, que nos dan sombra antes de la subida final.

Final por decir algo, ya que, aunque estamos muy muy cerca de la divisoria, el sendero caracolea haciéndonos sufrir. Eso sí, tenemos una última sorpresa: en algunos momentos nos sobrevuelan buitres negros, así que no podemos pedir más.

Cuando llegamos al collado, alomado y boscoso, el paisaje cambia: más monótono, menos abrupto, quizás más pobre.  Estamos en las Hurdes, y vamos a comenzar una vertiginosa bajada entre brezal camino de Cabezo, final de etapa y que además está en fiestas.

Llegamos tras una etapa larguísima (aunque en el libro de ruta no lo ponga así, calculamos más de 20 kms. y yo creo que unos 800 metros de desnivel positivo, algo desacostumbrado al caminante runkaminero). Eso si, para mí la etapa más bonita de estos años…que hubiera disfrutado si hubiera dormido algo.

CUARTO DÍA:  DOMINGO16 DE ABRIL

La cuarta y última etapa de este Runkamina Serrano nos llevaba río arriba por el valle más oriental de las Hurdes. Desde Cabezo, donde hicimos noche tras echar algún pasodoble en la verbena de sus fiestas, cogimos un sendero bien marcado conocido como la “Ruta de Alfonso XIII”.

Este PR, que nos conduciría hasta el final de nuestra marcha, recuerda la visita que el monarca hizo a la por entonces olvidada comarca jurdana en 1922. Retomamos senderos montañosos, siempre con piedras a nuestros pies, y con las vistas del valle y la sombra de los árboles sobre nuestras cabezas. Y así llegamos al pueblo de Ladrillar, al que la comitiva real de los años 20 había llegado por el camino que en la actualidad es la carretera.

El último tramo que llega hasta Riomalo de Arriba discurre junto al cauce del río, que nos permitió una vez más refrescar nuestros cuerpos. Y como colofón a la octava edición de este encuentro de caminantes inquietos nos esperaba una paella que saboreamos con la satisfacción del camino ya realizado.

Inagurando la primavera en la Vía Verde de Picadas (Pelayos de la Presa).

Bien, seguimos aprendiendo que es esto de montar en bici, y nos vamos a acercar a nuestra querida Sierra Oeste madrileña.

Porque nos pilla cerca, porque nos encanta esta zona y porque además tiene una Vía Verde asequible para todas y que se puede hacer en un rato por la tarde.

Nosotras llegamos a la zona por la M-507 desde Aldea del Fresno (aunque lo habitual es empezar en Pelayos de la Presa) y nos vamos a meter por la carretera asfaltada que baja directa hasta el embalse, donde comienza la Vía Verde:

Tras esta bajada comenzamos a pedalear en un terreno de grava completamente llano, que nos va a permitir rodar muy rápido; lo único, las barreras que cierran el camino y que a veces están bajadas y el hecho de que haya mucha gente paseando.

Por lo demás, un entorno bonito donde domina el pino piñonero, los cortados donde hay bastantes rapaces (recomendado ir cuando va anocheciendo y queda poca gente; de hecho la zona está en una ZEPA) y el frescor primaveral del río Alberche embalsado en  esta primavera.

Vamos a cruzar diversos puentes, y a la mitad más  o menos del camino existen unas vías de escalada y una pista que nos llevaría a Navas del Rey.

Nosotras seguimos hasta cruzar al otro lado del río, y llegar enseguida a la zona conocida como “La depuradora”. Allí acaba el trayecto, aunque lo podríamos alargar más.

Es zona recreativa, y está hecha una auténtica mierda. Lástima, porque como hemos dicho es un sitio con una gran riqueza natural.

Tras otear futuras rutas por la zona (también es un sitio chulo para venir a andar, sobre todo en primavera y otoño), volvemos, haciendo el recorrido I/V, con una bonita subida final de la carretera que enlaza el embalse con las carreteras principales.

 

 

 

El Pico del Lobo (2274 msnm) por la canal central del Alto de las Mesas

Después de mucho, mucho tiempo, volvemos a la sierra de Ayllón, a nuestro querido Pico del Lobo.

En esta ocasión con la idea de ascenderlo en una de las últimas invernales de la temporada, por la canal central del Alto de las Mesas. Nos va a suponer un desnivel de unos 800 metros positivos, en unos 8 kms. Y por una canal de unos 40º / 45º de inclinación, vamos a ver.

Madrugamos mucho, contando con coger bien la poca nieve que queda. Y nos plantamos en la estación de esquí de La Pinilla antes que nadie.  Aunque hay niebla, parece que se ve claro donde tenemos que ir: subir a fuego por los remontes que tenemos a nuestra izquierda hasta el denominado “Gran Plató”.

Llegamos al “famoso” Gran Plató y la niebla se nos está echando encima. Vaya faena, porque no tenemos mapa de la zona, y la idea está clara en la cabeza…porque lo que es sobre el terreno…

Así que seguimos con bastantes dudas, siguiendo la línea de remontes (para algo nos ha servido este destrozo ecológico).

Aunque nos planteamos dar la vuelta, encontramos huella, lo que nos permite seguir por el buen camino.

Al principio nos sorprende lo empinado que se pone, pues esperamos la inclinación más adelante. Luego, vamos disfrutando del estado de la nieve, que está ideal: dura, con huella para no perdernos pero sin hacer escalera, y encima cuando se nos abre la niebla podemos visualizar el camino:

El evidente canal central del Alto de las Mesas (aunque hay quien lo considera canal derecho. En todo caso, hay poca información en internet, es cierto que si el día está despejado la subida es muy evidente, pero ojo con los días malos).

Y a la derecha los corredores que se forman en el cresterío del Mirador. Aquí nos dividimos, dos vamos directos a la canal mientras que mandamos un explorador a uno de los corredores, que están en buen estado y se pueden subir bien. Mientras, nosotras seguimos por nuestra canal.

A veces debe formarse cornisa, pero hoy tenemos la salida clara, y al otro lado, el viento y la niebla nos dan un descanso y nos permiten disfrutar de las vistas de la zona, con la que creo que es la Sierra del Rincón al fondo y el Cerrón en primer término. Una estupenda y solitaria subida.

Y tras el reencuentro, vamos hacia la cercana y feúcha cima, aunque hoy con la nieve, el viento y la niebla tiene hasta encanto.

Y ya para abajo, por la vía normal que a través del collado del Aventadero, y tras adentrarnos en el pinar, nos lleva de vuelta a la Pinilla, con sus construcciones a la suiza y de ahí a casita.

La primavera en que reinó una anarquía demente en Madrid.

Volvemos a las colaboraciones después de mucho tiempo. Y volvemos a nuestro deporte favorito, el B-A-L-O-N-C-E-S-T-O, de la mano de Santi Escribano (@santiescribano).

En realidad le fusilamos, con permirso, un artículo escrito en Playground Magazine en el que nos habla como no del Estudiantes. Ese Estu del 92 que hizo soñar a mucha gente, que como todo en la vida tiene una historia detrás mucho más material que épica y que podéis leer a continuación (el artículo original con todas las fotos y vídeos lo podéis leer pinchando aquí):

“Lo mejor de los 80 fue el basket, todo lo demás fue un auténtico desastre”, rapeaba un nostálgico Tote King en su tema NBA. Pero… ¿y de los 90? Por supuesto: el basket también. Y no hace falta irse al otro lado del Atlántico.

Hablemos de cuando un equipo fundado en un colegio se coló entre los cuatro mejores de Europa pero, sobre todo, se convirtió en un fenómeno social. Hablemos del Estudiantes de 1992.

I- El zarpazo del oso a la historia de losers

Dicen que cuando John Pinone aterrizó en España por primera vez, con la temporada empezada en 1984, un joven Manolo Lama le auguró en la SER una corta carrera en España: “está gordo, fuera de forma”.

Cuando el Oso Pinone aterrizó en España por última vez, el pasado viernes, le esperaban en la rueda de prensa TVE, Movistar+, El Mundo, El País, COPE, Marca… algo nada habitual tratándose de la liga ACB. Su presencia era el gran reclamo del homenaje al Estudiantes del 92 que el club montó con motivo del 25º aniversario de la mejor temporada de su historia: campeones de Copa, en la Final Four, semifinalistas en ACB y un impacto social tan loco que hizo honor al nombre de su afición: la Demencia.

Lo que significó el Estudiantes del 92 cuesta explicarlo 25 años después. Es algo que pegaba tanto con aquel inicio de los 90 donde parecía caer un viejo régimen (la politizada y hortera caspa ochentera de la guerra fría y la transición); y llegaba la modernidad en forma de siglas variadas: AVE, JJOO, CEI en lugar de URSS, The battle of LA y la ONU mirando a otro lado ante las masacres fratricidas en lo que antes era Yugoslavia.

¿Por qué no iba a ser posible entonces que un equipo de baloncesto fundado en un colegio madrileño y que había vivido siempre a la sombra de sus poderosos vecinos del Real Madrid marcase la pauta? ¿Por qué no iba a partir la pana en las gradas un grupo de animación con nombre de enfermedad mental y que reivindicaba como suyas las luchas del ayatolá Jomeini y Juana la Loca?

Pinone, el Oso Pinoso, es el jugador más importante de la historia del Estu. Por estadísticas, palmarés, pero sobre todo por impacto. Es el tipo que cambió la mentalidad conformista de un equipo como Estudiantes que entendía que ser un “patio de colegio” significaba regodearse en la derrota y que las victorias fueran accidentes a disfrutar. Lo hizo un habitual en competiciones europeas, fases finales de ACB y que las victorias fueran una consecuencia. Un poco como lo que ha hecho el Cholo como entrenador del Atleti. Complejos fuera. Y algo de pasta, claro.

II- Y la moda es el negro y el amarillo

Por eso, el pasado fin de semana, el WiZink Center de Madrid (aka Palacio de los Deportes de la Comunidad) se llenó de camisetas negras con la publicidad amarilla de Caja Postal para recibir a Pinone, Azofra, Pedro Rodríguez y demás integrantes de la plantilla del 92 en el partido que enfrentaba a Movistar Estudiantes con el Baskonia.

Camisetas negras que, cuando dos días antes se sacaron a la venta en plan edición retro limitada para coleccionistas, supusieron el récord de venta en un solo día en la tienda oficial del Estudiantes. En la época ya fue una camiseta superventas. Era de esos colores por el patrocinador: la Caja Postal de Ahorros, caja de titularidad pública que ya no existe. Ahora es una porción del gigante privado BBVA.

Que el Estu le comiera la tostada al Real Madrid –y de forma paralela este proceso sucediera en Catalunya con el Joventut subiéndose a las barbas del Barça- para muchos era una especie de revolución contracultural en el deporte. Ambos, Estu y Penya, compartían un modelo similar, una fórmula mágica que se repite como un mantra, tan fácil de decir como difícil de lograr: “dos buenos americanos y canteranos con talento”.

La cara B no se suele ver, claro. Ni la Caja Postal ni Montigalà -propiedad de Banesto- eran ONGs que ponían su letrerito en la camiseta por dos duros, sino patrocinadores a la vieja usanza que soltaban la plata sin miedo al ridículo. Jofresa en la Penya y Herreros en el Estu cobraban más que alguna plantilla ACB actual entera.

Pero no me voy a poner cenizo, que esto iba de ver qué maravilloso era todo antes y no de hacer como uno de los temas que lo partía en las radios de entonces, el Cómo hemos cambiado de Presuntos Implicados. Mejor tendamos al Smells like teen spirit, a la inocencia juvenil de una peña que en muchísimos casos ahora son cincuentones oficinistas votantes de Ciudadanos y entonces se enfundaban sin miedo al ridículo en chilabas y turbantes proclamando “Alcobendas marroquí y una mierda pal Madrid”.

III- La leyenda que no quiere serlo

Ante este arranque de nostalgia colectiva, el propio Pinoso fue muy crítico. “ No entiendo cómo siguen coreando mi nombre. Hace tantos años, han pasado tantos jugadores… Yo tengo una máxima: las cosas terminan y no me gusta mirar para atrás sino hacia delante” nos dijo a la prensa. “Es un honor que no me olviden, pero debéis vivir el momento y mirar al futuro”.

El mito que no quiere ser mito. La leyenda que reniega de su condición.

“Es que eres una leyenda, John”, le dijo el periodista de Movistar+ Jose Ajero en una grabación de esa maratoniana jornada de entrevistas para ganarse su complicidad.

“Porque tú me ves así. Soy normal y ahora estoy hasta la punta de…” respondió con un particular “zarpazo del oso” dialéctico.

Dicho y hecho: última entrevista del día y por fin en inglés. El resto de la mañana había atendido a los medios, armado de paciencia -la madre de la ciencia-, en su inconfundible castellano con acento de Connecticut. Allí es donde Pinoso, el tío que cambió la historia del Estudiantes, vive actualmente junto a su mujer y tiene una vida que suena poco a mito y más a la del estadounidense medio: asesor financiero y entrenador de un equipo de instituto.

“Los jefes son muy futboleros, siguen poco el basket. Pero cuando les he dicho que traíamos a Pinone no han dudado. Es más conocido que la inmensa mayoría de jugadores actuales. Y de los 80 y 90, sin duda. ¿Qué jugador del Real Madrid de principios de esos años podrías decir?” razona Ajero.

Pero si lo de Pinone es para flipar, el impacto social que supuso la afición de Estudiantes, la Demencia, es un sinsentido.

IV- ¿Te comprarías la hamburguesa Demencia?

El fenómeno ya venía de antes, de los años 80. La Demencia, básicamente, era una coña marinera surgida en el instituto Ramiro de Maeztu que usaba los partidos de su equipo, el Estudiantes, para hacer el ganso.

Ya en los años 80 llamaba la atención de los rivales y los medios, en el vetusto pabellón Antonio Magariños, por su particular humor. Por pura provocación ochentera asumieron como propio el discurso de los ayatolás: “Reagan es un carca, Breznev un invasor, y a todas luces salta que Jomeini es el mejor”. Pero, entre tanta provocación cuasi adolescente, una seña de identidad irrenunciable: “la Demencia anima sin violencia”.

Sin violencia física, que la verbal se practicaba y en estos tiempos de Flanderismo meapilas supondría escándalos mayúsculos e incluso alguna pena por terrorismo. “Con la espada de Alá cortaremos la mano de Elías”, se podía leer en el partido culmen de aquella temporada 1991-92, la eliminatoria contra el Maccabi de Tel Aviv israelí que se decidió con un oportuno resbalón de su estrella, Dorom Jamchi, en la última jugada.

La macarra referencia a “la mano de Elías”, nombre del pabellón del para nada apolítico ni aconfesional conjunto de Tel Aviv, hoy en día supondría un conflicto diplomático. Entonces la prensa rió la gracia.

¿Por qué?

Muy sencillo: a principios de los 90 el fenómeno ultra en los campos de fútbol españoles vivía sus particulares años de plomo. Las muertes de Frédéric Rouquier o Guillermo Alfonso Lázaro eran la punta del iceberg de la violencia en el deporte. Y como contrapeso a eso, encontrábamos a unos deslenguados chavales de instituto vestidos de moros que daban colorido a la grada. ¿Que mosqueaban al árbitro diciéndole ‘usted tiene el SIDA’ cuando era una lacra que no sabíamos cómo detener? Bueno, al menos no le estaban tirando bengalas.

Esto generó un fuerte apoyo institucional al modelo Demencia. Acompañado de los éxitos deportivos del equipo, aquello fue un fenómeno social en toda regla que nos dejó algunos momentos tan surrealistas como… puramente noventeros.

Un grupo de chavales con chilabas y politos pijos recibiendo el premio 7 estrellas del deporte de la Comunidad de Madrid. La entrega del premio Infantas de España. Los Inhumanos anunciando a bombo y platillo la grabación de un single con la colaboración de la Demencia. Conflictos legales sobre quién tenía registrada la marca “Demencia” tras mostrar interés Burger King en hacer una hamburguesa con su nombre

La Demencia sigue existiendo, claro. No es una peña al uso, ni mucho menos un grupo ultra. Y tiene mérito. Ahora que el Estudiantes ve como un éxito casi inalcanzable entrar en playoff y que a la policía del pensamiento amparada en la ley del deporte ya no le hacen gracia las ironías sobre el fundamentalismo islámico ir a la grada a animar es un acto de fe y no una moda como fue en aquellos primeros 90.

Y esos jóvenes que cuando Pinone colgó las botas estaban pensando si nacer o no, colgaron una pancarta en el homenaje del pasado domingo a aquellos héroes del 92 que resume muy bien el tema: “25 años de resaca”.

fotos cogidas de la publicación original, cedidas por el Estu.

 

 

Subida al Alto de Guajara (2718 msnm), en el Parque Nacional del Teide.

Habíamos ido a las Islas Canarias, en concreto a Tenerife, con un objetivo muy claro. subir al Teide. Además, como se había estropeado el teleférico días antes, contábamos con poder subir a la cumbre en soledad. La nieve le iba a dar un toque aún mejor…pero va y nos cortan la carretera el único día que podíamos subir.

Vale, intentamos al día siguiente subir el Pico Viejo…pero tampoco puede ser, no tenemos horas suficientes. Como última opción nos aparece esta: una montaña que no conocíamos, de altitud considerable pero de rápido y fácil ascenso; allá nos vamos, a disfrutar de un Parque Nacional que no conocía, a hacer montaña en unas condiciones diferentes.

El coche lo dejamos, apartando turistas a manotazos (esto del conservacionismo parece que no se quiere entender) en el aparcamiento que hay en la ermita de las nieves y el parador nacional, con los Roques de García enfrente.

La montaña la tenemos justo enfrente, en la zona conocida como Pared de la Calder, serán unos 10 kms. y cerca de 800 metros de desnivel. Fácil y explosiva, es bien.

Además, la montaña forma parte de la mitología guanche, el pueblo exterminado por los colonizadores castellanos. Según se cuenta, Guajara era una princesa guanche que al perder a su amado Tinguaro en la batalla de Aguere fue hasta aquí y se lanzó al vacío desde la montaña.

Justo al lado del parador sale un sendero con las marcas del PN (El nº4, “Sendero de Siete Cañadas”. Ese es el nuestro. Es parte del antiguo camino de Chasna, que cruzaba de N a S. la isla.

Vamos llaneando, por este particular suelo volcánico. Vamos a cruzar una pista de tierra, que ignoramos, continuando por el sendero que empieza a coger altura.

Como en todo parque nacional, el sendero no tiene pérdida. Solo las revueltas que nos ayudan a ganar altura, y el notar la altitud tras estar en la playa los días pasados se hacen notar un poco.

Eso sí, solo con ver las Cañadas del Teide ya ha merecido la pena venir. Es como estar en la Luna (casi literalmente, pues en el alto al que nos dirigimos se instalaron a finales del XIX  principios del XX instalaciones astronómicas que dieron nombres de esta zona a regiones de la Luna).

Hemos ido subiendo hacia un collado, aquí llamados “degolladas”, que al llegar nos va a llevar hacia otro. El camino no tiene pérdida, eso sí, esta zona es más dura, exige caminar con calma salvando el desnivel rocoso, y pasando por una zona un poco más expuesta, que es la parte más bonita del recorrido:

Lástima no acordarme del nombre de esta degollada, donde aún hay algún pino canario (que se diferencia porque tiene 3 acículas en vez de 2).

Y ya tenemos la montaña más cerquita:

Hay que decir que en un momento cambiamos del sendero nº5 al 15, que es el que nos asciende al pico. No hay pérdida, y aunque pasamos por alguna zona de desprendimientos, no se complica en exceso.

Y además, las vistas merecen la pena:

A partir de aquí el sendero se suaviza, y nos va llevando en un suave ascenso casi hasta la cumbre. Es curioso ver como a cada cambio de vertiente el paisaje cambia constantemente de color, de forma…fascinante y con el Teide al fondo, que nos da rabia porque tendríamos que estar bajando de allí a esas horas…

En unos minutos bajamos a la llana cumbre, desde las que tenemos unas vistas…que vaya vistas!

De izquierda a derecha tenemos el Pico Viejo, el omnipresente Teide y la Montaña Blanca.

Desde allí descendemos un poco y en vez de bajar por el mismo lado, cogemos el sendero en dirección a la degollada de Guajara, que nos enlazará con los senderos 5 y luego de nuevo con el 4 para hacer así circular la ruta:

No llegamos a tener mar de nubes, aunque sí niebla que no llega a traspasar nuestra vertiente. Eso hace el sendero más entretenido, pues esta parte es más sencilla y sube más gente.

El Teide siempre lo tenemos presente. Una cosa que nos llama la atención es que no se observan apenas aves e insectos, imaginamos que por lo extremo del lugar y la altitud.

Aún así es una pena no habernos interesado más en la flora y fauna de la zona. Nos queda pendiente.

Una vez de regreso al parador nos acercamos a ver los famosos Roques de García de los billetes de mil pelas…

Y a despedirnos hasta la próxima ocasión.

Reseña de “Al filo de la escalada, memorias de un alpinista”, de César Pérez de Tudela.

Es complicado reseñar un libro de alguien que no te cae bien. Pero es algo aún más difícil reseñarlo cuando anteriormente a leerle te era un completo desconocido.

Por mucho que Pérez de Tudela haya sido pionero del alpinismo español, cara mediática y reconocida no solo por sus escaladas, el hecho de que yo no sea un lector habitual de literatura de montaña y el haber estado alejado de la mitología de las grandes cumbres explican este hecho.

No me cae bien por su pasado (ex-policía de Franco, simpatías hacia el falangismo), así como no puedo simpatizar con varias de las ideas machistas y etnocéntricas que expresa en el libro.

Y desconocido, cayó este libro en mis manos de casualidad; estaba en la biblioteca pública que frecuento.

Al pensar en su lectura, puedo decir que me haya agradado en exceso. La edición es mala, con muchas erratas, lo cual no ayuda, la prosa, que tiene bastante chispa y te mantiene enganchado a la lectura, a veces es sin embargo repetitiva y poco clara.

Y aún así, os recomiendo su lectura. ¿Y porqué?

Pues porque para empezar, el no simpatizar con una figura no es motivo para obviar su existencia, sus aportaciones y sus análisis. Y en este caso, Pérez de Tudela es como hemos dicho, precursor y figura fundamental del alpinismo ibérico, que en años posteriores ya sabemos las cotas que ha alcanzado. Aunque es verdad que ese ser “figura fundamental” acaba viéndose en el ego que exhala el libro, eso consigue darle un toque personal muy peculiar e interesante, así como sus polémicas varias en este mundillo.

Por otro lado, consigue mantenernos en vilo en gran parte de sus relatos. Muy interesantes resultan sus relatos de ascensiones y escaladas en lugares cercanos, que todos conocemos, como La Pedriza, Gredos, Montserrat o los Picos de Europa.

Pero también el recorrido por todo el mundo, desde cumbre míticas como el Everest, el Aconcagua o el Annapurna, como sobre todo algunas desconocidas y fuera del circuito habitual, situadas en lugares como Filipinas, el África negra o Sudamérica. Para mí eso tiene un valor importante, ya que contrapone la idea de conocer lo desconocido (con ese eurocentrismo que he comentado antes, pero bueno) por encima de las altitudes, las marcas, las prisas…que caracterizan el montañismo moderno.

Quizás lo más interesante de todo, en la parte teórica, sean sus planteamientos en temas polémicos y objeto de debate: el tema de los rescates en montaña, la idea filosófica unida al montañismo o el uso de guías, porteadores nativos, campamentos equipados o la financiación.

En todo caso un libro ameno, con sus fallos, que para alguien que sea amante de la montaña y maneje las claves básicas del mundo del alpinismo le va a resultar interesante por las posturas que plantea.

Y que como debe ser, te pica la curiosidad por ciertas montañas; que para mí es el objetivo fundamental en los libros de esta temática.

 

Vuelta a la media montaña. El Almojón (1178 msnm) desde la ermita de Navahonda (Robledo de Chavela).

La previsión esta semana era muy mala, así que como no queríamos quedarnos en casa, decidimos acercarnos a una de esas zonas casi desconocidas para muchos montañeros: la zona Oeste del Guadarrama, a sus últimas estribaciones.

Ya habíamos estado en esta zona, recorriendo otra parte del cordal, y hoy volvimos porque la verdad, nos encantó este terreno agreste, poco transitado.

Salimos desde la ermita de Navahonda, por el GR-10 que va hacia el pueblo de Robledo de Chavela, por un camino suave pero incómodo de caminar (era peor para las bicis que nos cruzamos, porque caminantes solo estábamos nosotras).

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El día está mejor de lo que pensamos. No llueve y hay algo de niebla, el problema es que veníamos preparadas para pasar más frío y nos estamos asando en el camino que lleva hacia el collado de Navahonda.

Llegando al collado, a 10326 msnm, podemos observar las cumbres a las que nos dirigimos: en primer término el alto de Navahonda, a poco más de 1140 msnm, y más atrás debe estar el Almojón.

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En el cruce de caminos que es el collado, si seguimos recto continuaremos el GR-10. A nuestra izquierda se abre el camino que va hacia Almenara, y a nuestra derecha está la puerta de un coto de caza que debemos cruzar para seguir nuestro camino. Este está muy poco marcado, siendo la mayoría del tiempo caminos de jabalí, del que hay innumerables fozadas, o lo que llevan a puestos de cazadores (sabremos donde están sus huecos porque son incapaces de llevarse los cartuchos, deben pesar demasiado).

Así, buscando la máxima pendiente y entre la niebla, iremos llegando al Alto de Navahonda y las cumbres siguientes, todo enriscándonos y con una visión muy limitada del Almenara,

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Y de las cumbres del fondo, en las que se ve Gredos nevado (no sé si en la foto, nosotras luego lo vimos más claro).

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La niebla, que al principio nos envuelve, aclara y nos deja ir siguiendo las trazas. Vamos buscando, entre las línea de cumbres y los pasos más cómodos, la dirección correcta, ayudadas a veces por algún hito.

Al menos ahora tenemos, a la izquierda, nuestro objetivo:

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Con el espectáculo de que según vamos llegando, decenas de buitres leonados están volando sobre nuestras cabezas, muy muy cerca. Dejamos de hablar para, en el mayor silencio posible, no molestarles, y llegamos a la cumbre con algún paso en el que hay que trepar.

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Para volver, lo conseguimos hacer circular al llegar al collado anterior a nuestra última subida y buscando un sendero a nuestra derecha que nos enlazará con el GR.

El paseo es corto, unas 4 horas, pero el recorrido es como decimos entretenido, con caminos muy poco marcados, alguna trepada y el espectáculo de una zona muy húmeda, con una vegetación mediterránea riquísima (no parece Madrid, desde luego) y una fauna variada también.

Y encima, en soledad.

 

Cabeza de Hierro Mayor (2383 msnm) por el canal central entre los “Pulmones”.

Pues después de un curso que nos ayudó en bastantes cosas la semana pasada (y entre otras cosas, a conocer un corredor en el noroeste de la Najarra), este queríamos aprovechar para hacer nuestro primer corredor invernal sin tutorizar, pero en buena compañía.

Tras descartar a última hora la Maliciosa por el calor previo, nos vamos a otro clásico del Guadarrama: la cara N de las Cabezas de Hierro para ascender la Mayor desde el canal central (central-central jejejeje):

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(la imagen está cogida de prestado de la excelente página losk2delaskumbres)

Salimos todo lo pronto que podemos del párking de Cotos. Aún así, antes de las 7 y media de la mañana ya está casi lleno, alguna de nosotras se atasca subiendo Navacerrada, hay ruido por todos lados…en algún momento se va a tener que cortar esto, y tendremos que aceptar las restricciones o se acaba Guadarrama.

Seguimos pues por la carretera de Valdesquí hasta que a nuestra izquierda se abre la pista, hoy nevada, que nos lleva al refugio de El Pingarrón. Desde el comienzo, ya podemos ver que hemos acertado con el cambio:

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Seguimos por el habitual sendero, bastante nevado, nevado, con nieve bastante dura, hasta llegar a la parte baja de la canal, desde donde vemos los efectos de estos días de sol y calor en el macizo de Peñalara:

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 Vemos también nuestro objetivo:

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Y nos preparamos para subir, aunque se ve bastante huella, y la nieve, aunque dura, se puede pisar y seguir bien.

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Y si es cierto, se pisa bien, mientras vamos cogiendo altura y vemos otros montañeros pasándolo igual de bien, y alguno de los nuestros que quiere escaparse:

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La canal se empina hasta los 40 grados, pero la huella está bien marcada y se hace fácil. Hay alguna variante que vamos viendo como se abren a izquierda y derecha, nosotras seguimos por la que quiero llamar central- central.

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Salimos de la canal y el terreno evidentemente empieza a aflojar, aunque queda un rato para llegar a la cumbre.  Vamos a llegar primero a una gran roca con flores de hielo, que vamos a bordear.

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Y de ahí a la cumbre, que está a unos pasos:

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A estas horas pega ya el calor, así que pasamos un buen rato comiendo al abrigo de unas piedras, viendo como aún queda nieve tanto en la Cuerdalarga,

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como en Peñalara y el resto de los Carpetanos, las zonas altas de la Pedriza,img-20170226-wa0027

o la zona de Siete Picos y Cercedilla. Por no hablar de Gredos, que tenemos en la lejanía, pero que se ve bien al ser un día tan claro.

Aún así es evidente que hay muy poca carga para las fechas del año que son, algo realmente preocupante y muestra de cuanto está cambiando el clima.

La bajada la comenzamos por la pala N, para luego virar a nuestra izquierda para coger lo que sería el PR que sube a las Cabezas (PR-M 27), pasando unas peñas que nos acercan en dirección a Valdemartín.

Y así, con mucho calor, oyendo descender a esquiadores y con nuestras habituales desorientaciones al llegar a la zona de pinares os decimos hasta la próxima.

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Montón de Trigo y La Pinareja desde Las Dehesas de Cercedilla.

Tras nuestra última y frustrada visita en noviembre, volvemos a Cercedilla con una idea parecida:

Subir desde Las Dehesas por la calzada borbónica hasta el puerto de la Fuenfría, acometer el Cerro Minguete y desde allí tirar a Montón de Trigo para bajar luego al collado de Tirobarra y La Pinareja.

Salimos bien pronto a caminar, a ver si los días de frío hacen aguantar el hielo, como así es. Como salimos los primeros desde el párking de Majavilán (literalmente), tenemos suerte y podemos ir ganando altura mientras escuchamos el sonido de los picapinos y el correr del agua; es algo que a la bajada, con el griterío de las centenares de personas que ya habrá en los alrededores, será imposible.

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En el último tramo antes de llegar al puerto, a 1793 msnm, ya se pisa nieve en buen estado, así como se otean en el horizonte las cumbres nevadas.

A pesar de que la previsión del día anterior daba algo de nieve, parece que apenas ha caído, y además las bajas temperaturas nos van a regalar un día de montaña genial.

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Porque las nieblas que había a primera hora se han disipado y nos deja ir viendo la primera subida del día; el Cerro Minguete, con sus 2026 msnm. Una cumbre sin más, pero que se ve bonita el día de hoy:

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Desde allí tenemos a tiro de piedra el Montón de trigo (2155 msnm), una montaña que a mí personalmente me gusta mucho; su forma, las vistas que se tienen desde la cumbre, el propio nombre… solo la habíamos subido una vez, así que nos hace ilusión volver.

La subida no entraña dificultad, bajamos al collado evidente que lo separa del Minguete y hacemos la rápida subida hasta la cumbre.

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En la foto de abajo podemos ver a la izquierda en primer plano Cerro Ventoso, detrás los Siete Picos y más a la izquierda Maliciosa y el comienzo de la Cuerdalarga.

En la propia cumbre tendremos una vista increíble del resto de la Cuerda, de todo el macizo de Peñalara y del resto de los Carpetanos. Forzando un poco la vista, incluso el Ayllón. Hoy hay suerte.

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Y hacia el otro lado, la cuerda de la Mujer Muerta, en la que nunca hemos estado. Y la Pinareja (2194 msnm), hacia donde nos dirigimos.

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Bajamos por la larga pero tendida bajada que va desde el Montón de trigo hasta el collado de Tirobarra; aquí hay un cruce de caminos, nosotras iremos cuesta arriba de nuevo en busca de la cumbre.

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Que tiene (o tenía) una cruz de hierro, que no es tan habitual en esta zona. Aunque la cumbre está llenísima de gente la disfrutamos un montón.

Con la cercana Peña del Oso que aún no hemos subido aquí al lado, con el resto del cordal, y con toda esta zona segoviana de pinares y llena de senderos que no conocemos, pero que prometemos explorar.

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Y así de contentas bajamos de nuevo al collado de Tirobarra, desde donde cogemos una senda que bordea a media ladera el Montón de trigo, dejándolo a nuestra izquierda.

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Como hemos dicho, no conocemos la zona, así que perdemos demasiada altura y perdemos algo de tiempo en el pinar, teniendo enfrente la zona de cumbres que forman el Minguete y Peña Bercial. Al final salimos en la ladera del Minguete, subiendo por él y tirando ya para el puerto de la Fuenfría y el coche.

Tras ocho horitas y unos 1000 metros de desnivel, un buen domingo vamos.

 

Deporte de Calle Radio: 13er programa, sesión de Kung-Fu

kungEn esta pachanga de Deporte de Calle nos acercamos al Kung Fu de la mano de un compañero que nos explica en qué consiste la metodología, filosofía, el arte marcial, y muchas más cosas que engloban esta práctica milenaria. Damos un paseo por las artes marciales del lejano oriente, y estudiamos cómo esta disciplina ha conseguido mantenerse ajena a la elitización y comercialización en la que tan habitualmente acaba el deporte.

Además algunas de las mejores noticias deportivas de las últimas semanas.